home

search

Capítulo 10 - La Cacería Comienza

  Una mansión completamente devastada...

  Restos de llamas aún ardían en algunos sectores, desprendiendo un olor amargo y persistente que se mezclaba con el hierro de la sangre. La habitación que alguna vez perteneció a un peque?o e inocente infante yacía hecha trizas, irreconocible, cubierta de manchas oscuras y charcos espesos que parecían haberse filtrado hasta las grietas del suelo. No había posibilidad de plantear ni siquiera sugerir una solución. El aire era demasiado tenso, demasiado cargado de desesperación como para permitir esperanza alguna.

  Allí permanecían de pie tres guardianes que habían fallado en su misión, con los cuerpos rígidos y las miradas vacías, incapaces de procesar el desastre. Frente a ellos, una madre devastada se encontraba arrodillada en el suelo, con las manos temblorosas hundidas entre los escombros.

  ?Qué se podía decir?

  No había pistas.

  No había direcciones hacia donde apuntar.

  No había un culpable al que fulminar hasta su última célula.

  En ese instante, el portón principal fue atravesado de manera violenta por un caballo que irrumpió a toda velocidad, rompiendo el silencio sepulcral con un estruendo brutal.

  Desde la perspectiva del suelo, se podía vislumbrar claramente el epicentro de la desgracia. En ese momento, Tana entendió la gravedad real de sus palabras anteriores. Sin medir energías ni esfuerzo, corrió a toda velocidad hacia la escena principal, con el corazón golpeándole el pecho.

  —?MI SE?ORA! —gritó, con la voz quebrada.

  —?Tana! —respondió Enta al verla llegar.

  Aun sin poder escuchar con claridad ni moverse, Caria no reaccionaba. Sus ojos, abiertos pero ausentes, no parecían registrar nada de lo que ocurría a su alrededor.

  Tana quedó completamente asustada e impactada al ver que aquellas que, hasta hacía unas horas, le habían dicho con alegría que cuidarían del joven amo, yacían ahora muertas junto a otros soldados, sus cuerpos inertes extendidos sobre el suelo destruido.

  —?Qué pasó con el joven amo...? —preguntó Tana, con la voz temblorosa, temiendo la respuesta.

  —Fue... fue secuestrado... —respondió Ken, apenas pudiendo articular las palabras.

  —Comenzaremos a buscar enseguida... —a?adió Enta, tomando aire para recomponerse.

  Tana respiró hondo, intentando controlar el pánico que amenazaba con desbordarla.

  —?RáPIDO! —exclamó—. ?La se?ora Redda está siguiendo una pista del secuestrador!

  Los tres guardias dirigieron la mirada hacia ella con una gran exaltación, como si esas palabras hubieran encendido una chispa en medio del caos.

  —?Qué quieres decir, Tana? —preguntó Holley, con el ce?o fruncido.

  —Cuando íbamos en el carruaje de vuelta de las compras, la se?ora Redda divisó algo... no sé qué fue exactamente —explicó—. Solo me dijo que tomara un caballo y viniera lo más rápido posible. Antes de separarnos, me dijo:

  "Avisa a los guardianes que, si encuentro algo, enviaré una se?al para mostrar mi posición. Podría ser antes... y solo lo haré si es porque estoy a punto de morir".

  Al escuchar eso, Enta y Ken no dudaron ni un segundo en plantear las contramedidas.

  —?ENTA! —gritó Ken.

  —?...! —respondió Enta, girándose hacia él.

  —Yo lideraré a los soldados y llamaré a todo el ejército de la ciudad de Cautares si es necesario —dijo Ken con firmeza—. Escúchame bien: solo tú puedes hacer esto. Corre a toda velocidad hasta la frontera del primer muro de la costa sur.

  —??Qué?! —exclamó Enta, sorprendido.

  —?ENTA, SOLO Tú TIENES LA VELOCIDAD PARA RECORRER ESA DISTANCIA! —continuó Ken—. La se?orita Caria no está en condiciones de pelear y aquí solo queda Holley. Solo tú puedes llegar a tiempo para avisar a Laret y al Gran Se?or. Sé que es egoísta pedirte esto, Enta, pero por favor... los necesitamos aquí.

  Enta comprendió la situación de inmediato. Se necesitaba una autoridad en ese lugar, y no podían perder tiempo. Sin vacilar, se quitó las botas y las partes más pesadas de su armadura y traje, quedando solo con ropa interior. Poco a poco comenzó a concentrar e intensificar su magia, aumentando considerablemente la musculatura de sus pies y brazos. Adoptó una postura en cuatro patas, casi como si regresara a su estado más puro y animal.

  —Te encargo su búsqueda, Ken... —dijo, con voz grave.

  Al instante siguiente, y casi desgarrando el aire con una potencia descomunal, rompió la barrera del sonido, generando una gran onda expansiva que sacudió la casa. Su figura desapareció en dirección a la parte más lejana de la costa sur del territorio, en busca de sus se?ores.

  —?HOLLEY! —gritó Ken—. Me voy a adelantar y llamaré a todos los soldados. Tú y Tana encárguense de hacer entrar en razón a la se?ora.

  Dicho eso, Ken saltó desde el piso destruido, levantando polvo y fragmentos de piedra, y comenzó a dar órdenes a voz en cuello. En cuestión de segundos, todos los soldados disponibles fueron convocados.

  Veinte soldados completamente preparados para la acción se presentaron en la puerta principal, con las armas listas y el rostro endurecido por la urgencia.

  —?SE?ORES! —exclamó Ken con autoridad—. ?ESTAMOS EN UNA CRISIS! ?EL GRAN SE?OR Y EL JOVEN HEREDERO LOS NECESITAN!

  Su misión es alertar a todos los soldados de la ciudad. ?SU MENSAJE?

  Ken hizo una breve pausa, dejando que la tensión se asentara.

  —?EL ACERO AZUL DE TARATIOS LOS LLAMA!

  —?CON NUESTRA VIDA, MI GENERAL! —respondieron los soldados al unísono.

  Tras ese grito cargado de determinación, los soldados partieron a toda velocidad junto con Ken, dispersándose por la ciudad para reunir fuerzas y alcanzar a Redda.

  De vuelta en el lugar del desastre, la escena seguía siendo insoportable. La figura de una mujer completamente devastada por la pérdida de su hijo destacaba entre los restos de la mansión, inmóvil, como si el mundo hubiera dejado de existir para ella.

  Unauthorized content usage: if you discover this narrative on Amazon, report the violation.

  —Mi se?ora... —dijo Holley con voz firme, acercándose—. Debe recomponerse. Aún hay esperanza. ?Su hijo la necesita! ?Debe levantarse!

  Caria no reaccionaba. Sus ojos apagados seguían mostrando que su cuerpo estaba presente, pero su alma parecía haber sido arrancada de allí.

  De pronto, lo único que se logró divisar fue un pu?o acercándose con rapidez al rostro de Caria. El golpe fue lo suficientemente fuerte como para sacudirle la cabeza y devolverla, aunque fuera de forma violenta, a la realidad.

  Tras eso, fue sacudida con fuerza.

  —?POR EL AMOR DE DIOS, CARIA! —gritó Tana, con lágrimas en los ojos—. ?Vuelve en ti! ?Tu hijo te necesita! ?Redda está persiguiendo al secuestrador y necesita nuestra ayuda! ?No me hagas volver a golpear a mi se?ora!

  El impacto y el fuerte zarandeo lograron activar una parte de su subconsciente. Al escuchar que aún existía una peque?a esperanza, Caria comenzó a reaccionar lentamente.

  —Tana... —murmuró, con la voz quebrada—. ?Qué dijiste...?

  —Cuando veníamos de regreso, Redda vio algo huyendo hacia la ciudad —explicó Tana—. Estoy cien por ciento segura de que era el secuestrador.

  Poco a poco, el color regresó al rostro de Caria. Inspiró hondo, como si volviera a llenar de aire unos pulmones que habían estado vacíos, y finalmente se puso de pie, con el cuerpo aún tembloroso pero firme.

  —Tana... —dijo.

  —Sí, mi se?ora —respondió de inmediato.

  —Quedas a cargo de la casa —ordenó Caria—. Reorganiza a todas las sirvientas y llévenlas al lugar más seguro de la mansión. No sabemos si podrían atacar de nuevo. Informa a todos los soldados que queden aquí y protéjanse ahí. Mantente alerta por si no llegamos... o si llega antes mi esposo.

  —Sí, mi se?ora —respondió Tana, inclinándose—. Por favor... confío en que traerá al joven amo sano y salvo.

  Los ojos de Caria se endurecieron.

  —Juro por mi vida que traeré a Kael de vuelta.

  Con una determinación más dura que la adamantita, Caria llenó su cuerpo de energía. El aire a su alrededor comenzó a vibrar, cargándose de una presión casi sofocante.

  —Holley, prepárate —ordenó—. Tenemos que estar ahora mismo en la ciudad. Destrozaremos a los gusanos que se atrevieron a da?ar mi casa... a mis sirvientes... y, por sobre todo, a mi hijo.

  Si existe el infierno... querrán ir allí para escapar de mi furia.

  —Sí, mi se?ora —respondió Holley, sin dudar.

  En un solo salto, y casi como un avión de combate, Caria se lanzó en dirección a la ciudad. La heroína más brutal que había hecho temblar a legiones de demonios avanzaba ahora con un poder incluso mayor al que mostró cuando luchó contra el Rey Demonio.

  ...

  ...

  ...

  Dolor.

  Desesperación.

  Preocupación.

  En brazos de un completo desconocido, Kael estaba atrapado.

  —Esto es horrible... —pensó—. No paro de temblar... no puedo reaccionar. Ver a esos guardias siendo asesinados frente a mí... una de las sirvientas abalanzándose sobre ese tipo y siendo cruelmente asesinada... y la última intentando huir conmigo en brazos...

  El recuerdo lo golpeaba una y otra vez.

  —Ver su cara apagarse después de ser apu?alada por la espalda... —continuó—. Nunca había visto gente morir frente a mí, y peor aún... siendo asesinada. No paro de vomitar. El olor a sangre y entra?as aún me pesa en la nariz...

  //-- no dejes de vomitar! Si puedes intercala las regurgitaciones--//

  —?Por qué me pides eso? —pensó Kael, con la garganta ardiendo.

  // -- para ti y el que aún no se da cuenta ya que te lleva sobre su hombro te sirve para dejar una huella, cualquier miembro de la casa sungley podría detectar tu vomito o cualquier cosa para interpretar por donde pasaste! -- //

  —Tiene razón... —admitió Kael—. Cualquier cosa servirá para alertar.

  // -- no estamos acercando a la ciudad hazte el inconsciente, simplemente no des indicios de querer llorar. Expresa que estas medio inconsciente y que no darás se?ales de hacer un alboroto--//

  —Pero en la ciudad, si lloro, la gente notará mi presencia...

  // -- es muy arriesgado... estos tipos al parecer están arriesgando mucho con tal de capturarte por como terminaron las cosas en la mansión como que no vienen con la intención de pedir una recompensa por tu liberación... si los alertas con chillidos los forzaras a moverse más rápido y la verdadera oportunidad que te rescaten podría desvanecerse, hagámosles creer que tienen el control y así se moverán más lento, conociendo a los miembros de la casa sungley pronto estarán aquí-- //

  —Está bien... —aceptó Kael.

  Tras escabullirse por uno de los callejones de los barrios bajos, donde la luz apenas lograba filtrarse entre edificaciones húmedas y descuidadas, el captor redujo la velocidad y se reunió con los otros individuos. El olor a basura, orina y salitre se mezclaba con el aire espeso de la ciudad, creando una atmósfera sofocante.

  —Tenemos el paquete —dijo el captor, acomodándose al ni?o sobre el hombro—. Por suerte no se ha puesto a llorar. Es bastante tranquilo... ni siquiera sabe las aberraciones que le harán.

  —?Pusiste atención por si alguien te seguía? —preguntó uno de los secuaces, mirando nervioso hacia el inicio del callejón.

  —No me siguió nadie —respondió con desdén—. Estaban todos esos idiotas peleando con el esclavo.

  —Ya murió —intervino otro—. Mi contrato de esclavitud ya se quemó.

  El captor sonrió apenas, sin emoción.

  —Solo debemos esperar —dijo—. Probablemente la ciudad se llene de soldados. Cuando activemos los se?uelos y corran nuevamente como idiotas a matarlos, nosotros escaparemos por el otro lado.

  ...

  ...

  ...

  Mientras tanto, en la zona sur costera, en la frontera con el Bosque Indomable, habían pasado ya algunas horas. En una posada que ostentaba los estandartes de la familia Sungley, Laret y Garbard se encontraban comiendo en silencio, con la tensión aun flotando en el ambiente.

  —Es extra?o —comentó Garbard, rompiendo el silencio—. Las fisuras del muro no parecen hechas por bestias normales...

  —Sí... —respondió Laret, frunciendo el ce?o—. Es casi como si hubieran usado una herramienta... o magia.

  De pronto, la puerta de la posada se abrió de forma estrepitosa. Una sombra atravesó el umbral y se estrelló violentamente contra varias mesas, haciéndolas a?icos.

  Alertados por la repentina situación, Laret y Garbard se pusieron de inmediato en posición defensiva. Sin embargo, al reconocer la figura que yacía en el suelo, la tensión cambió de inmediato.

  —?Enta! —exclamó Laret.

  Enta, aún recuperándose del impacto, intentó incorporarse mientras jadeaba con dificultad. Laret se acercó rápidamente para ayudarlo a ponerse de pie. Garbard, al ver el estado de su rostro, supo al instante que algo grave había ocurrido.

  —Muchacho... —dijo con voz grave—. Con solo ver tu estado, sé claramente que algo importante pasó.

  —Uff... uff... —Enta apenas podía hablar—. Rap... rapt... raptaron al joven amo...

  El silencio se prolongó unos segundos más.

  Y entonces, el aura de Laret explotó.

  La mesa más cercana se partió en dos sin que él la tocara.

  Las antorchas de la posada se apagaron al mismo tiempo, como si el fuego se negara a existir ante aquella presencia. El aire ardió con una presión brutal, tan intensa que el suelo comenzó a resquebrajarse bajo sus pies.

  Una aura azul envolvió por completo su cuerpo, girando a su alrededor como un huracán de furia incontenible.

  Garbard no intentó detenerlo.

  Sabía que en ese instante ya no quedaba razonamiento alguno.

  Solo un padre... y su instinto.

  Laret apretó los pu?os con tal fuerza que sus nudillos crujieron. Cuando habló, su voz salió ronca, quebrada, sostenida apenas entre el dolor y una furia primitiva.

  —Raptaron... a mi hijo...

  No dijo nada más.

  Su cuerpo desapareció en una ráfaga azul que atravesó las paredes de la posada, destrozó las ventanas y liberó una onda expansiva que sacudió todo el edificio. Las mesas volaron, los objetos se estrellaron contra el suelo y el eco de su partida retumbó como un trueno que se alejaba.

  Garbard exhaló lentamente.

  Su mirada siguió la estela azul que se perdía en el horizonte.

  Luego giró con calma hacia Enta.

  El joven felino lo miraba con los ojos empa?ados, el cuerpo temblando, apenas sosteniéndose en pie.

  —Mi se?or... —balbuceó—. Lo intentamos... luchamos con todo lo que teníamos... pero él... ellos fueron más rápidos...

  Tragó saliva, con la voz rota.

  —Por favor... sálvelo.

  Kael no merece esto.

  Daría mi vida... daría mi alma... si eso significara verlo reír otra vez...

  Garbard se acercó y apoyó su enorme mano sobre el hombro del joven. Su mirada seguía siendo firme, pero ahora estaba cargada de un pesar profundo.

  —Enta... —dijo con voz grave—. Ya has dado más de lo que cualquier soldado daría.

  Tu lealtad hacia mi nieto honra el nombre de esta casa.

  Hizo una breve pausa.

  —Ahora descansa.

  Deja que el fuego que encendiste guíe nuestro camino.

  El felino asintió en silencio, dejando que las lágrimas cayeran y se perdieran contra el suelo.

  Garbard se giró hacia la puerta y enderezó la espalda con solemnidad.

  —Mi hijo corre impulsado por la furia... —dijo—. Yo correré por justicia.

  Y sin decir una palabra más, el lord abandonó la posada, siguiendo la estela dorada que su hijo había dejado en el cielo nocturno.

  El viento olía a guerra.

  El linaje Sungley... había despertado.

Recommended Popular Novels