Luego de un mes fuera del dominio Sungley, el gran lord volvió finalmente a casa acompa?ado por los nobles implicados en el intento de secuestro del peque?o Kael.
La tensión en la Casa Sungley era casi insoportable. Tanto guardianes como sirvientes se encontraban enfurecidos al máximo por el ataque sufrido, y aquello era apenas la capa más superficial del problema… el verdadero foco de furia se encendió con la llegada del lord: los padres, que por fin tenían a sus presas frente a ellos y no pensaban dejarlas escapar.
Holley y Tana tuvieron que emplear toda su persuasión y fuerza para mantener a raya a la madre del heredero. Caria no quería esperar; quería sangre, quería gritos de agonía. Laret, por su parte, se mantenía en silencio, pero detrás de él estaban Enta y Ken, ya resignados a que podrían recibir heridas graves si intentaban detener al se?or en su búsqueda de venganza.
Apenas cruzaron la entrada de la casa, se vio al gran se?or portando una pesada cadena de la cual colgaban, sometidas, cuatro personas.
Los padres ya se preparaban para abalanzarse como una jauría de lobos sobre sus presas, y detrás de ellos los guardianes comenzaban a moverse, intentando mantener la calma. La furia era incontrolable, la crónica de un enfrentamiento que parecía no tener forma de detenerse.
Excepto por una persona.
No un adulto.
No un guerrero.
Sino un bebé.
Un bebé escurridizo e inteligente que se interpuso frente a todos los expectantes depredadores que ansiaban la vida de esas cuatro presas. Nadie se dio cuenta de inmediato, hasta que el peque?o balbuceó con una mezcla de animosidad y felicidad contagiosa. Los padres, que segundos antes estaban sedientos de furia y sangre, quedaron completamente congelados ante la escena.
Oh, por dios… tengo que hacer este sacrificio o ellos quedarán muy afectados por este tema… —pensó Kael.
// -- ?tienes un plan para resolver esto? -- //
Por supuesto. Ya ha pasado mucho tiempo y ya entiendo la felicidad y amistad de todas las personas aquí… no puedo dejar que se dejen llevar por esos sentimientos negativos. Llegó la hora de realizar uno de los movimientos más importantes para salvar esto.
Con una determinación inquebrantable, y siendo observado por todos los presentes —aún en estado de shock por la extra?a situación—, el joven heredero, pese a su corta edad y escaso desarrollo físico, comenzó poco a poco, con un enorme esfuerzo, a intentar pararse sobre sus dos peque?as piernas.
Tras lograr enderezar su cuerpo por completo y demostrar que podía mantenerse en pie, aunque apenas, el bebé alzó la mirada hacia sus dos padres, completamente impactados. En sus cabezas se agitaba un verdadero huracán de emociones: no sabían si debían estar furiosos o encantados. Estaban hipnotizados… al igual que todos los que observaban la escena.
El esfuerzo, sin embargo, no duró mucho. Eran apenas meses de vida y, en cuanto el joven amo intentó dar un paso, terminó estampándose de cara contra el piso del salón.
?Lloraría?
?Se habría hecho da?o?
No.
Luego de caer, el joven amo comenzó a rodar por el suelo con una enorme sonrisa y risas contagiosas, dejando su carita completamente cubierta de baba.
El hechizo se había disipado.
El gran hechizo del “pongan atención que voy a caminar” había hecho efecto.
—?KYAAAAAAA! ?El joven amo casi pudo caminar! —gritaron Holley y Tana al unísono.
Los padres terminaron de volver en sí mismos tras aquel poderoso “hechizo”. En sus mentes se había producido un auténtico reinicio emocional, y las primeras sensaciones que comenzaron a cargar ya no eran de furia, sino de felicidad pura.
Ambos corrieron al unísono para felicitar y colmar de cari?o a su primogénito.
Caria tomó al peque?o en brazos y juntó su rostro con el suyo, irradiando una felicidad y un cari?o incalculables. A aquello se sumó el fuerte abrazo de su padre, quien también felicitaba a su hijo por semejante proeza.
Mientras tanto, el gran lord observaba la escena con un evidente gesto de alivio, dirigiendo luego su mirada hacia su sirvienta principal.
—Ufff… debo agradecer adecuadamente a mi nieto —dijo Garbard—. Evitó que este lugar se transformara en una masacre de sangre, carne y vísceras por todos lados…
—Pese a todo, sin duda el joven amo demuestra un temple muy similar al suyo, mi se?or —respondió Redda.
—?Tú crees? —preguntó Garbard, alzando una ceja.
—Y espero que solo sea eso… ojalá no herede sus ma?as y manías, porque no sería bueno para su futuro…
—Ja, ja, ja, ja… —rió Garbard—. Sí, yo también lo espero. Guardias, lleven a estas cuatro alima?as a los calabozos. Sus juicios serán la próxima semana.
El gran lord se giró hacia los cuatro nobles derrotados y les habló con frialdad absoluta.
—Espero que pasen una muy buena estadía en mis calabozos. Y tranquilos, no dejaré que mis preciados hijos les hagan una visita… no permitiré que sus vidas terminen tan tempranamente. Van a pagar.
Con miradas de derrota y plenamente conscientes de lo que les esperaba, los cuatro solo pudieron seguir caminando, arrastrando sus grilletes, los cuales les da?aban pies y mu?ecas a cada paso.
Más tarde, mientras Tana y otras sirvientas corrían detrás del joven amo intentando alcanzarlo —pues gateaba con una velocidad sorprendente—, el gran lord se reunió con sus hijos y los guardianes para realizar una puesta en común de los hechos.
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Redda se encontraba leyendo un extenso informe que detallaba todo lo ocurrido. Al terminar, alzó la vista y procedió a hacer un resumen claro y ordenado de los sucesos acontecidos en la capital de Taratios.
—La Casa Termant orquestó el plan junto a otras tres casas —explicó Redda—, todas ellas habían sido despojadas de gran parte de sus títulos. Los nuevos herederos tomaron los cargos que pertenecían a sus padres y, en represalia por la ejecución de estos, organizaron este ataque con el objetivo de eliminar en secreto al joven heredero de la casa que mantuvo el reino bajo control tras el intento de golpe de Estado.
Caria apretó los pu?os, con el ce?o fruncido, antes de hablar.
—Me duele decirlo, pero… por no haber erradicado completamente a las familias implicadas fue que terminamos con un resultado como este…
—En efecto —respondió Garbard con gravedad—. Las lecciones solo deberían aprenderse una vez. Ellos atentaron contra nuestra casa y nosotros respondimos aplicando las medidas correctivas correspondientes. Aun así, siendo una nueva generación, fueron perdonados… y al haber conservado parte de sus derechos como nobles del reino, osaron atentar nuevamente contra sus iguales por motivos egoístas. El precio por eso es pagar con la muerte.
—Entonces… —intervino Laret— ?las cuatro casas, en especial la Casa Termant, fueron erradicadas?
—Así es —confirmó Garbard—. Las cuatro casas fueron totalmente confiscadas. Se les retiraron todos los activos, se arrestó a todos sus miembros y el rey ordenó su ejecución. Sus cabezas fueron colocadas en la entrada del Reino de Taratios como un mensaje claro y conciso.
Ken apretó los dientes, con una expresión dura.
—Si osan meterse con la familia Sungley, pagarán todos…
—A medias, mi guardián Ken —corrigió Garbard—. Esto deja un precedente aún más importante: cualquier familia que ose traicionar a otra estará, en realidad, traicionando al reino y a su equilibrio.
Caria permanecía en silencio, con la mirada fija en el suelo, hasta que finalmente habló.
—Mi gran se?or, entiendo todos los puntos planteados… pero hay algo que me incomoda.
—Cuéntame, Caria —respondió Garbard—. ?Cuál es tu inquietud?
La tensión volvió a crecer de inmediato. Una enorme cantidad de magia comenzó a emanar del cuerpo de Caria mientras levantaba la mirada, seria y contenida.
—?Por qué no puedo acercarme a esos malditos gusanos…?
Garbard observó a su nuera y a su hijo, ambos luchando por contener su furia. Con una calma inquebrantable y una voz firme, respondió:
—Entiendo tu enojo y tu odio. Esos sujetos recibirán su castigo, pero ninguno de ustedes lo hará. No porque no tengan derecho… sino porque, si lo hacen, echarán por la borda todos los sentimientos y sacrificios que ha hecho el joven heredero.
El gran lord hizo una breve pausa antes de continuar.
—Me enorgullece profundamente su desempe?o y su control. Sin duda, el nombre Kael, la Luz del Legado le queda más que perfecto.
Todos escuchaban en silencio, aunque aún no comprendían por completo el peso de aquellas palabras.
Redda dio un paso al frente.
—Pese a todos los problemas ocurridos… a los maltratos y traumas a los que fue sometido, el joven amo aún conserva su felicidad y su sonrisa, la misma que comparte con ustedes cada día. No tuvo miedo de ponerse frente a unos padres iracundos y furiosos para demostrarles que está bien, que pese a todo es feliz, y que no quiere ver a sus seres queridos sufrir ni caer en un desenlace tan negativo como asesinar cruelmente a otro ser humano…
Redda respiró hondo antes de continuar.
—Incluso cuando fueron esas mismas personas las que casi terminaron con su vida… el joven amo posee un corazón grande y puro, y no duda en irradiar esa luz hacia todos ustedes. Deberían estar agradecidos.
El peso de aquellas palabras comenzó a asentarse en los corazones de los presentes.
—Y yo, personalmente —a?adió Redda—, que ya tengo aún menos posibilidades de servir de manera óptima, estoy cien por ciento agradecida y feliz de servirle. él arriesgó su propia vida para salvarnos a mí y a nuestros dos cocineros, evitando que fuéramos devorados…
Garbard asintió lentamente.
—Espero que con estas respuestas haya logrado convencerte, Caria —dijo con serenidad—. Si no… ahí están las celdas. Ve, desata tu furia y demuéstrale a tu hijo que sus esfuerzos no tienen ningún peso ni respeto.
Caria quedó mirando el suelo, sin saber cómo reaccionar.
Entonces, sin darse cuenta, alguien tomó su mano.
Era Laret.
—Yo tampoco te detendré si decides tomar justicia por ti misma —dijo con voz baja—. Estoy igual de frustrado e impotente que tú. Pero ellos tienen razón… nuestro ni?o nos ha demostrado una y otra vez que es capaz de muchas cosas.
Mientras la pareja se miraba fijamente, con una mezcla de ternura y comprensión nacida de aquella resolución pacífica, una peque?a luz mágica flotó entre ellos como una burbuja luminosa. En silencio, ascendió hasta el nivel de sus rostros… y entonces reventó suavemente, liberando un fino destello.
Al percatarse del origen de aquella magia, ambos bajaron la mirada.
A sus pies se encontraba el peque?o Kael, observándolos con una sonrisa llena de mocos y babas. Con un gesto torpe pero decidido, alzó uno de sus diminutos deditos y lanzó otra peque?a luz, riendo con total inocencia mientras la esfera explotaba en una suave lluvia de chispas brillantes.
Caria, manteniendo una calma inquebrantable, se agachó de inmediato y tomó a su bebé en brazos. En cuanto lo tuvo contra su pecho, explotó como una bomba de emociones, llenándolo de besos sin ningún tipo de contención.
El clima volvió a cambiar de forma drástica.
Una vez más, todo había sido alterado por un bebé preocupado por su familia.
Enta observaba la escena con los ojos abiertos de par en par, aún incrédulo.
—Es que… aún no puedo creerlo —dijo—. ?Cómo puede ser tan joven y hacer algo así?
Holley cruzó los brazos, pensativa, antes de responder.
—Según los libros más importantes, los grandes prodigios de la magia comienzan recién a sentirla, como máximo, alrededor de los cuatro a?os —explicó—. Y los grandes magos logran utilizar magia neutra recién a los seis a?os, en el mejor de los casos…
Ken soltó una carcajada, llevándose una mano al abdomen.
—Y nuestro joven heredero se los está bailando a todos esos con tan solo seis meses de vida, ?ajajjajajajajaja!
Las risas y la alegría inundaron la habitación con fuerza e impaciencia. El ambiente, que antes estaba cargado de tensión, ahora rebosaba ligereza y asombro.
En ese momento, Tana irrumpió en la sala junto a otras sirvientas, aún agitadas, claramente tras la pista del escurridizo joven amo.
—?Así que el joven amo logró escapar hasta aquí! —exclamó.
Antes de que pudiera reaccionar, un peque?o punto brillante de magia impactó directamente en la nariz de la joven sirvienta. Tana parpadeó, confundida, sin comprender de inmediato qué había ocurrido.
La reacción llegó cuando vio al joven amo, aún en brazos de su madre y constantemente atacado por besos, riendo con alegría y moviendo sus peque?as manos, claramente animándola.
—?KYAAAAA! ?El joven amo es un gran mago! —gritó Tana, completamente emocionada.
Entre risas, las dos líderes de la llamada secta aprieta-cachetes no tardaron en rodear al pobre joven amo, besuqueándolo sin piedad hasta quedar completamente satisfechas.
Mientras tanto, Garbard observaba la entretenida escena con una expresión más seria y ligeramente incómoda, sumido en sus propios pensamientos.
Los recuerdos comenzaron a aflorar.
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Semanas atrás…
—Estos documentos… —dijo Rowan, con el ce?o fruncido—. Tienen la firma de un arzobispo imperial del imperio Sacro…
—?Insinúas que el Imperio podría haber tenido participación? —preguntó Garbard con gravedad.
—No podría afirmarlo —respondió Rowan—. Pero solo hay una persona que podría ayudarnos con esto…
Rowan respiró hondo antes de continuar.
—Prepararé la carta y se la enviaré a Galen. Por favor, maestro Garbard, deme tiempo para averiguar qué está ocurriendo…
—Tranquilo —respondió Garbard—. Mantendremos esta información bajo el máximo secreto entre nosotros.
Garbard sabía que unos simples nobles no representarían un verdadero problema. Pero si el Imperio Sacro estaba involucrado, todo podría descontrolarse rápidamente.
La discreción y la recopilación de información serían cruciales…
para evitar una posible guerra.

