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Capítulo 9: El Dominio de la Villana (El Casanova y la Clemencia Negada)

  I. El Juego de la Seducción Fallida

  Paso una semana de que empecé a tener poder. Al principio moderado con las personas malas como Natif, pero también un poco de orden. Siendo princesa de un reino debía ser seria en momentos difíciles, como al igual mostrar intimidad si no respetaban. Ahora, ?crees que una princesa de fantasía no sería así? Jajaja, pues no, es diferente, como lo puedes ver. Yo, Lizarel, te lo dice...

  Hadram estaba en el jardín mirando las rosas y Lizarel estaba en la terraza viendo el reino. Hadram mirando a Lizarel, mientras ella no se daba cuenta de que era admirada, o tal vez admirada también por alguien...

  —Ella no es como otras, o lo será. Debo ponerme más seductor, lo haré. Si es la indicada, entonces que así sea...

  —Siervas.

  —Sí, Princesa.

  —Ponme este collar, por favor.

  —Claro, es muy hermoso.

  —Sí, un collar de oro puro, ?no? Es exótico.

  —Sí, se ve Princesa. Listo.

  —Qué lindo, gracias. Debo ir a la Sala del Trono.

  —Sí, Princesa.

  Lizarel salió de sus aposentos y...

  —Príncipe Hadram.

  —Dime algo, hoy te vez tan linda.

  —Gracias.

  —Usas esas joyas, ja. Entonces, ?qué te parece si vamos a un lugar privado y tal vez puedes mostrarme algo más, y...?

  —Ja, no lo intentes. Yo sé que quieres decir.

  —?Qué quieres decir?

  —Estás intentando seducirme. Así que no lo intentes. Sé que eres muy bueno en seducir, pero no lo vas a lograr. Quién sabe cuántas chicas cayeron a tu red, ?ah? Entonces, si es cierto: Casanova.

  —Oye, ?cómo, ?cómo, ?cómo sabes?

  —Adiós.

  En ese momento ya sabía cómo era Hadram, pero me gustaba eso. No siempre los príncipes son tan perfectos como los cuentos de hadas, sino la realidad. Jajaja.

  En la Sala del Trono...

  —Sí, pero ya sabes, ser Rey es difícil.

  —Sí, es difícil proteger nuestra espalda, porque hay traidores. Debemos defender...

  —Sí. Hija, bienvenida.

  —Soberanos, disculpe mi tardanza. Espero que no les haya ofendido mi falta de demora.

  —No se preocupe, Princesa. Vaya, su hija tiene modales, digna de una Reina. La educaron bien.

  —Sí, nuestra hija es una Princesa de verdad —dijo Ishtare mintiendo.

  —Sí, Lizarel es perfecta.

  —Sí.

  Lizarel se sentó en su silla. Hadram estaba en su silla y calmado.

  Poco después de haber comido...

  —Con su permiso, debo ir a cuidar mi jardín.

  —Claro, hija, ve (calmado).

  —Con su permiso.

  —Hadram, Hadram, acompa?a a tu prometida — Rey Zekeriel dijo susurrando y rega?ando a Hadram.

  —Pero papá...

  —Ve ya, ya.

  —Bueno, ya voy —dijo enojado en voz baja.

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  —Lizarel, Lizarel, espérame.

  —?Qué sucede?

  —Acompa?arte. ?Que no puedo?

  —Sí, pero dime, ?es parte de seducción?

  —Ay, por favor. Fue mi padre, y, además, yo...

  —Shhh, ?quieres que te ense?e algo?

  —Pues, sí, claro.

  Tome la mano de Hadram a llevarlo a aún lugar donde sé que le fascinaría...

  —Oye, espera. ?Me vas a llevar aquí, a tus aposentos? Espera, ?tú quieres...?

  —Solo te mostraré algo, ?sí?

  —Bien.

  Abrí la puerta de mis aposentos y entré, luego Hadram...

  —?Wow! Tus aposentos son de Rey, amor. ?Qué es esto, wow? Yo pensé que tus aposentos serían de Princesa.

  —No, no. Lo que pasa es que desde los 3 a?os viví aquí, y mi hermana ocupa mis aposentos que eran míos. Créeme que odiaría ver muy, pero muy colorido, en serio.

  —Sí, ya te entendí, parecido a cuentos, ?no?

  —Sí, así que ven aquí.

  —Espera, yo... ?wow! Esta es la terraza. Se ve, se increíble.

  —Sí, estos aposentos eran de mi abuelo, por eso.

  —Vaya, parece súper. No sé qué decir, se ve todo aquí, hasta el jardín abajo.

  —Sí, amo así mi terraza.

  —Wow, es increíble —dijo Hadram con asombro

  —?No es maravilloso?

  —Sí.

  Hadram miraba a Lizarel...

  —Sí, es hermoso, pero lo que es mejor, eres tú. Tú eres como una flor que puede ser tocada por alguien, pero sé que tiene espina para defenderse, y yo te protegeré, y...

  Al escuchar eso sentí un cumplido, pero luego Hadram intentó besarme, pero yo le di una bofetada, mostrando que nadie podía dominarme. A pesar de que era seductor, guapo, yo no me dejaría...

  —Oye, ?qué te pasa?

  —No vuelvas a hacer eso. ?Quién crees que soy? ?Una, una Arpía, idiota, o, mejor dicho, una prostituta, ?eh? ?Dime!

  —No, no lo eres. Solo que tú...

  —A pesar de ser hermosa, Princesa, no significa que debas dominarme. No, yo soy la que domina. Respétame, a pesar de que eres un Casanova y mujeriego, no significa que puedes hacer conmigo, ?entendido? —dije con enfado y defensiva

  —Sí, sí, claro.

  En ese momento fui muy dura, pero también sentí tristeza por haberlo rega?ado, pero era la forma de mostrar mi dignidad...

  En la noche...

  Hadram estaba en sus aposentos y estaba acostado, pero se movía a un lado a otro, no podía dormir...

  Recuerdo de Hadram: Hadram recordaba la bofetada que Lizarel le dio... —Oye, ?qué te pasa? —No vuelvas a hacer eso. ?Quién crees que soy? ?Una, una Arpía, idiota, o, mejor dicho, una prostituta, ?eh? ?Dime! —No, no lo eres. Solo que tú... —A pesar de ser hermosa, Princesa, no significa que debas dominarme. Respétame, a pesar de que eres un Casanova y mujeriego, no significa que puedes hacer conmigo, ?entendido? —Sí, sí, claro. Fin del recuerdo...

  —Ja, jajaja. Esta princesa no es como otras. Vaya Lizarel, parece que me enamoraste y me quede enredado. Nunca sentí algo así.

  Hadram se levantó y fue a la terraza. Lizarel estaba admirando las estrellas y la luna, feliz ella...

  A pesar de ser olvidada, odiada y maltratada por mi familia, parecía que el cielo me entendía mi dolor. No sé, sentí una sensación de que alguien me hacía algo feliz. No era mi interior de maldad o los dioses. Había algo que me decía que nunca estuve sola, sino acompa?ada...

  —Tan linda, ?qué podría ser? Que Lizarel no es como ellas...

  Unos días después...

  Mientras yo disfrutaba mis últimos días en el palacio de Hai, sabía que mi prometido era un príncipe diferente, ?cómo los cuentos de hadas? Yo sé que pensaste igual, pero era diferente. Mi prometido era un mujeriego. A pesar de que digas por qué tiene que pasar esto en todas las historias, ja, nunca verás una persona que no fue de esos, sino diferente. Prepárate aún más, es el comienzo...

  Hadram estaba en sus aposentos...

  Hadram estaba arreglándose en el espejo...

  —?Cómo estás, Príncipe de todos los tronos y futuro Rey de Jericó y futuro esposo de Lizarel? Sigo guapo, ?no? —Feliz

  —Príncipe...

  —Mi amigo, bien, vamos a la taberna.

  —Pero, Príncipe, no es buena idea. Usted está comprometido con la Princesa Lizarel, y su padre quiere que se case para que sea serio, y más siendo el Rey de Jericó, Príncipe —dijo el sodado Tibar con advertencia

  —No te preocupes, solo son escapadas. Además, puedes disfrutar con las mujeres de la taberna, como yo, que tengo una favorita. Pero Lizarel tal vez sepa o no, pero no importa, ?vamos!

  —Soldado Tibar: Pero, Príncipe...

  —Ah, oye Lizarel, me espantaste dijo asustado.

  —?A dónde ibas?

  —A ningún lado. Bueno, iré a la taberna a disfrutar, ?sí? Así que antes de casarme contigo debo disfrutar mi soltería, ?entiendes?

  —Ja, bueno, que te vaya bien.

  —Oye, no me rega?arás o ponerte celosa, ?eh?

  —?Y por qué? Poco me importa lo que hagas. Adiós — dije Tranquila.

  —Oye, ?por qué, por qué no me odias?

  —Porque no me importa.

  A pesar de que mi prometido era mujeriego, eso, poco me importaba. Solo estaba más en pensar en otras cosas. Sé que dirás por qué hablas de un hombre de esos tipos. Ja, como te dije, hay príncipes que eran así, no son como los cuentos, guapos, bondadosos, eso, pero era muy diferente...

  —Vaya, parece que Lizarel me enamora.

  —Entonces, ?para qué va a buscar su diversión si tiene una joya? Príncipe, recapacite.

  —Ahora no, vamos, quiero disfrutar...

  —Príncipe, Príncipe...

  Hadram y el soldado Tibar fueron a una taberna. Había de todo, como decirlo: vino, apuestas, músicos y mujeres de todo había...

  —?Woow! Es más diferente, ?eh?

  —Príncipe, es mejor irnos.

  —No, disfrutemos, no seas un aburrido, vamos.

  —Príncipe...

  Mientras que en el palacio...

  Lizarel estaba en sus aposentos y leyendo sobre cómo ser sabía, estratégica, eso...

  [Tocan la puerta]

  —Adelante.

  —Hija...

  —?Qué sucede?

  —Hija, sabes algo. Sé que me porté mal, pero quiero que sepas que lo hice por algo. Perdóname por hacerte esto, hija, de odiarte, pero créeme que fuiste muy amada, en serio. Hija, yo...

  —?Qué quieres, ?eh?

  —Tu perdón, debí defenderte, perdóname —Ishtare dijo con voz de tristeza

  —Ja, ahora quieres mi perdón, ?eh? —dije Seria

  —Sí, hija, en serio.

  —Ja, eres una idiota. Ahora pides clemencia. ?Pero yo, yo qué? Solo fui maltratada, odiada, humillada y olvidada. ?Como si fuera un objeto o un juguete, ?eh? ?Tú qué hiciste? Solo ignorarme, mientras yo suplicaba a gritos, pero nadie escuchó. Ahora pides perdón, ja. ?Qué crees que soy? ?Una ni?a de 3 a?os o de 10? ?Ja, no! Ya no soy. Tengo 15 a?os. Nunca más me amaste. ?Sabes cuánto deseé que me dieras tu amor verdadero de madre? Mucho. Pero lo que recibí fueron insultos, bofetadas por ti. Eso, eso me dolió. Me hirió como una espada. Pero ya no más. Ahora yo seré quien hará que te diga algo. Tú eres una mala madre, eso lo que eres, jajaja. Pero te agradezco de que me convirtieras en Villana, jajaja. Eso es lo que me decían: V.I.LL.A.N.A. dije Seria y enfurecida

  —?Hija! (llora)

  —Deja de llorar porque dramática y victima si te sale, pero de mala no, asi que no molestes más madre ?Largo! ?LARGO!

  Ishtare sale de los aposentos, y Lizarel solo podía llorar un poco en sus ojos, pero limpiándose...

  —Ahora dejaré de llorar por algo insignificante, jajaja —dije Seria y con una Risa malvada

  Ese era parte de mis planes como villana...

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