El cristal de memoria volvió a brillar, proyectando nuevas imágenes frente a Kael, Kaelion y Lyra. Esta vez no habÃa guerra ni sangre… sino un bosque iluminado por la luna.
Allà estaba Valtherion Kaelaris, descansando contra un tronco. Su armadura plateada estaba da?ada, pero su mirada brillaba con algo que ninguno de los presentes pudo ignorar: esperanza.
De entre las sombras, apareció Nymeria, tal como habÃa sido hace trescientos a?os: ojos carmesÃ, piel pálida, un aura oscura que en aquel entonces nadie habrÃa confundido con humanidad. Ella lo miraba con desprecio contenido.
—?Por qué me sigues, humano? —preguntó con voz gélida.
Valtherion sonrió, incluso herido.
—Porque tus ojos… son los más tristes que he visto jamás. Y alguien deberÃa devolverles un poco de luz y esa persona quiero ser yo.
El recuerdo se quebró en múltiples escenas rápidas:
? Valtherion apareciendo una y otra vez donde sea que nymeria estaba.
—Un ramo de flores moradas dejadas sobre una roca.
—Un trozo de pan envuelto en tela, dejado en silencio frente a su guarida.
—Una melodÃa tocada en una flauta de plata mientras él esperaba sentado en la orilla de un lago.
Nymeria, en cada recuerdo, intentaba apartarse.
—No me busques.
—No soy para ti.
—No entiendes lo que soy.
Y sin embargo, él volvÃa cada vez, con una sonrisa terca y esos ojos que jamás la juzgaron.
—Lo entiendo —respondÃa Valtherion con serenidad—. Y aun asÃ, elijo quedarme.
Los tres jóvenes que presenciaban el recuerdo estaban en silencio. Ni Kael ni Kaelion podÃan apartar la vista, y Lyra… sintió un extra?o calor en el pecho.
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De pronto, el cristal mostró un combate.
En un valle iluminado por las estrellas, altheris —el guerrero ancestral del fuego, ancestro de Lyra— apareció con una espada envuelta en llamas vivientes.
—?Aléjate de ella, Valtherion! —rugió, mientras el fuego consumÃa el suelo a su paso.
—?Es una Reina Ghoul, un desastre viviente! ?Acaso no comprendes lo que arriesgas?... PodrÃa destruir la humanidad si quiere
Valtherion desenvainó su espada de plata, el metal respondiendo a su voluntad como un rÃo de luz.
—Lo entiendo mejor que nadie —contestó, con la calma de alguien que ya habÃa elegido—. Pero si la destruyes… destruirás también a la única mujer que he amado.
Los dos chocaron, plata contra fuego, creando una tormenta de energÃa que retumbaba en el aire. Los árboles se consumieron, el cielo se ti?ó de rojo. Era un combate de ideales, no de odio.
Nymeria, desde las sombras, lo observaba todo con los labios temblando.
Por primera vez, algo dentro de ella… se quebraba.
El recuerdo se deshizo lentamente, y de vuelta en la sala, Nymeria cerró los ojos.
—él me eligió… incluso cuando el mundo entero me veÃa como un monstruo. Y altheris jamás me perdonó por ello.
Kaelion frunció el ce?o, confundido entre odio y respeto.
Kael tenÃa los pu?os apretados, sintiendo el peso de aquella herencia.
Lyra, en cambio, bajó la mirada, preguntándose si el fuego que corrÃa por sus venas era el mismo que habÃa intentado matar a Nymeria siglos atrás.

