Por otra parte.
Hiroaki viajaba rápidamente al lugar de encuentro: la entrada principal. Utilizando sus poderes, lanzaba destellos de luz lo suficientemente lejos para usarlos como medio de teletransporte. Estaba emocionado, pues el joven que había estado esperando con tantas ansias, llegaría en solo unos minutos. Sabía que los Furukawa se tomaban muy en serio el tiempo, así que dejaría de lado su impuntualidad solo por esta vez.
Tras un rato realizando el mismo movimiento, Fujimoto llegó justo en frente de la puerta.
—Parece que llegaste temprano —habló Satō, parado frente a la puerta y mirando a Fujimoto con ligera sorpresa.
—No está mal llegar un poco temprano de vez en cuando, ?no? Considere que esto es importante —dijo sonriendo, mientras esperaba a que el anciano abriera la puerta.
— ?Es tan importante, el joven Furukawa, como para que el gran dragón dorado llegue puntual y lo reciba en persona? —El beta alzó una de sus cejas canosas.
—Seguro.
—Hmp… —Jun lo miró raro; La situación le parecía demasiado inusual, dado que no era típica de Fujimoto. Decidió no indagar más y abrió las puertas.
Afuera, se podía ver una limusina y un par de carros llegando, justo a tiempo.
De los distintos carros, varias personas vestidas con un kosode índigo, haoris negros y blancos con bordes plateados y dorados, salieron y se posicionaron en fila alrededor de una de las puertas de la limusina. Aquellos con haori blanco y bordes plateados se colocaron al principio, seguidos por los de bordes dorados, después los de haori negro y, al final, los de bordes dorados. Dieciséis Koshōs traía el prestigioso clan Furukawa solo para presentar a su miembro más olvidado; Probablemente, esto se debía a la intervención pasada de Hiroaki dentro del clan. Si fuera posible, los Furukawa habrían sido capaces de enviar a tan solo cuatro, e incluso eso seguiría siendo demasiado.
La mirada de Fujimoto se oscureció levemente. Esperaba que los Furukawa hubieran cambiado su comportamiento con el joven que se encontraba en el auto, pero aparentemente no había sido así. Si el joven en el auto hubiera sido el mayor, seguramente dicho clan habría traído más de cien personas, y eso aún sería poco. Una sonrisa sarcástica se dibujó en su rostro al dirigirse a los presentes. A su lado, Sato miraba curioso la escena. “Esto es muy inusual”, pensó, mirando de reojo mientras entrecerraba los ojos.
Del otro lado del auto bajó un hombre calvo, vestido de la misma forma que los koshōs, con la diferencia de que portaba el haori de bordes plateados y un botón dorado en el kosode. Posiblemente se trataba de uno de los Karō de la familia Furukawa. “Al menos trajeron a alguien de relevancia con él”, comentó para sus adentros Fujimoto, mientras alzaba las cejas, disgustado. El Karō rodeó el carro, pasando junto a un sirviente de bajo rango a quien miró con desdén, y se detuvo frente a la puerta de aquella persona a quien Fujimoto había esperado con tantas ansias.
Cuando la puerta se abrió, revelando su interior, los ojos de Hiroaki se abrieron enormemente, incrédulo.
“No puede ser verdad”, murmuró, mientras su rostro se contorsionaba en disgusto. La sensación de que lo invasión era desagradable, por no decir menos; 'molesto' era poco para describir cómo se sentía Hiroaki. Apretaba los pu?os con una fuerza que podría romperle la mu?eca, y sus u?as dracónicas comenzaron a asomarse levemente. "Esto parece más un insulto. Creí que les había dicho que lo trataran de forma decente".
Rápidamente, Hiroaki recuperó su compostura. Con la mano en la espalda, fingió una sonrisa mientras el aire se impregnaba de un aroma a bayas, aparentemente emanado del joven que bajaba de la limusina.
Samuru Furukawa, un “ Gamma ” de la familia “Dos Ríos” del clan Furukawa, llevaba un atuendo extremo para alguien que estaba en la segunda línea de sucesión del clan. Debajo del uniforme de la academia, portaba un body y, en lugar de pantalones, un hakama. Su cuello estaba adornado con un collar para omegas. A simple vista, su atuendo no causaba controversia, pero la forma en que estaba tratado sí; sus manos estaban envueltas en vendas, sobre las cuales había distintos sellos de contención y talismanes de similar propósito. Un velo blanco, adornado con la bandera del clan y dos kanjis en las esquinas, advertía “cuidado” y “peligro”.
Samuru bajó del auto con dificultad, debido a las vendas que le impedían mover las manos. Casi se tropieza si no fuera por aquel hombre calvo que lo sostuvo.
—No nos avergüences —susurró en su oído, visiblemente molesto.
Samuru afirma.
Tanto Samuru como él Karō subieron las ocho escaleras a la par, rodeados de los koshōs, mientras otro detrás de ellos sostenía unos libros sujetos por un cinto. Fujimoto miró levemente por encima de ellos, observando al koshō que tenía los libros del joven “gamma”, sintiendo que iba a vomitar de coraje.
—Fujimoto Hiroaki, el presentador del joven Furukawa. Tal como nos dijo, lo tratamos decentemente para no molestarlo —dijo el se?or con una sonrisa complacida, agitando su abanico sin abrir.
—?Tu nombre? —demandó exasperado el alfa puro.
—Riku—responde gustoso.
—De acuerdo, Riku. ?Dónde están los papeles? —irritado, miró seriamente a Riku.
—Por aquí —Riku se hizo a un lado, dejando pasar al koshō que traía los libros de Samuru y una carpeta en mano—. Dámelos —Riku se la quitó de forma brusca. Tras esa acción, y al darse cuenta de que Hiroaki lo estaba mirando, se disculpó apenado con el sirviente.
Riku carraspeó un poco.
—Tal y como se acordó, el clan Furukawa le da la custodia del joven Samuru durante su estancia en la academia. Por favor, cuídelo bien —se agachó, realizando una reverencia extendiendo los papeles.
—No se preocupe, se encuentra en buenas manos —exclamó complacido el rubio, mientras tomaba los papeles con la mano derecha, pues la izquierda la mantenía oculta tras su espalda, apretando con fuerza para contenerse.
—Le dejamos sus libros —Riku hizo se?as con la cabeza al sirviente para que le diera los libros, a lo que el koshō acató de forma inmediata las órdenes.
—Tenga —habló de forma trémula, con la cabeza gacha, mientras le cedía los libros.
Fujimoto no tuvo más remedio que respirar profundamente y soltar su pu?o, retrayendo las garras para tomar los libros. Si bien las heridas de su mano no eran visibles, el hecho de ponerlos en su espalda debido a la fricción le resultó doloroso, se contuvo el quejido.
El sirviente de bajo rango se puso nervioso e inmediatamente se hizo a un lado, cerrando los ojos ante la vergüenza.
Fujimoto miró la carpeta y devolvió la vista a Riku. —?Supongo que ya vienen firmados? —dijo, alzando una ceja, dudoso.
Riku asintió. —Correcto, mi se?or. Dentro de esa carpeta encontrará todo lo necesario respecto al joven Samuru. Si necesita algo más, háganoslo saber —respondió de forma plácida.
“Realmente espero no tener que llamarlos.” Pensó, mientras mira de forma disimulada hacia otro lado.
—Entonces, ?solo tendría que firmarlos, verdad? Los presentaré más tarde en la siguiente junta de clanes que haya.
—?La siguiente? —La expresión de Riku se contrajo por el nerviosismo.
Kōryū asintió.
—?Hay algo malo en ello? —levantó una ceja, curioso.
Riku agitó la cabeza y las manos en se?al negativa.
—Para nada, para nada. Sin embargo, me temo que eso no será hasta las selecciones de la familia Triade, a menos que te estés refiriendo a la junta dentro del festival. ?No es demasiado temprano? —dijo mientras abría su abanico y lo agitaba cerca de su rostro, buscando algo de aire. Para Riku, esa información era bastante importante. — ?Tendré que comunicarles esto a mis superiores más tarde?.
—Considero oportuno que, cuanto más temprano, mejor. El joven Samuru necesita una buena protección. ?Quién mejor que el Gran Dragón Dorado? ?Inclusive mi familia se tomaría más en serio la situación y podría dejar de molestarme? —sonríe para sus adentros.
El Karō se quedó con los ojos cerrados, pensativo, con una sonrisa.
—Claro, no juzgaré las órdenes de nuestro gran protector —exclamó, agitando el abanico.
—Me alegro. Si no tiene más que decir, puede marcharse. Le aseguro que su preciado segundo heredero recibirá la atención adecuada, no habrá percances. ?Incluso si los hay, me encargaré perfectamente de ellos? —sonríe gustoso.
Riku no tuvo que escuchar más; la orden era clara.
—Mucha suerte cuidando al joven se?or, su excelencia —cerró su abanico para realizar una reverencia y, después, volteó a mirar a Samuru—. No tarde mucho en volver al clan, mi se?or, aún le esperan cosas por hacer —comentó con malicia. Sus ojos denotaban un extra?o deseo.
Un escalofrío recorrió la espalda de Fujimoto. Esas palabras no le inspiraban ni una pizca de confianza.
Samuru solo asintió en respuesta.
El Karō, junto con los dieciséis Koshōs, procedió a retirarse. Cada uno se subió a las limusinas que les pertenecían. El cuerpo de Samuru dejó de estar tenso y respiró hondo.
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—?Te encuentras bien, Samuru? —Hiroaki miró al joven Lambda; su preocupación era evidente en su voz.
—No se preocupe por mí, se?or, no es nada que no haya pasado antes.
—?Seguro? Parecías tenso hace un momento —lo miró con lástima.
—Sí...
—Si tú insistes... ?Qué cosas tienes que hacer en el clan como para que te esperen? —Ahora que no había nadie viendo, Fujimoto pudo traer los libros al frente. Si no fuera por la correa que los envolvía, la marca de las garras de Fujimoto podría haberse visto más a detalle.
Samuru se quedó callado un momento, pensando qué decir para no hacer enojar al upsilon que tenía a su lado.
—No creo que sean cosas que le guste escuchar, se?or —comentó afligido.
—?Samuru, seguro que estás bien? —La voz de Samuru alarmó un poco más a Hiroaki, quien dio una mirada de preocupación al menor de los Furukawa.
Un leve aroma a fruta podrida comenzó a aparecer. Samuru se sintió incómodo.
—Sí...
Fujimoto prefirió no insistir más para no molestar al menor.
—De acuerdo, en cualquier caso... Samuru, ?sabes que puedes decirme cualquier cosa, verdad? Ahora que estoy a cargo de ti, soy como tu padre —dijo, colocando una mano en el hombro de Samuru para reconfortarlo.
—Sí, Sensei —agachó la cabeza con una voz desanimada.
Hiroaki retiró su mano, un poco desanimado, por cómo se habían dado las cosas. Un peque?o silencio se instaló entre ellos hasta que recordó que aún tenía clases por dar.
—?Cierto! Mis alumnos. Samuru, tengo que ir a presentarte con tus nuevos compa?eros. Muy probablemente, el joven Akahane sea tu guía para ense?arte el campus y mostrarte dónde están las habitaciones. Sato... —Se giró para ver al se?or Sato, pero cuando lo hizo, el viejo beta ya no estaba cerca. Entrecerró los ojos. — “Se fue”.
Sato se había ido en cuanto Furukawa se encontraba cara a cara con Fujimoto. Un mal presentimiento, que indicaba que no debía escuchar esa conversación, lo inundó y lo hizo retirarse, dejando solo al ‘joven’ dragón.
—Será mejor apurarnos. Les dije que me esperaran tan solo quince minutos.
—?Media hora, entonces? —comentó Samuru de forma graciosa.
—Sé que la mayor parte del tiempo digo que llegaré temprano, pero terminó llegando más tarde. Pero esta vez es diferente, tenemos gente importante, al igual que tú, esperando. “Además de que todas esas veces se me escapan de las manos” —Eso último lo pensó. Hizo una se?a con la cabeza para indicarle a Samuru que lo siguiera.
Hiroaki y Samuru procedieron a seguir su camino. La gran puerta de la academia se cerró tras ellos, y continuaron caminando. Levemente, Furukawa miró los estanques de peces y la vegetación a su alrededor. Al igual que aquellos que habían pasado por la gran puerta, pudo observar un gran torii al final aparente de las escaleras, posado en la cima de la colina.
—Te cambiaré la mochila —dijo el upsilon, sin más.
—?Eh? —Aquello tomó por sorpresa al lambda.
—Eso, te cambiaré la mochila —mostró los cuadernos que estaban envueltos en un cinto —Esto no me parece una buena mochila. Te conseguiré una más decente.
—No hace falta —respondió, girando la cabeza de un lado a otro.
—Es necesario, no puedes traer todos estos libros y cuadernos a las clases, necesitas dejar algunos en tu habitación. Además, en algunas clases será necesario ir de un lado a otro. Temo por tu condición —comenta preocupado.
—No, en realidad no hace falta. Mire.
Del suelo, un charco negro emergió; parecía agua negra.
—?Qué es... esto? —pregunta el upsilon, asombrado, acercándose al charco para mirarlo mejor.
—Uhm... Es... uno de mis poderes. Mi familia me ense?ó a sacarle un buen potencial —respondió apenado.
—?Los Furukawa te ayudaron? —dice, con más asombro.
—No.
—Ya decía yo que era demasiado bueno para ser verdad... ?Entonces te refieres a los Shinkawa? —Con una mano en la barbilla, entrecierra los ojos para observar con más atención la demostración de poder de su alumno.
Samuru asiente.
—Sí, gracias a su intervención, fue posible que ellos se acercaran de mejor forma hacia mí. Me dijeron que ya habían estado queriendo tomarme como aprendiz, pero mi familia no les dejaba. Incluso amenazaron a mi familia para ense?arme. Usted les abrió el camino para que eso fuera posible —comenta Samuru, con una sonrisa que no puede verse tras el velo.
—Me alegra que haya gente buena dentro de ese clan.
—También hay gente buena dentro del clan Furukawa, solo que las cosas han estado difíciles… —responde exasperado el chico.
Hiroaki lo mira y alza una ceja.
—Te creeré solo porque te conozco a ti —sus palabras denotaban cierta duda.
En respuesta, Samuru se ríe apenado.
—?Y cómo se supone que funciona esto? Dijiste que no hacía falta mochila. ?Es esto tu mochila? ?O funciona como una? —pregunta, interesado por lo que su alumno le mostraría.
—Sí, pero no. No exactamente así —responde, volteando los ojos, nervioso.
El charco se divide en dos, lo que hace que su tama?o se reduzca. De uno de los charcos aparece una silueta humanoide, ligeramente más grande que Hiroaki, mientras que el otro charco permanece igual.
—Verá, Sensei, él es Zote. Es quien me ayuda a cargar cosas que considero pesadas o que no quiero cargar yo mismo. También tiene otros usos, pero este es uno de los que más utilizo —dice Samuru, con una sonrisa en el rostro, mirando a su creación con orgullo.
Hiroaki no dijo nada sobre el nombre.
—Muy bien… ?Y el charco?
—Si no quiero utilizar a Zote, puedo usar el charco. Funciona con mi sombra, lo que le permite pasar desapercibido. Zote, en cambio, es alto y es más fácil de ver. El charco funciona como mi bolsa o mochila, como prefieras llamarlo —explica energico, su alegría claramente visible.
Hiroaki se quedó procesando la información. Después de unos segundos, le sonrió a Samuru, sorprendido.
—Fascinante. ?A qué lugar van exactamente? ?No desaparecen tus cosas si eliminas la invocación? —interroga el rubio, con un leve atisbo de curiosidad.
—No puedo contestar con exactitud a la primera pregunta —responde apenado—. Pero no, las cosas no desaparecen cuando desactivo mis poderes o elimino el charco —a?ade el menor, cruzándose de brazos—. Y no es una invocación —dice, con firmeza.
—De acuerdo, no es una invocación, pero me parece extra?o que esto provenga propiamente de ti... ?No estarás utilizando runas?
Samuru niega con la cabeza.
—Proviene de mí.
Hiroaki cerró los ojos y se quedó pensando un minuto, para después decir:
—?No lo utilizaste aquella vez que nos encontramos por primera vez? —argumenta pensativo.
Samuru se sobresaltó levemente.
“?Lo recuerdas?” fue el pensamiento que se le cruzó por la cabeza.
—Sí —responde, dudoso.
Fujimoto entrecierra los ojos levemente. La respuesta no le inspiraba confianza, pero decidió creerle.
—De acuerdo. ?Y quién se llevará tus libros? —El alfa puro mira entre ambas manifestaciones, decidiendo a quién cederle los libros del menor.
—Puede tirarlos al charco. Zote aparecerá en la clase para dármelos más tarde.
Fujimoto confió en su alumno y tiró los libros dentro del charco. Inmediatamente, fueron tragados por este. Zote, por otro lado, volvió a convertirse en charco, fusionándose con el que ya se mantenía allí, volviendo a su forma original. Poco después de esa acción, el charco pareció succionarse hacia adentro y desapareció.
—?Continuamos con nuestro recorrido? —Ahora, solo con los documentos en mano, era más fácil moverse.
—Sí —Samuru asiente.
Dicho esto, ambos continuaron su recorrido.
Cuando llegaron a la división del torii, Hiroaki se detuvo, y Samuru hizo lo mismo.
—?Sucede algo, Sensei? —Samuru miró al mayor con una expresión de preocupación.
—Samuru, es probable que sientas un leve tirón hacia atrás o una peque?a se?al de alerta recorriendo tu cuerpo, pero no te preocupes, es solo la barrera de la academia. Revisa si hay intrusos y observa si muestran sus verdaderas formas —aclaró el mayor, mientras se dirigía hacia la barrera.
—De acuerdo.
Cuando Hiroaki pasó a través de la barrera, sin atravesar más allá el torii para subir las escaleras, Samuru entendió que la barrera estaba justo por delante del torii, brindando una buena ilusión óptica para aquellos que visitaran por primera vez. Las partes dracónicas de Hiroaki comenzaron a relucir. Su cabello creció un poco más de lo que ya estaba, escamas amarillas aparecieron alrededor de su cuerpo, sus ojos se tornaron de igual forma amarillos y sus u?as crecieron.
—Dependiendo de lo que seas, la barrera demostrará tu verdadera forma o naturaleza. Es una medida de protección para evitar inconvenientes, además de saber con quién estamos tratando —la voz de Hiroaki se escuchó al otro lado quien se encontraba gustoso, y volvió a su forma original.
Esto dejó temeroso al “gamma”, quien tragó con dificultad antes de intentar atravesar la barrera, pues frente suyo no se veía más que esas escaleras infinitas, sin vista de su tutor.
Lo que ocurrió a continuación no fue lo que Hiroaki esperaba.
Para Samuru tras cruzar la barrera le pareció brillante que la academia no se encontrará mucho más arriba, si no que bajaba la colina. Sin embargo, cuando los sellos que le habían impuesto en la espalda comenzaron a arder, quemándole la piel, esa vista espléndida desapareció de su vista. Un dolor intenso recorrió todo su cuerpo, lo que provocó que cayera al suelo con un gemido.
—?Samuru? —preguntó horrorizado el mayor.
No hubo respuesta.
Hiroaki, alarmado, se agachó junto a él, tratando de comprender qué estaba sucediendo con su alumno.
Samuru, por su parte, se abrazó el cuerpo y comenzó a temblar. Las protuberancias debajo de sus ojos, que cubrían el velo, empezaron a expandirse un poco más, lo que asustó al joven. Pronto, el aire se llenó de un olor a fruta podrida.
—?Samuru-kun? ?Hey, responde! —la expresión aterrada de Hiroaki no encontró consuelo en las reacciones del menor.
Se suponía que debía protegerlo, pero no entendía qué estaba ocurriendo.
Al cabo de unos segundos, Samuru logró componerse, respirando agitado tras los recientes acontecimientos que acababa de experimentar.
—?Qué diablos fue eso? —preguntó el mayor, preocupado.
—Yo… no lo sé —exclamó, aterrorizado.
—Tendré que comentárselo después al se?or Masaki. ?Estás seguro de que estás bien? Puedo posponer tu presentación para después, aún es el primer día y…
Hiroaki fue interrumpido.
—Estoy bien, Sensei, no se preocupe, no es nada.
—?Estás seguro? Podemos ir a la enfermería —preguntó, nervioso.
—Dije que estoy bien. ?Podemos continuar? —Samuru miró a Hiroaki a través del velo; aunque éste no podía ver su rostro, las facciones del azabache se contorsionaba en pánico.
—De acuerdo… —dijo Hiroaki, con la boca retorciéndose de disgusto.
El rubio ayudó al azabache a levantarse y, aunque con algo de pena, tomó el camino, mirando de vez en cuando a su protegido para asegurarse de que se encontraba bien.
Al cabo de unos minutos, llegaron a las aulas de los primeros a?os, recorrieron todo hasta llegar al segundo piso y dar con su salón. Fuera de éste, se escuchaba el bullicio proveniente del aula “I & T”.
?Cuánto tiempo había pasado desde que Hiroaki había dejado el salón?
Miró el reloj que estaba cerca del pasillo, el cual marcaba las 7:40 de la ma?ana. Ya habían pasado cuarenta minutos desde su clase y no había impartido ni una sola materia. El mayor se habría sentido avergonzado si no fuera por el hecho de que Samuru había sido más importante.
—Quédate aquí, te pediré que pases cuando sea el momento, ?de acuerdo? —Esbozó una sonrisa.
—De acuerdo.
Hiroaki asintió, gustoso, para luego entrar al salón, haciendo que la mayoría, a excepción de Dokuhara y Nakanishi, se quedará asombrada. Estos dos, en cambio, miraron al salón de manera curiosa, al no saber exactamente qué estaba pasando.
—Sensei… ?no iba a llegar tarde? —preguntó expectante Akina, sorprendida por el hecho de que su profesor llegara antes de lo previsto.
—Hoy no, mi querida alumna. El día de hoy vengo a presentarles a alguien importante —sonrió entusiasmado.
—?Fue por esa “cosa” que salió? —preguntó Hōrin, con la cabeza apoyada en sus brazos.
—No es una “cosa”…y ?Sí! Permítanme presentarles a su nuevo compa?ero —su mirada se dirigió hacia la puerta, la cual se abrió con un polvo brilloso, el rubio había usado sus poderes—. Por favor, pasó —a?adió al final.
Samuru atravesó la puerta, ganándose miradas de terror debido a la forma en que iba vestido y al aura que desprendía.
El salón quedó en silencio.
—Mi nombre es Furukawa Samuru, un placer conocerlos —dijo el chico, haciendo una reverencia.

