Al salir de la tribu Tsukihi y yo empezamos a vagar sin rumbo, la noche y la oscuridad nos impedía ver el camino por el cual íbamos pero, curiosamente, Tsukihi parecía conocer el terreno ya que se movía con facilidad entre los árboles.
—Venga vamos—me susurró Tsukihi—. Quiero mostrarte un lugar.
—No me digas que ya saliste antes.—susurré.
—Bueno, tenía que asegurarme qué, cómo mínimo, tuviéramos un lugar en el cuál pudiéramos guiarnos.—dijo con una voz mezclada entre culpa y picardía.
Tsukihi me llevó a un claro cerca de la tribu, en él había un peque?o lago dónde se reflejaban las estrellas y el cielo nocturno.
—Es un lugar hermoso.—dije fascinado.
—Ya me lo agradecerás luego.—rio Tsukihi con una sonrisa.
—?Y desde aquí hacia dónde vamos?
—No lo sé.—me respondió con tranquilidad mientras se encogía de hombros.
—?No lo sabes?
—Es mejor vivir la experiencia por uno mismo.—respondió con una mirada llena de confianza y sus manos sobre su cadera.
—Te olvidaste de un mapa, ?Verdad?—mire a Tsukihi con una mirada escéptica, mientras que ella tenía una expresión nerviosa.
—B-Bueno, lo importante es disfrutar de la aventura, ?No crees?—me dijo con una sonrisa culpable yo por mi lado suspiré mientras reía de manera burlona— Oye, no te rías...
—Entonces, ?Hacía dónde?
—Hacía allá.
—?Qué hay allí?
—No lo sé.—la tranquilidad que expresaba me resultaban un tanto molesta, pues sentía que dábamos pasos de ciego.
—?De verdad?—no sé que clase de expresión tendría en mi rostro pero debió ser una muy graciosa porque Tsukihi empezó a reír.
—Venga, ?No eras tú quien deseaba una aventura?—dijo de forma burlona.
—Es verdad—dije mientras sonreía—. Venga vamos.
—Sígueme.—Tsukihi sonrió y tomó la delantera.
Empezamos a caminar en la dirección que ella había dicho y mientras más nos adentrábamos en el bosque más oscuro se ponía. Llegó un momento donde la única luz que teníamos era la que la luna reflejaba en la corteza de los árboles.
—Espero que algo de oscuridad no te asuste.—dije con tono de burla.
—No tengo nada que temer, al fin y al cabo tú estás conmigo.—Tsukihi lo dijo de forma tranquila, lo cuál no me esperaba.
—E-Entiendo.—esas palabras me tomaron por sorpresa, la oscuridad no me dejó ver su rostro pero solo espero que ella haya sonreído y no fuese solo una de nuestras regulares bromas.
—Oye, toma mi mano.—me dijo mientras tomaba mi brazo.
—Al final si te dio miedo.—bromeé intentando alivianar la tensión.
—Tonto, no es eso. Es solo que no veo muy bien, y si alguno de los dos llegase a caerse sería malo.—replicó con una voz algo tensa mientras sostenía mi brazo con aún más fuerza.
—Entiendo.—decidí tomar su mano, al hacerlo pude sentir cómo su respiración se relajaba momentáneamente. Estuvimos sin decir nada durante unos minutos mientras caminábamos entre los árboles y nos tomábamos de las manos.
—?Tú no tienes miedo?—me preguntó de repente.
—?De qué tendría miedo?
—No lo sé, podría haber alguna bestia nocturna.
—No creo, nunca vi ninguna bestia antes. Quizá me sorprendiera si fuese enorme o quizá me asquease si fuese una aberración, pero no creo que 'miedo' fuese lo que sentiría.
—?Cómo estás tan seguro?
—No lo estoy, no descarto poder asustarme. Más bien sentiría curiosidad, nunca salí de la tribu y sería algo nuevo para mí.
—No hace falta ser temerario—dijo Tsukihi con una voz tajante—. Si algo parece peligroso no es de cobardes huir.
—No huiré.
—No seas infantil.—la voz de Tsukihi parecía un poco molesta.
—No me dejaste terminar. No huiré si eso significa dejarte atrás.
—?E-Eh?—Tsukihi tartamudeó por un momento.
—Tal como escuchaste—Tsukihi se detuvo—. ?Pasa algo?
—Aragi.—dijo Tsukihi con una voz seria.
—?S-Si?—el tono de voz de Tsukihi me sorprendió por unos momentos pues no era normal en ella estar tan seria, más aún en la situación en las que nos encontrábamos.
—Prométeme una cosa—ella se giró en mi dirección y tomó mis manos con aún más fuerza, la oscuridad no me dejaba ver bien su rostro—. Prométeme que no me abandonarás.—la voz de Tsukihi sonaba más decaída de lo usual.
—Jamás lo haría, estamos en esto juntos.—las palabras de Tsukihi me habían llenado de valor y respondí sin siquiera dudar.
—Gracias.—fue lo que ella me dijo mientras el leve brillo de la luna reflejaba su rostro, no pude distinguir correctamente pero juraría que tenía una lágrima bajando por su mejilla.
Tsukihi y yo seguimos caminando otro par de minutos tomados de las manos, pero esta vez no había ningún ambiente incomodo o tenso, hablábamos con normalidad como siempre hacíamos.
—?Mira Aragi!—dijo Tsukihi mientras soltaba mi mano por un breve instante—. Parece que estamos saliendo del bosque.—los árboles que antes eran tan densos como para evitar que la luz de la luna alumbrase el bosque ahora dejaban pasar un poco más de esa luz, la suficiente como para que podamos distinguir el suelo que pisábamos.
—Lo veo.—juntos corrimos en dirección de la que parecía ser la salida del bosque.
—Wow.
Nuestras voces se sincronizaron al ver una amplia pradera, podíamos ver el cielo nocturno con claridad y a la distancia se distinguía lo que parecía ser un peque?o pueblo.
Nos vimos a los ojos el uno a la otra, y empezamos a caminar en esa dirección.
La distancia entre nosotros, que recién salíamos del bosque, y aquel pueblo era bastante grande pero no pudimos evitar sonreír y empezar a correr en todas direcciones cómo si aún fuésemos ni?os peque?os.
—Te veo muy emocionado.—me dijo Tsukihi entre risas.
—?Ah sí? Hablas con mucha superioridad para ser quien hasta hace poco sostenía mis manos con fuerza.—dije en tono de burla.
—?Cállate!—exclamó antes de embestirme y tirarme al suelo, debido a que estábamos en una pendiente terminamos rodando colina abajo.
—Eres una peque?a tramposa.—dije entre risas una vez terminamos de rodar.
—Es tu culpa por no tener mi mismo nivel de velocidad y reflejos—discrepó con una amplia sonrisa, tras un peque?o forcejeo ambos quedamos acostados mirando al cielo—. Finalmente salimos del bosque.—susurró Tsukihi.
—Así es.
—Aquel pueblo será nuestro próximo destino.
—?Crees que a esta hora haya alguien despierto?
—No lo sé.
—?En tu mochila trajiste algo que sirva como reemplazo de una cama?
—Traje una manta—dijo mientras sacaba una manta grande—. ?Y tú?
—Las mentes brillantes piensan igual.—respondí mientras también sacaba un manta. Ambos nos vimos y empezamos a reír por lo tonta de la situación.
—?Crees que este sea un buen lugar para dormir?
—Estamos debajo de un cielo estrellado, cómo mínimo tenemos buenas vistas.
—También estamos al pie de una colina, es decir que el sol no nos alumbrará directamente si sale.
—Yo creo que es un buen lugar, al menos mejor que el oscuro bosque.
—Pienso igual. —Tsukihi usó su manta para taparse mientras que yo hacía lo propio con la mía, ambos estábamos acostados cerca del otro, mirando las estrellas.
—Oye Tsukihi.
—?Si?
—?Tienes algún plan para nuestra aventura?
—En realidad no.
—?Cuánto crees que tardemos en explorar todo el mundo?
—Lo dices como si el mundo fuese peque?o—me respondió Tsukihi entre risas—. Pues en realidad no lo sé. Quizá más de diez a?os, quizá menos.
—?Crees que Shinichi se enoje al descubrir que nos fugamos?
—Enojarse es quedarse corto, yo creo que nos golpeará el día que regresemos.—Tsukihi y yo nos empezamos a reír.
—Espero que nuestros días estén llenos de emociones a partir de hoy.
—Sin duda así será.—me dijo mientras bostezaba.
—Será mejor dormir, cuando salga el sol empezaremos a ponernos en marcha.—dije mientras veía como Tsukihi quedaba lentamente dormida.
—Si... Descansa Aragi.—susurró Tsukihi con una voz que denotaba su cansancio.
—Tú también Tsukihi.—respondí pero ella ya se había dormido.
Mirando el cielo nocturno pude ver las dos lunas junto a las estrellas que la decoraban, dejando detrás de sí aquella última imagen que pude ver antes de que mis ojos lentamente perdían su fuerza.
El sonido del viento y de la respiración de Tsukihi acompa?aban mis pensamientos y poco a poco fui perdiendo la consciencia hasta que quedé completamente dormido.
...
Mientras estaba acostado sentí una presión en mi brazo.
Mis ojos comenzaron a abrirse y lentamente fui despertando.
El cielo que hasta hace poco era de un hermoso azul marino ba?ado con estrellas, ahora era un claro cielo diurno adornado con nubes.
Miré a Tsukihi quién aún estaba dormida y aferrada a mi brazo.
—Tsukihi, oye.—decidí despertarla suavemente.
—?Mmm? Sólo un ratito más.—dijo aún medio dormida mientras se aferraba a mi brazo con más fuera.
—Venga que ya es de día.—puse mi mano libre en su hombro y la zarandeé un poco para que pudiera despertar.
—?Hum?
—?Mi brazo es cómodo?—pregunté con tono de burla.
—?Brazo?—me devolvió la pregunta dándose cuenta de como se aferraba a mi brazo.
—Sip, mi brazo.
—Ay no—dijo mientras se ruborizaba y soltaba mi brazo—. Que vergüenza...
Me empecé a reír de ella y luego de unos minutos de guardar nuestras mantas es que estábamos de nuevo caminando rumbo a aquel pueblo. Tsukihi permanecía silente pues sabía que cualquier cosa que me dijera yo la usaría para molestarla.
—?Dormiste bien?—dije con tono de burla.
—Ay, cállate. Sólo fue esta vez.—Tsukihi sonaba algo molesta, quizá por mis burlas.
—?Qué haremos cuando lleguemos allí?
—Primero saber dónde estamos, segundo disfrutar del viaje.
—Eso significa que no hay plan alguno, me gusta.
—Solo espero que haya algún lugar dónde ba?arme.
—Buen punto—en cuanto más nos acercábamos podíamos distinguir a la distancia personas yendo de un lado a otro—. Parece que empiezan sus actividades desde muy temprano, ?Huh?
—Tal parece.
Estando más cerca pudimos ver las edificaciones del pueblo, eran muy distintas a nuestra tribu, mientras que algunas parecían meras casas no muy diferentes de las demás, otros edificios parecían algún tipo de almacén por lo grande de sus puertas.
Una vez ingresamos al pueblo pudimos diferenciar que aquellas personas que vimos a lo lejos poseían orejas similares las de un felino y también tenían colas.
—Vaya...—dijo Tsukihi mientras caminábamos por el pueblo.
—Así que realmente somos distintos.—susurré en voz baja mientras nos miraban.
—?A qué te refieres?
—Shinichi una vez me dijo que fuera de la tribu habían muchas personas diferentes a nosotros tanto en apariencia como en forma de vida.
—Me lo hubieras dicho.
—No me culpes, al principio pensaba que eran solo cuentos.
Mientras Tsukihi y yo caminábamos por el pueblo podíamos notar como aquellas personas nos miraban, algunas hablaban entre ellos mientras observaban como nosotros íbamos vestidos, pero de entre todos una mujer parecía menos sorprendida y fue ella la que se nos acercó.
—Disculpen... ?Están perdidos?—la mujer que se nos había acercado poseía un largo vestido color azul, similar al que usan las artesanas de nuestra tribu. Cabello ondulado color casta?o claro, un par de orejas de gato y una cola que sobresalía de su vestido.
—No diría que perdidos, solo estamos caminando.—dijo Tsukihi sin dudas en su voz.
—?Caminando? No creo entender.
—Nos fuimos de casa en busca de descubrir el mundo.—dijo Tsukihi presumida.
—Oye, ?Está bien contarle eso?
—?Qué más da? Si de igual forma es la verdad.
—Oh, es raro ver a un par de Onis fuera de sus tribus, sobre todos siendo tan jóvenes.
—?Es tan raro?—pregunté.
—Generalmente si, no se suelen ver Onis en casi ningún lugar que no sea dentro de sus tribus.
—Pues como puede ver somos reales—afirmó Tsukihi—, y por cierto ?Qué lugar es este y quién eres tú?
—Oh, discúlpenme—la mujer hizo una peque?a reverencia en se?al de disculpa—. Este pueblo se llama En'Arh y yo soy Mary, cómo pueden ver soy una Nekomata.—dijo mientras hacía mover sus orejas de gato.
—Yo soy Aragi, un Oni.
—Yo Tsukihi, una Oni también.
—Eso puedo verlo—respondió Mary con una peculiar sonrisa que denotaba cierta aura materna—. Acompá?enme les mostraré el pueblo—mientras caminábamos pudimos ver las distintas casas y edificios—. ?Dijeron que estaban descubriendo el mundo? ?Qué fue lo que les hizo venir a En'Arh?
—El azar.—respondí.
—Así es, caminamos en una dirección y aquí estamos.
—Vaya...—el tono de su voz denotaba cierta sorpresa a la vez que soltaba una peque?a risa— No esperaba que fueran a dejar todo en manos del azar.
—Ni que lo digas.—dije mientras miraba a Tsukihi.
—?Qué?—me preguntó Tsukihi con una de sus habituales miradas agresivas.
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—Nada, nada—respondí riendo—. Me di cuenta que pese a ser temprano todos aquí están con rutinas.
—En'Arh es un pueblo minero, al oeste tenemos minas ricas en minerales, es la principal fuente de ingresos del pueblo y solemos comerciar con nuestros vecinos del sur Syhlppah.
—Eso explica porqué no paran de vernos, supongo que no es lo normal ver a dos Onis en un pueblo minero.—dijo Tsukihi mientras miraba al rededor. El resto de habitantes aún nos miraban con cierta sospecha.
—Si, estamos acostumbrados a los transportes de minerales o a que de vez en cuando venga algún funcionario para saber si extrajimos alguna piedra preciosa.
—?Todos aquí son Nekomata?—pregunté mirando los edificios.
—No, principalmente hay más Dwerf ya que ellos son los herreros del pueblo, los Nekomata somos la mano de obra. Realizamos el trabajo pesado o hacemos de sirvientes.
—?Sirvientes? Tengo entendido que ser sirviente significa trabajar para alguien incluso hasta la muerte.—dijo Tsukihi con cierta extra?eza.
—Oh no no, esa época terminó hace siglos. Los sirvientes somos quienes se ocupan de los quehaceres regulares, ya sea ser cocinero, jardinero, barrenderos e incluso tenemos alquimistas.
—Si pueden hacer todas esas cosas, ?Por qué ser sirviente?
—En'Arh es un pueblo muy peque?o, comparado con todo el trabajo que los Dwerf deben realizar, sin nuestra ayuda ellos no podrían sobrevivir sin comprometer su labor.
—Parece que no la tienen fácil.
—Así es.
Tras caminar durante un rato llegamos al centro del pueblo, un lugar dónde se reunían Nekomata y Dwerf. El lugar parecía una especie de mercado general pues los puestos de vendedores eran prueba de ello.
—?Qué hacemos aquí?—pregunté.
—Este lugar es el mercado principal de En'Arh, aquí se comercian los alimentos y ese es el ayuntamiento, es dónde se junta la gente importante.—dijo Mary mientras se?alaba un edifico especialmente elegante comparado con el resto de estructuras.
—?Sabes de algún lugar dónde pueda ba?arme?—preguntó Tsukihi.
—El balneario es el lugar indicado, pero para ingresar deben pagar, ?Tienen dinero?
—?Tsukihi?—miré a Tsukihi y ella negó con la cabeza.
—?Y que harán?
—No lo sé, pero no quiero terminar oliendo a huargo mojado.—expresó Tsukihi con descontento.
—Ya sé—dije mientras Tsukihi y Mary me miraban—. ?Hay algún trabajo pesado que podamos realizar? Los Oni tenemos mucha fuerza y si nos pagan aunque sea para poder ba?arnos sería perfecto.
—?Salimos de la tribu solo para trabajar en un pueblo al que acabamos de llegar?
—?Se te ocurre algo mejor?
—No lo sé, ?Algún río?
—No hay ríos cerca y el más próximo no es muy limpio que digamos.—dijo Mary pensativa.
—Ya ves, nos quedamos sin opciones.—le dije a Tsukihi.
—Bien, ?Bien! Trabajaremos—dijo Tsukihi a desgana—. Entonces, ?Hay algún trabajo?
—Mmm... Creo que alguien estaba teniendo problemas con la fauna salvaje cerca del camino sur que da a Syhlppah.
—Mira, podrás golpear algunas bestias salvajes para liberar estrés.—bromee.
—?Huh?—respondió Tsukihi con un claro tono enojada— ?Quieres ser tu mi medio para liberar estrés?—me preguntó con una mirada fulminante.
—?Era bromita!
—Si están interesados pueden preguntar en el tablón que esta ahí cerca del ayuntamiento. Yo debo volver a mi casa, espero que puedan conseguirlo.—dijo Mary mientras se despedía.
—Adiós y muchas gracias—se despidió Tsukihi—. Bien, vamos a ese condenado tablón.—se quejó con la voz rasposa.
—De acuerdo, de acuerdo, no te enojes.—dije con una sonrisa.
En el tablón que dijo Mary efectivamente había una petición de cacería que pedía eliminar a las bestias que acechaban el camino sur.
Luego de aceptar el pedido, Tsukihi y yo fuimos hacía el sur siguiendo las indicaciones que nos daban los lugare?os.
Siguiendo la carretera terminamos llegando a un peque?o bosque dónde parecía ser el lugar en el que las bestias acechaban.
—Pensé que no te emocionaba la idea de trabajar.—dije mientras miraba como Tsukihi caminaba muy segura.
—No me emociona, pero quiero ba?arme.
—A mi no puedes enga?arme cuando tienes esa sonrisa en el rostro.—dije mientras Tsukihi tenía una gran sonrisa en su rostro que acompa?aba con un ligero tarareo.
—Bien, de acuerdo, tú ganas. Estoy emocionada porque esta es nuestra primera toma de contacto con bestias en nuestra aventura.
—Espero que esa emoción te dure todo el viaje.
—No dudes de ello.—afirmó mientras nos adentrábamos en el bosque siguiendo el camino de la carretera.
—Tsukihi...
—?También lo notas?
Tanto Tsukihi como yo sentíamos que algo o alguien nos acechaba, cómo si estuviera esperando el momento para saltar sobre nosotros.
Tsukihi y yo nos quedamos un momento en silencio, escuchando los ruidos a nuestro al rededor. Se oía el viento chocar con las hojas de los árboles, unos casi imperceptibles pasos sonaban en todas direcciones.
Detrás nuestro, en frente, a la derecha e izquierda. Estábamos rodeados.
Puse mi espalda contra la de Tsukihi en una posición defensiva, todos estos a?os en los que ella y yo peleábamos en la tribu formó en nosotros una especie de confianza y comunicación no verbal. Ella estaba acostumbrada a mis movimientos y yo a los suyos, sabíamos como movernos en medio de una pelea, y sabíamos quién de nosotros dos era el que debía moverse primero cuando se nos abalancen sobre nosotros.
De repente se escuchó un rápido y violento ruido que vino desde detrás mío; justo en la dirección dónde Tsukihi miraba, un huargo de considerable tama?o fue el que hizo el primer movimiento, Tsukihi quién estaba a mi espalda se agachó y rápidamente di un golpe en dirección a aquel ruido, impactando de lleno en el hocico del huargo y mandándolo lejos. En mi mano había sangre, quizá el huargo me mordió o quizá era la sangre del propio huargo, pero eso no importaba.
Era una manada de siete huargos y el que golpee parecía ser el alfa al ver su aspecto y constitución física.
En el momento que el huargo se alejó, el resto de la manada se abalanzó sobre nosotros de forma sistemática. Tres de ellos, los que parecían más delgados y rápidos, se dedicaron a correr a nuestro alrededor mientras que los más robustos cargaban de frente contra nosotros.
Tsukihi saltó muy alto, haciendo que aquellos huargos que se abalanzaban sobre nosotros solo me tuvieran a mi en su línea de visión. Golpee con fuerza al primero que se me abalanzó, rompiéndole el cráneo; mientras el otro que fue lo suficientemente rápido como para morder mi brazo, no poseía la fuerza suficiente como para da?ar mi tejido muscular y terminó quedando con sus fauces atoradas en mi antebrazo. El tercero mordió mi pierna pero corrió con la misma suerte, solo forcejeaba sin causarme un da?o considerable.
Tsukihi, quién cayó del cielo, impactó con una patada descendente en la cabeza del huargo que me mordía el brazo; en el momento del impacto, y al tener mi brazo libre, golpee con ese mismo brazo al huargo que mordía mi pierna. Solo habían pasado diez segundos desde la aparición de la manada.
Cuando los tres huargos robustos quedaron en el suelo sin vida fue momento en el cual los tres más delgados se abalanzaban sobre nosotros, esta vez Tsukihi no fue tan rápida como para saltar antes de que dos de ellos le mordieran ambas piernas y al forcejear lograron tumbarla, el tercero de ellos vino directamente a por mí saltándome encima, con cierta facilidad pude agarrarlo en medio del salto y arrojarlo hacía uno de los que mordía a Tsukihi, liberando su pierna izquierda.
Cuando Tsukihi se liberó del primero, con un rápido movimiento, agarró las fauces de la bestia y a la fuerza sacó su propia pierna cautiva, rompiendo los dientes del animal; una vez liberada su pierna pudo agarrarlo del cuello y, haciendo una llave, apretó con fuerza la cabeza de aquel huargo hasta que empezó a salir espuma de su boca y finalmente el animal colapsó.
Quedaban tres huargos, el líder y los dos rápidos.
Por un momento los salvajes animales nos miraron y poco a poco empezaron a retroceder. Fue en el momento en que empezaron a huir que Tsukihi y yo fuimos tras ellos, debido a las heridas que tenían los huargos no pudieron correr muy lejos y los pudimos alcanzar. Tsukihi era más rápida que yo y fue de frente hacía el líder, de una brutal y rápida patada en las costillas del animal el huargo fue lanzado hacía dónde estaban los otros, interrumpiendo la huida de ambos y terminando por quedar abatido en el suelo, mientras se movía agonizante de dolor yo pude tomar de la cola a los dos restantes y, de un movimiento similar a un aplauso, impacté los cráneos de ambos animales uno contra otro tras lo cuál se pudo oír el sonido de sus cráneos romperse y sus cuerpos cayendo sin vida, ahora solo faltaba el alfa.
Volteé a ver a Tsukihi quien ya había roto el cuello del animal, acabando con él.
Nos vimos a los ojos, no sé que clase de expresión había en mi rostro pero si sé cual era la que Tsukihi tenía: una expresión de completa euforia.
Tras unos minutos recogiendo a los siete huargos y cargándolos sobre nuestros brazos, decidimos volver a En'Arh.
—Parece que esas bestias ya no serán un problema para los viajeros y las mercancías.—dijo el Alcalde viendo a los huargos quién era un viejo Dwerf.
—?Llevaban mucho tiempo causando molestias?—pregunté.
—Si, casi un mes.
—Bueno, ya no serán un problema.—agregué con orgullo.
—Lo dice quien fue el primero en ser mordido.—Tsukihi había vuelto a su habitual forma de ser junto a su característica voz burlona y presumida.
—Cállate.—dije mientras ella se reía.
—Tengan—el Alcalde nos dio una bolsa con monedas—. Es un poco más de lo acordado porque no pensé que acabarían con el problema tan rápido. Tomamos la bolsa y pese a lo que dijo Tsukihi antes, ella parecía ser la que más feliz estaba.
—Te veo bastante contenta teniendo en cuenta que no querías trabajar.
—Ni lo menciones.—dijo mientras ambos nos dirigíamos al balneario, estando de camino al pude escuchar como Tsukihi estaba tarareando una canción.
—Nunca te escuché tararear antes.
—Es una cancioncita que se me ocurrió, ?Te gusta?
—Es la misma que cantabas de camino al bosque, es algo pegadiza.—afirmé mientras imitaba el tarareo de Tsukihi.
—No, así no es. Es así.—Tsukihi empezó a tararear de nuevo.
Mientras tarareábamos logramos llegar al balneario. Al entrar vimos un lugar con muebles bonitos, sillas que vibraban solas y una voz conocida.
—Parece que lo lograron.—fue Mary quien nos recibió.
—?Trabajas aquí?—pregunté.
—Vivo aquí, soy due?a del balneario.—respondió con una risita.
—Podías habérnoslo dicho.—cuestionó Tsukihi levantando una ceja.
—Aunque lo supiesen igual tendrían que pagar.—firmó con una sonrisa en su rostro mientras se encogía de hombros.
—Si serás...—dijo Tsukihi entre risas—. ?Bien, quiero ba?arme!
—Tengan en cuenta que los ba?os son separados, incluso aunque estén casados no puedo permitir que entren juntos.—esas palabras nos tomó por sorpresa a ambos.
—?No estamos casados!—dije con voz nerviosa y exaltada.
—?Eso!—exclamó Tsukihi con voz nerviosa.
—Vaya.. Error mío.—dijo con una extra?a sonrisa en su rostro, claramente lo dijo a propósito.
Tras una breve explicación de como funcionaba el balneario, Tsukihi y yo entramos por separado.
Era un lugar muy espacioso y ordenado, habían ba?eras grandes y peque?as, frías y calientes. Total libertad de elección.
Me tomé unos minutos de extrema relajación, a fin y al cabo me lo había ganado.
Tras salir vi a Tsukihi en una de las sillas vibrantes haciendo un ruido gracioso.
Decidí sentarme a su lado y relajarme también.
—?Necesitan algo más?—una joven Nekomata se nos acercó y nos habló.
—Te pareces a Mary.—dijo Tsukihi mirando a la peque?a ni?a.
—Soy Alice, su hija.
—Yo soy Aragi, ella es Tsukihi.
—Hola.
Alice nos dijo que su madre la mandó a atendernos, cómo no necesitábamos nada solo nos quedamos hablando los tres.
—Si necesitan algo avísennos.—dijo Alice antes de irse.
—Bueno, vamos a relajarnos y luego pensáremos en que hacer.
—Acepto. AaAaAa...—Tsukihi, quién estaba disfrutando de las sillas vibrantes, hacia ruidos graciosos al sentir las vibraciones.
Tras una ma?ana en la cual llegamos al pueblo, un medio día trabajando y una tarde de relajación el día pasó rápido y nosotros estábamos disfrutando de nuestro merecido descanso.
Una vez fuera y viendo como la noche caía sobre nosotros, sabíamos que teníamos que pensar en dónde pasar la noche.
—También tenemos una posada.—susurró Mary detrás de nosotros, casi como si supiera que era lo que estábamos pensando.
—No nos digas que...—dijo Tsukihi esperando las palabras de Mary.
—También tienen que pagar.—afirmó Mary con una gran sonrisa.
—Parece que nos quedaremos aquí un tiempo, ?Verdad?—le dije a Tsukihi entre risas.
—Ni lo menciones.—me respondió Tsukihi con una voz derrotada.
Fin del Recuerdo.

