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Capítulo 12 — Cenizas que no deberían seguir ahí

  El aire tenía ese silencio raro… no el silencio de la paz, sino el silencio que queda cuando alguien que importaba ya no está.

  Caminábamos.

  No había voces, ni pasos marcados, ni siquiera el crujir de la tierra bajo mis botas parecía real. Solo yo. Y ella. Y ese espacio vacío donde antes latía algo que no sé si era dolor… o compa?ía.

  Ashryel no hablaba. Su luz—que siempre había sido firme, casi orgullosa— ahora parpadeaba como si respirara con dificultad.

  Yo no se lo dije. No le dije que podía sentir ese parpadeo en mis costillas. En mis marcas. En mi garganta.

  No sé cuánto tiempo caminamos.

  Pero en un punto, sin que lo buscara, sentí un latido que no era mío.

  Un pulso seco. Pesado. Como un corazón que debería estar muerto pero todavía intenta moverse por costumbre.

  Me detuve.

  Ashryel levantó la mirada. Sus ojos—esa luz suave, siempre cálida—estaban rotos en los bordes.

  —?Qué sentiste? —preguntó, aunque creo que ya lo sabía.

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  Me llevé una mano al pecho.

  Y lo dije sin saber si me creería:

  —Ashy… creo que hay cenizas que no deberían seguir aquí.

  Ella se acercó despacio. Su luz no tocó mi piel, pero la sentí igual: la duda, el cansancio, el miedo silencioso de alguien que ha estado sosteniendo demasiado peso por demasiado tiempo.

  —No es él —susurró—. Es… el vacío que dejó.

  Pero no sonaba segura. Y eso me perforó.

  Caminamos otra vez.

  Los árboles a los lados parecían escucharnos, las hojas apenas se movían, como si no quisieran interrumpir.

  Y mientras avanzábamos, ese pulso fantasma volvió.

  Por un instante juro que no sentí mis propias manos.

  Las vi moverse, las vi colgar a los lados, pero hubo un segundo… solo un segundo…

  en el que no supe si eran mías o de él.

  De Aelian.

  De su memoria. De su culpa. De su sombra que no se había ido del todo.

  Inspiré hondo. Me rasgué la palma con las u?as para recordar que estaba despierto.

  Ashryel me miró de reojo.

  —Syra —dijo en voz baja—. Si algo vuelve a latir… dímelo.

  Quise responder. Decirle que no era nada. Que yo podía con esto.

  Pero la verdad… la verdad es que no podía mentirle.

  —Ashy… —Mi voz tembló sin permiso— …siento que estoy caminando con dos corazones. Uno mío… y uno que no quiere morir.

  Ella cerró los ojos.

  Y por un instante, su luz casi se apagó.

  No lo dijo en voz alta, pero lo escuché igual, como quien escucha un hilo romperse:

  Seguimos. Porque no había otra opción.

  Porque a veces la historia no te deja escoger.

  Pero desde ese momento, cada paso fue una duda, cada respiración un peso, y cada silencio un recordatorio:

  Aelian no se había ido del todo. Y yo… yo tampoco estaba tan entero como quería fingir.

  Ashryel avanzó un poco adelante, como si quisiera protegerme.

  Pero incluso así, incluso con ella a un paso de distancia, sentí algo por primera vez desde que la conocí:

  La posibilidad real de que su luz no fuera suficiente para sostener lo que estaba empezando a despertar dentro de mí.

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