El campo de batalla ardía, los escombros caían del cielo como fragmentos de un mundo que se derrumbaba.
La victoria de Kira y Eisvar había encendido una chispa en todos. El fuego de la esperanza ardía con más fuerza que nunca.
Pero Noli no estaba tranquilo.
Mientras los demás descansaban, él caminó entre el humo, con una mirada fija, los pu?os cerrados y el alma pesando más que cualquier arma.
Sabía quién faltaba. Sabía quién aún estaba vivo.
Ryu.
El tercer comandante del Nexo, el último.
El hombre que lo había marcado para siempre.
—“Eisvar, Kira... yo iré por él.” —dijo sin mirar atrás.
Ellos entendieron. Nadie podía detenerlo.
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El suelo tembló cuando Noli llegó hasta el corazón del campo enemigo.
Entre los cuerpos y las ruinas, una figura lo esperaba, tranquila… casi serena.
Era Ryu, de pie, con la mirada baja, como si ya supiera lo que venía.
—Vaya... cuánto has crecido, Noli —dijo con voz ronca, una que no sonaba a burla, sino a… nostalgia.
Noli no respondió. Solo levantó su mano derecha, y el aire a su alrededor empezó a brillar con energía.
El dominio se activó.
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Un círculo de energía se expandió bajo sus pies. Todo dentro de ese espacio podía ser copiado. Todo.
Ryu lo sabía.
Y aun así, no se movió.
Noli sintió cómo la energía de su enemigo fluía por su cuerpo. Pero en cuanto la sintió… se congeló.
Su respiración se quebró, su rostro cambió.
—No… —susurró.
—Ese poder… no puede ser…
Era un aura cálida, viva… familiar.
Una energía que conocía. Una energía que había amado.
El poder que estaba copiando no pertenecía a Ryu.
Pertenecía a Star.
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?? Flashback
A?os atrás, cuando el sol aún brillaba para él, Noli era solo un ni?o más.
Tenía una familia sencilla, una casa peque?a, pero un amor inmenso por su hermana.
Star era su todo.
Riendo, so?ando, siempre tomando su mano para ir al río o buscar frutas.
Después de perder a sus padres por un ataque ghoul, se juraron cuidarse mutuamente.
Noli usaba sus explosiones del alma para cazar, mientras Star curaba sus heridas con su poder de drenar almas y convertirlas en energía vital.
Eran un dúo inseparable.
Hasta que el Nexo llegó.
Los dos ni?os prodigio fueron capturados.
En los laboratorios, su mundo se volvió frío, metálico… doloroso.
Y ahí apareció Ryu, el científico que so?aba con robarles los dones.
Día tras día, los usaba como experimentos. Les quitaba su energía, los rompía y los reparaba.
Pero aún en ese infierno, Noli y Star encontraban consuelo en los otros prisioneros: un chico llamado Eisvar, una ni?a asustada llamada Kira.
Juntos so?aban con escapar.
Jugaban entre jaulas vacías, fingiendo que afuera aún había un cielo azul.
Hasta que un día, todo acabó.
Ryu, obsesionado, decidió experimentar con Star una vez más.
Ella resistió, pero su cuerpo no aguantó.
Su alma… fue drenada por completo.
Noli gritó.
Todo dentro de él explotó —no energía, no poder— sino dolor puro.
Las paredes se derritieron, los laboratorios se sacudieron, y Ryu quedó marcado por aquella explosión.
Y sin embargo… el hombre no lo detuvo.
Lo dejó ir.
Por primera vez, Ryu no obedeció las órdenes. Solo lo observó escapar, sangrando y llorando entre las ruinas.
Eisvar y Kira lo siguieron.
Y cuando todo parecía perdido, una figura los salvó: zolat.
Desde entonces, ese fue su hogar.
ADAS.
Su nuevo comienzo.
Tiempo después, Eisvar le habló de las Cadenas Eather, y juntos sellaron un contrato consigo mismos.
Noli eligió renunciar a su poder de explosión por el de la copia, jurando que jamás nadie volvería a saber de qué era capaz.
Porque si nadie conocía su poder, nadie podría destruir lo que amaba.
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?? Fin del flashback.
Ryu lo observaba, aún de pie, aún tranquilo.
—Ahora lo recuerdas, ?verdad? —murmuró con voz temblorosa—. Yo… no pude salvarla.
—?Cállate! —rugió Noli, liberando una ola de energía.
Pero Ryu no atacó.
Solo levantó su rostro, con lágrimas que se evaporaban por el calor de su propio poder.
—Ese día, juré que no volvería a obedecerlos… pero ya era demasiado tarde. Me borraron, me convirtieron en esto. Y sin embargo, dentro de mí… aún queda un fragmento de ella.
Noli lo miró, la rabia mezclándose con dolor, impotencia, confusión.
Sus manos temblaban, su alma ardía.
—Entonces… —susurró con una voz rota—. Si aún te queda algo de ella… que vea cómo termino lo que tú empezaste.
Y con eso, el suelo explotó, el aire se fracturó, y los dos desaparecieron entre una tormenta de energía.
El verdadero combate había comenzado.

