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CAPÍTULO 20 - Comienza el Entrenamiento Infernal

  Y así de rápido, Kael cumplió dos a?itos.

  Los últimos meses habían sido, sin exagerar, los más exigentes de su corta vida. Freya se había encargado personalmente de estimular su magia mediante juegos, desafíos y ejercicios que, aunque parecían simples a primera vista, escondían una intención clara y meticulosa detrás de cada movimiento.

  Desde el amanecer hasta bien entrada la tarde, Kael había sido empujado a usar su magia una y otra vez, siempre bajo la mirada atenta de su maestra.

  No solo eso ya tenia una capacidad para poder hablar casi de manera fluida.

  Pensamientos de Kael:

  Estos últimos meses han sido de locos… la se?ora Freya es realmente de temer. Ha logrado ver y especializar cada estímulo en mi magia. Empezamos primero lanzando cien mocos diarios, y ahora me hace expeler magia por los poros de todo mi cuerpo para vaciarlo por completo. Debo admitir que es bastante cansador…

  Algunos de los ejercicios parecían juegos inocentes, pero Freya siempre encontraba la forma de a?adir una dificultad extra. A veces, incluso usaba esos juegos como excusa para incorporar a Lysandra al entrenamiento.

  En más de una ocasión, Kael debía lanzar peque?os mocos de magia al aire, los cuales Lysandra intentaba atrapar con una red improvisada. Aquello tuvo un efecto inesperado: la peque?a se le había pegado cada vez más. Parecía una hermana menor, siempre con un dedo metido en la boca, siguiéndolo a todas partes y llorando desconsoladamente cada vez que debía hacer algo que implicara alejarse de él.

  —Bien, Kael —dijo Freya con voz firme—. Hoy comenzaremos expeliendo magia.

  —?Sí! —respondió Kael sin dudar.

  El ni?o se sentó en el suelo, cruzó las piernas y comenzó a emitir magia de manera constante. No era visible como una luz intensa, pero el aire a su alrededor parecía vibrar levemente.

  Freya giró la cabeza hacia Lysandra.

  —Mira, Lysandra. ?Logras ver algo raro alrededor de Kael?

  La ni?a, con un dedo aún en la boca, lo observó atentamente antes de responder.

  —Sí… —dijo con duda—. ?Está sacando aire?

  —Está liberando magia de manera natural —explicó Freya—. Si la concentrara, podría hacer esas bolitas luminosas que tanto te gusta atrapar.

  Los ojos de Lysandra se iluminaron.

  —??Y yo puedo hacer esas lucecitas!? ???????—exclamó emocionada.

  —Si te esfuerzas, quizá en unos a?os —respondió Freya con calma.

  —?Pero yo quiero hacerlo ahora! —protestó la ni?a, frunciendo el ce?o y apretando los pu?os—. >.<

  Freya se agachó a su altura, mirándola con seriedad.

  —Tranquila. No fuerces los procesos o todo saldrá mal. Incluso podrías hacerle da?o a Kael si te fuerzas demasiado. Dime… ?quieres eso?

  Lysandra negó con fuerza, asustada ante la idea.

  —?NOOO! No le haré eso a Kel…

  Pensamientos de Kael:

  La concha de la lora… debo admitir que he mejorado bastante con sus ejercicios mágicos.

  El entrenamiento no se había limitado únicamente a los conceptos básicos de concentración y liberación de magia. Freya había dise?ado un programa casi digno de una academia personal, explotando el potencial de Kael desde múltiples ángulos.

  Entre los ejercicios que había implementado se encontraban:

  El fortalecimiento de su contenedor mágico, obligándolo a concentrar la magia sobre su cuerpo como si fuera una capa adicional de piel.

  La manipulación de formas simples, forzándolo a crear figuras básicas con su magia —cubos, círculos— para mejorar su percepción y control del entorno.

  El uso de la magia como una extensión de su propio cuerpo, intentando levantar peque?as rocas y mover objetos sin tocarlos.

  El control térmico, cubriendo su cuerpo con magia y obligándolo a usarla como aislante para regular la temperatura corporal.

  —Escúchame bien, Kael —dijo Freya con tono serio—. Mantener tu magia alrededor de tu cuerpo ayuda de muchísimas maneras. Sirve para conservar tu temperatura si llegas a caer en lagos congelados o si debes escapar de llamas. También te protege: una magia bien concentrada funciona como una capa extra de amortiguación. Dependiendo de cuánto entrenes esta habilidad, podrías resistir decenas de veces más golpes que, de otro modo, podrían matarte.

  Kael escuchaba con atención, aunque el cansancio ya comenzaba a hacerse notar en su cuerpo.

  —Manipular y moldear tu magia —continuó Freya— estimula tu lado adaptativo. Te permite tener una percepción más fuerte de tu entorno y de cómo interactuar con él. Esto será vital cuando despiertes tus habilidades únicas. Si logras dominar la manipulación de la magia neutra, cuando despiertes tu elemento… será extremadamente más poderoso.

  Expeliendo sus últimas reservas de magia, Kael finalmente dejó de liberar energía. Su cuerpo estaba agotado, y respiraba con dificultad. Aun así, levantó la vista y preguntó con curiosidad.

  —Maestra… ?cuándo despertaré mi elemento?

  —A los siete a?os podrás comenzar la ceremonia —respondió Freya—. Y si tienes suerte, quizá podrías recibir la visita de algún espíritu mágico.

  —?Espíritu mágico?

  —Claro. De seguro has oído hablar a tu papá o a tu mamá sobre Trakkel o Kahu.

  —Sí… ?quiénes son ellos?

  —Cuando pasas la ceremonia del elemento mágico, en el momento exacto en que despiertas tu elemento, puedes llamar la atención de algún espíritu con afinidad a ese poder. Eso fue lo que pasó con tus padres.

  Los ojos de Kael brillaron con emoción.

  —?Son como mascotas? :D

  Freya negó suavemente con la cabeza.

  —Son compa?eros. No solo les llama la atención tu elemento o tu fuerza, también tu personalidad y tus emociones. Por eso tu mamá, cuando se enoja, parece un chango…

  —?Ohhh! ??Mi mamá tiene un chango de compa?ero?!?!

  —Sí —respondió Freya con una leve sonrisa—. Ella fue elegida por Kahu, una de las bestias que en su tiempo fue muy poderosa y que habitó las indomables cordilleras que se alzan sobre el reino enano.

  —??Y el compa?ero de mi papá?!?!

  —Ese es un poco más difícil de explicar. Trakkel fue una de las bestias marinas más temidas de hace mucho tiempo. Verás, esta ciudad limita con el gran bosque indomable, pero la ferocidad del mundo no termina en el continente. Por mar, hacia el sur, habitan bestias extremadamente peligrosas. Por eso, durante la gran guerra con los demonios, estos no llegaron por mar… de haberlo hecho, se habrían encontrado con criaturas mágicas como Trakkel.

  Kael guardó silencio unos segundos antes de hacer otra pregunta.

  —?Y tú, maestra… qué bestia mágica te acompa?a?

  Freya lo miró con serenidad, aunque en su expresión se coló un leve dejo de lamento.

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  —Yo no tengo bestia mágica —respondió—. No me atreví a hacer el ritual. La bestia que me eligió era demasiado fuerte para mí, jajaja.

  —maestra he escuchado algunas cosas de la gran guerra contra los demonios y eso que mencionabas de la invasión por mar... pero al final comenzó la batalla en la frontera enana... porque se fueron por ahí?

  Aprovechando los libros que tenía en mano, Freya le mostro un mapa general del continente.

  Freya:

  — Cerantos es un continente vasto, irregular y salvaje, dividido no solo por fronteras políticas, sino también por barreras naturales tan imponentes que habían moldeado la historia de todos sus pueblos.

  Hacia el centro del continente se alzaba el Monte de los Dioses, una monta?a tan grande que partía Cerantos como un cuchillo atravesando la tierra. Sus laderas eran tan abruptas y su cima tan afilada que ningún reino había logrado construir rutas directas a través de ella.

  Por eso, para viajar entre las grandes naciones, era necesario bordear todo el macizo por el noroeste, sin excepción.

  Más al norte, extendiéndose como una muralla interminable, se encontraba la Cordillera Enana: la fortaleza natural más antigua y resistente jamás vista. Allí, ocultos bajo la roca, vivían los clanes enanos en ciudades subterráneas excavadas durante milenios.

  Desde arriba, la cordillera parecía impenetrable; desde abajo... aún peor.

  Era por eso que cuando el Reino Demoníaco llevó a cabo su última invasión, lo hizo por donde nadie lo esperaba: por las profundidades, atacando directamente las puertas inferiores de los enanos, bajo tierra.

  Al sur de la cordillera, en el corazón mismo del continente, dormía el Bosque Indomable, un territorio donde la civilización no tenía poder. Sus raíces se extendían kilómetros bajo tierra, mientras que su influencia se prolongaba más allá de la costa, formando un bosque submarino tan peligroso como su contraparte terrestre.

  No había barco, ejército o monstruo que cruzara esas aguas y sobreviviera... por eso los demonios jamás intentaban rodear por mar.

  En el oeste se encontraba el Reino Humano de Taratios, separado del norte por los dominios élficos: bosques sagrados y densos donde la magia misma alteraba el viento y el paso del tiempo.

  Quien quisiera viajar desde Taratios hasta el Reino Enano debía, obligatoriamente, seguir la única ruta posible:

  primero atravesar los bosques élficos, luego soportar el calor y la aridez del Reino de los Hombres Bestia, y finalmente, enfrentar los caminos pedregosos que llevaban a las puertas de la cordillera.

  Y más allá de todo eso, aislado por mares fríos y tormentosos, se encontraba el Sacro Imperio, un reino insular cuya influencia espiritual era tan poderosa como la de sus ejércitos. Para muchos, era el faro religioso del continente; para otros, una nación distante, difícil de alcanzar.

  Kael miro con mucha fascinación el mapa.

  Kael se levantó con esfuerzo, aún cansado, pero con una sonrisa curiosa.

  —Awww… quería saber más de bestias. Bueno, estoy listo para el nuevo ejercicio.

  Freya lo observó con una sonrisa peligrosa.

  —Pues tu nuevo ejercicio será de mucho, mucho cardio… y si no lo cumples, sufrirás bastante…

  Freya se acercó lentamente a Kael. Su mirada era siniestra, cargada de una malicia juguetona que hizo que al ni?o se le erizara la piel. Sin darle tiempo a reaccionar, chasqueó los dedos y, en un abrir y cerrar de ojos, comenzó a cambiarle la ropa.

  —??AAAAA!? ??Qué es esto?! —gritó Kael, mirando su reflejo improvisado.

  —Es un disfraz de osito que compré ayer —respondió Freya con total naturalidad—. Prepárate. Tendrás que correr mucho… y si te atrapan, sufrirás.

  Kael bajó la vista. El traje era suave, mullido y absolutamente humillante. Un oso adorable. Demasiado adorable.

  —Maestra… espera —dijo con voz temblorosa—. ?A qué te refieres con correr… y con que me atrapen…?

  Freya se enderezó de golpe y apuntó hacia la mansión con el dedo, tomando aire para gritar.

  —???SIRVIENTAS!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! ???EL JOVEN AMO LAS NECESITA!!!

  El grito resonó por toda la mansión como una alarma de guerra.

  En cuestión de segundos, todas las sirvientas aparecieron. Incluida la guardiana, y también la joven se?ora. El patio se llenó de miradas confundidas… hasta que vieron a Kael.

  —?Freya! —exclamó Caria, llevándose una mano al pecho—. ??Qué le pasó a mi ni?o?!

  Freya, con una sonrisa perversa, tomó a Kael por los hombros y lo empujó suavemente hacia adelante, colocándolo frente a todas ellas con el traje de osito bien visible.

  El silencio que siguió fue absoluto.

  Un silencio tan cargado de dulzura concentrada que podría haber provocado diabetes mortal.

  Todas se quedaron mirándolo fijamente.

  Kael, plenamente consciente de la traición y de su sentencia de muerte, permaneció inmóvil, sin poder hacer absolutamente nada.

  Entonces Freya habló.

  —Es hora del entrenamiento de cardio —anunció—. Corre por tu vida… o serás comido a besos.

  Pensamientos de Kael:

  Voy a morir. Esta vez sí que voy a morir…

  —???LA PRIMERA QUE LO ATRAPE SE LO PODRá COMER A BESOS!!! —gritó Freya.

  La reacción fue inmediata.

  Una estampida de viejas locas se lanzó hacia él a una velocidad descomunal. Kael no tuvo otra opción que poner en práctica todo lo aprendido durante sus entrenamientos.

  Corrió.

  Corrió como una gacela escapando de una manada de leonas e hienas. Sus pies apenas tocaban el suelo mientras avanzaba por los pasillos y patios de la mansión. Poco a poco, varias sirvientas fueron quedando atrás… pero aún quedaban tres.

  Tres demonios.

  Tres demonios insuperables.

  Kael sabía que esas tres serían las más difíciles. El tiempo jugaba en su contra y el cansancio comenzaba a pesarle en el cuerpo. No bastaba con correr; necesitaba estrategia.

  Obstáculos.

  Y entonces los vio.

  Ya tenía su plan listo.

  Entró corriendo a la mansión y encontró el primer obstáculo. Conocía perfectamente la ubicación de todos los presentes. Solo debía jugar bien sus piezas.

  Enfocando a Holley, Kael gritó con todas sus fuerzas:

  —?Holley! ?Si me perdonas, te dejaré que me aprietes los cachetes!

  Como una mecha encendiendo una explosión, Holley reaccionó al instante. A pesar de llevar puesta toda su armadura, dio un salto brutal para atrapar a Kael.

  Pero Kael ya sabía quién aparecería por ese pasillo.

  Sin darse cuenta de lo que estaba ocurriendo, Ken cruzó la esquina… solo para ser brutalmente tacleado por un tanque de acero en movimiento. Ambos cayeron al suelo, completamente fuera de combate.

  —??Ken, maldito mono!! —gritó Holley—. ???Por qué te cruzas?!!

  —Una menos… ahora queda Tana —murmuró Kael mientras escapaba.

  Salió por una ventana sin mirar atrás. Sabía que el siguiente obstáculo estaría en el patio de entrenamiento.

  Allí se encontraba Enta, supervisando unos entrenamientos junto a varios soldados. Kael sabía que Enta era extremadamente caballeroso y siempre estaba atento a su entorno.

  Al pasar junto a él, Kael lanzó un moco de luz directo hacia Tana.

  La sirvienta perdió el foco al instante y tropezó. Justo antes de estrellarse contra el suelo, Enta reaccionó y la sostuvo con firmeza.

  —?AAAAA! ?Noooo! —gritó Tana—. ?El joven amo me la jugó!

  —?Ese oso con enanismo era el joven amo? —preguntó Enta, desconcertado.

  Kael no se detuvo.

  —Una más… queda solo una…

  Solo quedaba una.

  La más peligrosa.

  Mamá.

  La más poderosa de todas.

  Todo estaba preparado. Kael sabía que papá solía salir de su oficina a esa hora exacta para buscar algo de beber. Era su oportunidad. Escuchando con atención, percibió el sonido inconfundible de sus pasos aproximándose por el pasillo. El ritmo tranquilo, seguro. Venía desde la esquina.

  Era el momento.

  Kael pensaba aplicar la misma estrategia que había usado con Ken y Holley. Todo parecía alinearse a la perfección.

  Y, tal como lo había previsto, Laret apareció doblando la esquina, justo en la posición exacta para chocar con Caria.

  Pero algo ocurrió.

  Algo que Kael no había anticipado.

  Laret fue brutalmente golpeado por una doble patada directa a las costillas. El impacto fue tan violento que salió despedido y cayó al suelo, sin poder reaccionar.

  —?ESPERA AHí, OSITO DE CARAMELO, QUE TE VOY A COMER! —rugió Caria, lanzándose hacia él.

  —?AAAAAA! ?No puede ser! ?El espadachín del alba fue cruelmente derribado! —gritó Kael mientras corría.

  No quedaba otra opción.

  Tenía que usar esa estrategia.

  Y, para su satisfacción, también coincidía perfectamente con su venganza por semejante traición.

  Usando sus últimas energías, Kael corrió tan rápido como pudo y se lanzó hacia el jardín, perdiéndose entre los arbustos. El aire le quemaba los pulmones y las piernas comenzaban a temblarle, pero no se detuvo.

  Caria lo siguió sin titubear, con una determinación aterradora.

  —?Ven aquí, osito! —gritó—. ?Estás en mi territorio! ?Te juro que no te comeré… <3!

  Poco a poco, Caria comenzó a acortar la distancia. Cada paso suyo era firme, poderoso. Kael sentía su presencia cada vez más cerca.

  Entonces, de improviso, Kael se dio la vuelta y lanzó un moco de luz directo al rostro de su madre.

  Caria reaccionó al instante, cerrando los ojos.

  —?La estrategia con Tana tampoco funcionará! —exclamó con seguridad.

  Pero no se dio cuenta de lo que Kael había hecho realmente.

  Con gran esfuerzo, el ni?o había aplicado magia a una raíz gruesa de un árbol cercano. La levantó lo justo y necesario, concentrando toda su energía restante. Cuando Caria dio el siguiente paso, su pierna quedó atrapada.

  Perdió el equilibrio.

  La velocidad que llevaba hizo el resto.

  Caria salió volando entre los arbustos y fue despedida directamente hacia el lugar donde todo había comenzado.

  Allí estaba Freya.

  El impacto fue inevitable.

  Caria cayó encima de Freya, dándole incluso un ligero beso por la inercia del golpe.

  —??AAAAA!! ?Vieja asquerosa! ??Qué te pasa?! —gritaron ambas al mismo tiempo.

  Las dos mujeres comenzaron a discutir de inmediato, una culpando a la otra por haber volado, y la otra por no haberse dado cuenta ni haber evitado el choque.

  Mientras tanto, Kael, con una victoria más que clara, no perdió el tiempo. Salió corriendo hacia la entrada principal de la mansión y se escondió, intentando recuperar el aliento.

  Pero entonces lo vio.

  Un carruaje.

  Uno que no reconocía.

  Estaba detenido frente a la entrada.

  ?Quién venía en ese carruaje…?

  El carruaje permanecía quieto frente a la entrada principal, oscuro, elegante y completamente fuera de lugar en ese momento.

  Kael, aún con el disfraz de osito y el pecho subiendo y bajando por el esfuerzo, lo observó con atención desde su escondite.

  No reconocía ese carruaje.

  Y eso solo podía significar una cosa.

  ?Quién venía en ese carruaje…?

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