home

search

Capítulo 16 — Donde la Tierra Recuerda

  El centro del valle no era un lugar.

  Era una sensación.

  Un cambio imperceptible,

  

  como cuando entra a una habitación


  

  donde alguien estuvo pensando demosiado fuerte.


  Algo allí había sido vivo.

  

  Sufrido.


  

  Repetido.


  El suelo estaba hundido en patrones circulares,

  

  No perfectos, pero constantes,


  

  como si alguien hubiera caminado en círculos


  

  durante días enteros


  

  tratando de no desanimarse.


  No Eran Huellas Recientes.

  

  Eran profundas, casi fósiles.


  Me acerqué al borde de una de ellas.

  Puse la mano sobre la tierra.

  

  Fría.


  

  Partida.


  

  Como piel reseca.


  El pulso en mi pecho respondió de inmediato.

  

  Un latido lento.


  

  Luego otro más fuerte.


  

  Y uno más, casi doloroso.


  Ashryel no dijo nada.

  

  Pero su luz se tensó como si quisiera interponerse.


  —?Qué pasó aquí? —pregunté.

  Ella tardó demosiado en responder.

  —Algo que…

  

  —respiró hondo—


  

  no sé si está listo para escuchar.


  Me levanté despacho.

  —Entones no lo digas —murmuré—.

  

  Solo… quédate cerca.


  Ella lo hizo.

  

  Sin discotir.


  

  Sin explicar.


  

  Solo se colocó a mi lado,


  

  y su luz rozó mi sombra


  

  como si intentara sostenerla para que no se rompiera.


  Dimos unos pasos más.

  Las hendiduras circulares seguidas,

  

  marcando trayectorias repetididas una y otra vez.


  —Son pasos de entretenimiento —dije de pronto,

  

  sin saber de dónde venosa la certeza.


  Ashryel bajó la mirada.

  —Sí.

  —Pero no son de batalla —continué—.

  

  Hijo…


  

  de alguien que sabía que ya no le quedaba tiempo.


  Ella me miró entreces.

  Sin dolor.

  

  Con un tipo extra?o de reconocimiento,


  

  como si yo acabara de nombrar algo


  

  que levaba siglos suspendido sin ser dicho.


  —Sira…

  

  —su voz tembló apenas—


  This narrative has been purloined without the author's approval. Report any appearances on Amazon.

  

  este lugar… fue donde el portador antes de ti


  

  intentó detener lo inevitable.


  El aire se volvió pesado.

  No por la tragedia.

  

  Por la intimidad.


  Eliano había entrado aquí.

  No para vencer a nadie.

  

  Sino para vencer
.

  Di otro paso.

  El pulso dentro de mí vibró

  

  como si recordara por sí solo los movimientos.


  No sean imágenes.

  

  Eran sensaciones.


  

  ángulos.


  

  Cansancio.


  

  La forma en que un cuerpo requiere sostenerse


  

  cuando ya no queda nada más que voluntaria.


  Me quedé tranquilo.

  

  El valle respiró conmigo.


  —Ashryel… —dije en voz baja—.

  

  Yo… puedo sentir cómo mover los pasteles.


  Ella cerró los ojos, como si doliera escolarlo.

  —Lo sé.

  —Puedo sentir su cansancio.

  —Lo sé.

  —Puedo sentir que… que él sabía que iba a morir.

  Ashryel abreó los ojos.

  Esta vez no había defensa en ellos.

  

  Solo una verdad intacta.


  —El no entrenaba para sobrevivir.

  

  Entrenaba para
darte tiempo a ti,

  

  une no supiera tu nombre.


  Me quedé en silencio.

  El valle ya no era un lugar extra?o.

  

  Era una herida que no sanó.


  

  Que no podía sanar.


  

  Porque parte de ella seguida latino en mi pecho.


  Y aun así, no sentí tristeza.

  

  Sentí… respeto.


  Un respiro profundo.

  

  No por su destino,


  

  sino por su decisión.


  No corrió.

  

  No hay desesperación.


  

  No se rindió.


  Caminó en círculos

  

  para no dejar que el final llegara antes de tiempo.


  

  Para sostener algo que no era suyo.


  

  Para completar un minuto más de vida


  

  que él mismo nunca tendería.


  Me arrodillé sin pensarlo.

  La tierra cedió un poco.

  Sin recé.

  

  No pedi nada.


  Solo incliné la cabeza

  

  como quien agredece un acto que no puede pagarse.


  Ashryel se agachó a mi lado.

  

  Su luz tocó el suelo


  

  como un gesto silencioso.


  —Syra… —susurró—.

  

  Nadie te está pidiendo que seas él.


  Negué con la cabeza.

  —No.

  

  Pero sí puedo agredecerle.


  El pulso dentro de mí latió una vez,

  

  largo, profundo,


  

  como si reconociera el gesto.


  Me levanté.

  La tierra volvió a guardar silencio.

  

  Pero yo no.


  —Vamos —dije—.

  

  No quiero que su esfuerzo quede atrapado aquí.


  Y avanzamos más adentro del valle,

  

  donde los pasos de Elian se detuvieron un día


  

  y donde los míos recibieron comenzaban.


Recommended Popular Novels