Es un nuevo día y eso significa una nueva oportunidad para cambiar mi vida. Ayer tuve un comienzo bastante desalentador; no pude comer nada desde mi llegada a esta ciudad y, para colmo, tuve que pasar la noche en un parque, durmiendo en una banca de piedra y con el frío pegándose en mis huesos.
Pero espero que hoy todo cambie para bien. La dama fortuna está de mi lado, pero siento que poco a poco se aleja de mí.
El sol se eleva en el cielo, cubriendo la ciudad con un enorme manto de tonalidades anaranjadas. Las voces de las personas resuenan con fuerza en el entorno, junto al eco de sus pasos hacen que esta plaza de sienta con vida. Mientras aquellas almas charlan con alegría, yo despierto finalmente de mi profundo descanso.
Me pongo de pie y estiro mis extremidades con ímpetu, para luego alejarme de aquel colchón de piedra, cuya silueta hecha de sudor aún mantiene la forma de mi figura. Caminando por la calle dejo salir un profundo bostezo, frotándome los ojos poco después para quitarme la suciedad que creció mientras dormía.
Marchando de vuelta al restaurante, me acerco a sus puertas con la intención de obtener el empleo que están ofreciendo. Gracias a la luz del sol pude apreciar mejor su estructura; paredes construidas con piedra rústica y vigas de roble oscuro. Por desgracia, la entrada está cerrada al público, pero ahora puedo observar su interior a través de sus ventanales que, a comparación de anoche, todo estaba cerrado a cal y canto.
Al otro lado de la puerta puedo ver la espalda de una mujer de cabellos oscuros. Al golpear levemente para llamar su atención, ella voltea y camina hacia mí. Antes de que llegase, peino mi cabello torpemente con la mano para tratar de verme lo mejor posible.
Dejando un delgado especio entre la puerta y el marco de la misma, ella asoma su mirada. Sus ojos reflejan el cielo a mis espaldas.
— Buenos días. ?Puedo ayudarlo con algo?
El tono suave de su voz cautiva mis oídos como un dulce canto.
Por Dios, qué bonita. — Expreso en mi interior.
Mis ojos brillan al contemplar los detalles delicados de su rostro casi divino.
— Sí, bueno… —me aclaro la garganta. —vengo por el anuncio de trabajo que vi en el gremio. ?Puedo ver al jefe?
Ella me examina de pies a cabeza. Pude notar una sutil mirada desaprobatoria.
— Lo siento, pero todavía no ha llegado. — Niega con la cabeza, con sus mechones delgados moviéndose al ritmo del viento.
— ?En serio? Oye, de verdad me urge hablar con él. ?A qué hora llega?
— No lo sé, se?or. Disculpe.
Me está mintiendo. La verdad no me sorprende, puesto que estoy a un paso de lucir como un vagabundo. Supongo que es fácil pensar de esa manera al ver mi apariencia desali?ada y mi ropa sucia. Pero tengo que conseguir este trabajo a como dé lugar. Si no lo logro entonces no sabría qué hacer con mi vida. Los demás oficios que pude ver cuando revisaba los anuncios son completamente desconocidos para mí; no sería un buen alquimista, ni mucho menos un erudito.
Darel me dijo que, si todo salía mal podía regresar con ellos, pero la última palabra la tiene su padre y si él se niega entonces no tendría a donde ir. Además, me sentiría un completo inútil si volvía con la cola entre las patas.
No deseo mendigar, tampoco quiero volver a convertirme en un ladrón. Se supone que prometí mejorar mi vida en este nuevo mundo, pero si regreso a mis viejos hábitos entonces nada cambiará, sea en la tierra o en cualquier otro sitio.
Solo necesito convencerla de dejarme ver al due?o, pero si soy demasiado insistente podría asustarla y llamar la atención de terceros. Lo que menos necesito ahora son problemas.
Retrocedo unos pasos.
— Por favor, solo quiero trabajar aquí. Puedo esperarlo todo el día si hace falta.
La chica, ligeramente molesta, abre la boca para decir algo, pero una voz áspera y rasposa la interrumpe a sus espaldas.
— Eleanor, ?qué pasa ahí afuera?
Al mirarme una mueca incómoda se dibuja en sus labios. Instantes después un hombre de mediana edad; de barba exuberante y panza prominente, aparece detrás de ella. Luego de un intercambio de palabras finalmente soy invitado a pasar a las entra?as del restaurante.
Un olor a canela y pan recién horneado invade mi nariz.
Me encuentro de pie sobre losas de piedra ennegrecidas y rodeado por hileras de mesas colocadas de forma ordenada. Frente a mí, el due?o del negocio, que me observa con ojos entrecerrados y cejas rectas.
— Entonces, ?quieres trabajar aquí? — Me pregunta mientras se cruza de brazos.
— Correcto, patrón. — Asiento con seguridad.
Adquirí la costumbre de llamar de esa manera a mi futuro empleador. Me servía como una especie de halago para ganarme su confianza.
— ?Tienes experiencia en el área?
Cerré mis ojos por unos momentos cuando escuché esas palabras.
Supe que me preguntaría algo así. Por suerte había practicado una respuesta para cuando llegase este momento.
— No… — Al ver su negativa con mi primera contestación, realzo mi voz. — ?Pero aprendo rápido!
— Eso no me sirve. Necesito de alguien que sepa del oficio. — Resopla con disgusto.
— Deme una oportunidad, por favor. — Ruego juntando las manos. — Mire, póngame a prueba una semana. Si en estos días llega alguien que cumpla sus expectativas, entonces me voy. Pero hasta ese momento deme la oportunidad de mostrarle cómo trabajo, por favor…
La expresión de un animal indefenso se refleja en mi rostro. Abriendo la boca, mi lengua comienza a explicarles mi precaria situación. Mi cerebro trabaja en una historia ficticia, dejando de lado mi antigua pertenencia a otro mundo.
Decidido a mejorar mi vida, abandoné mi hogar en busca de mejores oportunidades, pero en el camino fui asaltado por ladrones malnacidos, perdiendo lo poco que tenía. Me encuentro entre la espada y la pared, sin oportunidad de regresar a mi pueblo y sin tener a nadie a quien acudir para pedir ayuda. Mi única forma de salir adelante es conseguir un empleo digno para así, evitar la hambruna y la mendicidad.
Quise incluir más detalles, pero me detuve al pensar que sonaría demasiado sospechoso si comenzaba a explicar en demasía.
— Entiendo. Es verdad que últimamente hay más de esos desgraciados por los alrededores.
Mis pupilas brillaron como estrellas. Estoy feliz al saber que mi falso relato pasó desapercibido. Pero todavía no estoy seguro si me contratará.
— Está bien, —exhala. —te pondré a prueba por una semana.
Cubriendo mi rostro con la mano, echo mi cabeza hacia atrás y sonrío como un ni?o en su fiesta de cumplea?os.
— ?Gracias! ?De verdad! — Extiendo mi mano para apretar la suya. — No se va a arrepentir, ya lo verá.
— Eso espero, chico. — Sonríe levemente, devolviéndome el apretón de manos. — Dime como te llamas.
— Ethan. Un placer.
— Yo soy Eugine. — Moviendo su mirada, observa a la chica. — Ella es Eleanor.
— Hola, qué tal. —Me sonríe, moviendo su mano.
Aquí comienzo a dar mis primeros pasos al futuro que deseo tener. Daré todo de mí para conseguir este empleo. Mi preocupación inicial ya está resuelta, pero una nueva inquietud surge. Necesito encontrar un lugar en el que quedarme. El parque queda descartado, yo requiero de algo más… digno. Aunque alguien como yo no se lo merezca. Además, tengo que hacer rendir el poco dinero que tengo en mis bolsillos para que no me falte la comida.
Cuando pensaba que nada más sucedería, de repente, mi estómago ruge como un depredador hambriento. Debido a la felicidad del momento, había olvidado que mis tripas están vacías.
— ?No has comido nada?
— Nada desde ayer.
Sentí vergüenza.
Pero era algo que ya no podía seguir ocultando. Si esperase más tiempo, probablemente mi estómago y mi intestino se devorarían entre sí. Eugine se ofreció a darme un plato de comida, pero antes de que se marchara le encargó a Eleanor que me compartiera algo de su colonia.
Si antes sentía vergüenza, ahora deseaba que me tragase la tierra.
Eleanor me pide que la siga hasta el patio trasero. Estando allí ella recoge agua de un pozo y me invita a lavarme la cara. Luego de casi darme un ba?o, ella me presta un pa?uelo de textura suave, cuyo color pastel se difumina debido a la mugre que se impregna cuando paso la tela por mi rostro.
Siento liberación. Es increíble lo que algo de agua puede hacerle a tu apariencia. Al regresar vi un cuenco lleno de lentejas con verduras esperándome en la mesa. Luego de devorar el plato con solo tres bocados, comienzo a ayudar a Eleanor a limpiar las mesas. Debido a mi intromisión el restaurante había tardado en abrir.
Terminamos con los preparativos y, finalmente, abrimos al público.
Mis expectativas eran erróneas al principio, pues veía que no muchos clientes ingresaban al restaurante. Pensando que mi primer día sería fácil, la vida decide darme una patada en las pelotas.
Con el pasar del tiempo, personas de todos los aspectos empezaban a entrar, ocupando casi todas las mesas. ?Acaso estoy trabajando en el restaurante más famoso de la ciudad?
Mi primer desafío se hizo presente.
Constantemente tuve que mirar a un pizarrón que colgaba de una viga para recitar el menú a los comensales. Pero recordar el menú era la menos de mis preocupaciones. Cuando me equivocaba al dejar la comida en la mesa indicada, a veces recurría a Eleanor para que me susurrase el lugar correcto. A pesar de estar tan ocupada, ella estaba al pendiente de mis acciones. Un sentimiento de inutilidad creció en mí cuando observaba a mi compa?era cargar varios platos mientras se movía de un lado a otro con elegancia y agilidad envidiable.
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Maldije mi decisión de venir aquí para solicitar el empleo cuando me di cuenta de que no era apto para esto. La única experiencia que tengo en mi vida es asaltar a inocentes y traficar drogas. Incluso, fracasé en ese ámbito cuando una vez me arrestaron.
So?ando despierto, escucho a un grupo de cazadores quejándose desde una esquina del restaurante, llamando mi atención. Camino hacia ellos mientras suspiro cansado y seco mi sudor con la manga de la camisa.
— Perdón por no venir antes. ?Qué quieren ordenar?
— Ya era hora. — Comenta el aparente líder del grupo.
De barba estropeada y rasgos duros, un hombre ancho y de baja estatura me comienza a observar fijamente.
— No sabía que estaban contratando a indigentes. — Se mofa.
— Déjalo en paz, Rafhall. — Su compa?ero de la izquierda lo reprocha.
— Tranquilo, era una broma. — Responde él. Dándome una palmadita en la espalda.
Tomé su pedido con desgano, regresando poco después con su comida. Mientras volvía sobre mis pasos aprecié en silencio las relucientes armaduras que todos los miembros del equipo portaban.
Durante mi corto lapso de tiempo trabajando aquí, pude escuchar algunas conversaciones y saber al fin sobre el oficio de los llamados ?cazadores?. En este mundo existen todo tipo de bestias y monstruos, por lo que esta organización se encarga de eliminarlos para que no perturben la paz de estas tierras.
Bueno, creo que demoré un poco en relacionar ambos conceptos. Pero es normal que a veces alguien tarde en entender una idea bastante obvia.
Pero aún no logro comprender como estos sujetos pueden combatir con esas criaturas. La primera vez que desperté en este mundo fui atacado por un monstruo que era más grande que un vehículo todoterreno. Sus patas eran tan robustas como el ancho de mi cuerpo. Pude salir con vida gracias al rescate de Darel y de algunos aldeanos. Además, al ver la opulencia de sus accesorios me pregunté cuánto ganaban y si yo podría hacer algo así.
No, lo dudo.
— Aquí tienen. — Dejo el plato sobre la mesa.
— Gracias, muchacho.
Antes de dar media vuelta y retirarme, el enano me detiene con unas palabras.
— Por cierto, no te tomes a mal lo que te dije hace rato. Solo estaba bromeando.
— Ya no importa. — Me encojo de hombros.
Verme como una persona sin hogar no le da el derecho para ofenderme de esa manera. Pero eso solo refuerza la idea de mejorar mi apariencia. No puedo esperar a que me contraten si descuido mi presentación.
Los rayos del sol que se cuelan por la ventana hacen resplandecer una peque?a piedra sobre la cintura de un tipo delgado. Bajo la mirada para buscar el origen de ese brillo extravagante, encontrándome con una gema que es más grande que mi ojo.
— ?Te gusta? — Me pregunta el enano mientras se lame la boca cubierta de salsa.
— Sí, se ve genial.
— Y lo es. ?Quieres verla?
— No deberías distraerlo. — Dice el due?o del arma, a mi derecha.
Ignorando dicha sugerencia, el enano estira su brazo y retira la espada del estuche de su amigo, colocando la punta del arma en el suelo.
— Ten. Es bonita, ?verdad?
— Si la ensucias de comida con tus manos, te asesino. — Le advierte el hombre delgado.
— Tranquilo, Frigs. — El sujeto a mi izquierda trata de calmar a su compa?ero.
Tomé esa advertencia como mía. Por el tono de su voz no supe si estaba de broma o lo decía en serio.
Me inclino levemente, tratando de soportar la tentación de tocar la espada. La forma de mi rostro se refleja como un espejo sobre la superficie de la joya carmesí. Una sensación extra?a invade mis sentidos. Pude darme cuenta de que esto no es un simple adorno. Siento vida emanar de su interior, por así decirlo.
Mientras mi cerebro estaba perdido en un trance, el patrón llama mi nombre con enojo. Indicándome que volviera al trabajo inmediatamente. Esto no es bueno para mí. Cada error que tenga significa menos oportunidades para que me contraten.
?──────────────────???──────────────────?
Después de un exhausto día de trabajo, el restaurante cierra sus puertas. El jefe nos había felicitado por nuestro esfuerzo el día de hoy, pero no dejó pasar la oportunidad de darme un par de consejos al medir mi rendimiento. Solo pude escucharlo en silencio y con la mirada baja.
Sin que ambos lo notaran, saco el teléfono de mi bolsillo para revisar la hora. Dándome cuenta de que este lugar cierra relativamente temprano. Esto significa que tendré el resto de la tarde para mí. Me pregunto qué podría hacer para matar el tiempo si no existe la televisión y, además, soy un pobre desgraciado. Otra preocupación que a?ado a mi lista. Se siente mal no tener un solo centavo en el bolsillo.
Descansando en una esquina, el patrón se acerca a mí.
— Ethan, quiero pedirte un favor.
— Dígame.
— Quiero que me ayudes a ordenar algunas cosas en la bodega. Normalmente salimos temprano, pero hoy quiero hacer una limpieza general.
Asentí con una sonrisa. Sé que dije que daría todo de mí, pero estoy agotado. Mi espalda duele y mi garganta quema. Pero es algo que tengo que hacer.
Sin poder negarme, acepté las horas extras. De un modo u otro tengo que compensar todos los errores que he cometido hoy.
Luego de guiarme hasta el desván, Eugine me explica la tarea a realizar para después marcharse.
Al acabar de cumplir con el encargo, seguí ayudando a Eleanor con la limpieza. Después de un largo rato al fin habíamos terminado. Mi espalda duplicó su fatiga y los dedos de mis manos estaban enrojecidos. Deseaba con todo mi corazón tener un colchón suave en el que echarme a dormir.
Estamos todos reunidos en una mesa, con cerveza en mano y hablando sobre temas banales. Lamentablemente este elixir no sabe a lo que recuerdo; este es más dulce y espeso.
Me siento triste al saber que jamás volveré a disfrutar de este delicioso néctar, tampoco de la gastronomía de mi mundo. Voy a extra?ar sostener una hamburguesa grasienta en mis manos mientras bebo una gaseosa.
— Por cierto, ?conocen de un lugar barato en el que pueda quedarme?
— ?Qué tan barato?
— Uno muy barato. —Replico.
— Bueno, conozco de una posada a las afueras de la ciudad. El due?o es un viejo cascarrabias.
No me importa el sitio, solo quiero un techo sobre mi cabeza. Sería malo si volviera a dormir en el parque y por la noche empezara a llover. Un perro sucio olería mejor que yo en esas circunstancias.
Solo espero que ese lugar no me deje más pobre de lo que ya soy.
Luego de explicarme la dirección y antes de que nos levantáramos de la mesa para irnos, una persona desconocida golpea la puerta. Con intriga, Eleanor se acerca para saber quién es el individuo que nos visita a estas horas.
Al abrir la puerta, Eleanor suelta un corto grito al aire. Asustado, salto de la mesa y me preparo para lanzarme a defenderla de ser necesario. Pero mi susto cae rápidamente al escuchar la risa alegre de otra persona.
— ?Rya! ?Cuánto tiempo! — Dice mi compa?era en voz alta.
— Pensé que ya habían cerrado. — Sonríe ella.
Se abrazan con júbilo. Cuando la mujer atraviesa el umbral, su belleza me deja perplejo; su cabello, rojo como la sangre, y sus ojos dos esmeraldas.
Ambas chicas caminan juntas, sentándose en la barra. Eugine va detrás de ellas, desviando sus pasos hacia el mostrador para preparar una cerveza. Me quedé sentado sobre mi lugar, pendiente de lo que dirían después. Es una cazadora, así que, tendrá una historia interesante para contar.
Me preocupa que mi presencia los incomode, puesto que yo no tengo nada que ver con esa muchacha. Creo que lo mejor sería irme en busca de esa posada y dejarlos solos.
— Cuéntame, ?cómo te ha ido?
Haciendo de lado la pregunta de su amiga, la pelirroja voltea y me se?ala con el índice, preguntándose quién era el extra?o que sostiene una jarra de cerveza.
Al darse cuenta de su inocente error, Eleanor cubre su rostro con la mano y ríe torpemente. Me acerco a ellas luego de que ella me llamase con un gesto.
— Rya, te presento a Ethan.
— Un gusto. — Le digo, extendiendo la mano.
— Igualmente. — Me contesta, apretando mi palma. — ?Eres nuevo? ?Cuánto tiempo llevas aquí?
— Bueno… —me encojo de hombros. —técnicamente todavía no me contratan. Estoy en fase de pruebas y hoy fue mi primer día.
— Ya entiendo. Bueno, tendrás que hacer las cosas bien para que Eugine te acepte.
Reímos al unísono, retomando la conversación son vieja a amiga.
Rya habla con desdicha, relatando como había fracaso con la captura de un dragón junto a su grupo. A pesar de haberle seguido el rastro por semanas.
Quedé atónito y el miedo subió por mi garganta. No pude evitar imaginar a una colosal criatura bajando de las nubes para destruir e incinerar todo a su paso. De donde vengo, ese monstruo solo existe en mitos, pero aquí es real.
— Ese maldito apareció de la nada y destruyó nuestro campamento. Muchos murieron aplastados o devorados…
— ?De verdad? ?A ti no te pasó nada?
— No, estaba en la parte más alejada del campamento. Alcancé a ubicarme en un lugar seguro.
— Qué bueno. Pero es una lástima que los demás hayan muerto.
Casi todo su escuadrón fue eliminado. Lamentablemente no pudieron seguir peleando debido a tantas bajas y lo único que pudieron hacer para salvar sus vidas era huir. Luego de varias horas pudo reunirse con algunos sobrevivientes, regresando y abandonando la misión.
— También nos intentaron asaltar cuando volvíamos. — Suspira arrugando su frente. — Esto es de locos…
La conversación tomó un rumbo bastante deprimente. Hubo quejas por parte de Eugine hacia la mala administración del rey debido al ascenso de bandidos en los alrededores. Tal parece que esto es un tema que se repite en todos lados.
Las palabras de Rya hizo que se me erizara la piel. Todo indica que tarde o temprano emergerá otra guerra que hará temblar las naciones.
Cuestioné las decisiones que había tomado. ?Valdrá la pena esforzarme si en un futuro vuelvo a perderlo todo? Creo que desperté en un mundo bastante problemático.
Nuestra conversación concluyó amargamente.
Después de una breve despedida, proseguí con mi aventura.
Siguiendo las instrucciones del jefe, camino entre el frío y la niebla en busca de un lugar para hospedarme. A medida que seguía mi camino, las murallas se acercaban cada vez más a mis ojos. Llego finalmente a una zona urbana de mal aspecto. Calles agrietadas, basura hasta donde puedo ver y una atmósfera tétrica y desolada.
?déjà vu? — Pensé.
Cuando me acerco al edificio, mis labios se tuercen en una mueca desagradable. Hasta un refugio de drogadictos tiene mejor aspecto que esta pocilga.
Llegando a la recepción, un anciano calvo y escuálido me recibe con indiferencia.
— Buenas noches. Quiero alquilar un cuarto. — Apoyo los brazos sobre la madera podrida.
— ?Cuánto tiempo? — Me pregunta sin dirigirme la mirada.
— No sé, quizás por una semana.
El corazón casi me explota en el pecho cuando escucho la cantidad que me pide. Vacilante, dejo una moneda en el mostrador. Antes de marchar a mi nueva casa le pregunto al viejo si existe un servicio de ba?os. Afortunadamente recibo una respuesta satisfactoria, mejor aún, es gratis la primera vez.
Subiendo las escaleras noto como los tablones debajo de mis pies crujen con cada pisada.
Cuando abro la puerta, una nube de polvo se desprende del techo. Memorias de mi antiguo hogar invaden mi mente al observar el deteriorado aspecto de esta habitación. Quizás menosprecié mucho a esa vieja caravana.
Sacudo mi cabeza para alejar esos pensamientos intrusivos. Deprimirme ahora no me ayudará.
Muchas personas empiezan desde abajo para alcanzar la cima del éxito. ?Por qué no podría hacer lo mismo? Será por poco tiempo. Cuando reciba mi primera paga, me mudaré.
Alguien toca la puerta detrás de mí, despertándome de mis ideas pesimistas.
— Buenas noches. Permiso.
Una se?ora ingresa al cuarto, dejando una cubeta llena de agua y entregándome un trapo y recipiente en la mano.
— Perdón, ?qué es esto?
— Es esencia, joven. Puede usarla para perfumar el agua.
— Ya veo.
— Por favor, cuando termine deje las cosas en el pasillo. Que tenga buena noche.
Al concluir ese intercambio de palabras, camino hacia la cama y dejo caer mi trasero sobre el áspero y duro colchón. Comienzo mi ba?o luego de desnudarme. Una sensación acogedora se apodera de mí al sentir el agua en mi piel luego de tanto tiempo.
Limpio cada esquina de mi cuerpo, restregando el trapo con fuerza y repitiendo varias veces para quitar la tierra impregnada en mis poros. Al verter la esencia sobre el agua, un aroma floral acaricia mi nariz.
Aprovecho también para lavar mi cabello, metiendo la cabeza en el cubo. Por fin se deja de sentir grasoso en mis manos.
Suspiro satisfecho al saber que mi aroma corporal es más agradable. Lástima que no pueda decir lo mismo de mi ropa.
Bueno, hoy fue un buen día. Creo que no me fue tan mal como pensaba, pero tengo un largo camino por delante. Quizás sea por el cansancio, pero comienzo a pensar que las cosas serían más fáciles si estuviera muerto. No tendría que preocuparme por nada. Pero el destino, o lo que sea, me dio una segunda oportunidad y trataré de aprovecharla.
Lentamente junto mis párpados, quedándome dormido en pocos minutos. Acompa?ado por la luz plateada de la luna que se cuela por la ventana y con la esperanza de que mi vida sea espléndida en este nuevo comienzo.

