Byd sostenía una copia impresa de los documentos que Larssen les había entregado horas atrás. Michael leía los nombres en voz baja. Dave observaba el tablero con atención, notando la precisión y detalle en los patrones de actividad. Ninguno de ellos decía palabra; no hacía falta.
—?Entonces esto es todo lo que tenemos? —preguntó Dave—. Solo nombres… sin poderes, sin pasado.
—Y sin saber quiénes son realmente —respondió Michael, bajando el documento—. Larssen fue claro. No podía decirnos más.
—No quería —corrigió Byd.
En la mesa flotaban cinco nombres, los posibles responsables detrás de los asesinatos y atentados recientes. Individuos tan ocultos que apenas podían ser rastreados.
Sinclair, el primero en la lista, destacaba entre los demás. —Por lo poco que Larssen insinuó, parece ser el de mayor peso en la estructura. El más cercano a su líder —dijo Michael.
—?Y qué más sabemos? —preguntó Dave.
—Nada —contestó Byd con firmeza—. No tenemos idea de sus cristales, habilidades ni su historia. Todo lo que tenemos son nombres y ubicaciones generales. Lo demás tendremos que descubrirlo por nuestra cuenta.
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Michael giró una página. —Wrooxie… suena ridículo. Pero algo me dice que no lo es.
—Larssen apenas mencionó que era peligroso. Un combatiente cuerpo a cuerpo… alguien que no se detiene con facilidad —dijo Dave.
Siguieron con el tercero.
—Psycked… No tenemos ni rostro, ni registro. Solo un nombre filtrado en algunos circuitos ilegales.
—Larssen lo describió como un chico. Nada más —comentó Byd—. Pero si está en esta lista, es porque no es alguien que debamos subestimar.
Finalmente, el último nombre, sin rostro, sin identidad. Un político. Todo lo que Larssen pudo decir fue que está implicado, pero no dio más pistas.
—?Y el jefe de todos ellos? —preguntó Michael.
—Larssen no lo nombró. Dijo que ni siquiera ha visto su rostro.
Casa de Maenut — Día siguiente
El grupo de Maenut estaba reunido. Nadie hablaba. Byd y Michael habían llegado temprano con una “propuesta de coordinación”. La pantalla holográfica mostraba la lista de nombres. Karen, Sarah, Kael, Bob y Maenut escuchaban atentos.
—Vamos a ser claros —dijo Byd—. Esto es delicado. Nadie de ellos sabe que los vamos a investigar. Nadie puede saberlo.
—Y lo haremos paso a paso. Sin llamar la atención —a?adió Michael—. Si alguno se entera, podríamos perder la oportunidad.
Sarah frunció el ce?o. —?Y cómo esperamos rastrear a gente que no sabemos ni qué poderes tiene?
—Eso es lo que haremos ahora —dijo Maenut con firmeza—. Es un riesgo. Pero también es la única manera de adelantarnos a lo que venga.
Karen observó los nombres en la pantalla. —?Y cómo comenzamos?
—Con el más accesible —respondió Bob—. El que más movimiento ha generado últimamente: Sinclair.
Maenut se puso de pie, mirando al grupo.
—Nos mantendremos unidos. Iremos uno por uno. Y encontraremos la verdad.

