Dos días habían pasado volando, y la boda se había materializado.
La Sala del Trono lucía irreconocible. Estaba ricamente adornada con guirnaldas de flores blancas inmaculadas, y el aire vibraba con la música y el murmullo de los invitados. Súbditos, nobles (algunos con sus esposas, es decir, más de una), y cortesanas danzaban al ritmo de las flautas y tambores, mientras un banquete real esperaba en largas mesas.
—?ATENCIóN, el Rey va a entrar! —anunció el Sacerdote Deh con voz potente.
Las puertas se abrieron con solemnidad, y el Rey Yusuf entró. Inmediatamente, nobles, músicos y cortesanas se inclinaron hasta que él dio su permiso.
—Bien, sigan con lo que estaban —dijo Yusuf, relajado.
Las cortesanas reanudaron su baile y la música regresó con energía.
—?Listo, Sacerdote?
—Sí, mi Soberano. Disculpe que no estuve estos a?os. Preparé bien el ritual, para que Lizarel tenga un reinado próspero —respondió el Sacerdote Deh, serio.
—Así es, y que Lizarel no lo arruine, jajaja —rio Yusuf con sarcasmo.
Mientras, en los aposentos, el ambiente era de seda y susurros.
—Te ves linda, en serio. El vestido fue hecho a tu medida con la tela más delicada y especial para ti, digna de una Reina, hermana —dijo Selene, con emoción sincera.
—El peinado también, hija. Te ves tan linda. Solo falta la tiara especial, es una corona para tu boda. Hija, te ves linda, en serio —dijo Ishtare, conmovida, sus ojos brillando.
—Gracias —dije, manteniendo mi tono serio y frío, la armadura de mi nueva alma.
—Ahora pronto serás Reina, pero antes, sé feliz, sí, hermana —exclamó Selene, abrazándome.
Ishtare se acercó. —?Hija, puedo darte...?
—Sí —dije, con seriedad y frialdad, cediendo.
Mi madre me abrazó. En ese instante, solo podía recordar cómo no me protegió, pensando solo en Selene. Fuimos criadas de maneras tan diferentes, pero, por otro lado, mi cuerpo anhelaba desesperadamente ese abrazo. Sin embargo, mi corazón se había vuelto oscuro y de piedra.
—Te deseo lo mejor, hija, sí —dijo con sinceridad.
En la Sala del Trono, la celebración se detuvo. Ishtare y Selene entraron y caminaron juntas con calma y seriedad.
—Soberano.
—Mi Reina —dijo Yusuf, feliz, tomando la mano de Ishtare y besándola delicadamente, mostrando a todos que amaba a su esposa más que a nadie.
—Padre.
—Hija mía, ?tu hermana, ella...?
—Ya está.
Las puertas del salón se abrieron por tercera vez, y entraron bailarinas de boda, esparciendo pétalos con elegante gracia. Mientras los pétalos caían, yo solo podía pensar en cómo cambiaría mi vida una vez que fuera la esposa de Hadram.
Entré. Caminando sola hacia el altar, me sentía hermosa, envuelta en mi propia dignidad.
—?Qué hermosa es, es hermosa! —susurró Hadram, su aliento acelerado.
Caminé sola hasta el altar, y Hadram extendió su mano; yo extendí la mía. él besó mi mano con delicadeza.
—Hermosa eres, ?lo sabías?
—Gracias.
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—Estamos aquí para unir a dos personas, principalmente ante Dagón, por favor —anunció el Sacerdote Deh.
Los siervos trajeron antorchas apagadas. Sostuve una, y Hadram sostuvo la otra.
—Dagón, he aquí, ante la pareja, que tú siempre los ayudes a unirse. Que el fuego sea la pasión y prosperidad en su matrimonio, Dagón...
El fuego, que hasta entonces había sido normal, creció de pronto, tornándose grande y feroz. Era como si la presencia de Dagón estuviera manifestándose en el salón, un testigo sombrío.
—Por favor.
Lizarel y Hadram unieron sus antorchas ante el fuego central, y cada una se encendió.
—Ahora, que sea el sello de unión...
Un sacerdote trajo un recipiente con un líquido rojo especial.
—Que este animal que fue para ti sea la unión de esta pareja, por favor, Princesa.
Puse mi dedo en el líquido rojo y luego marqué a Hadram, poniendo un punto en medio de su frente.
—Yo, Lizarel, y ante los dioses, prometo serte fiel, ante las dificultades que nos presente.
Hadram puso su dedo en el líquido rojo y me marcó con delicadeza en la frente.
—Yo, Hadram, y ante nuestros dioses, prometo serte fiel y darte lo que tú mereces, mi amor y mi riqueza, y mi futura Reina, y que a pesar de las dificultades que se nos presenten, yo siempre estaré ante ti.
—Ante nuestros dioses y Dagón, los considero casados.
La gente aplaudía, y yo, Lizarel, estaba feliz.
—Mi hermana merece casarse por amor, no por obligación —susurró Selene.
—Lo sé, hija, lo sé.
—Pues, ?por qué no se dan un beso, eh? —dijo mi padre, forzando el momento.
Al escuchar eso, sentí un desafío aún mayor. Pero Hadram, sin dudar, me dio mi primer beso con delicadeza. Solo podía aceptarlo. Dime, ?aún crees que es fantasía como los cuentos de hadas, eh? No, ?verdad? Prepárate...
—Mi esposa.
—Hadram.
—Dime.
—Ahora que nos casamos, ?qué haremos?
—Antes de que vayamos a la noche de nupcias, te llevaré a un lugar, sí.
—?Qué? Pero...
—Mi amada, te amo, ?lo sabes?
—Sí.
Mientras todos estaban comiendo felices, solo podía quedarme allí, sola, hasta que...
—Oye, ?estás sola? —dijo una voz suave a mi oído.
—Sí, pero...
—?Felicidades, en serio!
Un hombre se me acercó. Llevaba tapada la cara, solo se veían sus ojos. No entendía por qué se me acercó, pero luego me dio una carta.
—Esta persona te envía esto. Espero que lo leas, sí. Felicidades.
—Gracias. Oye, ?de quién es? —pregunté, pero ya se había ido.
Cuando abrí la carta, decía...
Princesa Lizarel,
Mi alma es un desierto desde este día. No hay consuelo para el fuego que me quema.
Vi con mis propios ojos este matrimonio. Estuve allí, Princesa. Vi la corona que te pusieron y la mano que te reclamó. Te juro que fue la escena más bella y la más triste que he presenciado.
Eso me duele, Lizarel. La realidad de tu partida como esposa de Hadram ha roto la última esperanza que me quedaba.
Mi corazón está triste. Llora en silencio la vida que te merecías, la vida que yo quería darte.
Deseaba que, al abrirte paso entre la multitud, el hombre que te esperara fuera yo, quien sería tu acompa?ante para la eternidad. Quería darte la paz, no esta alianza política.
Ahora que has aceptado tu destino y te vas, solo te ofrezco este juramento: Yo no me he rendido en amarte. No importa el reino o el esposo.
Que los dioses te protejan en Jericó.
Tu eterno prisionero en la sombra.
—?Qué! ?él está aquí, en mi boda! —pensé, sintiendo que el corazón me latía con fuerza. Busqué quién era el hombre, pero no aparecía.
Cuando iba a ir a buscarlo, Hadram me detuvo.
—?Lizarel!
—Hadram.
—Lizarel, te voy a llevar a una sorpresa. ?Estás lista, dime?
—Claro.
En ese momento, la curiosidad de saber quién era ese hombre misterioso me quemaba, pero dejé eso y fui con Hadram. él me llevaba de la mano, no entendía adónde me llevaba hasta que...
—?Sorpresa!
—Wow, es...
—Me encargué de hacer que en este peque?o jardín fuera para nosotros, sí.
—Vaya, es lindo.
—Vamos.
Hadram me dio esa sorpresa, un lugar íntimo y hermoso.
—Bien, te gusta. Mandé que hicieran una comida especial y mandé que hicieran tu postre favorito: pastel de higo, ?te gusta?
—Sí, me gusta.
—Pues bien, ?quieres comer? Dime.
—Pues sí, un peque?o banquete. Es lo más lindo que he visto.
—?Sabes qué es lo más lindo?
—No, no sé.
—Tú, Lizarel. Sabes que tú eres la primera y la única mujer que tocó mi corazón, es inexplicable, ?lo sabías? —dijo Hadram, enamorado, con una intensidad que casi me derretía.
—Lo sé, pero...
Al escuchar eso, solo podía admirar a Hadram como un hombre de verdad, no solo como un príncipe. Se presentaba como una persona normal, vulnerable. Pero al mismo tiempo, pensaba que el hombre misterioso que me daba cartas, él también estaba enamorado de mí. Mi corazón se dividió en dos.
—?Te gustó? —dije, seria.
—Sí, mucho más. No me enamoraste solo por ser bonita, sino por tu forma de ser, igual que yo, que opina lo mismo, ?lo sabías?
—En serio, mues...
Antes de que terminara de hablar, me besó con urgencia. Luego, Hadram me cargó en sus brazos hasta llegar a nuestros aposentos, dejándonos llevar por la noche, entregándonos a la pasión de la consumación.
A pesar de que me casé por cuestiones políticas, hay a veces que no entiendo cómo el amor llega. Pero por lo mientras, disfruta lo tranquilo. Pronto sabrás cómo empezó mi vida de casada...
2. ?Comenta tu teoría! Me gustara mucho saber tus ideas ??

