home

search

Capítulo 25 — La Razón Que No Sabía Decir

  El silencio del valle no era vacío.

  Era una mano abierta.

  Un espacio sostenido.

  Un lugar donde no había presión de responder rápido, pero sí la exigencia de no mentirse.

  Ashryel seguía frente a mí, quieta.

  No como guía.

  No como luz.

  Sino como presencia.

  

  La única capaz de escuchar algo que nunca había tenido forma afuera de mi cabeza.


  —Syra… —dijo otra vez, sin cambiar el tono—.

  

  ?Por qué estás aquí?


  No había prisa en su voz.

  

  Tampoco consuelo.


  

  Solo verdad.


  Me quedé ahí, con las manos apoyadas en la tierra húmeda.

  Y por primera vez en mucho tiempo…

  

  no busqué hacia atrás.


  

  No busqué en los recuerdos.


  

  No busqué explicaciones.


  Busqué hacia adentro.

  Hacia ese espacio donde el fragmento había echado raíces.

  Ese lugar donde había nacido la frase que casi me mató en silencio.

  Tragué saliva.

  Y algo dentro de mí dijo:

  No era el fragmento.

  No era Ashryel.

  Era yo.

  El yo que había olvidado que existía.

  Respiré hondo.

  —Estoy aquí… —mi voz tembló— porque no quiero que esa frase…

  

  sea mi verdad.


  Ashryel no se movió.

  Ni un centímetro.

  Solo escuchó.

  —No quiero desaparecer —susurré—.

  

  No quiero ser un espacio vacío.


  

  No quiero que mi vida sea un accidente que se pasa por alto.


  

  No…


  

  no quiero que nadie cargue con mi sombra…


  

  sin que yo me atreva a cargar con mi propia luz.


  Mis dedos temblaron un poco.

  Pero no retiraré las manos de la tierra.

  No huí.

  No desvié la mirada.

  —Estoy aquí —continué— porque aunque me cueste… quiero existir.

  

  No por obligación.


  

  No por destino.


  Unlawfully taken from Royal Road, this story should be reported if seen on Amazon.

  

  No porque tú me necesites.


  

  No porque las marcas quieran devorarme.


  

  Ni por Eliano.


  

  Ni por los portadores.


  

  Ni por este valle.


  Mi garganta ardía.

  Pero seguí.

  —Estoy aquí porque…

  

  yo…


  

  quiero…


  

  estar.


  La palabra cayó con un peso que ningún eco, ninguna espada y ninguna herida había logrado igualar.

  La tierra tembló apenas bajo mis rodillas.

  Un temblor mínimo.

  Como si el valle reconociera la declaración.

  Ashryel cerró los ojos un segundo.

  Y cuando los abrieron…

  

  algo había cambiado.


  No en ella.

  No en mí.

  En el espacio entre nosotros.

  —Syra —dijo con una suavidad que nunca había usado conmigo—.

  

  Eso es...


  

  tu raíz.


  Bajó la luz hacia mi pecho.

  Y las marcas respondieron.

  No con dolor.

  

  No con furia.


  Sino con un pulso profundo.

  

  Lento.


  

  Real.


  Mi latido.

  No el del fragmento.

  No el de Aelian.

  El mío.

  Ashryel tocó la marca que rozaba mi clavícula.

  —Sabes qué significa esto? —preguntó.

  Me quedé en silencio.

  Ella sonrió… triste.

  —Que él ya no puede decidir por ti.

  

  Que el fragmento dejó de ser due?o del lugar donde creció.


  

  Le quiteste la base.


  

  Le quiteste el suelo.


  Se inclina un poco más.

  —Y ahora… Syra…

  

  él va a pelear por no desaparecer.


  Algo se contrajo en mi estómago.

  No por miedo.

  Por claridad.

  — ?Dónde está? —pregunté.

  Ashryel se?aló detrás de mí.

  Muy despacio.

  Muy firme.

  —Ahí.

  Me giré.

  Y la silueta estaba de pie.

  No como sombra.

  

  No como presencia difusa.


  Sino con forma definida.

  

  Con pasteles.


  

  Con manos.


  

  Con respiración.


  Sus ojos…

  

  eran los míos.


  Exactamente los míos.

  Pero vacíos.

  Sin la frase que acababa de pronunciar.

  

  Sin el “quiero existir”.


  él era la versión que sí creyó el pensamiento que me había destruido.

  Sin mover los labios, habló con mi propia voz:

  —Tú no mereces estar aquí.

  Y por primera vez…

  no retrocedí.

  Porque yo ya había respondido esa pregunta.

  Yo ya sabía por qué estaba aquí.

  Y esa certeza era la espada que aún no tenía en la mano…

  

  pero que ya había nacido dentro de mi pecho.


  Ashryel colocó una mano de luz en mi hombro.

Recommended Popular Novels