La luz del amanecer caía sobre el valle como un velo delgado. No era cálida. No era fría. Solo… estaba ahí. Un recordatorio de que el mundo seguía avanzando, aunque yo no estuviera seguro de avanzar con él.
Ashryel caminaba a mi lado, aunque no “caminara”. Su forma flotaba, suspendida a unos centímetros del suelo, con esa luz tenue que todavía luchaba por no apagarse.
Yo sentía el silencio como un peso entre los dos. Un silencio extra?o… porque no era incómodo. Era frágil.
Como si romperlo pudiera hacer que algo dentro de nosotros se quebrara también.
El pulso que sentí horas atrás seguía ahí. Oculto. Pegado al ritmo de mis marcas como un segundo latido torcido.
Intenté ignorarlo.
Pero era como intentar ignorar un pensamiento que no pidió permiso.
A veces parecía más fuerte, como si quisiera subir desde mi pecho hasta mi garganta.
Otras veces se desvanecía hasta volverse apenas una vibración detrás de mis costillas.
—Syra. Ashryel me habló sin elevar la voz.
La luz en sus ojos temblaba.
This story originates from Royal Road. Ensure the author gets the support they deserve by reading it there.
—Otra vez —dije antes de que ella preguntara.
No había necesidad de explicarlo. Ella lo sentía a través de mí, como si mi respiración se deshilara dentro de su luz.
—No deberías sentirlo tan seguido —murmuró.
No respondió más. Y yo tampoco.
El camino se estrechó. Las colinas se curvaban como si algo las hubiera hundido desde arriba. Había marcas viejas en las rocas: ara?azos, grietas, ceniza incrustada en la piedra como si hubiera sido parte del paisaje durante a?os.
No conocía ese valle. Pero sentía que alguien sí lo había conocido antes que yo.
El pulso volvió otra vez. Más fuerte. Como un golpe seco desde dentro.
Me detuve sin pensarlo.
Y entonces… ese segundo latido coincidió con el mío.
Un instante. Apenas eso. Pero suficiente para que mi visión se nublara en los bordes.
Ashryel reaccionó al mismo tiempo. Su luz se expandió un poco, como un reflejo involuntario.
—No es normal —dijo.
—Lo sé.
Respiré hondo. El aire entró como un filo.
—?Crees que… es él? —pregunté con voz baja—. ?Aelian?
Ashryel me sostuvo la mirada. No la apartó. No mintió.
—No lo sé —respondió—. Pero hay algo que no se fue. Algo que no quiso irse.
La tierra a nuestros pies crujió. No porque algo se moviera. Sino porque mis marcas se iluminaron un segundo, como una respiración ajena abriéndose en mi piel.
Tragué saliva. Sentí un frío interno, del tipo que no viene del clima.
Ashryel avanzó un poco y me tocó con su luz. No dolió. Pero la sensación fue tan… tan cercana a una despedida que tuve que apretar los dientes.
—Estoy aquí —dijo.
No como consuelo. No como promesa vacía.
Solo como un hecho.
Un hecho que parecía resistir a pesar de que su luz temblaba más cada día.
Seguimos avanzando. El valle se abría frente a nosotros, oscuro en los bordes, callado en su centro.
Y por primera vez desde que desperté en este mundo, la sombra que sentía detrás de mí no parecía venir de algo externo.
Parecía venir de mí mismo.

