# Capítulo 22: El Ritual de la Luna de Sangre
El domo de energía negra que Zack había conjurado pulsaba, pero sin estabilidad. Gemía bajo la presión, un escudo frágil contra la malevolencia que lo rodeaba. El aire, ya pesado, se volvió gélido, cortando los pulmones de Zack con cada respiración, que salía en densas nubes de vapor. La hierba bajo sus pies se endureció, congelada, y sintió la abrumadora desventaja de estar sin la Luna Negra, sin sus cuchillos, sin nada más que su propia carne y hueso. Dos oponentes de Nivel S+ contra él, y con cada segundo, el entorno se volvía más hostil.
—La orden era no lastimarte, querido Zack —siseó la anciana, su voz un eco distorsionado que parecía provenir de un abismo. Pero, antes de que terminara la frase, una sustancia roja y viscosa brotó de sus manos, golpeando el suelo y extendiéndose como una red pegajosa. Zack intentó esquivarla, pero la sustancia se solidificó instantáneamente al contacto, atrapando su pie izquierdo. Tiró con fuerza, sintiendo su piel desgarrarse, pero la sustancia se estiró, elástica, antes de endurecerse de nuevo, atrapándolo más. Era una trampa viviente, y la anciana se rió, un sonido agudo que resonó en la noche.
Mientras tanto, el anciano avanzó, y sus pasos hacían que el suelo rocoso bajo Zack se convirtiera en arenas movedizas. Zack se hundió, la arena lo arrastraba hacia abajo, mientras el aire a su alrededor se condensaba en afiladas cuchillas de hielo que cortaban su piel. Sintió la sangre caliente correr por su rostro, mezclándose con el sudor frío. Con cada movimiento del anciano, el entorno se metamorfoseaba: el aire se convertía en una pared de hielo, el suelo se volvía un pantano de lodo o se endurecía en roca sólida, todo para atraparlo, para inmovilizarlo. Zack gru?ó, la furia burbujeando en su pecho. —??Quién dio esa orden?! —gritó, pero la única respuesta fue el silencio amenazante y el avance implacable de los dos. él era el cazador, pero ahora era la presa, y la inteligencia era su única arma. Necesitaba un plan, y rápido. El domo negro, que esperaba que retrasara el ritual, se estaba convirtiendo en una prisión. Notó, com una punzada de pavor, que el ritual no había finalizado. Esto lo inquietaba profundamente. Si no era para aumentar su poder, ?entonces para qué era? La respuesta, sabía, sería aún más aterradora.
***
Con un rugido primario, Zack liberó su pie de la sustancia roja a la fuerza. Su piel se desgarró, la sangre brotó, pero no cedió. Su aura negra explotó, concentrándose en su pie, y con un movimiento rápido y brutal, se liberó, dejando un trozo de carne atrás. El dolor era insoportable, pero la furia lo suplantó. él era el Cazador y no se dejaría acorralar tan fácilmente.
Aprovechando la distracción, el anciano solidificó las arenas movedizas bajo Zack, convirtiéndolas en una roca afilada que intentó empalarlo. Pero Zack ya estaba en movimiento. Su aura negra pulsó y activó **Aliento**. Una figura sombría, idéntica a él, se materializó a su lado, un borrón de energía oscura. El clon se lanzó contra el anciano, esquivando un ataque de hielo que habría cortado a Zack por la mitad. Mientras el clon mantenía ocupado al anciano, Zack se concentró en la anciana.
Ella lanzó más chorros de sustancia roja, intentando atraparlo de nuevo. Pero Zack era un torbellino de agilidad. Saltó, giró, usando los escombros como trampolín, su velocidad aumentada por la concentración de su aura. Lanzó una patada giratoria que golpeó la cabeza de la anciana con un golpe seco. Ella se tambaleó, pero la sustancia roja en su cuerpo absorbió parte del impacto. Zack no dio tregua. Activó **Hedor**. Por un instante, el mundo se ralentizó. Sus ojos negros, que ahora brillaban con una intensidad sobrenatural, visualizaron los órganos internos de la anciana, cada latido, cada pulmón, cada punto vital. Su velocidad y fuerza se duplicaron. Se convirtió en un fantasma, lanzando una serie de golpes precisos y brutais: un pu?etazo al hígado, una patada al bazo, un codazo al ri?ón. Cada ataque era un martillo, destinado a destruir, a aniquilar. La anciana gritó, un dolor que él no había escuchado antes, y cayó de rodillas, con la sustancia roja de su cuerpo pulsando incontroladamente.
El clon de Zack, mientras tanto, luchaba ferozmente contra el anciano. El anciano convertía el suelo en hielo, en lodo, en roca, intentando atrapar al clon, pero la figura sombría se movía con la misma fluidez que el original. El clon, sin embargo, estaba empezando a flaquear, su energía disminuía. Zack sabía que tenía que actuar rápido. Activó **Barón**, intercambiando velocidad por un poder de ataque abrumador. Sus movimientos se convirtieron en un borrón, sus pu?os y pies lanzando golpes con la fuerza de un meteoro. Ya no estaba solo luchando; estaba aniquilando. El clon, sintiendo su límite, explotó en una ola de energía negra, lanzando al anciano contra una pared de hielo que él mismo había creado. La pared se hizo a?icos y el anciano cayó, aturdido.
Zack no dio tregua. Se lanzó contra el anciano, sus golpes ahora cargados con la fuerza del Barón. El anciano intentó defenderse, transformando sus brazos en cuchillas de hielo, pero Zack fue implacable. Lanzó un pu?etazo que rompió el brazo de hielo, seguido de una patada que lo envió volando. La anciana, recuperándose, intentó envolver a Zack con su sustancia, pero él fue demasiado rápido. Saltó, giró y, con un golpe de talón, estrelló la cabeza de la anciana contra el suelo. Los ancianos, antes confiados, estaban ahora desesperados. Sus golpes, antes precisos, se volvieron más frenéticos, sus auras S+ flaqueando bajo la presión implacable de Zack. Lo humillaron, lo hirieron, pero Zack se negó a caer. Era una aberración, un ser que desafiaba la lógica, y con cada golpe que recibía, su furia aumentaba, su determinación se solidificaba.
***
En medio del caos de la batalla, una comprensión escalofriante golpeó a Zack. El ritual. Había asumido que los ancianos estaban usando la luna de sangre para amplificar sus propios poderes, para matarlo. Pero la energía que emanaba de ellos, aunque poderosa, no era para el fortalecimiento personal. Era para canalizar. No estaban absorbiendo el poder; lo estaban dirigiendo. Y el ritual no había finalizado. Esto significaba que el objetivo no era la batalla en sí, sino algo mucho mayor. Miró los rostros de los ancianos y la verdad se reveló en sus ojos. No era furia, ni odio, sino una determinación desesperada, casi sacrificial. No estaban luchando para ganar; estaban luchando por tiempo. Para retenerlo. Para mantenerlo ocupado.
La desesperación abrumó a Zack. El ritual no era para ellos. Era para Skull. ?Y el objetivo? El bebé de ojos dorados. La confirmación lo golpeó como un rayo. El bebé realmente existía, y los ancianos estaban dispuestos a invocar a la mismísima entidad del Vacío para obtenerlo. Toda la pelea, la traición, la destrucción... todo había sido una distracción elaborada, una cortina de humo para un plan mucho más siniestro. El domo negro, que había creado para retrasar el ritual, ahora parecía una jaula, atrapándolo mientras el verdadero peligro se desarrollaba en otro lugar. Tenía que actuar, y rápido. El tiempo se agotaba y el destino de la Ciudad Roja, y tal vez del mundo, estaba en sus manos.
***
Con la impactante revelación del verdadero propósito del ritual, un escalofrío aún más frío que el hielo del anciano recorrió la espalda de Zack. La mención de Skull, un nombre que solo debería susurrarse en las leyendas, fue suficiente para aterrorizarlo. La situación estaba fuera de control y necesitaba ayuda. Mientras esquivaba un chorro de sustancia roja que intentaba atraparlo y saltaba sobre una estaca de hielo que brotaba del suelo, sacó un pergamino Ra de un compartimento secreto en su bota. Con un movimiento rápido, escribió un mensaje urgente a Tobi, describiendo el plan para invocar a Skull y la necesidad de actuar de inmediato.
Casi instantáneamente, la respuesta de Tobi apareció en el pergamino, en letras apresuradas y temblorosas: "Dios mío". La confirmación del peligro inminente, viniendo de alguien tan calmado y racional como Tobi, solo aumentó la desesperación de Zack. Necesitaba romper el ritual, y la única forma era eliminar a los ancianos. Con furia renovada, se lanzó contra ellos, sus golpes más precisos, más letales. Usó la técnica **Hedor**, sus ojos negros brillando con una intensidad sobrenatural mientras visualizaba los órganos vitales de sus oponentes. Su velocidad y fuerza se duplicaron, y se convirtió en un borrón de movimiento, lanzando golpes dirigidos al corazón, los pulmones, el cerebro. La anciana, con un grito de dolor, intentó defenderse con su sustancia, pero Zack fue demasiado rápido, sus pu?os atravesaron la materia pegajosa para golpear su objetivo. El anciano, con una mirada de terror, intentó congelar el aire alrededor de Zack, pero el cazador ya estaba detrás de él, lanzando una patada que lo envió volando.
Pero, incluso mientras luchaba con una ferocidad sin precedentes, una nueva y terrible comprensión lo golpeó. La muerte de los ancianos no detendría el ritual. La energía que canalizaban era solo un vínculo, un catalizador. El verdadero ritual estaba siendo realizado por alguien más, en otro lugar, dentro de la ciudad misma. Toda la pelea, la destrucción, el dolor de sus amigos... todo había sido una distracción elaborada, una farsa para mantenerlo ocupado mientras el verdadero plan se desarrollaba. La ira y la frustración ardían en su pecho, una llama incontrolable.
Intentó advertir a Tobi de nuevo, escribiendo frenéticamente en el pergamino, pero no hubo respuesta. El silencio del pergamino era ensordecedor, dejando a Zack aún más preocupado. ?Qué le había pasado a Tobi? ?Estaba en peligro? Antes de que pudiera procesar esta nueva preocupación, el pergamino vibró de nuevo y apareció un nuevo mensaje, esta vez de Orpheus. Las palabras eran cortas, pero cargadas de desesperación: "Lyra y Mira... al borde de la muerte... en coma... Bar Holey Mug... Yo... débil... herido... no sé... cuánto tiempo...". El mensaje se desvaneció, dejando a Zack con un nudo en la garganta. Sus amigas estaban muriendo y él estaba atrapado en una batalla inútil, manipulado por enemigos que siempre iban un paso por delante. El tiempo se agotaba y, con cada segundo que pasaba, la amenaza de Skull se volvía más real.
***
La desesperación de Zack se convirtió en una furia fría y calculadora. Sus amigas estaban muriendo, la ciudad estaba en peligro y él había sido enga?ado. Ya no había tiempo para sutilezas. Tenía que terminar con esto. Con un rugido que desgarró la noche, Zack activó la técnica **Barón**, intercambiando velocidad por un poder de ataque abrumador. Sus movimientos se convirtieron en un borrón, sus pu?os y pies lanzando golpes con la fuerza de un meteoro. Ya no estaba solo luchando; estaba aniquilando.
Los ancianos, sintiendo el cambio abrupto en la intensidad de Zack, intentaron retirarse, pero era demasiado tarde. La anciana, con su sustancia roja, intentó envolverlo, pero Zack la atravesó con fuerza bruta, sus músculos rompiendo la materia pegajosa. Lanzó un pu?etazo que la golpeó en el estómago, haciéndola doblarse de dolor, mientras el anciano intentaba congelarlo. Pero Zack se movía a través del hielo como un fantasma; cada golpe que lanzaba era un martillo que aplastaba huesos y desgarraba carne. Usó al anciano como escudo, lanzándolo contra la anciana, que aún intentaba recuperarse. Los dos colisionaron, gimiendo de dolor.
Suplicaron, sus voces llenas de una desesperación genuina. —?Por favor! —gritó la anciana, con los ojos llenos de lágrimas—. ?Solo hicimos esto... para salvar a nuestro nieto! ?A nuestra familia! —El anciano, con la voz entrecortada, a?adió—: ?Hicimos un pacto... para protegerlos!
Pero Zack no escuchó. La imagen de Lyra y Mira al borde de la muerte, la amenaza de Skull pendiendo sobre la ciudad, la manipulación que había sufrido... todo esto lo cegó ante cualquier súplica. Su furia era un fuego incontrolable. Con un golpe final, brutal y despiadado, Zack estrelló la cabeza de la anciana contra el suelo, el sonido de los huesos rompiéndose resonó en la noche. Luego, giró, su pu?o golpeando el pecho del anciano con una fuerza tan devastadora que su cuerpo explotó en una lluvia de sangre y vísceras. Los ancianos cayeron, sus cuerpos sin vida abrazándose en un último gesto de amor, una escena macabra e inquietante que Zack apenas registró.
El silencio que siguió fue pesado, roto solo por la respiración agitada de Zack y el sonido distante de la ciudad. El domo negro se disipó y la luna de sangre, aún pulsando con la Visión, parecía burlarse de él. La mención de Skull, un nombre que una vez fue solo una leyenda prohibida, era ahora una realidad aterradora. Había matado a los ancianos, pero sabía que este no era el final. El ritual seguía en marcha y el verdadero enemigo estaba en la ciudad. Con los ojos negros brillando con una furia indomable, Zack se dio la vuelta y corrió. Corrió hacia la ciudad, un depredador en busca de su presa, decidido a encontrar a quienquiera que estuviera intentando invocar a Skull y detenerlo, sin importar el costo. El cazador más grande del mundo estaba de vuelta, y la ciudad sentiría su ira.
***
### La muerte de la infancia
Zack era un borrón de furia y desesperación, sus músculos tensos impulsándolo a través de los tejados resbaladizos de las casas. Cada salto era un grito silencioso, cada aterrizaje un golpe seco que resonaba en su mente. La ciudad, antes un laberinto familiar, ahora parecía un monstruo dormido, a punto de despertar. La luna de sangre, grande y amenazante, colgaba en el cielo, su resplandor carmesí pintando el mundo con tonos de presagio. Skull. El nombre, susurrado solo en leyendas prohibidas, era ahora una realidad aterradora. El hombre más buscado y temido del mundo, el legendario Cazador, sintió el frío gélido del miedo recorrer su espalda, un terror primario que rara vez permitía que aflorara.
If you discover this tale on Amazon, be aware that it has been unlawfully taken from Royal Road. Please report it.
—Soy demasiado dependiente de ella... Dios mío, ?qué hago? —La pregunta resonaba en su mente, un lamento silencioso. La Luna Negra, su compa?era de mil batallas, su extensión, su seguridad, no estaba con él. La decisión de abandonarla, tomada en un momento de convicción, ahora parecía una locura. Había subestimado la profundidad de la oscuridad que se agitaba bajo la superficie de la Ciudad Roja. Había sido enga?ado, manipulado, y el objetivo final era la invocación de Skull. La idea lo hizo tambalearse, casi perdiendo el equilibrio en un tejado empinado. La batalla que acababa de librar con los ancianos era simplemente una distracción, una farsa cruel para mantenerlo ocupado mientras el verdadero horror se desarrollaba.
***
La oscuridad de la meditación dio paso a una luz suave y acogedora. Zack se encontró en una cocina espaciosa, hecha enteramente de madera clara, con un brillo pulido que reflejaba la luz que entraba por las ventanas. Era un lugar de elegancia y calidez, adornado con cuadros que representaban a una mujer rubia de ojos azules y a un hombre rubio alto y barbudo, ambos angelicales en su belleza. En el centro, entre ellos, una ni?a con el cabello largo que le llegaba a las rodillas, ojos tan azules como cristales sumergidos en el mar, la más hermosa de todos. Sofia.
Zack, un adolescente sin las cicatrizes que marcarían su futuro, sonrió. La esperanza brillaba en sus ojos y la inocencia moldeaba sus rasgos. Estaba sentado a la mesa de madera oscura, jugando con un peque?o carrito de madera, imitando el sonido de un motor con la boca. —?BAAAAAAAAH! —Un ruido fuerte y repentino resonó en la cocina. Zack, sobresaltado, saltó, golpeándose la rodilla contra la mesa con un grito de dolor—. ?Aaaah!
Miró hacia arriba y allí estaba ella, la ni?a del cuadro, Sofia, riendo, sus dientes imperfectos pero hermosos expuestos en una sonrisa que él encontraba encantadora. —?Maldita sea, Sofia, eso no tiene gracia! —gru?ó, masajeándose la rodilla—. Ahora me duele la rodilla... —Su risa era un sollozo, divertido y feo al mismo tiempo, pero contagioso, haciendo que Zack riera también, a pesar del dolor—. Basta... me lastimaste, mira esto, me duele, no me hables —hizo un puchero, intentando mantener una postura ofendida.
Sofia se acercó, arrodillándose lentamente y poniendo su mano sobre la rodilla de él. —Ya pasó... ya pasó... —comenzó, con voz dulce—. ?No soy un ni?o! —replicó Zack, manteniendo su postura, pero un calor agradable se extendió por su cuerpo. Le gustaba ese toque, esa atención. Sofia lo miró con un destello travieso en los ojos—. Eres un pervertido, Zack, ?lo estás disfrutando? ?Aprovechándote de una chica indefensa como yo! —dijo burlonamente.
Zack se alejó, con el rostro encendido. —Eres una... —Se detuvo, la palabra atrapada en su garganta—. Tienes suerte, Sofia, de que esté en tu casa y aquí no podamos decir palabrotas, está mal. —Sofia soltó una risa irónica—. Pobrecito, el mocoso es tan educado... —?Oye! —respondió Zack, chocando su cara contra la de ella, ambos cerca, con un odio juguetón y los dientes apretados.
Se oyeron pasos y, en segundos, su postura cambió. Bien portados, fingieron jugar con el carrito y la mu?eca, como si se llevaran bien. La madre de Sofia, la mujer rubia del cuadro, entró en la cocina con una sonrisa amable en los labios. —?Qué lindos! Por eso se llevan tan bien; pediré que te quedes más tiempo la próxima vez, Zack. —Zack sintiu que su rostro ardía de vergüenza. La madre de Sofia se volvió hacia él, sus ojos azules fijos en los de él—. Zack, ?cuál es tu sue?o? Te estás haciendo grande, y Sofia también, ?qué planeas hacer? —Sofia se rió—. Mamá, ni siquiera sabe lo que comió hoy.
Zack respiró hondo, ignorando la provocación de Sofia. Miró a la ni?a, a la inocencia en sus ojos, y la respuesta vino de lo más profundo de su alma. —Quiero darle la libertad de elegir y que sea libre de decir que no. Protegeré a Sofia y me casaré con ella. —La frase fue una bomba, lo suficientemente impactante como para hacer que Sofia se sonrojara, desapareciendo todas sus burlas. La madre de Sofia rió con alegría, una risa genuina que, por un breve momento, fue seguida por una mirada triste casi imperceptible. Sofia se?aló con el dedo a Zack. —?Eres pobre! ?No tienes dinero! ?Débil! ?Crees que puedes casarte conmigo! —Zack la miró con una mirada simple—. ?Sí!
La madre de Sofia volvió a reír, pero esta vez sin tristeza. Se arrodilló, mirando a Zack a los ojos. —Te la confío, Zack —dijo con una sonrisa en el rostro, sorprendiendo tanto a Zack como a Sofia. La madre de Sofia salió de la cocina y subió las escaleras. Zack, torpe, se rascó la cabeza. La situación era extra?a, pero le gustaba. Sofia le dio un empujoncito, con el rostro enfadado. Zack pensó: "Maldita sea". —?Lo prometes? ?De verdad te casarás conmigo? —preguntó Sofia, seria, sin una sonrisa, mientras levantaba su dedo me?ique. Zack, que esperaba ser insultado, se acercó y entrelazó su me?ique con el de ella—. ?Lo prometo! ?Te daré el poder de decir que no! —dijo, mirándola fijamente a los ojos. Ella sonrió, una sonrisa hermosa, perfecta, y esta vez, una sonrisa de pura felicidad—. Puedo decir que sí... —respondió Sofia, y ambos rieron, la risa llenando la cocina. Arriba, escondida tras una pared, la madre de Sofia rió suavemente, con los ojos llenos de lágrimas—. Buen trabajo, Zack, buen chico —susurró.
***
La suave luz del recuerdo se hizo a?icos, rota por un sonido seco y brutal. La escena saltó a unos días en el futuro, pero se sentía a un abismo de a?os luz de aquella cocina feliz. Era de noche. La ventana de la cocina, antes un portal a la luz, estaba ahora abierta a la oscuridad, y la luz blanca fría e indiferente de la luna ba?aba la habitación. El viento aullaba ferozmente, como un lamento, y una niebla densa lo cubría todo, excepto la luna menguante, que brillaba amarilla, como una sonrisa macabra en el cielo. En la casa de Sofia no había risas, sino ruidos. Ruidos de violencia. —??ZAS!! ??ZAS!! ??ZAS!! ??BOOM!! ??BOOM!! ??CRACK!! —Sonidos de carne contra carne, huesos contra madera, cristales rompiéndose.
Dentro de la casa, el hombre rubio del cuadro, el padre de Sofia, ya no era el ángel del recuerdo. Era un demonio, sus pu?os golpeaban repetidamente el rostro de la madre de Sofia, su esposa. —??Puta!! ??Maldita perra!! —gru?ía, cada palabra un golpe—. Me hiciste quedar mal en la reunión, ?qué clase de ropa era esa? —Pasó su mano por el rostro de ella, un gesto de burla cruel—. ?Eh? —Ella no podía hablar, estaba demasiado herida, su rostro desfigurado, su boca hinchada—. Te dije que te acostaras con el General... pero no lo hiciste, ??sucia puta!! —Ella no reaccionaba, su cuerpo no respondía, solo sus ojos, de los que brotaban lágrimas de miedo y pavor. Su marido se deleitaba humillándola y agrediéndola, algo que ya era rutina, un espectáculo de crueldad que se repetía incesantemente.
Afuera, en la calle, la niebla era tan densa que apenas se veía a un palmo de distancia. Pero de la bruma surgieron dos figuras que corrían desesperadamente hacia la casa. Sofia, con un ojo morado, la nariz sangrando y el hombro delicado dislocado, sostenía la mano de Zack. Había sido maltratada por su padre mientras intentaba proteger a su madre. —Está ahí dentro pegándole... solo saca a mamá de aquí como la última vez... —jadeó Sofia, con la voz ahogada por las lágrimas y el dolor. Zack miró sus heridas, la inocencia manchada por la violencia, y un nudo se le formó en la garganta. Besó su rostro, un gesto de consuelo que parecía inútil ante tanto dolor—. Ya pasó... ya pasó... —susurró, las palabras sonando vacías—. Espera en el columpio bajo el árbol y no entres, ?entendido? —Sofia, ansiosa, intentó discutir—. Pero ?y tú... —Antes de que pudiera terminar, Zack la interrumpió, su voz firme e intimidante, un tono que ella nunca había escuchado—. ?Haz lo que te digo, ?entendido?! —Sofia tembló, asustada, y corrió hacia el columpio, con la imagen de su madre en peligro grabada en su mente.
***
Dentro de la casa, el horror continuaba. El padre de Sofia, con una sonrisa sádica en los labios, saboreaba cada detalle de la humillación de su esposa. —No te mataré, puta, porque necesito que te acuestes con el General; solo sobrevivirás por ese cuerpo delicioso. —La madre de Sofia, Isabella, yacía en el suelo, con los ojos vacíos, la luz de la esperanza desvaneciéndose. Su llanto había cesado, reemplazado por un silencio de resignación. Pero entonces, un sonido. —??CLACK!! ??BANG!! —La puerta del dormitorio se abrió violentamente y apareció Zack, una sombra furiosa. Isabella, en un último destello de instinto maternal, intentó retener a su marido, temiendo que matara a Zack o que le pegara como a ella.
El padre de Sofia, impasible, miró a Zack con una sonrisa cruel. —Vaya, vaya, vaya, una rata de vuelta en su agujero... —Rió, un sonido seco y sin humor—. Chico, solo estás vivo porque Isabella hizo un trato conmigo... Sofia está muy feliz de tenerte cerca, así que... Isabella hizo una petición: se acostaría con quien yo quisiera a cambio de que tú te quedaras aquí con Sofia. —Las palabras cayeron como piedras sobre Zack, un ni?o que, hasta entonces, solo había conocido la inocencia. Pero en ese instante, algo se rompió dentro de él. Su mirada cambió, transformándose. Ya no era la mirada de un ni?o, sino la de un perro rabioso, un demonio, un asesino. La crueldad de la revelación fue un veneno que se extendió por sus venas.
El padre de Sofia continuó, ajeno a la transformación que había provocado. —Estoy pensando, usaré a Sofia en el futuro... —Isabella gritó, un lamento de rabia y desesperación, sus lágrimas cayendo como lluvia. Su hija no podía pasar por eso—. No me mires así, Zack, relájate, serás el primero en usar a Sofia, soy generoso, ?ves? —La frase repulsiva, dicha por su propio padre, hizo que el estómago de Zack se revolviera. Miró a Isabella, que susurró, con la voz casi fallándole: —Por favor, Zack... sálvame...
El padre de Sofia intentó silenciarla, pero antes de que pudiera, una patada de Zack le golpeó el pecho con fuerza brutal, lanzándolo contra la pared. Golpeó con un sonido seco, escupiendo sangre. —?Qué demonios es esto! —gritó, pero Zack ya estaba frente a él, demasiado rápido, un borrón de furia. Agarró la garganta del hombre, apretando tan fuerte que las venas de su cabeza se hicieron visibles, pulsando. El hombre, desesperado, sacó una navaja y empezó a apu?alar a Zack en el estómago, repetidamente. La sangre brotó, manchando el suelo, e Isabella gritó, un sonido de puro terror—. ??NOOOOOOOOO!! —chilló.
El padre de Sofia empezó a sonreír, creyendo que había ganado, pero pronto se dio cuenta de que Zack no le había soltado el cuello. Sus ojos se abrieron con horror al mirar hacia abajo. Los ojos de Zack no eran los de un ni?o, sino los de un depredador, fríos, vacíos, llenos de una oscuridad ancestral. —??Qué eres!! —gritó, pateando con los pies en el suelo, perdiendo el aire. Isabella se dio cuenta de que Zack ya no sangraba. Una energía oscura y aterradora emanaba de él, curando sus heridas. —Sufrirás, abusaré de ti... sí... Sé A QUé LE TIENES MIEDO, TIENES MIEDO DE SER COMO TU PRESA. —La voz de Zack no era la de un ni?o, sino la de alguien con experiencia en la tortura, un susurro gélido que prometía un infierno personal. El hombre pidió perdón, ofreció dinero, pero Zack simplemente se rió, una risa tan fuerte que resonó en la habitación, llena de oscuridad, haciendo que la desesperación del hombre fuera aún mayor. Zack miró una barra de madera para cortinas y luego sonrió al padre de Sofia. Era fácil de entender, y él lo entendió. Zack lo lanzó, rompiendo la pared y enviándolo a la habitación de al lado. Luego, Zack recogió la barra de madera.
***
Zack se acercó a Isabella, que yacía en el suelo, magullada y vulnerable, con los ojos fijos en él con una mezcla de miedo y esperanza. —SOFIA ESTá EN EL COLUMPIO, VE CON ELLA, YO ME ENCARGO DE ESTO. —Su voz era tranquila, pero con una autoridad que Isabella nunca había escuchado. Tenía miedo de Zack, era alguien a quien no conocía, su cuerpo temblaba de miedo. Pero Zack le tomó la mano con suavidad y una energía oscura y cálida la envolvió, curándola por completo. Las heridas desaparecieron, el dolor se desvaneció e Isabella se encontró perfecta de nuevo. No cuestionó, aceptó, porque Zack la estaba salvando a ella y a Sofia. En un gesto de gratitud y alivio, Isabella abrazó a Zack y le besó la frente. —Buen chico —susurró, con las lágrimas corriendo por su rostro.
Isabella corrió afuera, hacia Sofia. Afuera, bajo la luna menguante que ahora parecía menos macabra, madre e hija se abrazaron. Sofia, con sus heridas curadas por la energía de Zack, miró a su madre con alivio. Juntas empujaron el columpio del árbol, un sonido suave y rítmico que contrastaba brutalmente con los gritos que venían del interior de la casa. Fuertes gritos de desesperación, perdón, súplica, clemencia. El padre de Sofia le pedía a Dios que lo salvara, pero dentro no había Dios, solo un demonio. El sonido de golpes secos, huesos rompiéndose y el llanto de un hombre destrozado resonó en la noche, testimonio de la furia implacable de Zack.
La escena termina con la imagen de la inocencia perdida de Zack y el nacimiento de su oscuridad, que lo transformó en el "Cazador" que é hoy. El eco de los gritos del padre de Sofia, la imagen de madre e hija en el columpio y la conciencia de la transformación de Zack dejan al lector con una inquietante sensación de horror y una comprensión más profunda de la brutalidad que moldeou al protagonista. El pasado de Zack se revela como la raíz de su brutalidad y su miedo a volverse como su presa, un tema que resuena con su dependencia de la Luna Negra y su lucha por mantener el control. La meditación de Zack termina y abre los ojos, que ya no son los de un adolescente inocente, sino los ojos fríos y calculadores del Cazador, listo para enfrentar la amenaza de Skull, pero ahora con un peso aún mayor en su alma.

