En el taller del ingeniero, la dinámica inicial de "sujeto de estudio" había evolucionado sutilmente. Thorian, aunque seguía siendo excéntrico, impaciente y obsesivamente centrado en sus propios proyectos, había comenzado a tratar a Martín menos como una mera curiosidad y más como un... aprendiz peculiar pero funcional. La habilidad de Martín para "ver el código" seguía siendo el principal interés del enano, pero ahora la utilizaba de forma más integrada en el trabajo diario.
Ya no se limitaba a limpiar lentes o clasificar componentes. Thorian, reconociendo la precisión que Martín podía alcanzar (guiado por su visión del código), le asignaba tareas más delicadas. Pasaba horas ensamblando los diminutos engranajes de un mecanismo de relojería rúnica, soldando (con un soldador Magitek de punta fina que canalizaba calor arcano) conexiones en circuitos grabados, o incluso ayudando a calibrar los sensores de peque?os autómatas exploradores.
—"?Umgi!"—, gritaba Thorian desde el otro lado del taller, sin levantar la vista de un intrincado diagrama. —"?Revisa la alineación del cristal focal en el emisor sónico! ?Según tus 'líneas', el flujo se desvía 0.3 grados hacia la matriz de contención! ?Corrígelo antes de que cree una resonancia armónica indeseada!"—.
Martín, ahora más familiarizado con la terminología improvisada de Thorian y con la propia naturaleza del Magitek, se acercaba al dispositivo. Activaba su visión del código con el disco, localizaba el cristal en cuestión, observaba el flujo de energía azulada y, con herramientas finísimas y un toque increíblemente preciso (guiado por la visualización directa del "error"), realizaba el microajuste necesario hasta que el flujo se alineaba perfectamente según el diagrama mental que Thorian le había descrito.
—"Corregido, Maestro Thorian"—, anunciaba.
—"?Bien, bien! ?No tan inútil después de todo!"—, refunfu?aba Thorian, aunque Martín empezaba a detectar un matiz de genuina aprobación bajo la rudeza habitual. —"Ahora, comprueba la carga residual en los capacitadores de respaldo. ?Y usa el medidor rúnico esta vez, no quiero que me describas 'hilos débiles', quiero cifras!"—.
Hubo un día particularmente memorable. Thorian estaba luchando con un antiguo golem de seguridad enano, una reliquia de una era anterior que se negaba a activarse correctamente. Había pasado días revisando los mecanismos físicos y los circuitos rúnicos visibles sin encontrar la falla.
—"?Maldita chatarra!"—, exclamó, golpeando el peto metálico del golem con frustración. —"La energía fluye, las runas de comando responden, pero la secuencia de activación principal se interrumpe sin motivo aparente. ?Es como si faltara algo!"—.
Martín, que había estado observando el flujo de energía con el disco mientras Thorian trabajaba, se atrevió a intervenir. —"Maestro Thorian... con su permiso. Veo... algo extra?o en el núcleo central. No es un flujo bloqueado, es más bien... como una función que llama a otra función, pero esa segunda función... no está. O está... 'comentada', inactiva"—. Usó la analogía de programación que le resultaba natural.
Thorian lo miró fijamente. —?"Una función inactiva? ?Un sub-protocolo rúnico deshabilitado?"—. Se acercó al núcleo del golem, abriendo un panel con herramientas especiales. —"Muéstrame dónde"—.
Martín se?aló un punto específico dentro de la compleja matriz de cristales y runas del núcleo. —"Ahí. Hay una runa de enlace que parece... muerta. No recibe ni envía energía, aunque está conectada al circuito principal. Es como si... necesitara una 'clave' o un comando específico para activarse"—.
Thorian examinó la runa con una lente de gran aumento, sus ojos eléctricos brillando con intensidad. Soltó una exclamación gutural. —"?Por la forja de mis ancestros! ?Es una runa de seguridad de la Antigua Guardia! ?Se desactivaban si el golem era movido de su puesto original sin el código de autorización correcto! ?Claro! ?Por eso no arranca!"—. Miró a Martín con renovado asombro. —"Tus 'ojos de código' vieron una salvaguarda que siglos de polvo y mis propios escáneres habían ocultado. ?Increíble!"—.
Ese día, Thorian permitió a Martín no solo observar, sino ayudar activamente a puentear la runa de seguridad (usando una combinación de técnicas Magitek y la guía visual de Martín sobre el flujo energético). Fue un trabajo complejo y delicado, pero cuando finalmente el viejo golem de seguridad se activó con un chirrido metálico y sus ojos de cristal se iluminaron con una luz azul pálida, Martín sintió una oleada de satisfacción profesional que no había experimentado desde que dejó su antiguo trabajo.
Bofrid, a quien Thorian no tardó en presumirle (a su manera) sobre la "percepción útil del umgi", simplemente gru?ó cuando Martín regresó a la forja esa tarde, pero le asignó la tarea de empezar a dar forma a unas simples hebillas de cinturón, un paso significativo más allá de la limpieza y la preparación.
El respeto entre Martín y Thorian crecía, aunque seguía siendo una relación peculiar. Thorian valoraba la habilidad única de Martín como una herramienta invaluable para su investigación y desarrollo, una ventana a la esencia misma del Magitek. Martín, a su vez, absorbía cada fragmento de conocimiento que el excéntrico ingeniero dejaba caer, aprendiendo a un ritmo acelerado sobre la fusión de magia y tecnología, mientras intentaba mantener un delicado equilibrio entre ser útil y no revelar demasiado sobre sí mismo o sobre el disco. La confianza era todavía condicional, ligada a la utilidad mutua, pero la colaboración era real y fructífera. Martín sentía que, a pesar de los peligros y las incertidumbres, estaba exactamente donde necesitaba estar para empezar a desentra?ar los misterios de este mundo... y quizás, los suyos propios.
Mientras Martín se sumergía en el mundo de los engranajes rúnicos y los flujos de energía en el taller de Thorian, no olvidaba el propósito principal que lo había llevado a Karak Dhur: buscar respuestas sobre la "Marca de la Sombra", el culto antiguo, la Astracita y, en última instancia, cualquier pista sobre su propio origen o un posible camino a casa. La relativa "libertad" bajo la supervisión de Thorian, aunque limitada al taller y sus alrededores inmediatos, le ofrecía una coartada y una base desde la cual él y Althaea podían intentar reanudar su discreta investigación.
Decidieron que intentar acceder de nuevo al Gran Archivo era el siguiente paso lógico. La primera vez, la nota de Bofrid le había conseguido a Martín una entrada muy limitada y específica. Ahora, esperaban que la conexión (aunque fuera puramente técnica) con una figura tan influyente e innovadora como Thorian Ironfist pudiera abrirles puertas ligeramente más amplias.
Prepararon una nueva "excusa". Martín le pediría a Thorian una nota de recomendación para consultar textos sobre "metales raros y sus propiedades energéticas", justificándolo como necesario para entender mejor los materiales exóticos que a veces usaba el ingeniero en sus prototipos (como la Astracita, aunque Martín no mencionaría ese nombre directamente). Thorian, absorto en sus propios experimentos y viendo la petición como relacionada con el trabajo del taller, accedió con un gru?ido distraído, garabateando unas runas en otro trozo de cuero con más autoridad que las de Bofrid.
Con la nueva nota en mano, Martín y Althaea se dirigieron de nuevo al nivel dos, al silencioso y austero vestíbulo del Gran Archivo. Ingrida, la archivera de cabello blanco y gafas de aumento, seguía allí, inmersa en la catalogación de unas tablillas de metal. Levantó la vista al verlos acercarse, y una expresión de reconocimiento (y leve fastidio) cruzó su rostro.
—"?Ustedes otra vez?"—, dijo, su tono tan cortante como siempre. —"Espero que no vengan a preguntar por 'curiosidades' de nuevo"—.
Martín le tendió la nota de Thorian con respeto. —"Maestra Archivera, el Maestro Ingeniero Thorian Ironfist me ha encomendado investigar las propiedades energéticas de ciertos metales poco comunes para un proyecto en su taller. Solicito permiso para consultar los registros pertinentes"—.
Ingrida tomó la nota, sus ojos magnificados recorriendo las runas de Thorian. Un levísimo arqueo de ceja fue su única reacción visible. Thorian era una figura respetada, aunque excéntrica, y su recomendación tenía un peso considerablemente mayor que la de Bofrid.
—"Metales raros, ?eh?"—, murmuró, más para sí misma que para ellos. —"Ironfist y sus experimentos..."—. Suspiró, un sonido apenas audible. —"Muy bien. La recomendación es válida. Pero las reglas siguen siendo las mismas. Acceso limitado a la sección de Metalurgia Antigua. Consulta aquí, en el vestíbulo. Dos horas. Sin excepciones. Y su compa?era"—, miró a Althaea, esta vez quizás con un matiz menos despectivo, más neutral, —"espera fuera del área designada"—.
Era otra peque?a victoria. Martín asintió y se dirigió a la mesa de lectura mientras Ingrida desaparecía de nuevo tras la puerta de piedra. Althaea le dedicó una mirada de ánimo antes de tomar asiento en un banco cercano, observando el entorno con su habitual discreción.
Ingrida regresó con un par de volúmenes encuadernados en metal repujado y un conjunto de tablillas de piedra grabadas. —"Registros sobre menas estelares y aleaciones de las Profundidades"—, anunció secamente, depositándolos sobre la mesa.
Martín comenzó a revisar el material con avidez. Buscó referencias a la "Astracita" o "Piedra de Sombra". Encontró varias menciones, confirmando su origen meteorítico y sus extra?as propiedades de absorción de luz y resistencia mágica. Un texto hablaba de intentos fallidos por forjarla, mencionando que el metal parecía tener una "voluntad propia" y que corrompía otros metales con los que se aleaba, volviéndolos quebradizos o inestables. Otro registro describía su uso limitado en la creación de "sellos de contención" para energías muy volátiles, pero advertía de un "efecto de eco" que podía atrapar fragmentos de conciencia o emoción en el metal. ?Podría ser eso lo que le pasó al espíritu?, pensó Martín. ?Atrapado en un objeto hecho de este material?
Buscó de nuevo referencias al culto o a los símbolos. En una de las tablillas de piedra, que describía conflictos en los niveles más profundos durante una era olvidada, encontró una mención críptica a "adoradores de la Sombra Que Se Retuerce" que usaban "dagas de noche caída" (posiblemente Astracita) y marcaban a sus víctimas (o a sí mismos) con una "espiral de vacío". No había un dibujo claro del símbolo, pero la descripción encajaba inquietantemente con la marca que había visto y con la sensación de corrupción que emanaba de ella. La tablilla hablaba de cómo estos adoradores intentaron desestabilizar las vetas de cristales de maná en las profundidades, buscando liberar "algo" que dormía bajo la monta?a. Fueron reprimidos violentamente por la Guardia de la Ciudadela de aquella época, y sus registros, aparentemente, fueron purgados o sellados.
Era otra pieza del rompecabezas, una conexión entre la Astracita, un culto oscuro, un símbolo específico y una amenaza antigua en las propias profundidades de Karak Dhur.
Mientras Martín estaba absorto en los textos, Althaea no perdía el tiempo. Su estrategia era diferente: escuchar, observar, sentir la corriente subterránea de la ciudad. Pasaba tiempo en el 'Yunque Sediento' y otras tabernas menos concurridas cerca de las entradas a las minas en los niveles inferiores. Al principio, su presencia era notada con recelo, pero su actitud tranquila, su disposición a simplemente sentarse en un rincón y observar sin interactuar (y quizás el hecho de que los enanos la asociaran con el umgi que había humillado a Durnar), hizo que gradualmente la ignoraran.
Y en el murmullo constante del Khazalid y el Varyan tosco de los mineros, empezó a captar patrones. Las historias sobre el sector minero abandonado en los niveles profundos eran recurrentes. No eran solo "sombras que se alargan solas"; hablaban de herramientas que desaparecían y reaparecían en lugares imposibles, de ecos de cánticos extra?os en túneles supuestamente vacíos, de una sensación de frío antinatural que no correspondía a las corrientes de aire, y, lo más inquietante, de mineros que bajaban a explorar esas zonas por curiosidad o por buscar vetas olvidadas y no regresaban, o volvían cambiados, con la mirada vacía y murmurando sobre "la espiral".
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Un viejo minero con una sola mano, conocido como Grom el Manco, le contó (después de que Althaea compartiera discretamente un poco de carne seca de su propia reserva, un gesto que el enano apreció) una historia más concreta. Habló de cómo, décadas atrás, habían encontrado una cámara extra?a en esos niveles profundos, con paredes cubiertas de un metal negro que "se tragaba la luz" (?Astracita?) y un altar con una espiral tallada. Poco después de ese descubrimiento, comenzaron los accidentes, las desapariciones, y el sector fue sellado oficialmente por el Gremio Minero y la Guardia, citando "inestabilidad geológica". Pero Grom no se lo creía. —"No eran las rocas las que estaban inestables, muchacha"—, murmuró, mirando a su alrededor con nerviosismo. —"Era... algo más. Algo que despertaron"—.
Althaea sintió un escalofrío. Sombras, espirales, un metal negro que absorbía la luz, desapariciones... Las piezas encajaban de forma alarmante con lo que Martín estaba descubriendo en el Archivo. La amenaza no era solo un eco del pasado lejano; parecía haber algo activo, algo siniestro, durmiendo (o quizás despertando) en las propias entra?as de Karak Dhur.
Las noches en el nicho de la posada se convirtieron en el único momento en que Martín podía dedicarse a algo que no fuera el exigente trabajo en la forja, las pruebas en el taller de Thorian, o la discreta pero constante recopilación de información. Mientras Althaea a menudo aprovechaba para meditar a su manera —sentada en silencio, con los ojos cerrados, intentando encontrar la débil conexión con la energía natural que aún persistía bajo la roca— o simplemente para descansar sus sentidos sobrecargados, Martín sacaba su cuaderno de campo y el peque?o estilete de carbón que ahora siempre llevaba consigo.
La idea que había surgido en el taller de Thorian —crear algo para Althaea, algo que la ayudara, que la protegiera, que fuera un agradecimiento tangible por su lealtad— había echado raíces profundas en su mente. Ya no era solo un chispazo; se había convertido en un proyecto personal, un desafío intelectual y técnico que lo absorbía por completo. Pensó en las necesidades de Althaea: ella era una guerrera ágil, rápida, dependiente de sus reflejos felinos y su habilidad con la lanza. No necesitaba la fuerza bruta de un enano ni la resistencia pasiva de un golem. Necesitaba algo que potenciara sus atributos naturales, que mejorara su velocidad, su capacidad de salto, la fuerza de su agarre, sin entorpecer su fluidez de movimiento.
Descartó la idea de una armadura pesada o armas complejas. Se centró en las extremidades: guantes y botas. Imaginó unos guantes de cuero resistente pero flexible, reforzados con finas placas de metal en los nudillos y el dorso, pero lo crucial serían las runas y los peque?os cristales integrados.
?Cómo funcionaría?, se preguntó, comenzando a esbozar. No puedo simplemente 'inyectarle' fuerza como haría Thorian con un autómata. Eso sería antinatural para ella. Debe ser... una asistencia. Una mejora sutil.
Recordó cómo Althaea describía la sensación de la energía Silvan fluyendo a través de ella cuando estaba en plena armonía con el bosque, agudizando sus sentidos, acelerando sus reflejos. Quizás... pueda simular eso. Un peque?o circuito Magitek que tome una mínima cantidad de su propia energía vital (o de un cristal muy peque?o y eficiente) y la canalice directamente a los músculos de sus brazos y manos en momentos de necesidad, como un... 'impulso' temporal.
Comenzó a dibujar diagramas de flujo energético en su cuaderno, usando una mezcla de símbolos rúnicos que empezaba a reconocer y la lógica de programación de su mundo.
// Concepto Guantes Althaea - Asistencia de Fuerza/Agarre
//
// evento: detectar_intencion_golpe() || detectar_intencion_agarre_fuerte() {
// si (cristal_local.energia > umbral_minimo) {
// energia_impulso = calcular_impulso(intensidad_intencion, Althaea.energia_base);
// runa_canalizar.activar(energia_impulso, musculos_brazo_mano);
// cristal_local.energia -= coste_impulso;
// // Feedback háptico sutil para indicar activación?
// }
// }
//
// función: recargar_cristal_lento() {
// // ?Tomar energía ambiental mínima? ?O de la propia Althaea muy lentamente?
// // Debe ser eficiente y no agotarla.
// }
Para las botas, la idea era similar pero enfocada en la agilidad y el salto. Imaginó un sistema que pudiera almacenar una peque?a carga de energía cinética y liberarla en el momento preciso de un salto o una esquiva, proporcionando un empuje adicional.
// Concepto Botas Althaea - Impulso Agilidad/Salto
//
// evento: detectar_intencion_salto() || detectar_movimiento_esquiva_rapido() {
// si (cristal_salto.energia > umbral_salto) {
// fuerza_impulso = calcular_fuerza_salto(direccion, intensidad_intencion);
// runa_liberar_cinetica.activar(fuerza_impulso, suela_bota);
// cristal_salto.energia -= coste_salto;
// }
// }
//
// función: almacenar_energia_movimiento() {
// // ?Convertir parte de la energía del paso normal en carga para el cristal?
// // Como un sistema de recuperación de energía cinética.
// }
Eran solo bocetos, ideas teóricas. Sabía que la implementación real sería infinitamente más compleja. Necesitaría los materiales adecuados (cuero tratado, metales ligeros pero resistentes, cristales específicos), las runas precisas (muchas de las cuales probablemente solo conocía Thorian) y, sobre todo, la habilidad para ensamblarlo todo de forma que funcionara en armonía con la biología y la forma de luchar de Althaea.
A veces, mientras él dibujaba y murmuraba para sí mismo sobre flujos de energía y matrices rúnicas, Althaea lo observaba desde su propio catre. Una noche, la curiosidad la venció.
—"?Qué... dibujas con tanta concentración, Martín?"—, preguntó, acercándose para mirar por encima de su hombro.
Martín vaciló por un instante, sintiéndose un poco expuesto al compartir una idea tan personal y aún tan embrionaria. Pero luego le mostró el cuaderno. —"Es... una idea. Para ti"—. Intentó explicarle el concepto de los guantes y las botas, usando gestos para indicar fuerza, agarre, salto, velocidad. —"Algo para... ayudarte. Para potenciar tu... agilidad natural. Tu fuerza. Sin ser... pesado ni torpe. Usando la energía... de forma eficiente"—.
Althaea estudió los dibujos. No entendía los diagramas de flujo ni el pseudocódigo, pero captó la intención detrás de las formas, de las flechas que indicaban movimiento, de los peque?os cristales dibujados en puntos clave. Vio el cuidado en los trazos, la reflexión detrás del dise?o. Una leve sonrisa apareció en su rostro.
—"?Potenciar... mis garras?"—, preguntó, flexionando sus propios dedos, donde las garras retráctiles eran una parte natural de su ser. —?"Y mis saltos?"—.
—"Algo así"—, asintió Martín. —"Hacerte... un poco más rápida. Un poco más fuerte en el momento justo. Sin que te pese. Usando... la tecnología de aquí, pero... quizás de una forma diferente"—.
Althaea lo miró, sus ojos ámbar brillando con una emoción difícil de descifrar: sorpresa, gratitud, quizás un poco de diversión ante la idea de usar "tecnología" para mejorar lo que la naturaleza ya le había dado.
—"Es... un regalo generoso, Martín"—, dijo finalmente. —"Un pensamiento... fuerte. Como los lazos de nuestro clan"—. No preguntó si sería posible, ni cómo lo haría. Simplemente aceptó la intención, el gesto de profunda amistad y preocupación que representaba.
Esa aceptación silenciosa, esa confianza en su intención, fue todo el ánimo que Martín necesitó. El proyecto dejó de ser solo una idea teórica y se convirtió en una meta tangible. Sabía que sería increíblemente difícil. Necesitaría más conocimiento, más habilidad, la ayuda (o al menos el permiso y los recursos) de Thorian, y mucho tiempo y esfuerzo. Pero la imagen de Althaea moviéndose aún más rápido, golpeando aún más fuerte, protegida por algo creado por él... esa imagen se convirtió en una nueva motivación, un propósito personal que daba sentido a las largas horas en el taller y a la paciente búsqueda de conocimiento bajo la monta?a.
Los días continuaron con su rutina establecida: el trabajo exigente en la forja y el taller, las discretas pero persistentes investigaciones de Althaea, y las noches dedicadas a refinar los dise?os teóricos para el equipo potenciador. Martín sentía que progresaba, tanto en su comprensión del Magitek como en su adaptación a la vida en Karak Dhur. Sin embargo, la monta?a guardaba sus secretos con celo, y cada peque?o avance parecía venir acompa?ado de nuevos misterios o frustrantes callejones sin salida.
La investigación sobre la Astracita y el culto de la "Sombra Que Se Retuerce" había chocado contra un muro de piedra, literal y figurativamente. Martín había intentado usar su limitado acceso al Archivo para buscar más referencias, pidiéndole a Ingrida (con la excusa de investigar "metales con propiedades inusuales de absorción de energía" para Thorian) acceso a otros textos de metalurgia antigua o crónicas de eras oscuras. La archivera, aunque cumplía con las notas de Thorian, era una guardiana experta. Le proporcionaba tomos voluminosos y densos, pero siempre parecían carecer de la información específica que él buscaba, o las secciones relevantes estaban convenientemente da?adas, ilegibles o escritas en formas de Khazalid arcaico que ni siquiera los traductores rúnicos básicos del taller de Thorian podían descifrar por completo. Martín sospechaba que la información estaba allí, pero oculta bajo capas de clasificación o censura deliberada.
Althaea, por su parte, seguía recopilando los inquietantes rumores de las minas profundas. Las historias de "sombras danzantes", herramientas desaparecidas y mineros que volvían con la mirada perdida eran cada vez más frecuentes y consistentes entre los trabajadores que frecuentaban el 'Yunque Sediento'. Grom el Manco, el viejo minero, le había confirmado que el sector sellado décadas atrás era precisamente donde habían encontrado aquella cámara extra?a con el metal negro y el símbolo de la espiral. La conexión parecía innegable, pero obtener pruebas concretas o acceso a esos niveles inferiores era, por ahora, imposible para ellos. La Guardia de la Ciudadela mantenía un control férreo sobre las profundidades, y ningún enano en su sano juicio se aventuraba en zonas clausuradas por "inestabilidad geológica".
Fue en el taller de Thorian donde surgió la nueva y perturbadora pregunta. Estaban trabajando en un dispositivo complejo, un "armonizador de flujo de maná" dise?ado para estabilizar la energía de una red de cristales interconectados. Thorian estaba explicando a Martín la importancia de la "frecuencia de resonancia" de cada cristal, y cómo una desincronización podía causar sobrecargas en cascada.
—"Cada cristal tiene su propia... 'canción', umgi"—, decía Thorian, ajustando un dial rúnico en su consola. —"Debes encontrar la armonía correcta, el contrapunto exacto, o todo el sistema se desafina y... ?boom!"—.
Para ilustrarlo, activó una peque?a corriente de energía a través de un cristal de prueba sobre la mesa. Martín observó el flujo con el disco. Vio las líneas de código azul pálido vibrando a una frecuencia estable y regular.
—"Ahora, mira lo que pasa si introduzco una frecuencia incompatible"—, dijo Thorian, girando otro dial.
Una nueva corriente de energía, esta vez de un tono violáceo, interactuó con el cristal. El código azul parpadeó erráticamente, las líneas se volvieron inestables, y el cristal comenzó a vibrar visiblemente, emitiendo un zumbido agudo y desagradable.
—"?Ves? ?Interferencia! ?Caos energético!"—, exclamó Thorian con una especie de alegría científica ante el inminente fallo.
Pero Martín no estaba prestando atención solo al cristal. Su disco, el objeto metálico que siempre llevaba consigo, había comenzado a reaccionar. Al principio fue una vibración leve, casi imperceptible. Pero a medida que la energía violeta desestabilizadora interactuaba con el cristal de prueba, la vibración del disco se intensificó, volviéndose más rápida, más insistente. Y lo más extra?o: la superficie del disco, normalmente lisa y fría, pareció calentarse ligeramente en su mano, y Martín creyó ver, por una fracción de segundo, no su habitual código verde o azul, sino un destello fugaz de ese mismo tono violáceo de la energía disruptiva, reflejado o quizás... ?absorbido?
—"Maestro Thorian"—, interrumpió Martín, su voz tensa, apartando la mirada del experimento para fijarla en el disco. —"Mi... artefacto. Está reaccionando. A la energía inestable"—.
Thorian detuvo el experimento de inmediato, cortando el flujo de energía violeta. El cristal de prueba dejó de vibrar, y el zumbido cesó. Se acercó a Martín, sus ojos eléctricos fijos ahora en el disco.
—"?Reaccionando? ?Cómo?"—, preguntó, su curiosidad científica alcanzando un nuevo pico. —?Vibración? ?Cambio térmico? ?Emisión energética?"— Extendió una mano con un instrumento sensor delicado hacia el disco.
—"Vibró. Y se calentó"—, respondió Martín, observando el disco, que ahora volvía a estar frío e inerte. —"Y creo... creo que vi un destello de la misma energía violeta en su superficie"—.
Thorian frunció el ce?o, consultando su propio sensor. —"No detecto ninguna emisión residual significativa... pero la vibración y el cambio térmico son... interesantes. Muy interesantes"—. Miró el disco, luego a Martín, y una nueva teoría pareció formarse en su mente activa. —?"Podría ser que tu artefacto no sea solo un 'lector de código', umgi? ?Podría ser también... un 'amortiguador'? ?O quizás un 'resonador' que se sintoniza con frecuencias energéticas específicas, incluso las inestables?"—.
La pregunta quedó flotando en el aire cargado del taller. Martín no tenía respuesta. El disco siempre había sido una herramienta de percepción, una lente para ver la estructura de la magia. Pero, ?y si era algo más? ?Y si interactuaba activamente con las energías que observaba? ?Había estado absorbiendo algo durante el combate en el coliseo? ?O durante el ritual con el espíritu? ?Era por eso que a veces se sentía tan agotado después de usarlo intensamente?
Una nueva capa de misterio se a?adía a su ya complicada situación. El objeto que creía que podría ser la clave para volver a casa, quizás también era una fuente de peligro desconocido, una pieza de tecnología (o magia) con propiedades que ni él ni el genio ingeniero a su lado podían comprender por completo. La monta?a guardaba secretos en sus profundidades, pero Martín comenzaba a sospechar que llevaba uno de los más grandes colgado de su propio cinturón.
Mientras Althaea escucha historias de espirales y ecos perdidos, Martín dibuja el primer borrador de algo que no es ni arma ni hechizo: es intención convertida en forma.
Y entre cálculos, cristales y un golem que vuelve a abrir los ojos, el disco vibra por primera vez.
No es solo un lector. No es solo una llave.
La monta?a está atenta. El código responde. Y lo peor: el disco también.
Gracias por seguir bajando. Cada paso los acerca más al núcleo... y no todas las puertas tienen cerradura.

