Dejar atrás los niveles superiores del Alto Gremio fue como descender de una cumbre azotada por el viento a un valle húmedo y ruidoso. El mármol pulido y el silencio reverente dieron paso a pasillos de piedra más funcional, gastada por incontables pasos, y el aire perdió su cualidad estéril, cargándose gradualmente con el estruendo amortiguado de la actividad. Al cruzar un último arco vigilado por guardias cuya mirada se deslizó sobre ellos con calculada indiferencia –eran reconocibles ahora, etiquetados, parte del sistema–, entraron en el Gran Salón de Afiliados del Nivel Dos, y el cambio fue abrupto y sensorialmente abrumador.
Si los niveles superiores eran el cerebro calculador del Gremio, esto era su estómago rugiente, su corazón palpitante y caótico. Era una caverna artificial inmensa, mucho más vasta de lo que las escaleras sugerían, iluminada no por elegantes luces arcanas, sino por grandes globos de cristal que emitían un resplandor amarillento y funcional, y por el brillo intermitente de terminales rúnicos repartidos por el espacio. El techo, aunque alto, se perdía en una bruma de polvo y humo ascendente de alguna forja cercana o laboratorio alquímico. El ruido era una cacofonía constante: el martilleo rítmico de metal contra metal proveniente de talleres adyacentes, el burbujeo de calderos, el zumbido de dispositivos Magitek siendo probados, el regateo airado en una esquina donde se comerciaba con componentes recuperados, y sobre todo, el murmullo incesante de cientos de conversaciones en una docena de idiomas diferentes. El aire olía a una mezcla acre de sudor rancio, cerveza derramada, aceite de máquina, pociones baratas con olor a azufre y el polvo omnipresente de la piedra trabajada.
Martín sintió la transición como un golpe físico. Sus sentidos, ya alterados, luchaban por procesar el torrente de información. La multitud era un mosaico abigarrado de razas y propósitos, un ecosistema propio dentro de los muros del Gremio. Vio enanos robustos, sus barbas trenzadas recogidas para no estorbar mientras comparaban la calidad de picos de minería encantados; elfos con elegantes armaduras de cuero tachonado, claramente incómodos en el gentío pero consultando mapas estelares en una esquina tranquila; grupos de humanos mercenarios, cubiertos de cicatrices y con miradas endurecidas, limpiando sus armas o contando monedas ruidosamente sobre una mesa; un par de Hombres Bestia –un imponente hombre oso y una ágil mujer pantera– que intentaban pasar desapercibidos cerca de una salida, sus orejas girando nerviosamente; y varios gnomos enfrascados en una acalorada discusión sobre la calibración de un artefacto que chisporroteaba peligrosamente. Era un microcosmos del mundo exterior, pero canalizado, contenido y clasificado por la maquinaria invisible del Gremio. Martín tuvo la clara imagen de formas diversas –los sólidos cuadrados enanos, los fluidos óvalos humanos, las afiladas líneas elfas– siendo forzadas a través de cribas estandarizadas, limadas en los bordes hasta encajar, de mejor o peor gana, en las categorías C, B, A , S o SS.
Althaea, a su lado, se había tensado visiblemente, su mano descansando sobre la empu?adura de su lanza corta como si esperara un ataque inminente. Sus ojos ambarinos se movían rápidamente, evaluando cada sombra, cada grupo ruidoso, cada posible amenaza en ese mar de extra?os. La cacofonía y el olor artificial parecían agredirla físicamente. Thorian, en cambio, observaba el caos con una especie de distante interés profesional, ya identificando tipos de aleaciones en las armaduras o la probable fuente del humo sulfuroso.
Notaron los métodos de comunicación del Gremio: junto a los brillantes terminales rúnicos donde afiliados más tecnológicamente inclinados deslizaban dedos o estiletes sobre superficies luminosas, había enormes tablones de corcho oscuro, casi arqueológicos, atestados de pergaminos amarillentos, notas clavadas con dagas oxidadas y trozos de cuero con mensajes crípticos. "Se busca: Escolta armada para caravana a las Marcas Grises. Pago: negociable (alto riesgo). Preguntar por Borin el Tuerto en 'La Jarra Rota'." "?Urgente! Se necesita experto en desactivación de trampas Goblins para incursión en las Cloacas Viejas. Recompensa generosa. Contactar a Milla." "Perdido: Grifo joven, responde al nombre de 'Céfiro'. última vez visto sobrevolando el Distrito de los Artesanos. Recompensa sentimental." Era un sistema dual, reflejo de la diversidad de sus miembros y quizás, pensó Martín, de la propia resistencia del Gremio a modernizarse por completo.
Mientras avanzaban, tratando de orientarse, presenciaron vi?etas de la vida diaria del Gremio. Un elfo esbelto, vestido con sedas de colores imposibles y portando una única y extravagante pluma de ave del paraíso arcano en su elaborado peinado, gesticulaba dramáticamente frente a un empleado hastiado. "?Pero es que no lo entiendes!" exclamaba con voz aflautada. "?La disposición cromática de las petunias mágicas en los parterres del Distrito del Sol es una afrenta estética de primer orden! ?Es caótica! ?Requiere una intervención inmediata de Nivel Gamma para restaurar la armonía visual!". El empleado asentía con la mirada perdida. No muy lejos, un troll enorme, vestido con un taparrabos de cuero remendado y portando una peque?a bolsa de cuero que parecía ridícula en su mano gigantesca, miraba con perplejidad un formulario oficial. Se rascó la cabeza llena de verrugas con un dedo como un tronco peque?o y preguntó en voz alta a nadie en particular, su voz un retumbar de grava: "?Dónde... firma... Grog? ?Hay que poner... nombre entero? Grog solo saber Grog."
Martín sonrió levemente ante la escena, un destello de humor en medio de la opresión. Pero la sensación predominante era la de ser insignificante, una pieza más en el vasto mecanismo. Aquí, su habilidad única, su origen de otro mundo, la fusión caótica que ardía bajo su piel... nada de eso importaba. Era C-Vega, un número de registro, otro aspirante en la colmena. La indiferencia calculada del sistema era, a su manera, tan intimidante como la vigilancia directa de Valerius. Finalmente, divisaron su objetivo: el mostrador principal de Asignación de Misiones, una larga barra de piedra oscura tras la cual varios empleados como Maelor procesaban solicitudes con una eficiencia deshumanizada. Una cola considerable ya serpenteaba frente a él. Respiraron hondo. Era hora de entrar oficialmente en el juego.
Sección 2: Engranajes del Ascenso: Rangos y Recompensas
Tras una espera que se sintió más larga de lo que probablemente fue, inmersos en el murmullo constante y el flujo y reflujo de afiliados, finalmente llegaron al frente de la cola. Detrás del mostrador de piedra oscura, Maelor, el mismo empleado de aspecto funcionarial que habían visto brevemente antes, estaba terminando de sellar un documento para un enano corpulento que refunfu?aba por lo bajo sobre "tasas de procesamiento". Sin levantar la vista, Maelor hizo un gesto vago hacia ellos.
"Credenciales," dijo, su voz tan plana y sin inflexiones como el día anterior.
Martín deslizó las tres placas metálicas sobre el mostrador. Maelor las recogió con dedos ágiles y las pasó por un lector rúnico incrustado en la superficie de piedra. Una serie de glifos verdes parpadearon brevemente en una peque?a pantalla adyacente.
"Registro C-Vega," confirmó Maelor, devolviéndoles las credenciales sin mirarlos a la cara. Tecleó algo en su propio terminal. "Afiliación confirmada. Nuevos en el sistema. ?Primera solicitud de misión?"
"Antes de eso," intervino Thorian, dando un paso al frente y apoyando sus nudillos en el mostrador, su tono mezclando impaciencia y un aire de superioridad científica mal disimulada. "Necesitamos una clarificación sobre la metodología de asignación de rangos y el protocolo de progresión. La designación 'C' parece... preliminar, cuanto menos, dadas nuestras capacidades demostradas."
Maelor levantó la vista por primera vez, sus ojos grises encontrándose con los de Thorian por encima de sus gafas de contable. Hubo un levísimo atisbo de fastidio en su expresión antes de que volviera a su máscara de neutralidad profesional. "El sistema de rangos del Gremio opera bajo el protocolo estandarizado de Ascenso de Mérito Validado, como sin duda se les informó," recitó con la monotonía de quien ha repetido lo mismo mil veces. "Rango C es el punto de entrada estándar para todos los nuevos afiliados, independientemente de sus... autopercepciones de habilidad." Hizo una pausa casi imperceptible. "La finalización exitosa de misiones asignadas, debidamente ratificada por el cliente mediante el Token de Contrato Validado y auditada internamente por el Departamento de Supervisión de Misiones, otorga Puntos de Prestigio."
Continuó, su voz un zumbido eficiente: "Al alcanzar el umbral requerido de Puntos de Prestigio y demostrar una competencia operativa consistente, el grupo puede solicitar formalmente una Reevaluación de Sinergia y Competencia. Si la evaluación es favorable, se procederá a la promoción a Rango B." Hizo un gesto hacia un diagrama esquemático grabado en el propio mostrador. "Subsecuentemente, el proceso se repite para Rango A, luego Rango S, y finalmente, para los operativos de élite excepcionales, el Rango SS. Cada Nivel de Confianza Operativa," – usó el término oficial con una precisión casi robótica – "desbloquea acceso a misiones de mayor índice de Relevancia Estratégica y, por supuesto, a una Asignación de Recursos más sustancial."
Se?aló diferentes secciones del diagrama. "Los beneficios de acceso zonal también son graduales. Rango C," dijo, tocando la base del diagrama, "permite acceso a este salón, la Tesorería básica y los Campos de Entrenamiento para Principiantes. Rango B a?ade los Archivos Menores y los Talleres de Mantenimiento Básico. Rango A," su dedo subió un nivel, "concede entrada a la Biblioteca Principal 'Lux Veritas', a los Laboratorios Supervisados de Innovación Arcana y a las Zonas Comunes Ejecutivas en los niveles superiores." Se detuvo antes de llegar a S y SS. "Los rangos superiores disfrutan de prerrogativas caso por caso, sujetas a la discreción y necesidad del Alto Consejo." Su tono dejaba claro que esa información era irrelevante para ellos en ese momento.
Thorian resopló audiblemente, el sonido como una fuga de vapor en una caldera. "?Rango C! ?Acceso a 'Talleres de Mantenimiento Básico'! ?Ridículo!" Sacó su tablilla de datos con un movimiento brusco y empezó a garabatear runas a una velocidad asombrosa. Martín pudo oírle mascullar entre dientes: "...parámetros de evaluación inicial claramente insuficientes... falta de consideración por innovación tecnológica demostrada... sesgo inherente hacia métricas de combate convencionales... anotar para futura reclamación formal sobre revisión de metodología de categorización..."
Althaea observaba a Maelor con una mirada fija e indescifrable, su mano nunca lejos de su lanza corta apoyada discretamente contra su pierna. El sistema de rangos, con sus nombres rimbombantes y su estructura jerárquica, le parecía otra forma de enjaular y clasificar, tan artificial como los muros de la ciudad.
Martín asintió lentamente, procesando la información. El camino hacia la Biblioteca, hacia las respuestas que necesitaba, pasaba inevitablemente por este sistema de rangos, por acumular "Puntos de Prestigio" bajo la atenta mirada del Gremio. Era un juego que tendrían que jugar. "Entendido," dijo simplemente. "Entonces, ?cómo accedemos a las misiones disponibles para nuestro... Nivel de Confianza Operativa actual?"
Maelor asintió, satisfecho de volver al procedimiento estándar. "Por supuesto. Pueden consultar los encargos disponibles para Rango C en los terminales rúnicos designados. Hay uno libre allí." Se?aló con un gesto de la barbilla hacia una de las pantallas de obsidiana que brillaba cerca. "Filtren según sus preferencias. Cuando hayan hecho una selección, vuelvan aquí para formalizar la aceptación."
Sección 3: El Valor del Riesgo: Contratos y Pagos
Martín asintió y dio un paso hacia el terminal rúnico indicado por Maelor, pero Thorian lo detuvo con un gesto rápido, su mente claramente trabajando a toda velocidad tras la explicación de los rangos. Se volvió hacia el empleado, su expresión ahora puramente inquisitiva.
"Un momento, Administrador Maelor," dijo, usando el título formal con una precisión casi irónica. "Antes de proceder a la selección de encargos, requerimos una clarificación exhaustiva sobre el protocolo de validación de pagos y la estructura exacta de la compensación. La eficiencia operativa depende de la comprensión total de las variables."
Maelor suspiró internamente, aunque su rostro permaneció impasible. Explicar las finanzas a los afiliados, especialmente a los tipos analíticos como este enano, siempre era la parte más tediosa. Recuperó su tono monótono de manual de operaciones. "El procedimiento es estándar, Ingeniero Ironfist, y está optimizado para garantizar la equidad contractual y la seguridad transaccional para todas las partes involucradas: el cliente, el Gremio y el afiliado operativo."
Se?aló un diagrama de flujo simplificado grabado con luz rúnica en la superficie del mostrador, que se iluminó levemente al tocarlo. "Paso uno: las solicitudes de misión son ingresadas en el sistema exclusivamente por clientes cuya identidad, reputación y, crucialmente, solvencia económica han sido rigurosamente verificadas por la Oficina de Contratos y Fianzas del Gremio. No listamos encargos de fuentes dudosas."
Continuó, siguiendo el flujo del diagrama con un dedo enguantado. "Paso dos: cada listado de misión activo que visualizarán en el terminal detalla parámetros clave: objetivo primario cuantificable, ubicación geo-referenciada con margen de error estándar, clasificación de peligro estimado basada en algoritmos de riesgo – sujeta a la necesidad de evaluación dinámica en el campo, por supuesto –, y la Asignación Neta de Recursos Garantizada." Hizo una pausa deliberada, dejando que el término resonara, observando sus reacciones. "Esta cifra representa la cantidad exacta y final de créditos estándar del Gremio que serán transferidos a su cuenta UTRAP designada tras la validación exitosa de la finalización del encargo."
"?Y el proceso de validación?" inquirió Martín, manteniendo su voz neutral, aunque la palabra "Neta" ya había encendido una peque?a alarma en su mente, acostumbrada a buscar costes ocultos en contratos de software.
"Sencillo y seguro," afirmó Maelor. "Al aceptar formalmente un encargo en este mostrador, se les entregará un Token de Contrato Validado, codificado específicamente para esa misión. Es un dispositivo rúnico menor, como este." Levantó brevemente un peque?o cilindro de metal opaco de una bandeja cercana antes de devolverlo a su lugar. "Una vez que el objetivo de la misión se haya cumplido a satisfacción verificable del cliente, este debe signar el documento de validación asociado –que también se les entregará– en presencia del token, el cual debe estar activado por usted o un miembro de su equipo."
Prosiguió, se?alando otra etapa en el diagrama luminoso: "El token registra la firma energética del cliente, la hora, la ubicación aproximada y realiza una comprobación básica de coherencia volitiva para prevenir fraudes evidentes. A su regreso a Lumina, presentan el token activado con el registro de firma y el documento físico signado en la ventanilla de Tesorería del Gremio, convenientemente ubicada en el Nivel Uno, cerca del Salón de Cambios. Tras una rápida auditoría de validación cruzada por parte de nuestros analistas financieros –generalmente en menos de un ciclo de campana–, la Tesorería procesa la transferencia electrónica de la Asignación Neta a su cuenta UTRAP. Eficiente, seguro, rastreable."
Thorian, que había estado siguiendo la explicación con intensa concentración, tamborileó con los dedos sobre el mostrador. "Eficiente, quizás. Pero repite el término 'Asignación Neta'. Mi experiencia en ingeniería de sistemas me dice que donde hay un valor 'neto', suele existir un 'bruto' del que se han deducido ciertos factores. ?Estoy en lo correcto al inferir que la cantidad que el cliente paga al Gremio es superior a la que el afiliado recibe?"
Maelor permitió que una finísima sonrisa asomara en sus labios. Era casi imperceptible, la sonrisa de un burócrata que disfruta de la precisión de las reglas, especialmente cuando benefician a la institución. "Una observación astuta, Ingeniero. Efectivamente, existe una diferencia entre la Tarifa de Servicio al Cliente y la Asignación Neta al Afiliado." Su tono se volvió aún más suave, casi confidencial. "El Gremio aplica una contribución operativa estándar a cada transacción."
Enumeró los puntos como si estuviera leyendo una lista invisible: "Esta contribución cubre una variedad de servicios esenciales: el mantenimiento constante de la infraestructura mágica de nuestra red de terminales y comunicaciones seguras, la seguridad de datos encriptados de misiones y afiliados, los extensos servicios administrativos que requiere la gestión de miles de contratos, la rigurosa verificación previa de la identidad y solvencia de los clientes para protegerlos a ustedes de impagos o fraudes, y por supuesto, el seguro de responsabilidad limitada del Gremio que ofrece una compensación básica en caso de... incidentes operativos catastróficos o resultados imprevistos durante una misión sancionada." Hizo un gesto amplio y conciliador. "Es un porcentaje nominal, como puede ver, deducido previamente de la tarifa total para asegurar la máxima transparencia en la Asignación Neta que ustedes, nuestros valiosos afiliados, reciben. Un simple detalle logístico, fundamental para mantener la eficiencia, seguridad y reputación del sistema que nos beneficia a todos."
"Conveniente," repitió Althaea, esta vez con un tono más cortante. "Beneficia al Gremio, querrás decir."
"Mutuamente beneficioso, se?ora," corrigió Maelor con inquebrantable cortesía profesional. "El Gremio proporciona la plataforma, la seguridad y la clientela. Ustedes proporcionan la habilidad y asumen el riesgo. Una simbiosis probada por siglos."
"Una simbiosis donde uno de los simbiontes parece llevarse la parte del león," murmuró Thorian, anotando algo más en su tablilla.
"El sistema funciona," concluyó Maelor, su paciencia empezando a agotarse visiblemente. "Ahora, si son tan amables, el terminal rúnico de allí les espera para que puedan empezar a contribuir a esta beneficiosa simbiosis. La cola detrás de ustedes está mostrando una impaciencia que podría afectar negativamente la atmósfera de eficiencia operativa del salón." Se?aló con un gesto más firme esta vez. Los mercenarios detrás de ellos efectivamente parecían estar a punto de empezar a afilar sus armas en el suelo por puro aburrimiento.
Martín intercambió una mirada con Althaea y Thorian. Las reglas estaban claras, al menos en la superficie. El Gremio era una máquina bien engrasada, eficiente y, sin duda, rentable para sí misma. "Entendido," dijo Martín, dando por terminada la lección de economía gremial. "Gracias por su tiempo, Administrador Maelor." Se dirigieron hacia el terminal indicado, dejando atrás al empleado que ya atendía al siguiente afiliado con la misma expresión de neutralidad ensayada. El valor del riesgo era claro, pero el valor de la recompensa parecía deliberadamente calculado para mantenerlos siempre necesitando la siguiente misión.
Sección 4: La Pizarra Rúnica: Misiones y Misterios
El terminal rúnico designado era una losa vertical de obsidiana pulida, de unos dos metros de alto por uno de ancho, incrustada en la pared de piedra entre dos tablones de anuncios de corcho abarrotados. Su superficie era completamente negra y lisa hasta que Thorian, impaciente, la tocó con un dedo enguantado. Al instante, cobró vida con un suave zumbido y un torrente de runas luminosas de color ámbar que fluyeron por la pantalla antes de organizarse en una interfaz estructurada: columnas, categorías, filtros y una larga lista desplegable.
"Interfaz estándar modelo Gamma-7 del Gremio," diagnosticó Thorian con un resoplido. "Anticuada, pero funcional. Los protocolos de encriptación son decentes, aunque la optimización del flujo de datos deja mucho que desear." Empezó a manipular los controles flotantes que aparecieron al contacto, filtrando rápidamente por "Rango C", "Región: Todas (Excluyendo Zonas de Conflicto Activo Nivel Alfa)" y "Tipo de Misión: Todas". La lista se redujo considerablemente, pero aún contenía cientos de entradas.
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Martín se acercó, sus ojos adaptándose al brillo ámbar de las runas. La interfaz era intuitiva en su dise?o básico –claramente pensada para ser utilizada por una amplia gama de especies y niveles de habilidad técnica– pero bajo la superficie, sintió la complejidad del código subyacente. Activó sutilmente su visión de código, no con la intensidad que usó en Karak Dhur, sino con un enfoque más ligero, casi como leer entre líneas.
Las capas de la interfaz se desplegaron en su mente: el código de presentación visual, las llamadas a la vasta base de datos central del Gremio, los múltiples filtros de seguridad y acceso basados en su credencial de Rango C... y luego, los metadatos asociados a cada entrada de misión. Y fue allí donde empezaron a surgir las peculiaridades.
Tal como Maelor había minimizado, un número sorprendente de misiones listadas tenían fechas de publicación que se remontaban meses, incluso a?os atrás. Vio misiones marcadas como "Activa" que llevaban tres, cuatro, cinco a?os en el sistema. Sus índices de prioridad asignados por el algoritmo del Gremio eran consistentemente bajos, marcados con runas que indicaban "Baja Relevancia Estratégica" o "Retorno de Inversión Mínimo Estimado". Las ubicaciones eran casi exclusivamente en los márgenes del mundo conocido o en regiones consideradas "poco desarrolladas" o "logísticamente desfavorables": aldeas remotas en las profundidades de Veloria, puestos fronterizos olvidados en las estribaciones de Askarath, peque?as islas en archipiélagos no cartografiados.
Encontró de nuevo la misión del gato perdido en la Jungla de las Sombras, activa desde hacía dos a?os, con la nota sarcástica del administrador adjunta. Localizó otra: "Investigar fuente de contaminación lumínica intermitente en pantano Salmuera. Cliente: Ermita?o Grel. Activa: 3 a?os." Nota adjunta: "Probablemente luciérnagas mutadas. Ermita?o Grel es conocido por su consumo excesivo de hongos locales. Baja prioridad."
Y luego estaba la misión de escolta que ya había llamado su atención, cerca de la frontera con Veloria: "Escolta requerida para erudito a ruinas pre-Convergencia designadas R-V-7. Objetivo: Recuperación de artefacto menor (descripción clasificada Rango B). Cliente: Maestro Elmsworth (verificado). Activa: 10 meses." Y debajo, el historial de intentos fallidos que ya conocía: Cliente hostil, Información contradictoria, Cliente no respondía preguntas. Algo en esa misión en particular le provocó un escalofrío, una sensación de información deliberadamente ofuscada.
Althaea, mirando por encima del hombro de Martín, frunció el ce?o al ver las fechas. "A?os... ?Por qué dejarían estas tareas pudriéndose en el sistema si nadie las quiere?"
"Ineficiencia burocrática o política de almacenamiento de datos a largo plazo," teorizó Thorian, aunque parecía intrigado. "O quizás," a?adió, con un brillo especulativo, "sirven como un filtro natural. Misiones que solo aceptan los desesperados, los novatos... o aquellos que buscan algo específico fuera de las rutas habituales."
Martín asintió lentamente, su visión de código aún activa. Se?aló con el dedo una de las entradas más antiguas, una misión para investigar "patrones climáticos anómalos" en una remota cadena monta?osa. "?Y estas? ?Nadie ha ido en cinco a?os?"
Se dirigió de nuevo al mostrador, aprovechando que la cola se había disipado momentáneamente. "Maelor, disculpa. Sobre estas misiones tan antiguas en zonas remotas... ?realmente siguen siendo válidas? ?Los clientes aún esperan una resolución después de tanto tiempo?"
Maelor levantó la vista de sus papeles, su expresión tan inmutable como siempre. "La validez del contrato se mantiene mientras la cuota de listado del cliente esté activa, caballero. El Gremio no juzga la paciencia o las expectativas de sus clientes. Si una misión está listada como 'Activa', entonces está disponible para ser aceptada." Se encogió de hombros, un gesto mínimo de indiferencia administrativa. "Como dije, son encargos en zonas periféricas. Logísticamente complejos, a menudo con recompensas que no justifican el riesgo o el tiempo de viaje para equipos que buscan optimizar sus beneficios por ciclo. Quedan disponibles para afiliados con necesidades específicas: acumular experiencia básica, probar nuevo equipo en condiciones reales, o quizás para aquellos cuyas rutas personales coinciden con la ubicación." Volvió a sus papeles, dando por zanjado el asunto. La respuesta era estándar, ensayada, y completamente insatisfactoria. Era evidente que había historias detrás de esas misiones olvidadas, historias que el Gremio no tenía interés en divulgar.
Sección 5: Estrategia en la Calma: La Decisión del Grupo
Dejando a Maelor sumido en su eficiente indiferencia, el trío se retiró a un rincón relativamente menos caótico del Gran Salón de Afiliados. Encontraron una alcoba de piedra poco profunda cerca de una columna maciza, parcialmente oculta del flujo principal de afiliados. El ruido ambiental seguía siendo considerable, pero al menos ofrecía una semblanza de privacidad para discutir.
"Bien," comenzó Martín, apoyándose contra la pared fría y cruzando los brazos. La sobrecarga sensorial del salón y la interacción con el sistema del Gremio lo habían dejado mentalmente agotado, más de lo que una simple conversación debería. El brazalete en su mu?eca emitía una leve y casi imperceptible vibración estabilizadora, un recordatorio constante de su nueva herramienta y de la condición que la hacía necesaria. "La situación es clara. Necesitamos Puntos de Prestigio para alcanzar el Rango S y acceder a la Biblioteca. Eso significa hacer misiones. Pero..." Hizo una pausa, mirando a sus compa?eros. "Acabamos de salir de Karak Dhur. Yo, en particular, no estoy en condiciones de enfrentarme a otra entidad psiónica devoradora de almas o a una fusión energética descontrolada en el corto plazo. Necesito... recalibrarme. Entender los límites de esto." Se tocó el pecho, donde sentía la presencia contenida pero siempre alerta de las otras entidades.
Propuso su idea: "Mi sugerencia es empezar por lo bajo. Tomar algunas de esas misiones remotas y de baja prioridad que vimos. Algo manejable. Lejos de Lumina, lejos de la supervisión directa de Valerius, al menos inicialmente. Necesitamos espacio para respirar, para probar cómo funcionamos ahora como equipo bajo estas nuevas... reglas." Miró a Althaea. "Y para que tú puedas volver a sentir tierra de verdad bajo los pies."
Althaea asintió casi antes de que terminara de hablar, un destello de alivio en sus ojos ambarinos. "Sí. Lejos de esta piedra muerta y este aire viciado," dijo con fervor. "Donde pueda oír el viento en los árboles, no solo el murmullo de mil extra?os y el zumbido de su magia contenida. Apoyo la idea. Cuanto antes salgamos de aquí, mejor." Luego, recordando su breve intercambio anterior, a?adió con una mirada desafiante hacia Thorian: "Y si vamos a aldeas o granjas, no iremos solo como mercenarios del Gremio. Llevaremos algo útil. Comida extra de nuestras raciones, quizás algunas hierbas medicinales que pueda recolectar en el camino. Una muestra de respeto, no solo un contrato que cumplir."
Thorian, que había estado consultando su tablilla de datos y haciendo cálculos rápidos, levantó la vista con un bufido. "?Logísticamente ineficiente!" protestó por costumbre. "?Viajar durante días a través de territorios no optimizados por una paga miserable! ?El coste de oportunidad en términos de investigación perdida aquí en Lumina es...!". Se interrumpió, considerando los argumentos. Vio la lógica táctica en la propuesta de Martín: alejarse del escrutinio directo, probar el sistema desde abajo. Y vio la oportunidad científica: probar el brazalete de Martín, el anillo de Althaea y su propia caja de herramientas en condiciones de campo variables, lejos de los protocolos restrictivos de los laboratorios del Gremio. "Pero...", concedió finalmente, acariciándose la barba, "...supongo que una fase de 'calibración operativa en entorno de baja amenaza y supervisión reducida' es metodológicamente sólida. Permite establecer una línea base de rendimiento del equipo y de la... anomalía." Le dirigió una mirada clínica a Martín. "Y la variable introducida por Althaea," – hizo un gesto hacia ella – "la 'respuesta comunitaria a asistencia no solicitada y potencialmente ineficiente', podría generar datos sociológicos interesantes sobre estructuras periféricas... aunque marginalmente relevantes para mis intereses primarios." Aceptó, a su peculiar manera. "Procedamos con la selección de encargos de baja prioridad y optimicemos una ruta."
Volvieron al terminal rúnico, esta vez con Thorian tomando el control, sus dedos volando sobre la superficie luminosa, aplicando filtros con una eficiencia que contrastaba con la interfaz anticuada. "Filtrando por: Rango C, Región Veloria Oriental / Frontera Thyralia, Clasificación de Peligro: Mínima a Moderada, Agrupamiento Geográfico óptimo..." La lista se redujo drásticamente.
Tras unos minutos de análisis y discusión, identificaron un grupo prometedor de cuatro misiones que formaban una ruta más o menos lógica:
- Misión #782: Aldea A (Viento Gris, borde de Veloria). Objetivo: Investigar y eliminar plaga de "Roedores Sombríos" que afectan los graneros. Clasificación de Peligro: Mínima+.
- Misión #901: Cerca de Aldea B (Cruce del Mercader, Thyralia fronteriza). Objetivo: Desmantelar campamento de bandidos de camino de poca monta que hostigan a viajeros. Clasificación de Peligrio: Moderada-. (Era la misión con el historial de abandonos).
- Misión #813: Granja aislada de Granjero C (Valle Escondido, Thyralia). Objetivo: Analizar suelo infértil, determinar causa (natural o mágica menor) y proponer solución básica. Clasificación de Peligro: Mínima.
- Misión #814: Ruinas pre-Convergencia R-D-4 (Cerca de Valle Escondido). Objetivo: Recuperar amuleto familiar (descripción vaga) perdido por un erudito durante una expedición previa. Clasificación de Peligro: Mínima (estructural/ambiental).
Thorian hizo un cálculo rápido en su tablilla. "Estimación de viaje hasta la primera ubicación: tres días. Tiempo estimado por misión: un ciclo de día completo, siendo conservadores. Viaje entre ubicaciones: medio día a un día. Viaje de regreso: tres a cuatro días. Total estimado: entre diez y catorce ciclos de día." Miró a Althaea. "?Alojamiento?"
"Podemos pedir refugio en las aldeas o la granja a cambio de ayuda extra," respondió ella. "La gente de las fronteras suele ser más abierta si muestras respeto y ofreces trabajo."
Martín asintió. "Parece un plan viable. Nos da tiempo, nos aleja de aquí y nos permite probar el terreno." Miró a sus compa?eros. "?Estamos de acuerdo?"
Althaea asintió con firmeza. Thorian murmuró "Logísticamente aceptable bajo los parámetros dados," lo cual era lo más cercano a un sí entusiasta que podían esperar de él. La decisión estaba tomada. Volverían a enfrentarse a Maelor y a la burocracia del Gremio.
Sección 6: El Sello de la Voluntad: Aceptando el Encargo
Con la decisión tomada y la lista de las cuatro misiones memorizada (y seguramente copiada por Thorian en su tablilla), el trío se dirigió de nuevo al mostrador de Asignación de Misiones. La cola había disminuido ligeramente, y Maelor estaba atendiendo a un gnomo que discutía apasionadamente sobre la clasificación incorrecta de un "artefacto recuperado de dudosa procedencia". Tras un momento, el gnomo se marchó refunfu?ando, y Maelor levantó la vista hacia ellos con su habitual expresión de neutralidad expectante.
"Hemos hecho nuestra selección," anunció Martín, manteniendo su voz calmada y profesional. Le enumeró los códigos de las cuatro misiones que habían elegido: #782, #901, #813 y #814.
Maelor tecleó los códigos en su terminal. Una pantalla secundaria mostró las ubicaciones en un mapa esquemático. Levantó ambas cejas, un gesto sorprendentemente expresivo en su rostro habitualmente impasible. "?Las cuatro?" repitió, su tono te?ido de incredulidad. "?Están seguros, Grupo C-Vega? Confirmo que son todas misiones de Rango C, pero están dispersas por Veloria Oriental y la frontera con Thyralia. Es... una ruta inusual para un primer encargo. El tiempo total de viaje y ejecución será considerable, y," consultó rápidamente otra pantalla, "la paga combinada es... modesta. Apenas cubre los gastos de viaje estimados y consumibles para un equipo estándar de tres operativos." Los miró directamente, como dándoles una última oportunidad para reconsiderar su aparente locura o desesperación.
"Estamos seguros," respondió Althaea con firmeza, antes de que Thorian pudiera empezar a calcular en voz alta el déficit de rentabilidad. Su tono no admitía discusión.
Maelor suspiró, apenas audible. No era su trabajo cuestionar las decisiones de los afiliados, solo procesarlas. "Muy bien." Sus dedos volaron sobre el terminal, actualizando el estado de las misiones a "Asignada - Pendiente de Ejecución - Grupo C-Vega". Luego, se agachó bajo el mostrador y sacó cuatro peque?os cilindros metálicos –los Tokens de Contrato Validado– y cuatro pliegos de pergamino grueso, cada uno con el emblema del Gremio en la parte superior y un complejo sello rúnico en la parte inferior.
Colocó los tokens y los documentos sobre el mostrador frente a ellos. "Estos son los Tokens y los Documentos de Validación para cada encargo," explicó, se?alando los sellos en la parte inferior de los pergaminos. "Al finalizar satisfactoriamente cada tarea según los términos descritos, el cliente designado debe signar aquí." Su dedo trazó el intrincado patrón de runas del sello.
Aquí, su tono se volvió ligeramente más serio, adoptando el aire de quien imparte una advertencia importante. "Una nota crucial sobre el procedimiento de validación: este sello rúnico no es una simple marca de tinta. Es un encantamiento de verificación volitiva avanzada. En el momento de la signatura, y en presencia del token activado, el sello analiza la firma energética del signatario, su coherencia emocional y la ausencia de influencias externas coercitivas."
Miró a cada uno de ellos por turno. "Cualquier indicio de miedo extremo, confusión inducida, control mental, signatura bajo amenaza física o mágica, o la superposición de una firma energética ajena... invalidará automáticamente el contrato. No solo eso," a?adió, su voz bajando un tono, "sino que enviará una alerta prioritaria directamente a la Guardia Interna del Gremio aquí en Lumina, detallando la ubicación y la naturaleza de la coerción detectada. La integridad contractual y el libre albedrío del cliente," concluyó, volviendo a su tono formal, "son principios primordiales para el Alto Gremio."
Mientras Maelor pronunciaba estas últimas palabras, Martín observaba los documentos. Cuando su mirada se posó en el pergamino correspondiente a la Misión #901 –la de los bandidos de camino, la que tenía el historial de abandonos–, notó algo extra?o. Por una fracción de segundo, el intrincado sello rúnico en la parte inferior pareció... parpadear. No con luz, sino como un glitch visual, una breve inestabilidad en el código que lo tejía. Fue casi imperceptible, incluso para su visión alterada, y desapareció al instante. Maelor, concentrado en su discurso, no notó nada. Thorian estaba examinando la estructura de uno de los tokens. Althaea vigilaba el salón. Nadie más lo vio. Martín frunció el ce?o mínimamente, archivando mentalmente esa nueva y sutil anomalía junto a la del mapa.
Recogió los documentos y los tokens, sintiendo el peso inesperado de la responsabilidad y el control implícito en ellos. Miró a Maelor, cuyos ojos grises ya estaban buscando al siguiente afiliado en la cola.
"Curioso," dijo Martín en voz baja, el doble eco vibrando apenas en el aire cargado del salón, "que al Gremio le importe tanto el libre albedrío... en los contratos."
La frase quedó flotando. Maelor, que ya se giraba, se detuvo. Parpadeó, procesando la observación. Una expresión de genuina confusión cruzó su rostro por un instante. Abrió la boca, quizás para pedir una aclaración o para recitar alguna cláusula del reglamento, pero no encontró las palabras adecuadas. La mirada de Martín era tranquila, pero había algo en ella, algo en el eco de su voz, que desconcertaba.
Maelor carraspeó y optó por la retirada burocrática. "El Gremio defiende los principios de la contratación justa, caballero." Se volvió hacia su terminal. "Su partida está registrada para ma?ana al amanecer. Asegúrense de reportar su regreso y presentar los tokens validados a su debido tiempo. Que tengan un viaje... productivo."
Mientras se alejaban del mostrador, Maelor los siguió con la mirada por un momento más largo de lo habitual. Luego, sacó una peque?a tablilla personal, diferente a la del Gremio, y anotó algo rápidamente antes de guardarla. "C-Vega... peculiares. El humano... resonancia anómala. Monitorizar informes de misión. Posible interés para Supervisión Interna." Volvió a su trabajo, su rostro nuevamente una máscara de eficiencia impersonal.
Sección 7: Mapas y Jarras: La Noche Antes del Viaje
La relativa calma de su habitación en "El Grifo Sonriente" fue un bienvenido respiro tras el bullicio y la tensión contenida del Gran Salón de Afiliados. Esa noche, la atmósfera entre ellos era diferente. La incertidumbre del acuerdo con Valerius había sido reemplazada por la certeza de un plan, aunque modesto y lleno de incógnitas. Había trabajo por hacer, un camino que seguir, lejos de la opresiva vigilancia directa de Lumina.
La única mesa de la habitación estaba ahora cubierta de mapas. El viejo mapa de cuero que Talia le había regalado a Martín, con sus líneas dibujadas a mano y sus notas sobre peligros naturales, estaba extendido junto a un mapa más moderno y cuadriculado de la región fronteriza entre Thyralia Oriental y Veloria, probablemente una copia estándar proporcionada por el Gremio junto con los detalles de la misión. Las diferencias entre ambos eran notables: el mapa del Gremio era preciso en topografía y fronteras políticas, pero carecía de las advertencias locales y los detalles del terreno que ofrecía el de Talia.
Jarras de cerveza enana oscura y espumosa para Thorian y Martín, y un cuerno de hidromiel dorado para Althaea, descansaban sobre los mapas, junto a los restos de una cena sencilla pero contundente: estofado de raíces, pan denso y queso fuerte. Los nuevos regalos del Gremio estaban cerca: el brazalete en la mu?eca de Martín, el anillo en el dedo de Althaea, la caja de herramientas de Thorian abierta a un lado mientras él hacía ajustes a uno de sus sensores portátiles.
Se inclinaron sobre los mapas, trazando la ruta más lógica. Primero viajarían hacia el este, saliendo de Thyralia hacia las tierras más salvajes de Veloria para llegar a la Aldea A (Viento Gris) y ocuparse de los Roedores Sombríos. Desde allí, un viaje corto hacia el sur los llevaría de vuelta a la frontera, cerca de la Aldea B (Cruce del Mercader), donde investigarían a los bandidos de camino – y la extra?a historia de abandonos de esa misión. Luego, se adentrarían un poco más en Thyralia hacia el Valle Escondido para ayudar al Granjero C con su suelo y, finalmente, explorar las ruinas cercanas (R-D-4) en busca del amuleto perdido.
La planificación era una coreografía de sus distintas habilidades. Althaea, con su conocimiento instintivo de la naturaleza y las tierras salvajes, se?alaba los cruces de ríos que probablemente estarían crecidos por las lluvias recientes, las zonas conocidas por ser territorio de caza de grandes felinos sombríos en Veloria, y los mejores lugares para encontrar agua potable y refugio natural. Su voz, aunque baja, era firme y segura en este terreno.
Thorian, por su parte, calculaba distancias con precisión matemática en su tablilla, estimaba tiempos de viaje considerando el terreno descrito por Althaea (y aplicando un "factor de corrección por ineficiencia orgánica"), y planificaba el uso de sus dispositivos, quejándose de la falta de estaciones de recarga rúnica en "esas zonas subdesarrolladas". "?Estás segura de que no hay geodas de energía residual cerca de esas ruinas, Althaea? Mis sensores podrían necesitar una recarga mínima después de la misión del suelo." Althaea simplemente negó con la cabeza, acostumbrada a sus prioridades.
Martín coordinaba, escuchaba atentamente a ambos, hacía preguntas para aclarar detalles y trazaba la ruta propuesta en el mapa del Gremio con un trozo de carbón. Su mente trabajaba en varios niveles: la logística del viaje, la evaluación de los riesgos conocidos, y el análisis silencioso de las anomalías que había detectado. Mientras Thorian hablaba sobre la eficiencia de la marcha y Althaea describía las huellas de los Roedores Sombríos, la mirada de Martín volvió a la ubicación de la misión de los bandidos en el mapa del Gremio. La visión de código confirmó lo que había intuido antes: una peque?a 'zona muerta' energética, un vacío en la trama rúnica del mapa oficial que no existía en el mapa de Talia. Era sutil, fácilmente atribuible a un error de cartografía mágica, pero después de Karak Dhur, Martín había aprendido a no descartar ninguna irregularidad. Decidió no mencionarlo todavía. Necesitaba más datos, observar el lugar él mismo. Compartir sospechas infundadas solo a?adiría tensión innecesaria al viaje.
Repasaron el equipo esencial: sacos de dormir, yesca y pedernal (aunque Thorian insistía en llevar un encendedor alquímico "más eficiente"), raciones de viaje concentradas, un botiquín de primeros auxilios ampliado con las hierbas que Althaea había logrado identificar y recolectar incluso en los alrededores de Lumina, las herramientas de Thorian, sus armas personales, y los nuevos artefactos del Gremio. Se sentían... preparados, dentro de lo razonable.
Una vez trazado el plan inicial y revisado el equipo, un cómodo silencio se instaló entre ellos. El cansancio del día, la tensión de la ma?ana y la perspectiva del viaje inminente pesaban en el aire, pero ahora había también una corriente subterránea de propósito compartido.
Thorian levantó su jarra de cerveza. "Por la adquisición de datos," murmuró, con un leve brillo en los ojos.
Althaea levantó su cuerno de hidromiel. "Por la tierra bajo nuestros pies," dijo en voz baja, un anhelo en su voz.
Martín levantó su propia jarra. No dijo nada sobre volver a casa, ni sobre la Marca, ni sobre la Fuente. Solo pensó en el camino por delante, un paso a la vez. Miró a sus extra?os compa?eros –la guerrera Hombre Bestia cuya lealtad se había vuelto inquebrantable, el ingeniero enano cuya curiosidad era tan peligrosa como útil– y sintió una extra?a mezcla de gratitud y aprensión.
Chocaron suavemente las jarras en el centro de la mesa, sobre los mapas desplegados. El sonido –metal, cerámica, cuerno– fue breve y apagado en la quietud de la habitación. No era una celebración, ni siquiera un brindis de esperanza. Era un pacto mudo, una confirmación silenciosa de que, a pesar de todo, seguirían adelante juntos. Un Rango C a la vez, hacia las sombras y los misterios que les esperaban más allá de los muros blancos de Lumina.
Mientras recogían los mapas y se preparaban para un último intento de descanso antes de la partida al amanecer, oyeron unos pasos en el pasillo y un golpe suave en la puerta. Era Milo, el posadero, un hombre corpulento y de rostro curtido que rara vez mostraba emoción.
"Disculpen la molestia," dijo cuando Martín abrió. Su mirada los recorrió a los tres, deteniéndose un instante más en Martín. "Oí que parten ma?ana temprano. Hacia Veloria, ?verdad? Cuatro encargos." Asintieron. El posadero se frotó la barbilla. "Zona complicada. Casi nadie vuelve con cuatro sellos de esa parte de la frontera." Hizo una pausa, sus ojos evaluándolos de nuevo. "Pero ustedes..." Una extra?a sonrisa torcida asomó bajo su bigote. "...tienen cara de ser más problema de lo que parecen. Quizás sí lo logren." Les dio una inclinación de cabeza. "Que los caminos les sean... interesantes. Buenas noches." Se dio la vuelta y se marchó, dejando tras de sí una nota de ambigüedad y un presagio que flotó en el aire mucho después de que sus pasos se hubieran desvanecido.

