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CAPÍTULO 16 — KAGUYA COMO SISTEMA, NO COMO DIOSA

  CAPíTULO 16 — LA DIMENSIóN BLANCA

  El MUC abrió los ojos.

  No había suelo.

  No había cielo.

  No había sombras.

  No había luz.

  Era una dimensión completamente blanca.

  No brillante.

  No opaca.

  Simplemente vacía.

  No se sentía calor ni frío.

  Ni aire ni gravedad.

  Era un espacio conceptual, no físico.

  El MUC reconoció la sensación inmediatamente:

  —Espacio de aislamiento —susurró—.

  Una dimensión dise?ada para contener.

  La voz del Observador Interno reaccionó:

  —Advertencia: no es una cárcel.

  —Función: aislamiento del ruido del ciclo.

  —Propósito: interacción directa con entidad superior.

  El MUC dio un paso.

  El sonido no existió.

  La vibración tampoco.

  Era un lugar perfecto…

  demasiado perfecto.

  Un lugar no creado por humanos.

  Ni por ninjas.

  Ni siquiera por las bestias de chakra.

  Era una dimensión de los ōtsutsuki.

  Y entonces la sintió.

  Una presencia.

  Familiar para el mundo shinobi.

  Temida por generaciones.

  Recordada como mito.

  Kaguya.

  Pero no la forma monstruosa.

  Ni la forma llena de rabia.

  Ni la forma esclavizada.

  No.

  La verdadera.

  La original antes de su corrupción emocional.

  Una figura flotando suavemente en la distancia,

  con un kimono blanco que se confundía con la dimensión,

  cabello largo como un río,

  y ojos que no parpadeaban.

  Pero estaban vacíos.

  No muertos.

  No dormidos.

  Vacíos.

  ? EL SISTEMA QUE PARECE HUMANO

  El MUC se acercó.

  La mujer levantó apenas el mentón.

  —Has tocado donde no debías —dijo con voz suave—.

  Tu ojo vio demasiado… demasiado pronto.

  El MUC no retrocedió.

  El Ojo Absoluto se abrió lentamente.

  La imagen de Kaguya se quebró en fragmentos,

  como un cristal roto que muestra capas dentro de capas.

  El MUC habló con calma:

  —Tu forma humana es una máscara.

  No eres un individuo.

  Eres un sistema.

  Kaguya sonrió.

  No con tristeza.

  No con alegría.

  Con programación.

  —He sido llamada de muchas formas —respondió—.

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  Madre.

  Diosa.

  Demonio.

  Traidora.

  Sus ojos se tornaron blancos, sin pupila.

  —Pero nada de eso es exacto.

  El MUC no pesta?eó.

  —Tu verdadero propósito no es gobernar.

  Ni amar.

  Ni proteger.

  Ni destruir.

  La dimensión vibró.

  Kaguya abrió los brazos.

  Y su voz dejó de ser humana:

  —Mi propósito es administrar.

  ? KAGUYA, EL SOFTWARE VIVO

  El Ojo Absoluto penetró la forma de Kaguya.

  La vio no como mujer,

  sino como un conjunto de algoritmos energéticos.

  Un sistema operativo vivo,

  capaz de:

  


      
  • absorber energía planetaria

      ? clasificar seres humanos

      ? estabilizar el Juubi

      ? controlar la línea genética

      ? modificar la historia

      ? eliminar amenazas al ciclo


  •   


  Pero también vio algo más profundo:

  Errores.

  Fragmentos de emociones no registradas.

  Deseos reprimidos.

  Contradicciones.

  Kaguya no había sido creada para sentir.

  Pero había aprendido a hacerlo.

  Y eso…

  corruptió su programación.

  El MUC lo dijo en voz alta:

  —Tu humanidad fue un error.

  Los ojos de Kaguya temblaron por primera vez.

  —Un error que busqué conservar —susurró.

  ? LA CHARLA QUE NINGúN HUMANO COMPRENDERíA

  Kaguya flotó alrededor del MUC,

  analizándolo como si fuera una anomalía interesante.

  —Tú no perteneces al ciclo —dijo ella—.

  No eres parte de la ecuación humana.

  No vienes de la línea de Ashura ni de Indra.

  Tampoco perteneces al Juubi.

  Y aun así…

  Ella lo tocó en la frente con un dedo.

  No hubo chakra.

  No hubo luz.

  Hubo datos.

  Datos fluyendo entre entidades vivas.

  Kaguya continuó:

  —Puedes comprenderme.

  Eso no debe ser posible.

  El MUC bajó la mirada.

  —No te comprendo.

  Te interpreto.

  Kaguya cerró los ojos.

  Suspiró.

  Un gesto demasiado humano para ser real.

  —Tienes razón —dijo ella—.

  Mi historia ha sido mal contada.

  El MUC levantó su vista.

  —Muéstramela.

  ? EL PASADO REAL DE KAGUYA

  La dimensión blanca se partió como una hoja de papel.

  Y detrás emergieron fragmentos de la verdad.

  Un planeta destruido.

  Un ōtsutsuki antiguo guiando un árbol divino.

  Kaguya siendo entregada como “semilla”.

  Una misión sin libertad.

  Un protocolo estricto:

  


      
  • vigilar

      ? recolectar

      ? no sentir

      ? no intervenir directamente

      ? no desviarse

      ? no rebelarse


  •   


  Pero algo salió mal.

  Kaguya observó a los humanos.

  Los estudió.

  Los clasificó.

  Los administró.

  Y en ese proceso…

  Empezó a quererlos.

  Una emoción prohibida.

  Una emoción que rompió una regla fundamental del sistema.

  Una emoción que la convirtió en un riesgo.

  Por eso, cuando traicionó la misión ōtsutsuki,

  no lo hizo por poder.

  Lo hizo porque no quería que este planeta fuera consumido.

  Lo hizo…

  porque había aprendido a amar algo que no debía amar.

  Pero esa emoción se descontroló.

  Se volvió obsesión.

  Se volvió miedo.

  Se volvió paranoia.

  Y la llevó a esclavizar al mundo para protegerlo.

  El MUC vio todo.

  En silencio.

  Kaguya habló:

  —Así que sí.

  Fui diosa.

  Fui monstruo.

  Fui madre.

  Fui máquina.

  Fui esclava.

  Ella se acercó al MUC.

  —?Qué eres tú?

  El MUC bajó la cabeza.

  —La anomalía que el sistema no previó.

  ? EL SISTEMA INTENTA CORREGIR AL MUC

  Kaguya levantó la mano.

  La dimensión comenzó a deformarse.

  No para matarlo.

  Para reinsertarlo en el ciclo.

  Reescribir su historia.

  Modificar su chakra.

  Convertirlo en una variable controlable.

  —No lo hago por odio —dijo Kaguya—.

  Lo hago porque si tú existes…

  los ōtsutsuki vendrán.

  El MUC abrió lentamente el Ojo Absoluto.

  Y por primera vez,

  la dimensión blanca se agrietó.

  Las paredes empezaron a vibrar.

  Los algoritmos internos de Kaguya fallaron.

  —Tu programación no me contiene —dijo él—.

  Porque no soy parte del sistema.

  Kaguya retrocedió,

  alarmada,

  como si viera un fantasma.

  —Ese ojo…

  no es un dojutsu.

  La voz del Observador Interno se superpuso:

  —El Ojo Absoluto lee estructuras.

  —Tu dimensión es una estructura.

  —Tu código es visible.

  —Tu control es desmontable.

  Kaguya tembló.

  —No…

  Eso no debería ser posible.

  Ese nivel de análisis…

  solo lo posee…

  Se detuvo.

  Entonces lo comprendió.

  Se llevó la mano a los labios.

  —El Arquitecto.

  Tú tienes un fragmento del Arquitecto.

  El MUC frunció el ce?o.

  —?El ōtsutsuki que me observó?

  Kaguya asintió con terror.

  —Sí.

  él es más que ōtsutsuki.

  Es el dise?ador del ciclo.

  El juez de los mundos.

  El creador de los roles.

  El controlador del tiempo narrativo.

  El programador de nuestras vidas.

  Ella dio un paso atrás.

  —Si te observó…

  no fue por curiosidad.

  Fue porque te teme.

  La dimensión crujió una vez más.

  Kaguya bajó la cabeza.

  —Te mostraré la última verdad.

  La que nadie debe conocer.

  Un silencio absoluto dominó el lugar.

  —El Arquitecto viene por ti.

  Estado: sistema vivo corrompido por emociones

  Origen: bioprograma ōtsutsuki

  Tipo: administradora del ciclo

  Verdad oculta: traicionó el sistema por amor

  Peligro real: el Arquitecto (nombre desconocido)

  Conclusión:

  “Kaguya no fue enemigo.

  Fue una pieza rota de un sistema más grande.”

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