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PRÓLOGO

  El fuego cayó del cielo sin advertencia.

  Durante un instante, la noche de Myranthel se iluminó como si el mundo recordara una antigua llama olvidada.

  Muy lejos de donde aquella estrella ardiente tocó la tierra, un ni?o abrió los ojos… y el destino comenzó a moverse.

  ***

  Hubo un tiempo en que el mundo era joven y los ecos de la Creación aún resonaban en los valles y monta?as de Myranthel. Cuando el fuego primordial rugía con vida propia y las tinieblas no habían sido contenidas, surgieron las Primeras Razas, hijos directos de aquella llama eterna.

  De las brasas de la luz nacieron los Elvar, guardianes de la memoria y del equilibrio, cuyas voces podían armonizar con el tejido mismo del mundo. Del corazón de la roca y del acero surgieron los Dravern, firmes como las monta?as, fuertes como la tierra que los vio nacer. Y desde lo más profundo de la oscuridad tomaron forma las Criaturas de las Sombras, seres cuyo nombre se desvaneció con los ciclos, pero cuyos susurros todavía resuenan en los rincones olvidados del norte.

  Con el paso de las eras, cuando la llama de los Elvar se mezcló con el soplo cambiante del tiempo, nacieron nuevas razas. De ellos surgieron los Elfos, elegantes y orgullosos, eternos caminantes de los bosques de Myranthel; y las Hadas, ninfas de ojos verdes envueltas en la luz de la naturaleza, cuya proximidad al fuego primordial era tan intensa como efímera. Aunque desaparecieron con los siglos, su linaje aún duerme en la sangre de unos pocos.

  De los Dravern descendieron los Enanos, incansables trabajadores que domaron monta?as, cavernas y profundidades, levantando reinos de piedra y metal. Y también surgieron de ellos los Antiguos Hombres, sabios y vigorosos, que conservaban un lazo tenue, aunque real con el fuego eterno. Con el tiempo, al esparcirse por el mundo, algunos se volvieron efímeros, impulsados por su espíritu indómito; mientras que otros mantuvieron viva la llama interior, convirtiéndose en Magos y Hechiceras capaces de moldear las fuerzas que habían dado forma al mundo.

  Pero las sombras nunca desaparecieron.

  Las criaturas nacidas de ellas continuaron vagando por Myranthel, aguardando en silencio su momento para renacer. Y la Sombra, astuta e insaciable, descubrió que no necesitaba engendrar monstruos para prosperar: podía corromper aquello que ya existía. Se alimentaba del dolor, la desesperanza, el rencor o la ambición. Se infiltraba en el corazón de quienes sucumbían a esos sentimientos, torciendo su voluntad hasta deformar sus almas. De esa corrupción surgieron las Brujas, los Magos Negros, los Elfos Oscuros… y los primeros Krogar, criaturas retorcidas del tama?o de un ni?o, de ojos amarillos y sonrisas afiladas, temidos luego como la herencia viva de la Sombra.

  Así avanzaron los primeros ciclos del mundo, entre razas nacientes y razas perdidas, entre luz y oscuridad. Lo que vendría después —las guerras, los pactos rotos, los héroes y las traiciones— sería contado por generaciones… pero todo comenzó aquí, en los días en que la Creación aún ardía.

  Con el paso de los siglos, cuando las razas ya caminaban con firmeza sobre Myranthel, surgieron las Reliquias del Alba: siete fragmentos de poder moldeados por manos antiguas, cada uno con una conexión pura al fuego primordial. No eran simples armas ni ornamentos: eran símbolos de equilibrio, nacidos del espíritu de cada pueblo y reflejo de sus virtudes y temores —fuego, sombra, aire, tierra, espíritu, sangre y luz—.

  Stolen story; please report.

  Pronto, aquello que había sido concebido como un lazo entre las razas se transformó en el origen de su discordia.

  La ambición, la duda y el deseo de dominio avivaron disputas que crecieron como brasas al viento. Las naciones comenzaron a codiciarse unas a otras sus reliquias, intentando reunirlas para reclamar un poder que ningún pueblo debía poseer. Así estalló una era de guerras que se extendió durante siglos: monta?as se fracturaron, bosques ardieron hasta quedar convertidos en ceniza, ciudades ancestrales se hundieron bajo la tierra y mares enteros se ti?eron de rojo.

  Las sombras aprovecharon el caos.

  Seres corruptos y criaturas surgidas de la oscuridad se alzaron para devastar allí donde la luz se debilitaba. Y, aun así, entre la devastación surgieron alianzas improbables y héroes de sangre diversa que contuvieron la oscuridad. Hubo victorias recordadas por generaciones y derrotas tan hondas que aún hoy se murmuran en noches sin luna.

  Cuando la última gran batalla amenazó con consumir no solo a las razas, sino al mundo mismo, los sabios tomaron una decisión final: ocultar aquello que había dividido al mundo. Las Reliquias del Alba fueron selladas en lugares secretos, dispersas por los confines de Myranthel. Y aunque las sombras fueron derrotadas —o eso creyeron muchos— su esencia nunca desapareció del todo.

  Con los siglos llegó una paz tenue, tan frágil como cristal antiguo. Pero las profecías jamás olvidaron el poder de las Reliquias… ni advirtieron en vano que un día volverían a reunirse.

  Un día de juicio.

  Un día de renacimiento.

  Con el tiempo, Myranthel entró en una nueva era. Los hombres, más numerosos y expandidos que cualquier otra raza, se convirtieron en los se?ores del mundo. Por un tiempo, la estabilidad pareció posible.

  Pero la paz rara vez perdura.

  Desde los límites más oscuros de Valdara surgió un nuevo portador de las sombras: Morvanyr el Umbrío, un mago ambicioso cuyo apetito por el poder no conocía forma ni límite. Guiado por susurros antiguos que nunca debieron despertar, encontró la reliquia forjada por la oscuridad: Khar’Zhul, la más temida de todas. Con ella extendió su corrupción como una peste silenciosa y reunió a su alrededor un culto letal: la Orden del Cuervo.

  La oscuridad se propagó por las tierras del oeste con fuerza implacable. Reinos menores cayeron bajo la locura y el miedo.

  Pero Myranthel no se rindió.

  Cuando la sombra amenazó con devorarlo todo, un hombre se alzó para unir a las razas: Eryndor Galathor, rey de Elyndor. Forjó una alianza entre hombres, elfos, enanos y magos, y marcharon juntos a la guerra final contra Morvanyr. El Umbrío cayó, la Orden del Cuervo fue quebrada y el mundo respiró nuevamente.

  La paz, sin embargo, no duró.

  Porque su heredero, Ardyn Galathor, no resistió los murmullos que una vez habían guiado a Morvanyr. La ambición lo consumió. Bajo su mandato, la Orden del Cuervo renació, y con el poder del trono extendió su dominio como un incendio sin control: subyugó Valdara, quebró pueblos élficos y enanos, y convirtió la frontera sur en un desierto de ruinas.

  Solo Drauhen, protegido por la cordillera de Thalen, permaneció libre.

  Entonces, una antigua profecía fue desenterrada de los templos olvidados:

  > “Cuando la sangre de Galathor se derrame sobre las tierras del norte,

  > el fuego dormido despertará.

  > Esa sangre llevará la Marca de la Llama,

  > será llave y sendero;

  > el brazo que reúna las Reliquias.

  > Porque cuando la Llama resurja

  > y las Reliquias sean encontradas,

  > la oscuridad será vencida…

  > o elevada.”

  Muchos creyeron que Ardyn sería el destinado a consumar la salvación o la ruina.

  Pero el fuego del destino rara vez arde donde se espera.

  Aterrorizado por la sombra que crecía dentro de él, Ardyn intentó destruir a su propia sangre: un ni?o marcado por la profecía, portador de la Marca de la Llama.

  No sabía que la profecía no hablaba de su caída… sino de su legado.

  El ni?o sobrevivió. Creció exiliado en las tierras fronterizas de Drauhen, lejos del alcance de Galathor y del eco de las guerras. Ignorante de su herencia y de su destino, llevaba sin saberlo una marca que un día lo guiaría hacia aquello que dormía en su interior, y que decidiría el curso del mundo.

  Y en los rincones olvidados de Myranthel, el eco de un fuego dormido comenzó a respirar otra vez.

  Gracias por leer este capítulo.

  Como los capítulos son cortos, he decidido publicar el prólogo junto con 11 capítulos el primer día.A partir de ahí, planeo continuar con publicaciones regulares todos los lunes, miércoles y viernes.

  Si te ha gustado, te invito a seguir con el próximo capítulo.Tu lectura y tu apoyo significan mucho.

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