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Capitulo 38: Recuerdos de una Madre IV.

  Tanto Aragi cómo yo nos quedamos mirando a Alba quién se encontraba en su cama, sentada mientras su mirada penetrante nos observaba.

  —?Alba?—pregunté.

  —Si y quiero saber que diablos hacían aquí en mi habitación, en una de las esquinas del techo.

  —Vinimos a buscarla.—respondió Aragi.

  —Ya veo, ?Y por qué?—Alba se cruzó de brazos mientras mantenía su mirada sobre Aragi.

  —Queríamos saber sobre el asesinato.—respondí, al momento de hacerlo Alba fijó su mirada en mi.

  —?Ustedes también, huh?—la decepción se sintió en el tono de su voz.

  —Si, pero no de la manera que crees.—dije.

  —?Ah, si?—Alba levantó una ceja en se?al de interés— Explícate.

  —Pensamos que el ataque a tus padres fue algo planeado y no algo casual.

  —No me digas, ?El ataque a un gobernador amado por su pueblo fue premeditado?—un claro tono sarcástico se notaba en su voz— Eso es obvio genio, dime algo que no sepa.

  —Creemos que quién lo planeó podría ser alguien del cuerpo de seguridad.

  —Me resulta difícil de creer—dijo Alba mientras negaba con la cabeza—. Todos amaban a mi padre, no encuentro posible que alguien planease el ataque.

  —?Qué tan segura estás de que todos amasen a su padre?—preguntó Aragi.

  —Lo suficiente.—respondió tajante.

  —?Y si hubiera alguien que todo este tiempo estuvo actuando?

  —De ser así yo no lo sabría. No llevo mucho tiempo viva cómo para saber cómo eran los ciudadanos antes de mi nacimiento.

  —Y su hubiera alguien que lo supiese, ese sería Horst.—dije.

  —Exacto. ?Algo más que decir? Siento que esta conversación no llegará a ningún lado.

  —?Cómo desapareciste así? Juraría que caímos encima tuyo—preguntó Aragi.

  —Soy una buena maga y tengo buen dominio de las ilusiones.

  —Entonces por eso los asesinos no te mataron...

  —Exactamente.

  —Eres un tanto peculiar—dije mientras me ponía a caminar por la habitación—. No actúas cómo alguien tan joven, ?Es otra de tus ilusiones?

  —?Para qué quieres saberlo?

  —?Eso significa qué si? Lo menciono porque me resulta extra?a toda esta situación. Tus padres murieron hace no mucho, tienes una madurez mental muy alta para alguien que aparenta menos de diez a?os—mencioné mientras caminaba en círculos, Alba y Aragi me observaban—. Si bien desconozco cómo funciona la magia en su totalidad, no necesito ser una genio para saber que dominar algo cómo la ilusión no sería algo que una ni?a pudiese hacer sin dedicarle a?os, ?No crees Aragi?

  —Emm... Supongo que tienes razón.

  —No "supongas". Tengo razón—mire a Alba—. ?Verdad "se?orita" Alba?—al decir su nombre usé un tono de voz que marcaba cierta condescendencia.

  —Eres molesta.—respondió Alba mientras me miraba con enojo.

  —?Ah si? ?Por qué lo dice?

  —Me molesta que seas alguien inteligente, o más bien que tus observaciones o teorías estén cerca de la realidad—dijo mientras se bajaba de la cama—. Serías buena investigadora.

  —Gracias, lo tomaré cómo un cumplido.

  —Ciertamente soy buena en las ilusiones—mencionó mientras caminaba al rededor de la cama—, y es verdad que un dominio cómo el mío no se consigue en poco tiempo—una tenue luz envolvió a Alba—. Por eso me sorprende que haya alguien cuya intuición sea tan acertada.—la luz se desvaneció y dejó tras de ella a una chica distinta a como la habíamos visto antes.

  Esa chica era un poco más alta que la Alba de antes: Su cabello rubio grisáceo era ondulado, detrás del cuál se podía apreciar sus orejas ligeramente puntiagudas; su mirada soberbia y penetrante hacía contraste con la heterocromía en sus ojos siendo uno verde esmeralda y el otro azul zafiro; su ropa era similar a un elegante pero juvenil vestido con volantes color blanco.

  —Supongo que ese es tu aspecto real.—dije.

  —Si.—afirmó Alba.

  —Es muy distinto a lo que esperaba.—observó Aragi.

  —No te sorprendas tanto, el aspecto de antes es el que yo tenía de joven.

  —Hablas cómo si fueras mayor que nosotros.

  —Mi padre era un Elfo y por extensión herede parte de su sangre élfica. Razón por la cuál me mantengo joven pese a que actualmente tengo dieciséis a?os.

  —Mi misma edad.—dije mientras Alba me observaba.

  —?él también tiene nuestra edad?—dijo se?alando a Aragi.

  —No, él tiene quince.

  —Ya veo. Bien, ?Qué quieren conseguir con todo esto?—dijo mientras me miraba con sus ojos penetrantes.

  —Sólo quería hacerte saber mis sospechas.

  —?Nada más?

  —Nada más.

  —Bien, pueden irse.

  Afirmé con la cabeza mientras me dirigía a la puerta, Aragi me miró y comenzó a seguirme. Al voltear a ver a Alba ella ya había vuelto a su forma de ni?a, podía sentir cómo me miraba con cierto rechazo.

  Con discreción Aragi y yo volvimos por dónde habíamos venido, tras salir a la azotea escalamos la pared y, cuándo estuvimos sobre el tejado de un edificio vecino, Aragi me habló.

  —?Qué fue lo que ocurrió allí?

  —?Hablas sobre mi conversación con Alba?

  —Si.—afirmó con la cabeza mientras su miraba demostraba una clara confusión.

  —Quería comprobar si ella era alguien de confianza o si solo nos mentía.

  —?Cómo podrías comprobar algo así?

  —Sólo esperar supongo.

  —?Esperar?

  —Dependiendo de que ocurra a partir de ahora podremos tomar una u otra decisión.

  —Mmm... Tengo mis dudas pero está bien. ?Volvemos?

  —Si.

  Aragi y yo volvimos mientras íbamos de edificio en edificio hasta llegar a nuestra posada en la cuál ingresamos por el balcón.

  Al estar dentro Aragi se sentó en la cama mientras yo aún le daba vueltas a la situación.

  —?Qué tanto piensas?

  —Solo sigo pensando en todo lo que ocurrió.

  —Incluso la conversación con Alba no fue tan productiva.

  —Al contrario, fue más productiva de lo que crees.

  —?Si?

  —Si. El hecho de que nos mostrase su auténtica forma ya es una se?al de que, cómo mínimo, confía en nosotros... O quizá solo juega con nosotros.

  —?Crees qué ella nos ayude de alguna forma?

  —Queda esperar hasta ma?ana.

  —?Qué ocurrirá ma?ana?—me preguntó Aragi mientras yo me sentaba a su lado.

  —Si lo que pienso es acertado... Ma?ana tampoco tendrán información alguna sobre los asesinos, y quizá eso haga que Alba se nos acerque por voluntad propia.

  —Y supongo que si lo va a hacer será usando sus ilusiones y tomando la forma de alguien más, ?No?

  —Exacto.—apoyé mi cabeza sobre el hombro de Aragi.

  Ambos estábamos cansados así que nos recostamos uno al lado del otro, abrazados.

  Con las luces apagadas nos dimos un suave y tierno beso antes de descansar.

  Tras una media hora dormida, me desperté debido a una extra?a incomodidad. Sentía que alguien o algo nos miraba.

  Estando un rato a oscuras mis ojos se acostumbraron a la oscuridad así que pude ver a nuestro al rededor.

  ?Algo hacía la puerta? Nada, ni a la puerta de la entrada ni a la puerta del ba?o.

  ?Algo en la ventana? Con lentitud y de manera disimulada me di vuelta, dándole la espalda a Aragi. En la ventana tampoco había nada.

  Quizá mis instintos me jugaron una mala pasada, quizá todo el estrés que estuve pasando estos días finalmente me habían vuelto loca.

  Pero aún así algo me incomodaba.

  Cerré mis ojos y me concentré en mi capacidad auditiva, quizá mis oídos podían detectar algo que mis ojos no.

  Pude escuchar la respiración de Aragi a mi lado, su tenue aliento acariciaba mi nuca. No había nada de raro en él.

  Pude escuchar el viento fuera de la habitación, un suave viento que predecían una posible tormenta. No había nada fuera de lo normal.

  Pude escuchar una respiración... No de Aragi... Tampoco mía...

  ?Alguien estaba en la habitación con nosotros? No, dentro sólo estábamos nosotros dos.

  ?Entonces dónde? ?Fuera de la habitación? No, no había sombra alguna por debajo de la puerta.

  ?Debajo de la cama? Imposible, la cama no era tan grande cómo para que hubiese espacio debajo de ella, en la habitación sólo éramos dos.

  ?Entonces dónde?

  ?Desde dónde podría alguien observarnos? Fuera de la ventana, hacía el balcón no había nadie... No, esa tercera respiración no estaba en un lugar tan obvio...

  Sólo quedaba una única opción: Arriba de nosotros.

  Mirando hacía el techo comprobé que no había nadie ahí, pero si estaba sobre nosotros. Estaba en el tejado.

  Mis instintos siempre fueron mi fuerte, incluso desde que era joven, así que no es que me esté volviendo loca. Alguien nos acosa.

  Con suavidad moví a Aragi intentando que se despertara, pero fue en vano. Conociéndolo solo había una manera de que se despertara.

  Acerqué mis labios a los suyos y con una tierno beso comencé a frotarme en él, peque?os mordizcos, peque?os roces. Casi de manera instintiva sus manos rodearon mi cadera.

  —?Estás con ganas?—susurró Aragi con un tono de voz provocativo.

  —No, bueno no ahora—susurré con cierta vergüenza—. Es solo que... Nos están observando.—le dije al oído. Casi cómo si ese susurro fuese un grito de alerta, Aragi abrió los ojos de par en par. Su mirada demostraba preocupación pero lo calmé mientras pasaba mi mano por su mejilla.

  —?Dónde?—me susurró.

  —Encima nuestra.—respondí mientras me apegaba más a él.

  —?Cuántos?

  —Uno.

  —?Ahora qué hacemos?—preguntó mientras subía las sábanas hasta casi cubrirnos por completo.

  —Esperar, si hace algún movimiento responderemos. Tenemos la ventaja pues deberá pensar que estamos siendo acaramelados.—respondí mientras que con lentitud me ponía sobre él, con mi rostro mirando al techo. Aragi afirmó con la cabeza.

  Nos quedamos haciendo movimientos en la cama, simulando que estábamos teniendo un momento de intimidad.

  Pese a nuestros movimientos en la cama, yo seguía concentrada en esa presencia externa. Pude sentir cómo se movía al notar que "estábamos ocupados".

  Aquella extra?a persona que nos observaba parecía querer entrar a la habitación de alguna forma, pero Aragi y yo estábamos preparados para cualquier tipo de situación.

  ?Por qué no nos atacó antes?

  ?Qué es lo que lo detiene?

  ?Cómo piensa entrar? No destruirá el techo, ?Verdad?

  Mientras pensaba en las distintas e hipotéticas situaciones pude sentir algo: La respiración de esa otra persona empezó a ser más pesada, cómo si se preparara para hacer algo.

  De pronto esa persona que estaba sobre el tejado, apareció justo sobre nosotros. Al notarlo, en la fracción de un segundo y de una patada, aparté a Aragi para evitar que aquella persona nos da?ase pues había apu?alado con una daga justo en la almohada, dónde se suponía que estaban nuestras cabezas.

  Si bien había previsto algún tipo de confrontación, no esperaba que apareciese justo sobre nosotros.

  Aragi y yo nos miramos durante un breve momento, aquel asesino vestía ropas similares a los que atacaron el carruaje.

  éramos dos contra uno y pese a que su rostro estaba cubierto, pude notar una mueca de asombro y confusión por parte del asesino.

  Con velocidad arremetí contra él quién, con gracia y movimientos elegantes, esquivaba los golpes que yo le daba. Aragi por su parte también comenzó a atacarlo, pero el asesino bloqueaba sus golpes.

  Pese a que éramos dos contra uno, entre el cansancio y el corto descanso que tuvimos, nosotros estábamos en desventaja.

  El asesino notó nuestro bajo desempe?o y empezó a ser más agresivo, ahora éramos nosotros quienes lo esquivaban a él. La daga que usaba poseía con una curvatura extra?a, su forma irregular nos hacía entender qué si nos lograba apu?alar con ella la herida sería difícil de tratar.

  La situación no era alentadora para nosotros; supimos que estar dentro de la habitación no era la mejor idea, incluso si la habitación era algo espaciosa seguía sin ser espacio suficiente para maniobrar bien nuestros movimientos.

  Tas lograr rodear al asesino Aragi y yo pudimos estar hombro a hombro, nuestro estado físico comenzaba a mostrar signos de deterioro. Aragi me miró y yo lo miré, tras voltear a ver al asesino, quién parecía estar disfrutando la situación, decidimos huir por la ventana del balcón.

  Saltamos y caímos, con velocidad comenzamos a correr hacía las zonas más alejadas y menos pobladas. Pese a ser una ciudad transitada, a éstas horas no había nadie por las calles, ni siquiera los oficiales de seguridad, lo cuál me resultó extra?o.

  Me detuve en dónde parecía un lugar idóneo para un combate, Aragi se detuvo conmigo.

  —?Lo pedimos?—me preguntó.

  —No, de hecho él ya está aquí.—dije mirando a una zona en particular oscura de la cuál él emergió.

  —?Cómo?—preguntó Aragi con cierta frustración.

  —Se teletransporta.—afirmé.

  —?Qué?

  —Alba podía usar ilusiones a un nivel elevado para su edad, no es difícil imaginar que exista alguien capaz de teletransportarse con versatilidad, al menos a distancias cortas.

  —?Eso es lo que hizo en la habitación?—me preguntó Aragi, yo afirmé.

  Los vientos que había sentido en la habitación dieron lugar a oscuras nubes en el cielo.

  Los pasos del asesino eran lentos y lleno de confianza, cómo si él no tuviera la más mínima intención de tomarnos en serio.

  Con cierta duda Aragi y yo nos pusimos en posición de combate esperando que el asesino inicie.

  La oscuridad de la noche empeoraba con las nubes cubriendo incluso las lunas del cielo... De repente una fuerte lluvia comenzó.

  Cómo si fuera un rayo el asesino desapareció de su posición inicial y apareció frente nuestro tratando de apu?alarme, gracias a nuestros reflejos yo pude esquivarlo mientras que Aragi tomaba su mano. Al momento de tomarla, el asesino hizo un movimiento con sus piernas, saltando sobre el brazo de Aragi y poniendo todo su peso en él, girando su cuerpo; Aragi dio un peque?o resoplido de dolor pues el asesino le había hecho una llave al brazo.

  La agilidad de ese asesino era tal qué, tras la llave, se liberó y trato de atacarme de nuevo; pude esquivarlo pero él se volvió a teletransportar y ésta vez fue detrás mío. Debido a su velocidad yo sabía que no podría esquivarlo, así que puse mi mano tratando de protegerme; la hoja de su afilada daga traspasó mi palma, pese al dolor yo sostuve la daga y apreté con fuerza para impedir que él la retirase. El asesino se veía sorprendido, pues no esperaba que yo fuese tan audaz y, aunque él tratase de retirar la daga, no podría pues mi fuerza es muy superior a la suya.

  Al tenerlo justo frente a mí intenté darle un golpe con toda mi fuerza, pero él previendo lo que iba a hacer soltó la daga y se teletransportó justo dónde estaba Aragi, ésta vez desarmado. Aragi notó que el asesino ahora apuntaba hacia él, pero con gran ingenio arrancó un pedazo de adoquín del suelo y se lo lanzó; la velocidad de ese pedazo de adoquín era tal qué se pudo oír un peque?o estruendo al lanzarla.

  Supongo que el asesino no esperaba que la velocidad fuese tanta, pues el proyectil impactó de lleno en uno de sus hombros y pudimos apreciar un quejido de dolor por parte del asesino.

  Con rapidez me acerqué a él pero el asesino de nuevo se teletransportó, ésta vez tomando algo más de distancia de nosotros. Veíamos cómo se sostenía el brazo con dolor, es posible que los huesos de su hombro se hubiesen pulverizado por el impacto.

  La fuerte lluvia iba acompa?ada de fuertes truenos que se oían a la distancia...

  Aragi se recompuso y con preocupación vio mi mano, negando con la cabeza le hice entender que no era nada importante ahora mismo. él volvió a ver hacía el asesino quién parecía estar diciendo algo mientras sostenía algo.

  —?Está recitando un cántico!—exclamé mientras corría en dirección al asesino, Aragi me siguió.

  Cuándo estábamos por llegar hasta él, éste se volvió a teletransportar hacía nuestra retaguardia. Aunque ahora estuviese en otra posición no parecía que el cántico se hubiese cortado.

  Tanto Aragi cómo yo estábamos nerviosos, no sabíamos si usaría un ataque a distancia y por eso se teletransportaba; o si por lo contrario estaba preparando un ataque a corta distancia y quería que nosotros caigamos en su trampa al acercarnos. Ambas opciones eran posibles y no podíamos separarnos pues uno de los dos recibiría el impacto de igual manera.

  Mientras nosotros no sabíamos que hacer, el asesino terminó su cántico.

  —'Sphaera Ignis'.—dijo el asesino con una voz ronca.

  En la palma de su mano se creó una esfera de fuego de un considerable tama?o, su color era de un vívido rojo intenso. él lo lanzó contra nosotros cómo si de una piedra se tratase mientras que mantenía su mano en la misma posición tras lanzarla, cómo si la estuviese guiando; pese a que no iba a la misma velocidad que el adoquín que le lanzó Aragi, aún así su velocidad era considerable. Cuándo la esfera estuvo por impactar contra nosotros, Aragi y yo saltamos en direcciones opuestas intentando esquivarlo. Pero al hacerlo pude notar cómo el asesino apretaba su mano mientras miraba la esfera, en ese mismo instante me di cuenta de la situación.

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  La esfera de fuego estalló incluso sin impactar en alguno de nosotros, la explosión generada nos expulsó de la zona de batalla mientras nos quemaba, Aragi y yo ahora estábamos separados, la explosión había creado un pozo rodeado de llamas.

  Al levantar la mirada vi a Aragi y él me vio a mí, cuándo hicimos contacto visual pude distinguir una expresión de desesperación en su rostro mientras me miraba, por cómo él me estaba mirando yo sabía que estaba gritándome algo pero el ensordecedor sonido de la explosión aún retumbaba en mis oídos.

  Aclarando un poco mis sentidos volví a mirarlo, ésta vez él estaba con lágrimas en los ojos, ?Lágrimas? ?Por qué tendría lágrimas?

  —?Detrás de ti!—con un tono de voz desgarrador gritó Aragi.

  Al entender sus palabras miré por un breve instante mi mano y en ella ya no estaba la daga, al voltear mi cabeza hacia atrás pude sentir un agudo dolor en el pecho, éste dolor me resultaba extra?amente familiar... Me habían apu?alado.

  Aún atónita miré quién me lo había hecho, era el asesino quién tenía en su posesión la daga que ya no estaba insertada en la palma de mi mano pues me la habría quitado en el corto periodo de tiempo que yo me recomponía.

  Llevando mi mano al pecho traté de detener la hemorragia sin éxito, la lluvia impedía que yo pudiese diferenciar mi herida del agua. Aún en el piso volví a mirar a Aragi.

  Quizá fue por desesperación.

  Quizá fue por miedo.

  Pero al volverlo a ver extendí mi mano hacia él, tratando de alcanzarlo. Algo que era imposible por nuestra distancia y, con la única fuerza que me quedaba, le di una sonrisa.

  Pese a que mi mirada estaba nublosa, pude ver una expresión en Aragi que nunca antes había visto, una expresión tan oscura cómo el mismísimo vacío.

  Mi audición comenzó a fallar pero aún así pude distinguir un grito.

  —??Tsukihi!!—era la desgarradora voz de Aragi.

  Me siento mal por hacer que esa expresión se dibuje en su rostro...

  Yo sólo quería tener una vida tranquila y feliz con la persona que amo...

  Perdóname Aragi... Perdona que no pueda hacerte feliz...

  —??Aargh!!—escuche los desgarradores gritos de Aragi y cuándo pensaba que todo había terminado...

  Un segundo y poderoso estruendo se escuchó justo detrás de mi.

  Con cierta dificultad me giré para ver que es lo que había ocurrido... Y ahí lo vi... Era Aragi, quién hasta unos breves instantes estaba justo en frente mía ahora estaba detrás, el estruendo que había escuchado era del impacto que se había generado cuándo él golpeó al asesino.

  Del cuerpo del asesino sólo quedaba su mitad inferior pues el golpe que Aragi le proporcionó fue tan destructivo y tan veloz que todo su torso había sido destruido.

  Esa mirada... Esa expresión... Esa rojiza y vaporosa piel me recuerdan a algo...

  Es verdad, yo hice la misma expresión cuándo el esclavista habló sobre mis padres...

  ?Cómo fue que me había llamado?

  Cierto... él me dijo...

  —OniMusha...—susurré.

  —?No digas nada!—respondió Aragi mientras que me cargaba en sus brazos.

  —?Qué haces?—pregunté con debilidad.

  —?Qué te crees que hago?—Aragi comenzó a correr— ?Te llevo a un médico!

  —No lo hagas...

  —?Qué no lo haga?—me preguntó con agresividad— ?Acaso te volviste loca?

  —No es por eso...

  —?Entonces?

  —Aquel asesino... ?Quién crees que lo mandó a por nosotros?

  —?No estoy para tus adivinanzas!

  —Piensa... Quién es la única persona con la que hablamos esta noche... Piensa... Quién es la única sobreviviente de un ataque de ellos...—Aragi se detuvo por un momento, consternado.

  —Alba...—dijo Aragi mientras me miraba. Yo solo le sonreí.

  Con el sonido de la lluvia y la calidez de Aragi cerré los ojos mientras sentía el calor de sus brazos, él puede ser un poco testarudo pero sé que jamás me haría algún mal... Sé que él no me llevaría al médico de aquí luego de saber lo que sabemos.

  Poco a poco comencé a perder la consciencia. El calor que recibía de los brazos de Aragi era tan cómodo que logré conciliar el sue?o.

  No sé que haremos ahora, no sé dónde iremos.

  Pero si estoy con él... Sé que estaré bien...

  ...

  Nunca me gustó la oscuridad, me hacían sentir sola... Y todo empeoró cuándo mis padres fallecieron...

  Pero...

  Aragi me dio la luz que yo necesitaba en mis peores momentos...

  él ilumina mi camino... No... Es más que eso.

  él camina junto a mí y me acompa?a en todo tiempo y lugar.

  Aquella senda que antes solo era oscuridad y soledad, ahora está iluminada... Y no es porque él sea la luz... La senda que recorremos ahora está iluminada porque él la camina a mi lado.

  Gracias... Aragi...

  ...

  Con cierta dificultad abrí mis ojos... me duele el cuerpo...

  Al abrirlos noté que estaba acostada sobre una cómoda manta en una cama conocida... mi cuerpo está por completo vendado y pude notar el resplandor del día.

  —?Tsukihi!—una voz conocida dijo mi nombre. Al voltear vi a Aragi quién tenía ojeras y a Alice quién estaba llorando.

  —Tonto...—susurré mientras unas lágrimas bajaban por mi mejilla.

  —No hables... Sólo mantente descansando.—me dijo Aragi mientras me miraba con preocupación.

  —Ujum.—afirmé con la cabeza mientras miraba a Alice quien estaba al lado de Aragi.

  —Te traje a En'Ahr corriendo desde Syhlppah. No tuve tiempo siquiera de buscar nuestras cosas así que estamos cómo en el principio.

  —Aragi estuvo despierto toda la noche—mencionó Alice con los ojos llorosos—. Mi mamá y el médico del pueblo se encargaron de tus heridas.

  —Dijeron que no podrás moverte por unos días—agregó Aragi mientras sostenía mis manos—, parece que aquel cuchillo tenía alguna especie de veneno de lenta reacción. Si no te hubiesen tratado con velocidad... Bueno, no quiero ni pensar en que hubiese ocurrido.—la mirada de Aragi se notaba cansada.

  —Deberías dormir Aragi—le dijo Alice a Aragi con una mirada tierna—. Si pasas mucho tiempo despierto te hará mal.

  —Gracias—sonrió Aragi mientras acariciaba la cabeza de Alice—, pero estoy bien.

  —P-Pero...—Alice trató de replicar pero no sabía que decir.

  —No deberías ser así.—replicó una voz conocida que acababa de entrar por la puerta.

  —Mamá—dijo Alice mientras corría en dirección a su madre, abrazándola—. Aragi no quiere descansar.

  —Aragi.—la voz de la Mary era seria.

  —Estoy bien... No dejaré que nadie le vuelva a da?ar...

  —?Y crees qué podrás defenderla cuándo tienes esa mirada? Se te nota el cansancio a leguas.

  —No puedo darme el lujo de descansar ahora.

  —Aragi.—hablé con cierta dificultad.

  —?Tsukihi, no digas nada!—me dijo Aragi mientras me miraba con miedo, él quería poner su mano sobre mi cuerpo pero tenía miedo de llegar a da?arme.

  —Si ellos vienen... No podrás defenderme en tu estado.—le sonreí.

  —Tsukihi...—Aragi me miró con una expresión mezclada tanto con frustración cómo con obediencia.

  —Bien... Pero no me iré de ésta habitación.—dijo Aragi mientras se sentaba en el piso, recostando su espalda contra el marco de la cama.

  —No esperaría menos de ti.—sonreí.

  —Avísenme si pasa algo.—dijo Aragi mientras se cruzaba de brazos y cerraba los ojos.

  —Eso haré—respondió Mary mientras se iba con Alice—. Me alegro que estés bien Tsukihi, nos diste un buen susto.

  —Gracias por todo lo que hicieron por nosotros, una vez más.—le sonreí.

  —No hay de qué.—Mary salió de la habitación.

  Estamos de nuevo en En'Ahr, no pasó ni siquiera un mes desde que nos fuimos y ahora estamos aquí de nuevo... Que irónico.

  Volteando a ver la nuca de Aragi, quién estaba durmiendo a mi lado, una extra?a sensación nació dentro de mi.

  Casi lo dejo sólo de nuevo... Es una sensación dolorosa.

  No puedo seguir da?ándole de ésta forma. Debo ser más fuerte para no dejarlo sólo...

  Mis heridas duelen, si, pero necesito mejorarme para poder apoyarlo y para eso lo primero será descansar bien y esperar a recuperarme. Luego ya pensaremos en que hacer.

  —Te amo Aragi.—le susurré.

  —Yo también te amo Tsukihi.—me susurró.

  De verdad no quiero dejarte solo... Aragi.

  ...

  Durante lo que quedó del día no pude dormir, el dolor de mis heridas era tal que me impedían conciliar el sue?o. Pero algo pude sacar en claro de todo esto...

  Alba está relacionada con el magnicidio de su propio padre... Esa muchacha no sólo es inteligente sino que también es terriblemente maquiavélica, si mis conjeturas son acertadas esa chica es muy peligrosa.

  Me equivoqué al pensar que ella nos ayudaría... ?Por qué nos mostraría su verdadera forma a nosotros? Solo éramos unos desconocidos que estuvieron en el lugar equivocado a la hora equivocada...

  No quiero sobre pensar las cosas pero quizá ella sea una especie de líder de esos asesinos... No es difícil de imaginar que, si usa su magia de ilusión para verse como una ni?a, podría hacerse pasar por alguien más y crear un grupo como Falsa Sonrisa.

  Quizá esa forma que nos mostró tampoco es la real... Pero bueno, en éste estado no puedo hacer nada, lo mejor será irnos de aquí en cuánto pueda volver a moverme.

  Quizá debamos ir al SurOeste, durante el tiempo que estuvimos en Syhlppah pude enterarme un poco sobre el resto de ciudades portuarias, quizá en alguna podamos tomar un barco e irnos al Archipiélago Messais.

  Será un buen destino...

  Tras pensar mucho en nuestro próximo objetivo finalmente pude conseguir dormir.

  Será porque Aragi está a mi lado, pero incluso aunque me encuentre en un mal estado pude descansar con tranquilidad.

  Dormí toda la tarde y toda la noche, el cansancio que teníamos antes sumado a nuestro encontronazo con el asesino fue una experiencia extremadamente agotadora.

  ...

  Al abrir los ojos vi a Aragi ya despierto a mi lado, junto a él estaba Mary y un Dwerf con ropa elegante.

  —?Cómo se encuentra Doc?—le preguntó Aragi.

  —Es en verdad una sorpresa... Su cuerpo se recuperó casi por completo.—parece que ese Dwerf era el doctor que me había atendido cuando estaba inconsciente.

  —?De verdad?—preguntó Aragi con alegría.

  —Si.

  —Parece que soy increíble, ?Verdad?—pregunté con cierto tono presumido.

  —Tsukihi—Aragi me miró con sorpresa— ?A que hora despertaste?

  —Hace unos instantes—dije mientras me sentaba en la cama—. ?En verdad ya estoy recuperada?—empecé a mover con lentitud mis brazos y a tocar mi pecho, allí dónde me había apu?alado.

  —Casi recuperada—me corrigió el doctor—. Es probable que dentro de poco ya estés en plena forma, pero yo recomendaría esperar unos días solo por seguridad.

  —Genial.—sonreí.

  —Los Oni de verdad que son increíbles.—dijo el doctor con un suspiro lleno de asombro.

  Tras eso Aragi me abrazó con cuidado y el doctor se retiró de la habitación.

  Mientras Aragi cambiaba mis vendas empecé a contarle sobre lo que había pensado con respecto a Alba y a irnos al Archipiélago Messais, a lo que él se encontró sorprendido por mi iniciativa para volver a embarcarnos en aventuras.

  Al ver su cara de asombro no pude evitar darle un beso, lo cuál lo tomó por sorpresa.

  —Aragi...

  —?Si?

  —Hace tiempo que no siento tu cuerpo...—dije mientras pasaba mi mano por el abdomen de Aragi, buscando seducirlo.

  —?Quieres hacerlo ahora?—me preguntó con cierta vergüenza— No creo que sea el mejor lugar...

  —Si, lo sé—afirmé mientras metía mi mano por debajo de su pantalón—. Pero no es mi culpa... No tuvimos tiempo de hacer nada.

  —Eso no lo discuto.

  —Je—recosté a Aragi sobre la cama y me puse sobre él—. Tonto.

  Aragi y yo nos besamos y mientras sentía cómo su lengua se acariciaba con la mía, comencé a desabrochar su pantalón; metí mi mano dentro y empecé a acariciar su pene el cuál ya estaba medio erecto. A sacarlo seguí acariciándolo mientras mi boca bajaba besando su cuello, luego sus pectorales y luego sus abdominales; al llegar a su pelvis comencé a darle peque?os besos desde la base hasta la punta del glande.

  Yo me deleitaba con las expresiones que hacía Aragi mientras lamía su pene; daba agresivos besos en la punta del glande mientras movía mi mano de abajo hacía arriba. Cuándo yo tenía el presentimiento de que Aragi podría estar cerca del orgasmo detenía mis besos y apretaba su pene.

  Al mirarlo pude notar una expresión de frustración mezclada con un ansioso placer. Mientras mantenía mi mano dura abrí la boca y le mostré a Aragi la gran cantidad de saliva que había en ella, dicho fluido poco a poco comenzó a bajar desde mi lengua hasta su glande creando una fina línea de saliva y, cuándo noté que Aragi comenzaba a temblar de ansiedad, metí todo su pene en mi boca de manera repentina; desde la punta del glande hasta la base, todo su pene estaba dentro de mi garganta. Al momento de meterlo comencé a hacer movimientos con mi garganta, podía notar cómo Aragi se retorcía de placer al mismo tiempo que sus piernas temblaban un poco.

  Cada vez que alejaba mi boca de la base yo succionaba lentamente hasta llegar al glande sólo para luego volverlo a meter entero, cada vez que lo hacía aumentaba un poco la velocidad y cuándo noté que él estaba a punto de eyacular tomé sus manos y las puse en mi cabeza.

  Aragi se encontraba tanto sorprendido cómo en un estado de trance y éxtasis, pero yo se que tanto le gusta esto. Sosteniendo mi cabeza con ambas manos Aragi comenzó a embestir de manera violenta mi boca con su pene, el placer mezclado con el fuerte olor que se había impregnado en la habitación empezó a hacer que mi mente dejase de pensar de manera clara y, sincronizándome con las embestidas de Aragi, empecé a mover mi cabeza a su ritmo. Con una última embestida Aragi dejó su pene por completo dentro de mi garganta mientras eyaculaba. Su caliente esperma comenzó a bajar por mi garganta y tras unos segundos soltándolo todo dentro de mí, él retiró su pene de mi boca.

  Aragi jadeaba mientras yo sentía cómo ese caliente esperma estaba tanto en mi boca y garganta, cómo en mi estómago. Mirando a Aragi a los ojos, cerré mi boca y tragué su esperma de la manera más ruidosa posible. Al volver a ver a Aragi le sonreí con picardía.

  Su pene estaba duro de nuevo.

  Me recosté sobre la cama y abrí las piernas, con mi dedo índice se?alé mi boca, luego la suya y luego mi vagina. Aragi entendió lo que traté de decirle y tras poner mis piernas sobre sus hombros comenzó a lamer mi vulva.

  Con suavidad Aragi movía su lengua al rededor de mis labios alternándolos con tiernos besos en mi clítoris, mientras lo hacía usaba sus manos para masajear mis pechos. Su lentitud cambió en el momento en que introdujo su lengua dentro de mi vagina; al hacerlo también apretó mis pezones con leve agresividad.

  Los movimientos de su lengua eran rápidos y violentos, yo sentía cómo su lengua giraba dentro mío. Mis piernas comenzaron a temblar, se?al que Aragi notó pues sus movimientos empezaron a ser incluso más asertivos: apretaba mis pezones con más fuerza, metía y sacaba su lengua con violencia, y comenzó a succionar mi clítoris con un poco más de ahínco.

  Cuándo ya no aguanté más sostuve su cabello con mis manos y rodeé su cabeza con mis piernas mientras tenía un fuerte orgasmo. Tras unos segundos de éxtasis solté a Aragi.

  él se recostó a mi lado, nos miramos y nos besamos.

  —?Quieres seguir?—me preguntó

  —Si.—afirmé mientras veía cómo su pene se mantenía duro.

  Aragi me tomó de las caderas y me volteó, poniéndome a cuatro patas con mis glúteos en su dirección. Mi vagina estaba completamente empapada.

  Con una violenta embestida Aragi metió todo su pene dentro de mí.

  —Ahhh...—di un fuerte y agudo gemido, pues no esperaba que lo metiera de golpe. Aragi por su lado tapó mi boca con una de sus manos mientras que con la otra sostenía uno de mis brazos.

  Cada vez que Aragi la metía yo podía sentir una descarga desde mi útero hacia mi cerebro. Debido a nuestra pose comencé a babear a través de la mano de Aragi, mi saliva fluía por entre sus dedos.

  Las embestidas cada vez eran más violentas y, tras una de sus repentinas embestidas, él llevó ligeramente mi cuerpo a su dirección estando casi sentada sobre él. En esa posición sentí cómo su glande chocaba contra la entrada de mi cérvix, tras lo cuál tuve el orgasmo más fuerte de toda mi vida.

  Incapaz de controlar mi libido, mordí los dedos de Aragi con fuerza mientras sentía cómo si mi cerebro se derritiese. Aragi por su lado él eyaculó dentro mío con pasión, pudiendo sentir su ardiente esperma entrando a mi útero

  No sé si hoy sea un día peligroso... Pero bah, a la mierda. No quiero pensar en ello mientras disfruto de esto.

  Ambos caímos rendidos.

  —Tsukihi...—Aragi jadeaba— ?Lo disfrutaste?—me preguntó mientras acariciaba mi mejilla.

  —Seh...—respondí aún llena de éxtasis mientras lamía los dedos de Aragi, los cuales tenían un leve corte por mi mordida.

  —Je... Ya lo veo—Aragi miraba la expresión que había en mi rostro—. Descansemos.

  Afirmé con la cabeza y tras besarlo ambos dormimos abrazados.

  Fin del recuerdo.

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