El eco de la puerta cerrándose tras ellos retumbĂł en el vasto salĂłn en ruinas. La penumbra envolvĂa cada rincĂłn, y en el centro, Nymeria permanecĂa de pie como una estatua inmortal.
Kael fue el primero en hablar. Sus ojos cargaban con la intriga de siempre, esa necesidad incontrolable de entender lo que otros preferĂan llamar.
—“?Por qué no te gusta que te llamen Portadora?”
Nymeria lo mirĂł. Sus labios se curvaron en una mueca difĂcil de describir; No era enojo, ni tristeza, ni siquiera desprecio. Era algo distinto, algo que ni Kael ni Lyra pudieron leer.
Su respuesta fue corta, seca, como una pared impenetrable:
—“ Es simple Porque no me gusta Es anticuado.”
El silencio se extiende, denso, incĂłmodo. Kael y Lyra esperaban más, pero ella no dijo nada. Solo los observaba, sus ojos cargados de memorias que no podĂan comprender.
De pronto, Nymeria dejĂł escapar una peque?a carcajada, suave y quebrada, como si se riera de una broma cruel que solo ella entendĂa.
—“?QuĂ© creyeron ustedes…? ?Que habĂa una gran razĂłn? ?Una herida trágica que justificara todo?”
La risa muriĂł tan rápido como habĂa nacido, y su rostro se endureciĂł. Su voz adquiriĂł un tono frĂo, inquisitivo:
If you encounter this narrative on Amazon, note that it's taken without the author's consent. Report it.
—“DĂganme entonces… ?por quĂ© están aquĂ?”
Kael y Lyra se miraron. Era el momento de exponer sus motivos.
Con firmeza, Lyra dio un paso al frente:
—“Busco mi pasado… y la verdad de quién soy”.
Kael apretĂł los pu?os, su mirada fija en Nymeria:
—“Y yo busco el origen de mi poder. Sé que tú puedes darme esa respuesta”.
Nymeria los escuchĂł sin interrumpir. Su rostro se mantenĂa sereno, pero en sus ojos destellaba un brillo extra?o, mezcla de cálculo y melancolĂa.
Cuando ambos callaron, ella no respondió. Simplemente se giró, dándoles la espalda, caminando hacia lo profundo del salón.
Con voz apenas audible, como un pensamiento escapado sin querer, murmurĂł para sĂ misma:
—“Ellos me serán… muy útiles.”
El capĂtulo cerrĂł con esa frase cargada de ambigĂĽedad, dejando en el aire una duda imposible de ignorar:
?eran aliados… o solo piezas de su juego?

