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Las eridas ocultas

  El silencio era absoluto.

  Tan denso que incluso el aire parecía negarse a entrar en los pulmones.

  Kaelion, inmóvil, no decía una sola palabra. Sus ojos brillaban en la penumbra, cargados de una rabia inexplicable.

  De pronto, un movimiento seco: el pie golpeó contra la piedra.

  â€”?Tch!—

  Kael apenas tuvo tiempo de reaccionar. Con un instinto que no entendía, desenvainó su arma y la levantó justo en el instante en que la hoja de Kaelion descendía como un trueno.

  !CLANG

  El choque resonó como un rugido metálico, lanzando chispas al aire.

  Ambos se quedaron frente a frente, espadas cruzadas, mirándose fijamente a los ojos.

  Kael, jadeando, sintió un escalofrío. Algo en esa mirada le resultaba familiar. No era solo odio… había dolor, había recuerdos enterrados. Una voz interna le gritaba que ya lo había visto antes, en otro tiempo.

  Kaelion, en cambio, no mostraba dudas. Solo furia. Una furia sin dirección, sin sentido… y sin embargo tan real que quemaba.

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  â€”…Tú… —gru?ó, apretando con más fuerza su espada—. ?Tú fuiste el culpable!

  Kael abrió los ojos, confundido.

  â€”?Qué… qué estás diciendo?

  Kaelion presionó, forzando a Kael a retroceder. Su voz temblaba de rabia contenida.

  â€”?No te hagas el inocente! El Nexo me lo dijo todo… —sus ojos brillaron con un odio casi demencial—. Fue tu familia. ?Ellos fueron los culpables de todo!

  La declaración cayó como un relámpago en medio de la tormenta.

  Kael quedó helado, incapaz de responder. ?Su familia…? ?El Nexo…?

  La tensión entre ambos era insoportable. El rugido del Ghoul, que resonaba en lo profundo de las ruinas, parecía un coro a la tragedia que comenzaba a desplegarse.

  Y en lo alto, Nymeria observaba con una sonrisa apenas perceptible.

  Ella sabía que no había odio más fuerte que aquel sembrado con mentiras.

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