"Puesto decidir sin tiempo a equivocarme que la cantidad de cosas que separan al ser humano del resto de los animales pueden ser muchas; incluido hay muchas cosas que entre seres humanos nos tienen diferentes unos de otros. Sin embargo, en este mundo no existe un solo ser humano que se salva de la capacidad de imaginar."
? Hermes G. Greenman
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Estación de Metro de Metroville - 14 de agosto de 2078
El sonido ambiental de la estación de metro llena el aire: el anuncio de un tren, el murmullo de la gente, los pasos. CINTHIA PARK (17), con su chaqueta morada característica y el pelo semi-tapándole la cara, baja las escaleras mecánicas. A su lado, SHILLTO "SHILL" VALERIO (17), cabello color avellana, con una cámara réflex colgada al cuello y una mochila gastada, cama observando todo con curiosidad.
(Cinthia estaba hablando por teléfono, con un tono entre exasperado y cari?oso) Sí, papá, lo sé. No llegaré tarde. Solo vamos a ver una exposición de arte, no es para tanto... Sí, en el centro. Te enviaré un pin de mi ubicación, tranquilo.
Cierra los ojos un segundo, conteniendo un suspiro de frustración. Shill camina a su lado, escuchando la conversación con una sonrisa divertida.
(Shill en voz baja, solo para ella) ?Tu viejo otra vez? Parece que te tiene con un rastreador GPS implantado.
(Cinthia se lleva el teléfono al pecho y susurra hacia Shill) Cállate. (Vuelve al teléfono) Sí, sí, te prometo que no usaré... que no pasará nada. Lo sé. Amor y abrazos para mamá. Adiós.
Cuelga y se guarda el teléfono con un movimiento brusco en el bolsillo de su chaqueta, liberando el suspiro que tenía contenido.
En serio, ?qué pasa? Cada vez que salimos es como si creyera que vas a ser secuestrada por comandos mercenarios. ?Es ex-militar o algo así?(Pregunto shill mientras terminaba de bajar las escaleras con un salto)
Cinthia se ajusta el flequillo, nerviosa. Su mirada se evade un instante, buscando una mentira creíble.
(Cinthia empezó a fingir naturalidad) Algo así. Es...fue marine y es muy sobreprotector. Tuvimos unos... problemas familiares hace a?os. Ya sabes, cosas del pasado. Prefiere no arriesgarse.
(Shill procedió a sólo aceptar la explicación) Suena intenso. Bueno, al menos te deja salir conmigo. Eso es un logro.
Finalmente, llegan a los torniquetes. Pagan sus boletos con tarjeta y se abren paso entre la gente hacia el andén. Un tren acaba de llegar y hay un peque?o revuelo de pasajeros subiendo y bajando. Logran colarse y encontrar dos asientos libres juntos en un vagón no demasiado lleno. Violeta se deja caer en el asiento con alivio, mientras Shill cuida de no golpear su cámara.
El tren se pone en marcha con un suave tirón. La luz del atardecer se filtra por las ventanas, creando reflejos dinámicos en el interior.
(Shill dejandose llevar por el vaivén del vagón.) Que flojera... (Bosteza ampliamente, cubriéndose la boca con el dorso de la mano.) Sólo espero poder tomarle fotos a todo. Dicen que la exposición tiene una sección de "antes de todo" que es increíble. Parece que lograron encontrar residuos de lo que ocurrió en "la gran tempestad" hace a?os.
Saca su cámara y revisa la configuración, pasando las fotos anteriores. En la pantalla se ven imágenes de paisajes urbanos, detalles de arquitectura y algún que otro retrato furtivo de gente en la calle.
(Cinthia observándolo con una sonrisa tranquila) Tú y esa cámara son inseparables.
(Shill sin levantar la vista de la pantalla) Es mi pasión. Capturar un momento que nadie más ve. Como... no sé, la expresión de alguien en el metro, o cómo la luz golpea exactamente en el ángulo correcto. Es mágico.
Cinthia asiente, mirando por la ventana. Su reflejo se superpone a los edificios que pasan a toda velocidad. Por un momento, su expresión se vuelve pensativa, casi melancólica, recordando que su vida real tiene más "magia" de la que Shill podría imaginar. Pero luego sonríe, disfrutando de la normalidad del momento, de un secreto que no es suyo, sino de un amigo que solo ve el mundo a través de un objetivo.
(Cinthia se cómodo en su asiento y luego miro a shill) has oído de la leyenda del malnacido?.
(Shill se congelo por un momento y levantó la mirada de su cámara y la miro con una sonrisa juguetona) Ya vas a a empezar?...de qué se trata?
Cinthia se inclinó un poco en su asiento, y con una sonrisa desafiante empezó a narrar con una voz que ella considera "espeluznante"
"Se dice que hace mucho tiempo en la gran tempestad una mujer trataba de sobrevivir junto a su hijo sin embargo un día se quedaron sin comida, ese mismo día la mujer fue comida por su propio hijo, el malnacido"
Corte en negro - Cabina de conducción del Metro
El interior de la cabina está iluminado por las luces tenues de los paneles de control, que proyectan sombras danzantes. El tren avanza por los rieles acercándose a un túnel oscuro con un runruneo constante y monótono. Dos conductores están dentro: LEO, un hombre mayor y canoso, y MARCOS, más joven, con bigote.
Leo bosteza, estirando los brazos por encima de la cabeza.
(Leo a Marcos) Voy al ba?o. No vuelques el tren, ?eh?
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Marcos ni siquiera levanta la vista de su teléfono, donde ve un partido de fútbol.
(Marcos con una sonrisa) No te preocupes, jefe. Si pasa algo, te grito.
Leo se levanta con un gru?ido, recoge su termo de café vacío y camina hacia la puerta metálica que conecta la cabina con el resto del vagón. Agarra la perilla fría de metal y gira.
La puerta se abre hacia fuera con un chirrido metálico.
Pero no está el pasillo del vagón. No está el ba?o.
La abertura está completamente oscura, una negrura absoluta que parece tragar la luz de la cabina. Y enmarcada en esa oscuridad, una figura. Es alta, demacrada, con extremidades largas y delgadas que parecen más ara?a que humano. Su piel es de un tono cenizo, casi translúcida. No se distinguen rasgos faciales, solo una mancha borrosa y oscura donde debería estar la cara.
Leo se queda paralizado. Su cerebro se niega a procesar lo que ve. Su boca se abre para gritar, pero solo sale un jadeo seco, ahogado por el terror.
La criatura se mueve con una velocidad sobrenatural. Sus brazos, larguísimos, se disparan hacia adelante. Sus manos, con dedos terminados en garras negras y afiladas, se cierran alrededor del cuello de Leo con una fuerza brutal.
CRACK.
El sonido es seco, nítido y horrible. Es el sonido de una rama seca siendo quebrada, pero amplificado cien veces. Es el sonido de una vértebra cervical rompiéndose.
Los ojos de Leo se abren de par en par, llenos de un shock y un dolor infinitos que duran una milésima de segundo antes de apagarse para siempre. Su cuerpo se vuelve flácido instantáneamente.
(Marcos, al escuchar el crujido siniestro, levanta la vista del teléfono.) ?Leo? ?Todo bien, viejo? ?Se te cayó el termo o qué-?
Su voz se corta en seco. Su mirada se encuentra con la escena en la puerta: la figura oscura y esquelética, sosteniendo el cuerpo sin vida de Leo como si fuera un mu?eco de trapo. La criatura deja caer el cuerpo, que cae al suelo de la cabina con un golpe sordo.
Los ojos de Marcos, llenos de un terror puro e inimaginable, se encuentran con la mancha oscura que sirve de rostro a la criatura.
No tiene tiempo de reaccionar. La criatura ya está sobre él. Una garra se hunde en su pecho, atravesando el uniforme y la carne como si fuera papel. Otro brazo se enrosca alrededor de su cabeza.
Los sonidos que siguen son indescriptibles. Un crujido húmedo de costillas siendo aplastadas. Un sonido sordo de hueso astillándose. Un gorgoteo ahogado que es la última burbuja de aire escapando de unos pulmones perforados.
La puerta de la cabina, que había quedado abierta, se cierra lentamente por sí sola, como si una mano invisible la empujara, aislando el horror dentro.
Fuera, en los vagones, los pasajeros siguen leyendo, durmiendo o mirando por la ventana a la próxima oscuridad del túnel. El tren sigue avanzando, ahora sin conductor, su runruneo constante ahogando los últimos y terribles sonidos húmedos que salen de la cabina. A través de una ventana se observa como 2 amigos hablan tranquilamente.
El tren se balancea suavemente. La luz cálida del atardecer que entra por la ventana ilumina el rostro de cinthia, su perfil suave y su expresión pensativa. Shill la mira, y por un segundo, el mundo alrededor parece desdibujarse. Se queda congelado, sino por algo mucho más común y abrumador.
El clic de la cámara es suave pero distintivo en el murmullo del vagón. Cinthia se sobresalta, rompiendo su ensue?o, y gira la cabeza hacia él con los ojos un poco abiertos por la sorpresa.
(Cinthia se sobresalta al ver el flash, girando rápidamente hacia él con los ojos un poco abiertos por la sorpresa) ?Hey! ?Qué fue eso?
(La voz de shill le sale un poco más ronca de lo normal, y forcejea por encontrar su tono habitual de broma) Para el recuerdo... Hace una pausa breve, buscando las palabras correctas. Por una vez que no estás horrible, se debe capturar.
Rápidamente, baja la cámara y se recuesta contra el respaldo duro del asiento, desviando la mirada hacia la ventanilla opuesta como si el paisaje urbano que se desdibuja fuera la cosa más fascinante del mundo. Las puntas de sus orejas y su nuca delatan un rubor evidente que contrasta con el tono casual que intentó imprimir a sus palabras
(Cinthia con una sonrisa peque?a e involuntaria que se asoma en sus labios a pesar de ella) Idiota. Saca su teléfono y lo apunta hacia él. ?Quieres que te devuelva el favor? A ver qué cara pones cuando no estás intentando ser cool.
(Shill se gira de inmediato, poniendo las manos en defensa, pero riendo) ?No, no, no! ?Tregua! Mi lado bueno es el izquierdo, y la luz aquí es terrible. Sería un crimen contra la fotografía.
El tren frena en una curva, haciendo que se inclinen ligeramente el uno hacia el otro. Shill se endereza rápidamente, aclarándose la garganta. Un momento de silencio incómodo pero no desagradable llena el espacio, solo interrumpido por el traqueteo de las ruedas sobre los rieles.
El tren entra de repente en un túnel, sumergiendo el vagón en una oscuridad absoluta y opresiva por unos segundos. Solo se escucha el estruendo amplificado de los rieles y el gemido del viento. Shill emite un peque?o grito de sorpresa.
La luz irrumpe de nuevo de golpe, cegadora por un instante.
Y ahí está. Justo frente a ellos, en el pasillo central. Una figura alta, demacrada, con extremidades largas y delgadas que parecen de ara?a. Su piel tiene un tono cenizo y está encorvada, con la cabeza girada en un ángulo antinatural. Sus ojos, grandes y completamente negros, no parpadean. Los fija directamente en Violeta y Shill con una intensidad que hiela la sangre.
(Shill con voz quebrada, más un jadeo que un grito) ?Qué... qué es eso?
La criatura emite un sonido gutural, un chasquido seco, y se abalanza sobre ellos con una velocidad sobrenatural. Sus brazos, larguísimos, se estiran como látigos hacia sus cuellos.
Shill, movido por el puro instinto de supervivencia, se deja caer del asiento al suelo del vagón, rodando entre las piernas de los otros pasajeros que empiezan a gritar.
Cinthia, entrenada para reaccionar a amenazas imposibles, hace lo mismo pero con una técnica pulida, esquivando el ataque por centímetros.
La criatura golpea el vidrio de la ventana justo detrás de donde estaban sentados, agrietándolo con un estallido sordo.
El vagón estalla en el caos. Gritos. Gente corriendo.
(Shill desde el suelo, aterrorizado, viendo cómo la cosa se endereza y gira su mirada vacía hacia ellos de nuevo) ?CINTHIA!
Antes de que Cinthia pueda reaccionar, una mano demacrada y fuerte se cierra alrededor de su cuello, levantándola del suelo. La estampa contra la pared metálica con una fuerza que hace temblar toda la estructura. Las manchas negras empiezan a nublar la visión de Cinthia; no puede respirar. patalea en el aire, pero es inútil. La boca de la criatura, una raja oscura y húmeda, se abre de manera antinaturalmente grande, acercándose a su rostro. El aliento putrefacto lo golpea. Cierra los ojos, aterrorizado.
En ese instante, el mundo estalla.
El sonido es apocalíptico: un chirrido de metal desgarrado que rasga los tímpanos, el estallido de vidrios, el crujido de estructuras que ceden. El tren, fuera de control, ha chocado contra el final de las vías.
Todo se congela por un segundo eterno. Una suspensión surrealista en el aire, llena de polvo, destellos de chispas y la sensación de ingravidez antes del horror.
Shill despierta.
No es un despertar suave, es un emerger a una realidad rota. Su mente está clara, terriblemente clara, pero su cuerpo no responde. No siente dolor, solo un peso inmenso, un frío húmedo que lo inmoviliza.
Abre los ojos.
El vagón está destruido. Retorcido. Un amasijo de metal y plástico. La luz de la tarde se filtra por agujeros irreales en el casco. El polvo flota en el aire, denso, haciéndole difícil respirar.
A unos metros, entre los escombros, ve a Cinthia. Está herida, sangra de un corte en la frente, pero está consciente, intentando incorporarse. Sus ojos se encuentran con los de él. En ellos ve pánico, y luego una horrorosa comprensión.
Shill sigue su mirada.
Y entonces lo ve.
La mitad inferior de su cuerpo está completamente aplastada bajo una columna retorcida del techo que cedió. No hay sangre, solo una masa informe de denim desgarrado y algo que no debería verse. él no siente eso. Es como si mirara una escultura de cera de alguien más.
La comprensión lo golpea con la fuerza de un segundo impacto.
No puede moverse. Nunca más.
El zumbido en sus oídos es reemplazado por un nuevo sonido que se filtra desde el mundo exterior: el distante pero implacable whoop-whoop de patrullas de policía, y el crepitar siniestro de las llamas que empiezan a lamer los restos del vagón contiguo.
Corte en negro.
La oscuridad no es quietud. Es una ausencia total, un vacío que pesa más que el acero que lo aplastó. Shill flota, o yace, en la nada. No hay sensación, no hay tiempo, solo la conciencia persistente y aterradora de su propio final.
De repente, se materializa. No es un sue?o. Es demasiado vívido, demasiado real. Está de pie en una sala infinita, sin paredes, sin suelo, sin techo, pero a la vez claustrofóbica. El aire es estático y huele a cenizas viejas y ozono.
Frente a él, la realidad se distorsiona. La figura que se coagula en el espacio no obedece a las leyes de la anatomía o la física. Es una masa amorfa, palpitante, de carne y sombra retorcida. No tiene boca, ni nariz, ni huesos que le den forma. Pero tiene ojos. Docenas, cientos de ellos, brotando de su superficie como tumores grotescos, de todos los tama?os y colores, parpadeando de forma no sincronizada. Todos fijos en él.
(La figura hablo su voz no proviene de ningún lugar y de todas partes a la vez. Es suave, culta, impecablemente modulada, con la cadencia distante de un aristócrata británico. Un contraste grotesco con su apariencia.) Dime, "Shill". ?Quisieras volver a la vida? Te daré poderes. ?Qué dices?
Shill se mira las manos. Están intactas. Siente el suelo bajo sus pies, aunque no pueda verlo. El recuerdo del dolor, del vacío donde estaban sus piernas, lo hace estremecer.
(Shill noto que su voz suena extra?a para sus propios oídos, clara en este limbo.) ...?Quién eres?
- "Odio": Soy conocido por el nombre de "Odio". Soy el demonio del Odio, un demonio en tu mundo me dieron el nombre de "amon" y en el otro mundo me nombraron "deron". Tienes suerte. Deberías aceptar el trato.
?Trato? ?De qué se trata? (Shill Pregunto desconcertado)
(La voz de amon sonó aún más impaciente) Te devolveré a la vida con la condición de que me dejes vivir en tus ojos. Seré un... pasajero. Un espectador.
Los cientos de ojos parpadean lentamente, con una curiosidad que eriza la piel.
(shill retrocediendo un paso, aunque no sirve de nada) ...?Por qué? ?Por qué te importa la vida de un adolescente cualquiera? ?Qué quieres de mí?
(Amon emite un sonido que podría ser una risa sofocada, un crujido de vísceras) Te seré sincero. Tuve una reunión con un demonio que puede ver el Futuro. Y él predijo que tendrás la muerte más horrible de este mundo. Y por eso quiero estar en primera fila para verlo. Es un evento que no me perdería por nada. Entonces, dime, ?aceptas? Han pasado dos semanas desde que moriste por primera vez. Ya debes estar dos metros bajo tierra. La descomposición es un proceso tan poco elegante.
La información golpea a Shill como un martillazo. Dos semanas. Su funeral. Sus padres... Cinthia. Y una muerte peor que ser partido por la mitad por un tren. Se siente mareado.
(La palabra sale de sus labios como un susurro seco, cargado de un terror tan profundo que ya no puede negarse. La curiosidad malsana del demonio es su única salida.) ...Sí.
(Amon volvió a hablar) Excelente. Suerte. Y, por favor, trata de evitar tu muerte. Lo harás peor.
La figura de Odio se desintegra en un remolino de sombras y ojos que se apagan uno por uno. La sala infinita se colapsa sobre sí misma.
Shill siente una atracción violenta, como ser arrastrado por un tornado a través de un túnel estrecho y fangoso. La sensación de tierra fría y húmeda lo envuelve. Hay un dolor desgarrador en todo su cuerpo, como si cada célula estallara al mismo tiempo. Un tosido, un jadeo profundo y agonizante, llena sus pulmones de tierra y aire a la vez. Sus ojos se abren de par en par en la oscuridad absoluta del ataúd.
Ha vuelto.
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Gracias por leer.
Agradecería cualquier mención a errores ortográficos o de continuidad, soy muy nuevo en esto tiene me paciencia.

