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003: Miedo

  003: Miedo

  Cuando una criatura nace con cinco dedos en sus manos una estrella posa su bendición en ella, por ejemplo un heleno que es bendecido por la estrella del lago, desde su nacimiento será capaz de generar agua desde sus manos y tendrá una resistencia natural a este elemento.

  El primer favor de todas las estrellas es el mismo: A los cinco a?os la estrella susurra su nombre al bendecido y este obtiene la capacidad de infundir algo con el elemento de la estrella. Un ser bendecido por la estrella de piedra es capaz de infundir su escudo en una capa de roca o incluso su mismísima carne con tal de hacerla más resistente.

  Para obtener cada favor hay un requisito que va escalando desde el primero hasta el quinto y solo se puede obtener un favor de mayor número si primero se obtuvo el anterior. Los requisitos de cada favor cambian de astro en astro con excepción del primer y tercer favor. Cada bendecido puede pedir una sola vez cada veinticuatro horas sus favores del primero al cuarto.

  El quinto favor el único en el sentido de que es capaz de romper todas estas reglas impuestas y por esto mismo solo los más capaces y bendecidos son quienes consiguen alcanzar este favor, quienes llegan a este rango alcanzar poderes capaces de cambiar el mundo.

  Sin embargo cada ser bendecido carga consigo un futuro impuesto por su estrella, cada destino es desconocido excepto por el sentimiento que sentirán al recibirlo. La temible estrella quemada dice que cada ser bendecido por su fuego algún día sufrirán un miedo peor a la muerte, un horrible terror que se quemará en cada recuerdo que le siga a su vida, pues ese es el tributo que ofrecen sus bendecidos a la estrella Flegetonte.

  …

  Las manos de Laconia sujetaban un enorme espadón con una hoja negra que visto desde lejos parecía más un garrote de piedra volcánica que una espada; tenía una empu?adura de granito con una gema roja puesta en el centro de la guarda y esta estaba llena de tallados que parecían huellas dactilares. La hoja negra parecía ser obsidiana, sin embargo era ridículamente resistente, Asterión en persona había presenciado a la espada recibir golpes de mazas, escudos y garrotes, con todo eso el espadón solo tenía peque?as astilladuras.

  Una vez pedido el favor a la estrella desde las manos de la bestiaria surgieron flamas que envolvieron completamente la espada de Laconia, cuando el fuego terminó de cubrir su arma por fin Asterión pudo presenciar con sus ojos incapaces de ver con claridad en la oscuridad a los myrmekes.

  Los myrmekes son criaturas que parecen ser la fusión entre una hormiga y un hombre, aunque la parte de insecto es mucho más predominante que la otra, tienen torsos helenísticos con una cabeza y dos brazos completamente cubiertos por un exoesqueleto de quitina roja que les da una apariencia de armaduras vivientes, sus piernas en realidad parecen más un segundo torso con cuatro patas afiladas y con largos pelos muy separados unos de otros, están armados con lanzas y escudos que simplemente son restos de otras hormigas ahora utilizados como herramientas para la guerra y, por supuesto, solo tienen cuatro dedos en sus manos.

  — ?Tú preocúpate por matarlas, yo me encargo del chico!

  Una vez escuchada la orden del polemarca la bestiaria se impulsó directo hacia la hormiga más cercana, con una estocada atravesó por completo al bicho mientras el fuego de su espada salió disparado contra otro myrmeke.

  — Dos.

  Mientras el myrmeke moría quemado tres de sus compa?eros rodearon a la bestiaria y se abalanzaron contra ella, pusieron sus escudos en frente para aplastar a su enemigo. El anillo de bronce de Laconia brilló intensamente y una bola de fuego salió disparada contra una de las hormigas, el impacto fue suficiente para destrozar su escudo y darle muerte con sus llamas.

  El anillo para los helenos sirve como un catalizador de su bendición, el equivalente a tener un arco del tama?o de una moneda. La bestiaria solo concentró sus plegarias en su anillo y la bendición que normalmente saldría de sus dedos como una peque?a llamarada se moldeó en un proyectil mortal. Sin embargo al igual que un arco cada anillo debe recargarse luego de disparar, dejando a su usuario a merced de su habilidad cuerpo a cuerpo o de un favor.

  Asterión intentaba arrastrar al heleno herido bajo el minotauro pero con su pobre fuerza le era imposible moverlo un solo centímetro.

  Las dos hormigas restantes siguieron su intento de aplastar a la bestiaria, incluso con su arcaica inteligencia ellas sabían que los helenos no podían disparar sus anillos varias veces seguidas y aun así otra llamarada de fuego cubrió por completo a otro myrmeke, esta vez el fuego salió de la boca de la bestiaria, no fue parte de su bendición, solo una ventaja biológica de la parte lerna mezclada en su sangre. Finalmente la tercera hormiga logró golpear a la bestiaria, pero ella venció el empuje con su hombro lanzando al insecto contra su espalda y dejando caer su espadón dándole muerte en un instante.

  — Cinco.

  Las diez hormigas restantes no planearon ningún rodeo ya que en sus mentes simplemente atacar con números bastaría, los myrmekes corrieron por el suelo y paredes del laberinto contra la bestiaria, su planteamiento era correcto pues al final cualquier batalla con ventaja numérica significaría una victoria segura, pero ellas no fueron bendecidas por los cielos.

  — Phobos.

  El primer favor es regalado por las estrellas simplemente por mantenerse con vida, pero el segundo ya comienza a mostrar sus verdaderas intenciones, este requiere simplemente cumplirle un capricho a la estrella y el capricho que la estrella quemada le pidió a Laconia fue algo bastante sencillo para ella; asustar con fuego a un bendecido. Desde entonces la estrella le otorgó su fuerza a la bestiaria, el poder del miedo.

  Las llamas se acumularon frente a la bestiaria hasta cubrir los diez metros de alto del laberinto, estas flamas formaron lo que parecía ser la boca de una serpiente la cual se disparó como una lanza contra las hormigas calcinándolas al instante. Lo que quedó fueron solo restos de cenizas que cubrieron el suelo y paredes del túnel.

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  — Listo.

  Mientras tanto Asterión seguía intentando en vano arrastrar al hombre fuera del cadáver que lo aplastaba, Laconia levantó al minotauro con una de sus manos y uso la otra para sacar al heleno de su encierro.

  — Gracias linda —Asterión le hizo un gui?o a su compa?era pero ella ni siquiera miró en su dirección.

  — Vámonos.

  Laconia y Asterión pusieron al joven herido sobre sus hombros y volvieron al campamento a paso ligero mientras trataban de mantener el silencio.

  — Oye Laconia —dijo el polemarca lo más bajo que pudo.

  — Silencio.

  — ?Miraste su equipo?

  — Sí, es nuestro explorador —La cola de Laconia golpeo la espalda de Asterión.

  — Silencio entiendo, pero hiciste un gran espectáculo ahí atrás, dudo que alguna hormiga haya escapado.

  Al terminar su frase la bestiaria detuvo su paso y concentró sus oídos, cientos y cientos de pisadas punzantes resonaron contra las paredes del laberinto las cuales se hacían más fuertes cada segundo.

  — Lo sient-.

  Laconia agarró al heleno inconsciente sobre su hombro, a Asterión bajo su brazo y corrió de regreso al puesto de avanzada. Las pisadas de las hormigas se hacían cada vez más ligeras mientras las luces del campamento se hacían más brillantes.

  — No lo entiendo, no dejaste escapar a ninguna ?Por qué vienen hacia nosotros?

  — No importa concéntrate.

  Los vigías de la puerta vieron correr a la bestiaria a lo lejos y levantaron sus armas pidiéndole que se detuviera, pero no había tiempo para formalidades, Laconia saltó la puerta utilizando toda su fuerza mientras Asterión tomaba aire para anunciar su llegada.

  — ?MYRMEKES POR EL ESTE!

  Las risas, conversaciones y juegos se detuvieron mientras todos los soldados observaron a la lerna caer contra el suelo con el polemarca y un joven guerrero en sus brazos. Laconia dejo caer a Asterión y este se levantó corriendo a recibir al capitán quien salió inmediatamente de su tienda.

  — ?Myrmekes? —dijo el aún herido capitán.

  — No sé cuántos en detalle pero son muchos y se dirigen a la puerta, estaban comiéndose los restos de un grupo de avanzada caído contra minotauros, logramos salvar a uno de ellos.

  El capitán golpeó el pecho al polemarca quien cayó sobre su espalda.

  — ?Los trajiste aquí, no te basta con hacer de lastre a una bestiaria de élite como Laconia que ahora quieres matarnos a todos?

  El espadón de Laconia apuntaba al cuello del capitán.

  — ?Por qué sirves al Destrellado? Con tu fuerza podrías alcanzar incluso a los arcontes.

  La bestiaria no respondió y simplemente utilizó su cola para ayudar al polemarca a levantarse.

  — Me odies o no capitán, tenemos una horda de hormigas camino a Helena y necesito su fuerza —Asterión volvió a ponerse en frente del viejo soldado.

  — … Algún día tendrás que luchar tus propias batallas Destrellado, quizá así entiendas que la vida de ese ónice no vale la de todo este campamento —el capitán levantó su cabeza y tomó aire — ?A SUS POSICIONES, MYRMEKES POR LA DERECHA!

  Hoplitas y toxotes corrieron por su equipo, las puertas se abrieron para dejar pasar decenas de soldados con lanzas, espadas y escudos de un bronce brillante, los sonidos de las pisadas de las hormigas lentamente iban llenando los silencios y en apenas un minuto el tranquilo campamento ahora estaba completamente preparado para recibir el ataque.

  Laconia y Asterión intentaban despertar al joven explorador, llevaba un casco ilirio de bronce y con una gema verde adornando su frente, bajo este se encontraba un rostro sucio pero fino adornado con una cabellera rubia y lisa que se extendía hasta cubrir su cuello. El linotórax que protegía su cuerpo estaba destrozado por varios cortes uno de ellos bastante profundo cerca de su estómago, seguramente causado por las hachas que suelen portar los minotauros, aún con todo ninguna herida pareció llegar a sus órganos además de que sus brazos y piernas solo tenían algunas rasgu?aduras.

  — Vivirá, vamos. —Laconia alzó su mirada hacia Asterión luego de cauterizar con su mano la única herida peligrosa en el torso del soldado.

  — ?… Que saben ellos del valor de una vida?

  Asterión siguió mirando al soldado herido hasta que un ligero golpe en el hombro de su bestiaria lo hizo volver en sí.

  — ?Y tú sabes cuánto vale su vida?

  Laconia no apartó su mirada del polemarca pero apuntó con su cola al ónice explorador.

  — No… No tengo idea —Asterión bajo su cabeza observando el piso.

  — Bueno, sobrevivamos y averigüémoslo.

  La bestiaria levantó al polemarca y caminaron hacia la puerta, los sonidos de las pisadas eran tan fuertes que había que alzar la voz para escucharse los unos a los otros.

  Las torres cubriendo la enorme puerta de madera tenían cinco toxotes cada una con un barril lleno de flechas en sus espaldas, al frente del portón tres líneas de cinco hoplitas protegían la entrada, el capitán estaba en la primera de estas filas. Asterión y Laconia esperaron desde detrás de la puerta mientras otros dos ónices sin experiencia en combate cerraron la entrada, el polemarca se sentó con su espalda contra la madera y con su mano se rascaba su barbilla mientras pensaba alguna estrategia.

  — ?Cuántos son Laconia?

  — Escucho decenas, más de cien eso seguro.

  — Los toxotes cubrirán el techo y las paredes, preocúpate de proteger al capitán y no gastes tu tercer favor a menos que sea extremadamente necesario.

  Laconia simplemente asintió con la cabeza y saltó hacia el otro lado. Los dos jóvenes ónices observaban con confusión al polemarca el cual comenzó a escalar una de las torres vacías de la puerta oeste. Ambos adolescentes lo siguieron hasta arriba.

  — Eh, se?or las hormigas vienen por el este —dijo uno de los jóvenes.

  — Lo sé, pero desde aquí también se puede ver algo del combate sin estorbar a los toxotes.

  De su bolsa sacó una especie de tubo de madera con dos lentes en cada extremo, estos lentes tenían en el centro el símbolo del arconte de la luz, el carnero de oro.

  — ?Qué es eso? —preguntó el otro joven.

  — Me ayuda a ver desde lejos, un regalo del arconte. Tengo otro por si también quieren observar, el arconte lo llama telescopio.

  Asterión y los dos ónices que peleaban por compartir el tubo de madera observaban desde la torre oeste como el fondo del laberinto se te?ía lentamente del rojo de los exoesqueletos de los myrmekes, corrían por las cuatro paredes conformando el túnel mientras chillaban por las tenazas de sus bocas.

  — Usted es el polemarca ?No le dará instrucciones a su bestiaria?

  Su amigo le tapó la boca inmediatamente.

  — Shh, es el Destrellado, es su bestiaria es la lerna bastarda, ella es quien hace todo por él.

  El joven susurraba pero estaban tan cerca del polemarca que escucho todo de todas formas.

  — Es cierto que Laconia se encarga del combate, yo solo ayudo si hay una emergencia.

  Los ónices se miraron extra?ados.

  — ?Y de qué forma puedes ayudar sin una bendición?

  — Depende de la emergencia. De todas formas todo va a estar bien, si fueran minotauros estaríamos muertos pero tenemos suficientes números para defender la puerta.

  Laconia desde la primera fila lanzó una bola de fuego con su anillo, consiguiendo la primera sangre del enfrentamiento, siguió una lluvia de flechas que diezmó a varios myrmekes en el techo y paredes, pero eran tantos que no se detuvieron ni un segundo y simplemente arrollaron a los caídos.

  — Quien no tenga el telescopio que vigile la otra entrada.

  Cuando uno de los ónices se dio vuelta vio a una hormiga desde lo más profundo del laberinto mostrar su cabeza de entre las sombras para luego mostrar su espalda y desaparecer entre la oscuridad.

  — ?Destrellado!

  — ?Qué pasa?

  — Vendrán por ambos lados.

  Asterión bajo el telescopio y se giró para observar el rostro horrorizado del joven, le siguió un largo suspiro que parecía no acabar nunca miraba la oscuridad del túnel oeste.

  — Bueno, tenemos una emergencia.

  A pesar de su tono negativo, una peque?a risa se escapó del polemarca y al terminar de guardar su telescopio este puso sus manos en los hombros de los dos jóvenes ónices.

  — Por esta noche ustedes dos son parte de la falange del Destrellado, hay que buscar un plan para defender la puerta por nuestra cuenta.

  Ambos ónices se asustaron con las palabras del polemarca con un rostro como si hubieran visto al mismísimo Flegetonte en persona.

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