El pesado sonido metálico de la puerta secreta deslizándose y cerrándose tras ellos fue el último eco del mundo conocido. Delante, el Sector 7B se extendía como una herida abierta en la memoria de la monta?a, exudando un frío que no era meramente físico y un silencio que pesaba sobre los hombros como plomo. Encendieron sus lámparas, incluyendo la robusta linterna de luz pulsátil ahora en manos de Grimbold, y sus haces cortaron la negrura absoluta, revelando el mismo túnel polvoriento y macabro que habían recorrido antes.
La atmósfera, sin embargo, era sutilmente diferente. La presión psiónica era inmediata, una estática constante en el fondo de la mente, pero los yelmos modificados y los amuletos mejorados parecían estar haciendo su trabajo. El clamor ensordecedor que habían experimentado cerca del sello principal se reducía ahora a un persistente ruido de fondo, un murmullo polifónico apenas audible bajo el zumbido bajo de los propios yelmos. Era como escuchar una tormenta distante a través de un muro grueso: sabías que estaba allí, sentías su poder latente, pero no te golpeaba directamente. Les dio una falsa y peligrosa sensación de control.
—"Yelmos funcionando. Presión psiónica ambiental alta pero filtrada"—, confirmó Thorian, consultando un sensor en su mu?eca. Su voz, aunque tensa, llevaba un matiz de satisfacción técnica.
Avanzaron en la formación acordada: Grimbold y Kargan al frente, sus hachas listas, barriendo el terreno con la luz de sus cascos; Martín y Thorian en el centro, el ingeniero desplegando los primeros sensores-ara?a que corretearon silenciosamente hacia las sombras con sus múltiples patas metálicas, mientras Martín mantenía su visión de código activa, el disco en su mano, escaneando el entorno; y Althaea cerrando la retaguardia, su lanza trazando arcos vigilantes, sus sentidos aguzados a un nivel casi doloroso en la quietud antinatural.
El túnel parecía interminable. Pasaron junto a los restos óseos de los enanos caídos, ahora doblemente inquietantes bajo la luz más potente y el conocimiento de la inteligencia que los había consumido. Vieron de nuevo los símbolos de la espiral grabados en la piedra, marcas de una antigua corrupción que se sentía peligrosamente presente.
Las sombras estaban allí, podían sentirlas. Martín las veía en su visión de código como fluctuaciones grises en la periferia, cúmulos de energía entrópica aferrados a las zonas más oscuras, observándolos. Pero, extra?amente, no atacaban. Se mantenían a distancia, deslizándose en paralelo a su avance, como lobos siguiendo a una manada, esperando el momento oportuno, la se?al de su amo. Esta pasividad era más desconcertante que un ataque directo.
—"Están aquí"—, murmuró Althaea, su voz apenas un soplo de aire. —"Nos observan. Esperan"—.
—"Sensores registrando múltiples firmas energéticas débiles y móviles en el perímetro"—, confirmó Thorian. —"Coinciden con el patrón de las entidades sombrías, pero... mantienen distancia. ?Nos temen? ?O es una táctica?"—.
A medida que se acercaban a la entrada de la gran caverna central, la sensación de irrealidad comenzó a filtrarse. El túnel, aunque seguían avanzando, no parecía acortarse como debería. Las formaciones rocosas que habían usado como puntos de referencia en su anterior incursión parecían repetirse o cambiar sutilmente de posición.
Fue Kargan, más sensible quizás tras su traumática experiencia, quien lo verbalizó primero. Se detuvo un instante, mirando hacia atrás y luego hacia adelante, su rostro joven contraído por la confusión bajo el yelmo.
—"Sargento..."—, dijo, su voz te?ida de incertidumbre. —"Juraría que la plataforma... la entrada a la caverna... estaba más cerca la última vez... ?Hemos tomado un desvío sin darnos cuenta?"—.
Grimbold frunció el ce?o, consultando su propio sentido de la orientación, infalible en túneles normales. —"No. Seguimos el túnel principal. Pero..."— él también parecía percibir la discrepancia. Miró a Thorian.
El ingeniero estaba mirando sus propios sensores de navegación con creciente alarma. —"Las lecturas posicionales son... inconsistentes. El giroscopio rúnico indica que hemos avanzado casi doscientos metros desde la entrada, pero el mapeo sónico del entorno sugiere que apenas nos hemos movido cincuenta"—. Levantó la vista, sus ojos eléctricos reflejando una nueva y terrible comprensión. —"?Nos está manipulando! ?La energía del núcleo! ?Está distorsionando nuestra percepción del espacio!"—.
La revelación cayó sobre ellos como una losa. No estaban simplemente caminando hacia una trampa; ya estaban dentro de ella. La Astracita no necesitaba atacarlos directamente; estaba jugando con sus mentes, con su sentido de la realidad, atrayéndolos lenta e inexorablemente hacia su centro, como insectos hacia una telara?a invisible. La falsa calma se hizo a?icos, reemplazada por la certeza helada de que el enemigo era mucho más sutil y poderoso de lo que habían anticipado. El avance cauteloso se había convertido, sin que se dieran cuenta, en un descenso controlado hacia el corazón mismo del enga?o.
La comprensión de que estaban siendo manipulados espacialmente golpeó al grupo con la fuerza de un impacto físico. La falsa sensación de control se evaporó, reemplazada por una vulnerabilidad cruda y expuesta. Miraron a su alrededor, y la caverna, que momentos antes parecía distante, ahora se sentía peligrosamente cercana, sus sombras más profundas, su silencio más amenazante. El núcleo de Astracita en el centro de la plataforma distante pareció pulsar con una oscura satisfacción, como si disfrutara de su creciente pánico.
—"?Alerta!"—, gritó Grimbold, su voz ronca rompiendo el hechizo de la realización. —"?Formación cerrada! ?Prepárense!"—.
Pero la advertencia llegó demasiado tarde. La Astracita, habiendo jugado lo suficiente con sus percepciones, decidió que era hora de dejar caer la máscara.
El primer golpe fue psíquico. El ruido de fondo constante en sus mentes explotó en un asalto total, una cacofonía ensordecedora de gritos, susurros, acusaciones y falsas promesas que golpeó las defensas de sus yelmos y amuletos con una fuerza brutal. El zumbido protector se convirtió en un chillido agudo en sus oídos. Sintieron la integridad de los escudos mentales ceder, la influencia oscura filtrándose como ácido a través de metal agrietado.
Las imágenes volvieron, más vívidas, más crueles. Martín vio de nuevo su hogar, pero ahora en llamas, su madre gritando su nombre desde una ventana antes de ser consumida por la oscuridad. Althaea sintió el dolor fantasma de quemaduras por todo el cuerpo mientras escuchaba el llanto inconfundible de su hermano peque?o llamándola desde un lugar al que no podía llegar. Kargan revivió la parálisis helada, la sensación de ser devorado desde dentro. Grimbold vio los rostros acusadores de todos los guardias que habían caído bajo su mando a lo largo de los a?os. Thorian fue asaltado por visiones de sus propios experimentos fallando catastróficamente, de sus ambiciones convirtiéndose en cenizas.
—"?Resistan!"—, rugió Althaea, apretando los dientes, luchando contra las lágrimas que amenazaban con cegarla, su entrenamiento Silvan buscando anclarse en la realidad física a pesar de la tormenta mental.
Pero mientras luchaban contra el asalto interno, el ataque físico comenzó. Las Sombras Vivientes, que antes se mantenían a distancia, se lanzaron desde todas direcciones, ya no como lobos cautelosos, sino como una marea negra y hambrienta. Eran más rápidas, más coordinadas, sus movimientos fluidos y antinaturales.
—"?Luz!"—, gritó Grimbold, levantando la linterna modificada.
Martín, a pesar del dolor martilleante en su cráneo, reaccionó por instinto, levantando la suya también. Desataron pulsos de luz blanca, pero las sombras parecían... más resistentes. La luz las hacía retroceder, sí, las desestabilizaba, pero ya no se disolvían tan fácilmente. Algunas simplemente fluían alrededor del haz de luz o se regeneraban casi instantáneamente en las sombras cercanas.
Y entonces, las fallas sistémicas comenzaron. La linterna en manos de Martín parpadeó erráticamente, el cristal de enfoque chisporroteando peligrosamente, el sistema de enfriamiento luchando por mantener el ritmo. —"?Se sobrecalienta! ?No aguanta!"—, gritó, forzado a reducir la intensidad de los pulsos.
El Neutralizador Armónico N-H-03, el que había mostrado la fluctuación en el taller, comenzó a emitir pulsos de energía erráticos, pero en lugar de amortiguar, sus emisiones parecían distorsionar la luz de las linternas cercanas, creando zonas de sombra momentáneas justo donde los guardias intentaban defenderse. En una ocasión, un pulso anómalo del N-H-03 pareció incluso energizar brevemente a una sombra cercana, haciéndola más densa, más agresiva por un instante, antes de volver a su patrón errático.
—"?N-H-03!"—, exclamó Thorian con horror, viendo las lecturas erráticas en su sensor de mu?eca. —"?Kargan, tu unidad! ?Está interfiriendo! ?Desactívala!"—.
Pero Kargan, luchando por mantener su posición contra dos sombras que lo presionaban, apenas logró apartar una mano para golpear el interruptor de emergencia del Neutralizador, que pareció ignorar la orden, emitiendo otro pulso discordante que momentáneamente hizo parpadear la luz del casco de Grimbold. El adorable traidor estaba ahora activamente saboteando sus defensas.
El escudo personal de Thorian falló de forma definitiva con un gemido electrónico lastimero. Los escudos rúnicos en los brazos de Grimbold y Kargan parpadeaban peligrosamente bajo el drenaje constante. Kargan soltó un grito cuando una sombra, aprovechando la interferencia del N-H-03, logró deslizar un tentáculo helado bajo su escudo, tocando su brazo y dejándolo temblando violentamente de frío y debilidad.
Estaban siendo superados, física y mentalmente. Las defensas fallaban, el enemigo era implacable y coordinado, y la propia realidad a su alrededor parecía estar conspirando contra ellos. En medio del caos, mientras disparaba un pulso desesperado con su linterna moribunda, Martín levantó la vista hacia el núcleo de Astracita.
Por una fracción de segundo infinitesimal, la superficie arremolinada de la esfera negra pareció cambiar. La caótica geometría se reorganizó, formando brevemente un patrón que no eran runas ni símbolos conocidos, sino algo más... una estructura compleja, casi matemática, que se asemejaba de forma abstracta y profundamente perturbadora a un ojo gigantesco y sin párpados, observándolo todo con una fría e insondable inteligencia. La visión duró menos que un parpadeo, antes de que la superficie volviera a su negrura turbulenta. Pero Martín lo había visto. Y el mensaje era claro. No estaban luchando contra una simple fuerza oscura. Estaban luchando contra una mente.
El grito ahogado de Kargan, el olor acre del escudo sobrecargado de Thorian fallando, la visión fugaz pero aterradora del "ojo" geométrico en el núcleo... todo se estrelló contra Martín como una ola de realidad brutal. La linterna en su mano dio un último parpadeo y se apagó, el cristal finalmente rendido al sobrecalentamiento. Estaban casi a oscuras, iluminados solo por las lámparas de casco de los enanos y el brillo frío y opresivo del núcleo de Astracita. Las sombras presionaban desde todos lados, sus formas más audaces ahora que la luz principal había fallado. Althaea luchaba como una fiera, pero era evidente que estaban a segundos de ser completamente arrollados.
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Se acabó, pensó Martín, una desesperación helada atenazándolo. Nos atrajo, nos debilitó, y ahora nos va a consumir.
Pero entonces, recordó su propio desafío a la entidad en la ilusión. Recordó su rechazo al poder fácil, su afirmación de la voluntad propia. Y recordó el plan desesperado que había surgido en el taller: no destruir, no huir, sino neutralizar. Contener desde dentro. Era una locura. Era probablemente suicida. Pero era la única carta que les quedaba por jugar.
—"?Thorian!"—, gritó Martín, su voz apenas audible sobre el siseo de las sombras y el clamor psíquico que aún golpeaba su mente. —"?Los Neutralizadores! ?Tenemos que modificarlos! ?Ahora!"—
Thorian, que intentaba repeler una sombra con descargas sónicas de sus guanteletes casi agotados, lo miró con incredulidad. —?"Modificarlos? ?Aquí? ?Ahora? ?Estás loco, umgi! ?Necesito tiempo! ?Concentración!"—
—"?No hay tiempo!"—, replicó Martín, sus ojos fijos en el núcleo pulsante, sintiendo la presión mental intensificarse, como si la entidad supiera lo que estaba pensando. —"?Puedo ver... puedo ver la frecuencia que necesitamos! ?Una resonancia de contención, basada en el sello principal! ?Puedo... filtrarte la interferencia, darte la secuencia! ?Pero tienes que implementarla tú!"—
La idea era descabellada: Martín actuaría como un firewall humano y un transcriptor de código en tiempo real, mientras Thorian realizaba una compleja reprogramación rúnica en medio de un combate caótico y bajo un ataque psíquico directo.
Antes de que Thorian pudiera protestar más, Althaea entendió la desesperación del plan. —"?Grimbold! ?Kargan!"—, rugió, su voz resonando con autoridad guerrera. —"?Escudo alrededor de ellos! ?Protejan al ingeniero y a Martín! ?No dejen que nada pase! ?AHORA!"—
Los dos enanos reaccionaron por puro instinto y disciplina. A pesar de su propio agotamiento y miedo, a pesar del brazo herido de Kargan, formaron una barrera improvisada con sus cuerpos y escudos (los pocos que aún funcionaban parcialmente) alrededor de Martín y Thorian, quienes se agacharon en el centro de la plataforma, creando un peque?o y precario santuario en medio de la marea oscura. Althaea se colocó frente a ellos, su lanza un torbellino defensivo, interceptando a las sombras que intentaban romper el círculo.
—"?Hazlo, Martín!"—, gritó Althaea por encima del hombro. —"?Confío en ti!"—
Martín asintió, sacando el disco de metal. Su superficie ya no era lisa y fría; vetas negras y finas, como capilares de oscuridad, eran ahora visibles bajo la tenue luz, extendiéndose desde el centro donde había recibido la "inyección" de código. El artefacto se sentía... diferente. Contaminado. Pero aún funcional. Soy otra cosa, pareció susurrarle el metal.
Se arrodilló, ignorando el dolor punzante en su brazo herido, y presionó el disco contra su sien, cerrando los ojos. Necesitaba toda su concentración para actuar como filtro.
—"?Estoy listo, Thorian!"—, proyectó mentalmente, esperando que el ingeniero pudiera recibirlo a través del ruido psíquico.
—"?Recibido! ?Dame la secuencia de modulación para la runa Rikaz-Ansuz en los cuatro Neutralizadores! ?Y mantén esa maldita estática fuera de mi cabeza!"—, respondió la voz mental de Thorian, tensa y concentrada.
Martín se sumergió en el código. Ignoró el asalto psíquico directo, enfocando toda su voluntad en actuar como un escudo, absorbiendo la cacofonía, sintiendo cómo ara?aba y desgarraba su propia mente. Luego, miró a través del caos, hacia el código del núcleo, buscando la estructura subyacente, la frecuencia de contención que había vislumbrado en el sello principal. La encontró, débil y distorsionada por la corrupción, pero allí estaba.
Comenzó a "dictarle" la secuencia a Thorian, no con palabras, sino proyectando directamente los patrones de código, las modulaciones de energía, a través de la corta distancia que los separaba. Era como intentar transcribir una sinfonía compleja mientras te gritan insultos con un megáfono en cada oído.
El coste fue inmediato y brutal. Sintió un dolor agudo detrás de los ojos, como si su cerebro estuviera siendo estrujado. Un hilo cálido y metálico comenzó a gotear de su nariz. El mundo exterior se desvaneció, reemplazado por el torbellino de código azul (el sello), negro (la Astracita) y verde (su propia energía menguante). El disco en su sien ardía, las vetas negras pareciendo extenderse, absorbiendo parte de la corrupción que él intentaba filtrar.
—"?Secuencia recibida! ?Implementando en N-H-01 y 02!"—, escuchó la voz mental de Thorian, distante.
Martín forzó su concentración, buscando la siguiente parte del código de contención, la secuencia de anclaje. El dolor se intensificó. Sintió un sabor metálico en la boca. Más sangre, esta vez de sus labios agrietados. El zumbido en sus oídos se convirtió en un pitido agudo. Las imágenes ilusorias intentaron colarse de nuevo: su madre llorando, Althaea cayendo, el ojo geométrico observándolo...
?No!, se obligó a enfocar. ?Por ellos! Proyectó la secuencia de anclaje.
—"?Anclaje recibido! ?Aplicando a 03 y 04! ?Martín, estás sobrecargándote! ?Tu firma bio-energética está cayendo en picado!"— La preocupación en la voz mental de Thorian era genuina ahora.
—"?Casi... está!"—, jadeó Martín, sintiendo cómo la sangre comenzaba a filtrarse también por sus oídos. La visión del código se volvía borrosa, las líneas danzaban, la oscuridad amenazando con consumirlo todo. Dudó por un instante. ?Era real lo que veía? ?O era otra ilusión? La sensación de desorientación era abrumadora. ?Qué lado estaba arriba?
Reunió una última chispa de voluntad. La secuencia final. La runa de cierre del sello. La proyectó con un grito mental silencioso que sintió que le desgarraba el alma.
—"?Recibido! ?Cierre de matriz confirmado! ?Activando secuencia de neutralización armónica... AHORA!"—
Martín sintió la orden de Thorian resonar, y luego, nada. La conexión se cortó. El esfuerzo final lo había vaciado por completo. Se desplomó hacia adelante, la oscuridad reclamándolo finalmente, el sabor de su propia sangre en la boca como último testimonio de su sacrificio.
En el instante en que la conciencia abandonó a Martín, la orden final de Thorian resonó no solo en la mente, sino en la piedra misma. Los cuatro Neutralizadores Armónicos, ahora reprogramados con el fragmento de código de contención arrancado a la fuerza por la voluntad de Martín, se activaron al unísono.
No hubo una explosión de luz ni un estruendo ensordecedor. En lugar de eso, emitieron una nota baja y resonante, una vibración profunda que pareció armonizar por un instante con el pulso telúrico de la monta?a, para luego invertir su fase. Fue un sonido que se sintió más que se oyó, una contrafrecuencia perfectamente calculada (o quizás afortunadamente improvisada) dirigida al corazón del código negro de la Astracita.
La reacción del núcleo fue instantánea y aterradora. La esfera negra pareció contraerse violentamente, como si le hubieran arrancado el aire. La luz oscura que pulsaba desde su interior se intensificó hasta volverse casi sólida, y luego, en lugar de un grito psíquico, desató un pulso devastador de pura energía negativa y sónica, una onda de choque de entropía y vibración brutal que se expandió por toda la caverna.
??VROOOM!!
La onda de choque golpeó al peque?o grupo con la fuerza de un ariete invisible. El escudo improvisado de Althaea, Grimbold y Kargan se hizo a?icos. Althaea fue lanzada hacia atrás, golpeándose contra una estalagmita con un ruido sordo. Thorian, más cerca del epicentro, fue engullido por la onda sónica, sus manos volando instintivamente a cubrirse los oídos mientras sus sensores explotaban en una lluvia de chispas.
Pero Grimbold y Kargan, en un acto final de deber protector, habían permanecido firmes, interponiéndose entre la onda expansiva y el lugar donde Martín y Thorian habían estado trabajando. Recibieron el impacto de lleno. Martín, ya inconsciente, solo registró vagamente el impacto secundario cuando los cuerpos de los dos enanos cayeron sobre él, un peso protector en medio del caos.
La onda de choque resonó por toda la caverna. Las estalactitas vibraron, algunas desprendiéndose del techo lejano con estruendos sordos. Las Sombras Vivientes, atrapadas en la explosión de energía pura, simplemente... se deshicieron. No se retiraron, no huyeron. Sus formas oscuras se disolvieron instantáneamente, como humo barrido por un huracán, dejando tras de sí solo un frío residual que se disipó rápidamente.
Y entonces, tan abruptamente como había comenzado, todo cesó.
El núcleo de Astracita dejó de pulsar. La luz oscura se extinguió, dejando solo la negrura absorbente del metal. El susurro mental, el grito psíquico, la presión constante... desaparecieron por completo, reemplazados por un silencio antinatural, más profundo y vacío que incluso el silencio muerto de los túneles. Era como si la propia fuente del mal hubiera sido... silenciada. Estabilizada.
Althaea se incorporó con un gemido, el costado dolorido donde había golpeado la roca. Miró a su alrededor, aturdida. La caverna estaba quieta, silenciosa. Las sombras habían desaparecido. El núcleo estaba oscuro, inerte. —?"Martín?"—, llamó, su voz ronca resonando extra?amente en el silencio.
Vio a Thorian poniéndose en pie con dificultad, sacudiendo la cabeza, claramente desorientado por la explosión sónica. Y luego vio el montón de cuerpos donde Martín había caído. Corrió hacia allí.
Con la ayuda de un Thorian aún aturdido, apartaron a los dos enanos. Grimbold yacía boca abajo, inmóvil, su armadura abollada y marcada por la energía. Kargan estaba a su lado, acurrucado, sus manos apretadas contra los oídos, un hilo de sangre oscura manando de ellos.
Martín estaba debajo, pálido como la muerte, inconsciente, pero respirando débilmente. El disco en su sien estaba frío, las vetas negras en su superficie ahora opacas, sin brillo.
Althaea comprobó a los enanos. Grimbold... no respiraba. Su cuello estaba en un ángulo antinatural por la caída o el impacto. Había muerto protegiéndolos. Kargan, sin embargo, gimió cuando Althaea lo tocó. Estaba vivo, pero inconsciente, y la sangre de sus oídos indicaba un da?o severo. Probablemente sordo, quizás permanentemente.
—"Grimbold... no"—, murmuró Althaea, el peso de la pérdida golpeándola incluso en medio del agotamiento y el shock. Thorian se acercó, verificó los signos vitales del sargento con un sensor médico, y simplemente negó con la cabeza, su rostro sombrío.
No había tiempo para el duelo. Tenían que salir de allí. Thorian, recuperando parte de su compostura, tomó el mando táctico improvisado. Ayudaron a asegurar a Kargan (que empezaba a moverse débilmente) y levantaron a Martín. La retirada fue una pesadilla logística. Eran tres conscientes (uno de ellos aturdido y parcialmente sordo por el sonido) llevando a dos inconscientes (uno de ellos peligrosamente débil) a través de túneles oscuros y potencialmente inestables.
Les llevó una eternidad arrastrarse de vuelta por el conducto de ventilación y subir por los túneles olvidados hasta la plataforma del montacargas. El silencio antinatural del Sector 7B parecía seguirlos, una ausencia de sonido que era casi tan perturbadora como el susurro anterior.
Llamaron al montacargas. La espera fue agónica. Finalmente, oyeron el chirrido familiar descendiendo. Pero cuando las puertas se abrieron... llegó vacío. No había operario. El panel de control estaba oscuro, inerte. Un mal presentimiento se apoderó de ellos.
—"?El pulso... afectó a la red de aquí arriba?"—, murmuró Thorian, acercándose al panel. Pero los controles manuales de emergencia parecían funcionar. Accionó la palanca de ascenso.
La plataforma subió lentamente, el chirrido habitual sonando extra?amente fuerte en el silencio. A medida que se acercaban al nivel tres, esperaban oír el bullicio familiar de la ciudad. Pero no oyeron nada. Solo el gemido del montacargas.
Las puertas se abrieron al nivel tres. El corredor principal, normalmente lleno de vida y actividad, estaba desierto y silencioso. Las luces de los cristales principales parpadeaban débilmente, proyectando sombras largas y danzantes donde no debería haberlas. Un carro de herramientas yacía volcado en medio del pasillo. Un pesado estandarte del Gremio Minero colgaba rasgado de la pared. Y el aire... el aire tenía el mismo olor metálico y dulzón que habían percibido en las profundidades.
Se quedaron helados en la plataforma, el horror comenzando a asentarse en sus mentes agotadas. Mientras estaban abajo, luchando contra la fuente... algo había ocurrido aquí arriba. Algo terrible.
Y entonces, desde el fondo del corredor silencioso, justo en el límite de la luz parpadeante, una sombra se movió. Rápida, furtiva, desapareciendo en un recodo antes de que pudieran enfocarla bien.
No era una Sombra Viviente como las de abajo. Era algo diferente. Pero era innegablemente una sombra donde no debería haberla.
El horror implícito de la situación los golpeó con toda su fuerza. El silencio. El vacío. La sombra fugaz. La victoria precaria en las profundidades se convirtió en cenizas en sus bocas. Habían silenciado el corazón de la oscuridad... ?pero a qué costo? ?Y qué nuevo horror los esperaba ahora en los niveles superiores de Karak Dhur? El ascenso no había sido un regreso a la seguridad, sino la entrada a una nueva pesadilla.

