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Capítulo 19 — Donde las Voces Aprenden a Esperar

  El valle cambió antes de que yo diera el primer paso.

  No fue un sonido.

  Ni una luz.

  Ni siquiera un temblor.

  Fue algo más simple:

  la sensación de que alguien había estado aquí antes… y no quería que yo lo olvidara

  La bruma se movía como si respirara.

  Lenta.

  Profunda.

  Como si cada exhalación empujara un recuerdo que no era mío hacia la superficie de mi mente.

  Ashryel caminaba a mi lado sin tocar el suelo.

  Pero hoy…

  ella no brillaba igual.

  Su luz estaba más cerca de mi brazo que de mis pasos, como si temiera que la distancia pudiera desarmarla.

  —Syra —murmuró—. No te adelantes.

  —No lo estoy haciendo —respondí.

  —Sí lo estás.

  No discutí.

  Porque tenía razón.

  El valle tenía algo…

  un pulso.

  No el mío.

  No el de mis marcas.

  Otro.

  Uno más viejo, más lento, más profundo.

  Un pulso que buscaba…

  un cuerpo que sostener.

  El mío.

  La bruma al frente se partió en un movimiento suave, como un telón abriéndose. No reveló paisaje, ni ruinas, ni monstruos.

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  Reveló una silueta

  Incompleta.

  Difusa.

  Como si hubiera sido dibujada, borrada, y dibujada de nuevo tantas veces que ya no recordaba cuál era su forma original.

  Sentí un tirón dentro del pecho.

  No físico.

  No doloroso.

  Pero sí… familiar.

  —Ashryel… —susurré.

  Ella ya lo estaba mirando.

  —No le hables —dijo.

  Demasiado tarde.

  Algo dentro de mí ya había respondido sin palabras.

  La silueta inclinó la cabeza.

  Muy despacio.

  Como quien reconoce un nombre conocido.

  Entonces escuché la voz.

  No afuera.

  No en el aire.

  No en mis oídos.

  En la grieta.

  Esa línea fina que había quedado dentro de mí desde que Aelian se fue.

  Mi respiración falló.

  —No escuches —insistió Ashryel—. Aquí, escuchar es dejar entrar.

  Pero la voz no pedía permiso.

  —él no es Aelian —dijo Ashryel, firme, adelantándose medio paso—. No confundas el dolor con el due?o del dolor.

  La silueta se movió.

  Solo un paso.

  Pero el valle entero pareció inclinarse hacia ese movimiento.

  Mis marcas reaccionaron.

  Un latido.

  Después otro.

  El tercero no fue mío.

  —?Quién… es? —logré preguntar.

  Ashryel no apartó la mirada.

  —No es un portador. No es un eco.

  Es lo que queda cuando alguien se rompe… y el fuego intenta reconstruirlo sin saber cómo hacerlo.

  La bruma alrededor de la silueta empezó a tomar forma.

  Un brazo.

  Un codo.

  Dedos incompletos extendiéndose hacia mí.

  No para atacarme.

  Para reclamar.

  —Syra —advirtió Ashryel, su voz apenas temblando—. No es una orden.

  Es un derecho que él cree que aún tiene.

  El aire perdió temperatura.

  Y entonces lo sentí:

  Una presión suave en mi esternón.

  Como si alguien tocara desde adentro.

  Buscando espacio.

  Buscando abrirlo.

  Mis piernas se aflojaron un instante.

  Ashryel me tomó del brazo y apretó con más fuerza de la que parecía posible.

  —No lo escuches —repitió—. No eres eso. No eres él. No eres lo que quedó atrás.

  La silueta alzó la cabeza.

  No tenía rostro.

  Pero aun así…

  sentí que me miraba como si estuviera reconociendo algo que yo aún no sabía que estaba perdiendo.

  Las marcas ardieron.

  El valle contuvo el aliento.

  Y por primera vez desde que entramos…

  …sentí que algo más que yo

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