home

search

Capítulo 43 — Cuando el Camino Responde al Nombre que No Dijo

  El descanso no duró.

  No porque el Camino lo cortara, sino porque Syra… .

  El silencio lo acogía, pero también lo inquietaba.

  No era el silencio de soledad, ni el de peligro.

  Era ese silencio particular que aparece cuando algo quiere decirse… pero aún no encuentra forma.

  Syra se incorporó despacio.

  El ni?o lo observaba desde el suelo, con la barbilla apoyada en las rodillas.

  La silueta mayor permanecía quieta, vigilante sin parecerlo.

  El espacio circular no ofrecía pista alguna.

  Era vacío.

  Voluntariamente vacío.

  Y por eso Syra entendió que debía llenarlo.

  Respiró, lento.

  Una vez.

  Otra.

  —…No sé qué esperas de mí —dijo al fin, sin dirigirse a nadie en concreto.

  Las palabras se disolvieron en el aire.

  No rebotaron.

  No formaron ecos.

  No crearon sombras.

  Pero el Camino reaccionó igual.

  El suelo bajo ellos vibró apenas.

  Una pulsación leve, como el latido de un corazón enterrado demasiado hondo.

  El ni?o levantó la cabeza.

  La silueta mayor ladeó el rostro, como si hubiera escuchado algo detrás del muro.

  Syra lo sintió también.

  No una voz.

  No un pensamiento ajeno.

  Un llamado.

  No sabía su forma.

  A case of content theft: this narrative is not rightfully on Amazon; if you spot it, report the violation.

  No sabía su origen.

  Pero era un llamado directo a él.

  Syra dio un paso hacia adelante, hacia el centro exacto del círculo.

  El Camino lo siguió: una franja de sombra se deslizó bajo sus pies, como una línea viva que buscaba colocarse con precisión.

  Cuando Syra se detuvo, la línea también lo hizo.

  El lugar exacto.

  El ni?o se puso de pie, inquieto.

  La silueta mayor avanzó un paso y luego se detuvo, como si entendiera que no debía acercarse más.

  Syra abrió la boca para hablar… pero no salió sonido.

  Algo lo atravesó desde dentro.

  Una presión suave, como un pensamiento que se niega a quedarse encerrado.

  Y con esa presión, llegó una memoria.

  No de un evento.

  No de un trauma.

  Una memoria de sensación

  la primera vez que sintió que estaba fallando sin saber a quién.

  Un momento sin fecha, sin rostro, sin causa.

  Un instante universal.

  La sensación de fallar simplemente por existir.

  Cuando esa memoria emergió, las sombras del círculo se contrajeron como si inhalaran con él.

  Syra apretó los dientes.

  No por dolor.

  Por vulnerabilidad.

  Por reconocer algo que nunca había tenido nombre.

  —…Eso —murmuró—.

  Eso es lo que buscas.

  El ni?o lo miró fijamente.

  La silueta mayor inclinó un poco la cabeza.

  El Camino se tensó.

  Syra tragó saliva, avanzó un paso más, se colocó justo sobre la marca que el suelo le había dado…

  y dejó caer la verdad que se había escondido por a?os detrás de todas las otras verdades.

  —No sé cómo caminar sin sentir que decepciono a alguien.

  El aire dentro del círculo cambió.

  Se volvió más denso.

  Más cálido.

  Más… presente.

  El ni?o bajó la mirada.

  La silueta mayor cerró los ojos, como si confirmara algo que ya sabía.

  Y el Camino… respondió.

  La pared frente a Syra se abrió sin producir ruido alguno.

  No se quebró ni se expandió: simplemente se disolvió, revelando un pasillo que no existía hace un segundo.

  Un pasillo estrecho.

  Alargado.

  Sin ninguna luz visible.

  El tipo de pasillo que no se impone.

  El tipo de pasillo que espera a que uno quiera entrar

  Syra se quedó quieto.

  No había voz que ordenara.

  No había sombra que empujara.

  No había presencia que lo guiara.

  Era la primera vez que el Camino no tomaba la decisión por él.

  El ni?o se acercó por detrás y tiró suavemente de su capa, casi sin tocarlo.

  —Si no entras… —dijo con una voz rota, tímida, llena de miedo que no era suyo— …entonces yo tampoco sabré cómo hacerlo.

  Syra miró al frente.

  El pasillo oscuro no amenazaba.

  No atraía.

  No prometía.

  Solo existía.

  Un lugar donde la decepción no tenía destino, porque no había nadie esperándola.

  Solo él.

  Syra dio un paso.

  La oscuridad lo recibió sin exigir nada.

  El Camino, en silencio absoluto…

  cerró la abertura detrás de él.

Recommended Popular Novels