HabÃan pasado dos dÃas desde aquella noche de batallas y verdades.
El aire en la base de Nymeria era más liviano, pero la tensión entre ellos seguÃa latente.
Kael se encontraba junto a Lyra, escuchando cómo ella relataba su enfrentamiento con el Ghoul.
—Fue como pelear contra un abismo en llamas… —dijo Lyra, con la mirada fija en el suelo—. Pero algo en mà se encendió. No era solo fuerza… era como si alguien más me hubiera prestado su voluntad.
Kael escuchaba con atención, orgulloso y preocupado al mismo tiempo. Kaelion, por su parte, permanecÃa apartado, recostado contra una pared, con los brazos cruzados y la mirada en otra dirección.
—Esto ya no es mi lugar —murmuró de pronto, con tono frÃo—. Lo que sucedió entre nosotros no borra nada. Me marcharé.
Kael se giró hacia él, con un dejo de tristeza en su rostro. Pero antes de que Kaelion pudiera dar un paso, Nymeria apareció, como si hubiera estado esperando ese momento.
—No te irás todavÃa —sentenció, con una calma que resultaba más imponente que un grito—. Hay algo que ambos deben escuchar.
El silencio cayó sobre el lugar. Todos los ojos se posaron en ella. Nymeria avanzó hasta situarse frente a Kael y Kaelion, con un brillo extra?o en los ojos.
—Vuestro ancestro… el hombre que cargó con un poder que ni siquiera los Ghouls pudieron comprender… no estaba solo.el mas fuerte ese tiempo y por el que ahora existen los souls.
Las palabras resonaron como un trueno. Kael y Kaelion se quedaron inmóviles, incapaces de anticipar lo que venÃa después.
Nymeria respiró hondo, y sin apartar la vista de ellos, dejó caer la verdad:
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—y su esposa… fui yo.
Kael sintió que la sangre se le helaba. Su corazón golpeaba como un tambor, pero en el fondo, algo en su ser le decÃa que era verdad. Que la inmortalidad, la presencia enigmática y el aura de Nymeria lo confirmaban.
—No… no puede ser… —murmuró, tambaleándose hacia atrás, pero sin apartar la vista de ella.
Kaelion, en cambio, apretó los dientes con furia.
—?Esperas que crea semejante mentira? ?Qué tú, la Reina Ghoul, fuiste la esposa de mi ancestro? ?Patra?as!
Nymeria lo observó sin alterarse, y con voz baja, le respondió:
—Tu ni?ez… tus cicatrices no son solo fÃsicas, Kaelion. Recuerdo cuando solÃas esconderte en los campos al anochecer porque temÃas las sombras. Recuerdo tu llanto la primera vez que intentaste blandir una espada y tu padre te llamó débil. ?Quieres que continúe?
Los ojos de Kaelion se abrieron como platos. Nadie más sabÃa esas memorias. Nadie. Un escalofrÃo lo recorrió de pies a cabeza, y su incredulidad empezó a tambalearse.
—?Cómo… cómo sabes eso? —susurró con la voz quebrada.
Nymeria bajó la mirada por un instante, y con una tristeza que no solÃa mostrar, agregó:
—Porque yo estaba allÃ, siempre observando… aunque desde las sombras. La razón por la que no ayudé a vuestros padres aquella noche… es porque no estaba en el Punto Infernal. Solo tenÃa un informante. Y cuando supe la verdad, ya era tarde.
El silencio envolvió la sala.
Kael parecÃa atrapado entre la incredulidad y la aceptación; Kaelion, desgarrado entre el rechazo y la certeza de que esas memorias no podÃan ser inventadas.
Nymeria los miró a ambos, firme y solemne:
—Podéis odiarme todo lo que queráis… pero no podéis huir de la verdad de vuestra sangre.

