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1 SI ME PREGUNTAN A MI…

  Bueno, no estaría despierto a las 6:47 AM si no fuera por salvar mi pellejo.

  Verán, cuando mis padres me encontraron jugando Rujimon: Monster Clash —otra vez—, tuve exactamente dos opciones: Admitir mi adicción a este genial juego o mentir con toda mi alma. Obviamente elegí la segunda opción y les dije que necesitaba llegar temprano a la escuela para ayudar con un proyecto de ciencias

  Mi mamá me miró con esos ojos de "sé que estás mintiendo pero estoy demasiado cansada para discutir", mi papá gru?ó algo sobre responsabilidad, y boom, aquí estoy. Caminando por los pasillos vacíos de la Secundaria Monte Armonía a las siete y media de la ma?ana, con el cerebro funcionando al treinta por ciento de capacidad y un mal presentimiento en el estómago.

  Spoiler: el presentimiento tenía razón.

  Porque ahí, en mi salón de clases, el 3°B, donde normalmente solo hay sillas chuecas y olor a Takis rancios— había un tipo de como dos metros de altura, vestido con lo que solo puedo describir como "cosplay élfico pero hazlo moda", inspeccionando los pupitres como si fueran artefactos arqueológicos.

  Me quedé congelado en la puerta.

  El tipo tenía el cabello más perfecto que he visto en mi vida. Como de esos shampoos de comercial donde la modelo sacude la cabeza en cámara lenta y brillan lucecitas. Pero esto era nivel profesional, casi ofensivo y sus orejas eran puntiagudas. Como de elfo de verdad, no de disfraz de un tinaguis de Halloween.

  Toqué la madera del marco de la puerta para asegurarme de que no estaba so?ando todavía. Nop. Madera real. Elfo real.

  En ese momento tenía tres opciones: preguntar quién diablos era, retroceder lentamente y pretender que nunca vine, sacar mi teléfono y mandarle evidencia a Maya

  Obviamente elegí el número tres. Era el pretexto perfecto para mandarle mensaje.

  Yo: se?orita presidente no quiero alarmarte, pero creo que un cosplayer se perdió en nuestra escuela o estoy teniendo un episodio psicótico Cualquiera de las dos es válida con esta falta de sue?o.

  Los tres puntitos de "escribiendo" aparecieron inmediatamente.

  Maya: Zev Reyes. Mi pregunta, y espero no ofenderte con esto es ?Qué haces tan temprano en la escuela?

  Ah, claro. Porque lo raro aquí era que yo estuviera temprano, no el elfo de dos metros tocando las paredes como si buscara puertas secretas.

  Escuché los pasos antes de verla. Tacones. Maya Castillo era la única persona en esta escuela que usaba tacones a las siete y media de la ma?ana. Bueno, tacones peque?os, no era tan intensa, pero, aun así.

  Apareció en el pasillo con su uniforme impecable (?cómo lo lograba?), el cabello chino perfectamente acomodado, y esa expresión de "llegué primero que tú y lo sé" que siempre tenía cuando ganaba algo.

  —Zev Reyes. —Dijo mi nombre completo, lo cual nunca era buena se?al—. Siete veintitrés. Yo llegué a las siete cero cinco. —Levantó su teléfono mostrando un registro de entrada que aparentemente llevaba—. Lo cual significa que técnicamente sigo siendo la estudiante más dedicada de esta institución.

  —Maya, no es una competencia.

  —Todo es una competencia. —Lo dijo como si fuera un hecho científico—. ?Qué haces aquí tan temprano? Y no me digas que es por responsabilidad académica porque sé que tienes un setenta y dos de promedio.

  Setenta y tres, pero no iba a discutir con ella.

  —Podría preguntarte lo mismo.

  —Yo tengo razones legítimas. Reunión con el nuevo docente interdimensional, revisión de presupuesto estudiantil, y reporte mensual para el director. —Contó con los dedos—. ?Tú?

  —Asuntos personales.

  —?Videojuegos?

  ?Cómo diablos...?

  —Vi tu historia de Instagram anoche. Nivel treinta y siete a las dos de la ma?ana. —Sonrió con esa sonrisa de tengo razón—. Impresionante, la verdad. Aunque yo llegué al cuarenta antes de borrarlo. Demasiada distracción.

  Claro que Maya se había dedicado a saber el motivo de mi temprana aparición de la escuela, no se iba quedar tranquila hasta resolver el misterio.

  —?Puedes dejar de hacer eso?

  —?Qué cosa?

  —Intentar ganar todo. Es agotador.

  Maya se asomó por la puerta, observó al tipo élfico por exactamente dos segundos (probablemente cronometrados mentalmente), y luego me jaló del brazo hacia el pasillo.

  —Es el nuevo docente —susurró, pero había algo en su voz. Emoción. Maya emocionada era peligroso—. Viene de Concordia. Aparentemente la ciudad ya está llegando a su límite de capacidad para gente de la otra dimensión y están reubicando personal a zonas aleda?as. —Hizo una pausa—. Es la primera vez que tendremos un docente interdimensional en Monte Armonía. Primera vez, Zev. Eso significa que vamos a estar en todos los reportes regionales.

  —Perdón, ?gente de la otra dimensión? Maya, son las siete y media de la ma?ana, mi cerebro no procesa que ya halla uno aquí ?Me estás diciendo que nuestro nuevo maestro es un elfo de verdad? —Parpadeé.

  —Si. Es un elfo de verdad.

  —Genial. Perfecto. —Me froté la cara—. Bueno, al menos no es uno de esos elefantes humanoides o un pájaro parlanchín. Esos sí me dan cosa.

  —?Disculpe? —dijo una voz detrás de mí.

  Me giré lentamente, con esa sensación de "metí la pata épicamente y no hay marcha atrás", y ahí estaba el elfo-maestro-modelo, mirándonos con una expresión que no podía descifrar. ?Enojado? ?Confundido? ?Planeando convertirme en sapo?

  —Como su nuevo docente —dijo con una voz que era melodiosa y autoritaria al mismo tiempo, como si Barack Obama y un elfo de El Se?or de los Anillos tuvieran un hijo vocal—, es mi deber informarle, joven, que ese comentario es ofensivo para los Trombash y los Zeca.

  Maya, bendita sea, intervino antes de que yo pudiera meter más la pata. Y cuando digo "bendita sea", me refiero a que intervino porque le convenía quedar bien con el nuevo maestro, no por salvarme a mí.

  —Espero que esa descripción no haya sido ofensiva, maestro... —hizo una pausa esperando un nombre.

  —Rygandal Echannen Harthad.

  Maya sacó su libreta y lo escribió todo, aparentemente adivinando la ortografía élfica en tiempo real. ?Cómo sabe que lleva h?

  —Maestro Rygandal —pronunció el nombre perfectamente a la primera, porque claro que lo haría—, bienvenido a la Secundaria Monte Armonía. Soy Maya Castillo, presidenta estudiantil con dos periodos consecutivos, promedio de noventa y siete puntos tres, y coordinadora del comité de integración intercultural que formé hace exactamente... —consultó su reloj— ...cuatro días cuando nos informaron de su llegada.

  Armó un comité en cuatro días. Solo Maya.

  —Y él es Zev Reyes —continuó, y juro que hubo un microsegundo de pausa antes de a?adir—, nuestro... estudiante más madrugador de hoy.

  Rygandal nos observó a ambos con esos ojos verdes que parecían ver demasiado, asintió ligeramente, y luego regresó al salón a continuar su inspección arquitectónica.

  —Zev —susurró Maya cuando el maestro estaba fuera de rango auditivo—, por todo lo sagrado, NO hagas comentarios sobre razas interdimensionales frente a él. Me tomó cuatro días organizar esto, no voy a dejar que lo arruines en cuatro minutos.

  —?Cómo iba a saber que...?

  —Sentido común básico. El mismo que te dice que no debes... —Sus ojos se iluminaron de repente—. Espera. ?Te puedo preguntar algo?

  —?Tengo opción?

  —?Por qué llegaste temprano de verdad? —Se cruzó de brazos—. Y antes de que digas "asuntos personales" otra vez, déjame recordarte que te conozco desde primero. Sé cuando mientes. Tu ojo izquierdo hace una cosa rara.

  —No hace ninguna cosa rara.

  —Lo está haciendo ahora mismo.

  Maldita Maya y su capacidad de observación. Nota positiva, ha observado mi mirada conquistadora.

  Un estruendo interrumpió lo que iba a ser mi confesión patética sobre Rujimon y el castigo parental.

  El sonido inconfundible de una manada de adolescentes corriendo por el pasillo. Reconocería esa risa a un kilómetro: Félix Guillermo. El tipo tenía dos configuraciones: ruidoso y totalmente ruidoso. Iba al frente, seguido por un quinteto de companeros.

  Entraron al salón como tornado categoría cinco.

  —?órale, órale! ?Ya vieron que hay un nuevo...? —Félix se congeló a medio grito.

  Rygandal estaba parado junto al pizarrón. Dos metros de elfo élfico mirándolos con esa expresión neutral que de alguna manera comunicaba están a punto de tener un mal día.

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  Levantó la mano. Así nada más. Un gesto casual, elegante, como si estuviera saludando a alguien al otro lado de la calle.

  Félix dejó de hablar a medio palabra. Como si alguien hubiera presionado pausa en un control remoto. Los otros cinco también. Simplemente... se callaron.

  Y luego caminaron. No, no caminaron, marcharon directamente a sus lugares. Espalda recta. Manos sobre los pupitres. Mirada al frente.

  Como estudiantes poseídos por algo que definitivamente no era normal.

  —?Qué...? —susurré.

  —Desde ahora —dijo Rygandal con esa voz que no admitía réplica—, entrarán con más decencia a este salón.

  —Sí, se?or —dijeron los seis.

  Al mismo tiempo, con la misma entonación y con la misma cadencia. Félix Guillermo. El mismo Félix que el a?o pasado le había gritado ?idiota! a la subdirectora cuando lo acusaron de rayar el ba?o. Ese Félix acababa de decir sí, se?or como si estuviera en el ejército.

  —Maestro —Maya soltó mi brazo y dio un paso al frente. Su voz sonaba normal, pero noté cómo sus dedos temblaban ligeramente—. Me temo que están siendo un poco sarcásticos con su respuesta. Estos estudiantes tienen un historial de... creatividad verbal. Puedo hablar con ellos y...

  —No será necesario, se?orita Castillo. —Rygandal ni siquiera la miró. Sus ojos verdes estaban fijos en los seis estudiantes perfectamente quietos—. Su colaboración es genuina.

  Akanev, que normalmente tendría su teléfono en alto grabando todo, tenía las manos sobre el pupitre. Santiago, que nunca se sentaba derecho porque "las sillas son para enanos, carnal", estaba con la postura de un bailarín de ballet. óscar: y Eri, que literalmente no podían estar callados ni cinco segundos, parecían estatuas.

  Rygandal caminó hacia la puerta con esa gracia irritante que tenía. Se detuvo justo al pasar junto a nosotros.

  —Se?orita Castillo, joven Zev. —Nos miró a ambos—. Les sugiero ir a la formación.

  Maya me jaló del brazo hacia el patio antes de que pudiera procesar lo que acababa de ver.

  El patio estaba vacío. Todavía era temprano, el sol apenas empezaba a calentar, y el olor a tierra mojada del jardín mezclado con el cloro de la alberca cercana le daba a todo un aire surreal.

  O quizás era solo que acababa de ver a Félix Guillermo comportarse como humano funcional.

  —Okay —dije cuando Maya finalmente se detuvo bajo el tejabán—. ?Qué carajos fue eso?

  Maya no respondió inmediatamente. Estaba mirando hacia el salón, mordiéndose el labio inferior. Ese tic la delataba: estaba procesando, calculando, tratando de encontrar la explicación lógica.

  —No lo sé —admitió finalmente.

  —?No lo sabes? —Repetí—. ?Maya Castillo, la chica que siempre tiene respuestas para todo, no lo sabe?

  —Cállate. —No había veneno en su voz, solo... preocupación—. Estoy pensando.

  —Bueno, piensa más rápido porque Félix y los otros parecían...

  —?Controlados? —Maya me miró directamente—. Lo sé. Vi lo mismo que tú.

  —?Y eso es...? ?Normal? ?Para los elfos?

  —No lo sé, Zev. —Sacó su libreta, la abrió, y empezó a escribir rápido—. En ninguno de los documentos que revisé sobre integración interdimensional mencionan poderes de... de...

  —?Control mental?

  —No digas eso. —Escribió algo más—. Podría ser... autoridad natural. Algunas especies tienen presencia intimidante que genera respeto automático. O feromonas. O...

  —Maya. —Puse mi mano sobre su libreta—. Félix Guillermo no respeta ni a su propia mamá. Y de repente actúa como si Rygandal fuera el presidente. Eso no es "autoridad natural".

  Maya cerró la libreta de golpe.

  —Tienes razón. —Respiró hondo—. Tienes razón y no me gusta no tener respuestas y necesito investigar esto antes de que...

  —Antes de que salga en reportes regionales que el primer maestro interdimensional de Monte Armonía controla mentes. —Lo dije sin malicia, solo como hecho.

  —No todo es sobre la reputación de la escuela dond estoy, Zev.

  —Lo sé. —Y lo sabía. Detrás de toda esa competitividad y ambición, Maya genuinamente se preocupaba por los demás. Solo que le costaba admitirlo—. También sé que pasaste cuatro días organizando esto y no quieres que se vaya al demonio en cuatro horas.

  Se quedó callada un momento, y luego suspiró.

  —Primero lo primero. —Se sentó en una de las bancas del patio y me indicó que hiciera lo mismo—. Necesito agradecerte por lo del laboratorio.

  —Maya, no fue...

  —Sí fue. —Me interrumpió—. Te echaste la culpa del accidente cuando ambos sabemos que fui yo quien mezcló los reactivos incorrectos. Podrías haberme dejado sola, pero dijiste que habías sido tú.

  —Fue un accidente. No iba a dejar que te castigaran por...

  —Zev. —Me miró con esos ojos que siempre me hacían sentir transparente—. ?Por qué lo hiciste?

  Tú fuiste la primera en hablarme. Porque me gusta cómo tu frente se arruga cuando estás concentrada. Porque me gusta como tu frente esta tan grande como tu...

  —Porque eres mi amiga —dije en su lugar—. Y los amigos se cubren las espaldas.

  Maya sonrió. Una sonrisa peque?a, real, sin su usual competitividad.

  —Hablé con el director. No serás castigado. Estarás bajo advertencia, pero técnicamente eso no va a tu expediente permanente.

  —Técnicamente.

  —Técnicamente. —Repitió, y por un segundo vi un destello de la Maya que no era presidenta estudiantil ni competidora profesional, solo... Maya—. ?Puedo preguntarte algo personal?

  —?Qué tan personal?

  —?Por qué juegas tanto Rujimon, Zev?

  —No creo que estes lista para esa respuesta —medio cerre los ojos intentando hacerme el interesante—. Los misterios del mundo Rujimon no son ara cualquiera.

  —?Cualquiera? —Maya parpadeó—. ?Soy una persona equis?

  —No una persona equis, la persona equis, ósea tu eres equis los demás son ye.

  —Okay. Es bueno saberlo —Maya no sacó su libreta, lo cual significaba que esto era conversación real, no modo-investigación—. ?Por qué no soy “ye”?

  Podía mentir y decirle que creo que los demás son idiotas menos ella. Un momento esa es la verdad, demonios.

  —No iba a decir nada motivacional. —Maya me cortó—. Iba a decir que estaba buscando un videojuego para distrarme.

  —?Tú? ?La chica perfecta quiere distraerse?

  —Nadie es perfecto, Zev. —Se miró las manos—. Yo también siento que no encajo. Solo que mi forma de lidiar con eso es... tratar de ser la mejor en todo. Tú tratas de ser invisible. Estrategias diferentes, mismo miedo.

  No esperaba eso.

  —?Miedo a qué?

  —A que descubran que en realidad no somos tan especiales como pretendemos. —Se encogió de hombros—. O en tu caso, que descubran que sí eres especial y no sepas qué hacer con eso.

  Wow. Okay. Maya acababa de desarmarme emocionalmente antes de las ocho de la ma?ana.

  —?Esto es una charla de terapia?

  —Esto es una charla de "acabamos de ver algo muy raro y necesito que estés conmigo en esto porque no confío en nadie más". —Me miró directamente—. ?Estás conmigo?

  Y ahí estaba. Maya Castillo, la competidora incansable, admitiendo que me necesitaba o que no quería compartir la información con alguien mas que le fuese a ganar.

  —Siempre. —Lo dije sin pensar—. Estoy contigo.

  —Bien. —Sacó su libreta otra vez, y el momento vulnerable se evaporó—. Entonces necesitamos un plan. Voy a investigar a Rygandal sin que se note. Tú vas a observar a Félix y los otros. Cualquier comportamiento extra?o, me avisas inmediatamente.

  —?Más extra?o que obediencia robótica?

  —Especialmente más extra?o que eso.

  Un timbre sonó en la distancia. Cinco minutos para la entrada oficial.

  —Una cosa más. —Maya se levantó de la banca—. Sobre lo del laboratorio. No vuelvas a hacer eso.

  —?Cubrir tu espalda?

  —No. —Me miró seria—. No vuelvas a asumir que mis errores son menos importantes que tu expediente. Si meto la pata, es mi responsabilidad. ?Okay?

  —Si...

  —?Okay?

  —Okay. —Suspiré—. Pero eso significa que si yo meto la pata, no me ayudas.

  —No dije eso. —Maya sonrió con esa sonrisa competitiva—. Dije que no asumas. Hay una diferencia.

  Antes de que pudiera procesar la lógica retorcida de eso, ya estaba caminando de regreso al edificio, con su libreta bajo el brazo y esa energía de "tengo un misterio que resolver y nadie me va a detener".

  La seguí porque, honestamente, ?qué más iba a hacer?

  El patio central estaba lleno cuando llegamos. Toda la escuela formada en filas más o menos derechas, murmurando sobre el nuevo maestro que aparentemente "parecía modelo" según , mi grupo 3 A .

  El director Salinas —un hombre de sesenta y tantos a?os, barriga prominente, y la capacidad de sudar incluso en diciembre— subió al peque?o estrado con un micrófono en la mano.

  —A ver, a ver... ?ya está encendida esta chingadera...? —su voz retumbó por los altavoces.

  Algunos estudiantes se rieron. El director se dio cuenta que el micrófono estaba encendido y se puso rojo.

  —Digo... este aparato. ?Ya funciona? —carraspeó—. Okay. Buenos días, estudiantes.

  —Buenos días, director —respondió el coro desigual de cuatrocientos adolescentes con sue?o.

  —Bueno, pues... seguramente han escuchado en las noticias sobre Concordia y... y la gente que llegó de otra dimensión. —Leyó de una tarjeta con letra microscópica—. El gobierno del estado de Monte Armonía y la nueva ciudad de Concordia han... ?implementado? —miró la tarjeta más de cerca— ...implementado una forma de que se adapten estos seres a nuestra ciudad. O algo así.

  Maya a mi lado hizo un sonido de dolor físico.

  —El punto es —continuó el director, abandonando la tarjeta—, que tenemos un nuevo maestro. Se ve normal pero no es humano.

  Silencio absoluto.

  —Bueno, cuando digo "normal" me refiero a que... tiene forma humana. Tiene dos brazos, dos piernas, una cabeza. Ya saben. Lo básico. —Hizo un gesto vago con las manos—. Pero es de la otra dimensión, entonces técnicamente no es humano. ?Me explico?

  —No —susurró Maya entre dientes.

  —Quiero que lo respeten y traten de que se sienta... en su casa. Aunque desconozco cómo es su casa. Dicen que tienen islas flotantes. —Se rascó la cabeza—. No creo que sea literal, ?verdad? —Le preguntó al maestro de Educación Física que estaba junto a él.

  El maestro se encogió de hombros.

  —órale. Entonces sí es literal. —El director pareció genuinamente sorprendido—. Bueno, lo importante es que el maestro Rigandol será el nuevo docente del grupo tercero B.

  Tercero B. Mi grupo. Claro que si.

  —Ah, y una cosa más —a?adió el director—. Todos deben ser respetuosos. No importa cómo se vean. Miren al maestro Ziganbol, se ve como nosotros. Bueno, excepto esas orejas. Pero ya saben, hay que... —buscó la palabra— ...hay que respetar.

  Su nivel de elocuencia era inspirador. Realmente.

  —Bueno, ya. A sus salones. Y compórtense. —Apagó el micrófono, o al menos lo intentó, porque seguimos escuchándolo murmurar—: ?Cómo se apaga esta madre...?

  Cuando entramos al salón después de la asamblea, Rygandal ya estaba ahí. Parado frente al pizarrón, observando el marcador en su mano como si fuera un artefacto alienígena.

  Porque para él, técnicamente lo era.

  Lo vi girar el marcador, examinar la punta, olerlo (sí, olerlo), y luego quitar la tapa con un movimiento deliberado. Como si estuviera desarmando una bomba.

  Todos tomamos nuestros lugares en silencio. Félix y su grupo estaban en sus bancas, todavía con esa quietud antinatural. Akenev no tenía su teléfono fuera. Santiago estaba sentado derecho. Este óscar: no murmuraban con alguien. Era inquietante.

  Rygandal se giró hacia el pizarrón y escribió. Su caligrafía era perfecta, con curvas elegantes que definitivamente no eran del alfabeto latino.

  "Isse meltha i lúm? arinya"

  —Disculpe, maestro —dijo alguien desde atrás, con ese tono de burla mal disimulada—. ?Sabe espa?ol?

  Era Carlos, un tipo de tercero que se creía chistoso. Algunos se rieron.

  Rygandal se giró lentamente. Sus orejas —?se habían movido?— estaban ligeramente hacia atrás.

  —Sí, lo sé. —Su voz era tranquila. Demasiado tranquila—. De hecho, su idioma es notablemente básico de aprender. Simple estructura gramatical, vocabulario limitado en comparación con las lenguas élficas. —Pausa—. Solo no estoy acostumbrado a su... tonalidad particular. Tendrán que disculparme mientras adapto mi dicción.

  Carlos se hundió en su asiento.

  Rygandal se giró de nuevo al pizarrón y escribió debajo, esta vez en espa?ol:

  "El conocimiento es la mejor herramienta"

  —El conocimiento, jóvenes —dijo sin voltear—, no existe únicamente detrás de las palabras. Hay múltiples formas de adquirirlo, y es necesario obtenerlo de todas las maneras posibles para desarrollarnos como seres conscientes.

  Entonces hizo algo que nunca creí ver en esta escuela: Se volteó hacia nosotros, y todos le pusimos atención.

  No por miedo. No exactamente. Era más como... como cuando sabes que alguien va a decir algo importante y tu cerebro decide, por primera vez en su vida, enfocarse.

  —Por ello —continuó Rygandal—, los haré pasar por seis pruebas durante este trimestre.

  Murmullos inmediatos, el sujeto no lleva ni cinco minutos en el salón y ya quiere hacernos pruebas.

  —Cada prueba evaluará un aspecto diferente de su carácter, conocimiento y habilidades. —Caminó entre las filas con esa gracia que hacía que pareciera flotar—. De estas pruebas dependerá su calificación final.

  —Maestro. —Maya levantó la mano—. ?Podrías elaborar sobre la naturaleza de estas evaluaciones? El plan de estudios estándar no contempla...

  —El plan de estudios estándar —interrumpió Rygandal— no fue dise?ado para desarrollar individuos completos. Fue dise?ado para crear trabajadores obedientes. —Sus ojos verdes nos recorrieron a todos—. Yo no estoy aquí para crear trabajadores..

  —Entonces, ?qué es? —pregunté antes de poder detenerme.

  Rygandal me miró directamente. Por primera vez desde que lo vi, realmente me miró como si pudiera ver mi alma.

  —Estoy aquí, se?or Reyes, para descubrir qué son ustedes realmente.

  No supe si eso era prometedor o aterrador, probablemente ambas cosas.

  ?Alguna otra pregunta?

  —Maestro ?realmente es un elfo? —pregunto incredulo óscar:

  Asintió. Genial, mi maestro es un elfo de otra dimensión.

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