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Porcelana blanca

  Rápidamente el temor inundó el cuarto, varios objetos temblaron con el avance implacable de aquello que inundaba la totalidad del túnel, como si también pudieran sentirlo. Entumecidos por el miedo, los tres aventureros se detuvieron, pero una lucidez sobrenatural salió de entre las mu?ecas; una de entre tantas sobresalía.

  Porcelana pálida y resquebrajada, agrietada por el tiempo y las penas. Suaves, grises y tenues sombras bailaban sobre ella, su cabello lila con un vestido negro y de falda púrpura contrastaban con su tez; sus botines brillantes y negros permanecían como sin ser tocados por el tiempo. El sombrero de tela de la mu?eca no dejaba ver su rostro.

  Como un llamado inexplicable, les llamó la atención y siguiéndole con la mirada, Mina e íthil pudieron ver un interruptor de palanca grande y plano. A toda prisa, Mina usó todas sus fuerzas para accionar el derruido mecanismo que con un rechinido se activó bajo la enorme fuerza de ella. Al activarlo, una alarma vieja sonó en todo el túnel, antiguas torretas de luz rechinaban rotando en el techo mientras un lenguaje desconocido sonaba en los altavoces que más que sonar, tosían palabras indistinguibles.

  —El cuarto está cerrándose, ?ahí atrás! Detrás del mueble de herramientas hay otra salida —íthil dijo mientras cargaba a Jacob en el hombro. Con un temblor suave, una compuerta metálica se interpuso entre ellos y lo que venía por el túnel, dejando al descubierto una salida antes invisible entre los muebles del fondo.

  —?Debemos llevarlas a todas de regreso! —Mina exclamó mientras volteaba un enorme vagón metálico donde cuidadosamente envolvió cada una de las mu?ecas en el cuarto con su respectivo camisón, tomando todas las mu?ecas de madera, inclusive aquellas que parecían llevar muchísimo más tiempo en aquel lugar.

  —?Mina, deja eso, vámonos! —íthil le reclamó mientras verificaba la seguridad del túnel recién descubierto, mirando nerviosamente a la puerta que recién cerró, lo único entre ellos y el ente que los seguía implacable.

  —?NO!, no las dejaremos… ?Las sacaremos a todas, incluso a aquellas que NADIE BUSCA! —Mina dijo mientras empujaba con todas sus fuerzas el vagón metálico repleto de mu?ecas.

  —Vámonos, no hay tiempo —dijo Jacob recogiendo más camisones y echándolos dentro del vagón que Mina empujaba. Después de unos pasos, este hizo clic cuando llegó a un riel metálico en el suelo. Dando una vuelta por una curva, el vagón comenzaba a tomar fuerza, justo frente a ellos el túnel tomó una inclinación hacia arriba como si el mismo lugar quisiera evitar que pudiesen escapar.

  —?Vamos, hay que salir, solo unos metros más! —Los tres empezaron a empujar la caja con todas sus fuerzas por la pendiente que se extendía en la oscuridad. Pronto el cansancio y el miedo empezaron a debilitar a Jacob.

  —?Ayuda a Jacob, íthil, yo puedo subir solo, tomaré el coche! —Mina empujaba con todas sus fuerzas, potenciadas por el miedo. Aun así, íthil miró a Jacob mientras volvía a mirar a la mu?eca.

  —Esa cosa no me gusta, pero vamos, ?EMPUJEN FUERTE CHICOS, SOLO UN POCO MáS! —íthil los instaba a seguir mientras él también empujaba. Mina, sudando, miró de reojo a la mu?eca también.

  —No recuerdo haberla puesto en el carro, pero algo me dice que, aunque quisiéramos, no habríamos podido dejarla atrás —Los tres empujaban con fuerza, un hilo de esperanza por fin se dejaba ver. Eso fue hasta que escucharon un tronido de roca y metal al fondo del túnel, aquello se abría paso hacia ellos.

  Seguido de este se escuchó un galopar seguido de un rechinido metálico, como el grito de un metal doblándose. En ese momento, el miedo fue tan grande que Mina aflojó su agarre y el carro empezó a derrapar hacia atrás. íthil no pudo detenerlo y Jacob soltó el coche.

  Enmudecido de miedo y ciego por la sangre en la media oscuridad, cayó en el pánico total, llamó a todo pulmón a sus compa?eros, pero ahogado por el miedo el grito que esperaba hacer jamás llegó. Horrorizado y asustado, alzó la mano buscando a sus compa?eros, deambulando con la mano alzada solo encontró frío. Justo en ese momento, perdido en lo más oscuro de aquel túnel, sintió como su mano era tomada y alcanzaba una manija metálica que inmediatamente reconoció como el freno del vagón.

  —?Demonios, Mina, casi me aplasta el coche! Empuja más fuerte, ?enano, estás bien? —Jacob asintió con un gesto, su voz aún no regresaba. Con una lluvia de chispas y luz en plena oscuridad, Mina tomó el coche, esta vez movida por miedo y decisión lo sostuvo, mientras Jacob jalaba con todas sus fuerzas, pero íthil resbaló y al caer sus manos buscaron frenéticamente algo donde aferrarse.

  Su búsqueda lo llevó a tocar con la mano una cadena; al tocarla, miró arriba y vio bajo el vagón que empujaban, un engranaje.

  —?Ahí, rápido, usa la cadena! —La mirada de íthil fue dirigida hacia una palanca, metió la cadena en el engrane y jaló de esta. Inmediatamente después, un ronroneo mecánico se escuchó en la punta superior del túnel. Súbitamente, el coche empezó a subir asistido por la cadena, pero no lo suficientemente rápido.

  —No mires atrás y empuja —llorosa decía Mina para sí en voz baja, mientras una exhalación caliente y pútrida, el olor de mil tristezas y cientos de horrores les seguía de cerca, palpitando con un calor malsano. Ninguno volteó, no tenían el valor.

  —Sigan empujando, yo atrasaré su movimiento —Contenedores y cajas golpeaban de frente contra lo que fuera lo que los estaba persiguiendo, escuchaban como varios contenedores se deslizaban a sus lados. Aquello relinchaba con frustración y rencor, cada caja golpeaba con pesadez sobrenatural como si cada una contuviera la carga de muchos y viejos rencores. Aun así, lo retrasaba apenas lo suficiente para escapar.

  —?Toma esto! Extiende tu mano —Jacob extendió su mano y tomó un mando con un botón grande que oprimió sin soltarse del carro y, aún ciego, escuchó como un elevador empezaba su movimiento.

  Al mismo tiempo, enormes motores viejos y oxidados rugieron y cerraron dos enormes portones de plomo sólido.

  —?Mina! ?íthil! Empujen, ya casi llegamos… ?Puedo sentir la salida! —Jacob gritó mientras las piernas de Mina y los brazos de íthil ya no daban más. Aterrorizados y temblorosos, alcanzaron su meta.

  Pesadas puertas de plomo detenían la furia de aquel ser mientras el rencor y la furia golpeaban del otro lado con ímpetu infernal.

  —Es incapaz de cruzar el plomo, tendrá que dar la vuelta, eso nos dará tiempo… Recupérense lo más pronto posible —íthil vomitaba con espasmos fuertes de miedo y cansancio mientras Mina temblaba sin dejar de aferrarse al carro, pesadas lágrimas saladas corrían en su cara. íthil le tallaba los ojos con agua de su cantimplora a Jacob mientras el elevador subía en silencio.

  —Debemos conocer su nombre y forma para da?arlo… desconocemos su identidad, por eso es tan fuerte —Jacob murmuró mientras tomaba una gasa y se la aplicaba en los ojos.

  —Sí, entiendo, pero no tengo idea de cómo saberlo —íthil tomó su varita y se aferró a ella, como si fuera su vida misma.

  —Es muy fuerte… no sé si podamos escapar, siento su odio como si fuera calor por debajo de nosotros —Mina respondió mientras temblaba atónita, sentía el miedo que pocas veces su especie le dejaba sentir. Faltaban pocos instantes, el elevador los llevaba de vuelta a la mina superior.

  —Cuando se abra la puerta, el riel nos llevará derecho a la salida, afuera será más débil, podremos ver su forma y tal vez con la información del lugar y algo de suerte podrán adivinar su nombre —Mina e íthil asintieron y se aferraron al carro. Unos segundos después, el elevador se enganchó al riel de transporte y el carro reinició su camino.

  Entre chirridos, el carro se introducía nuevamente en la mina superior; el olor a terracota y lodo llenó de golpe los pulmones de los tres aventureros. Poco a poco, el túnel empezó a perder luz, aquello que estaba detrás los alcanzaba, oían el galopar un momento y otro escuchaban pies descalzos en suelo húmedo, otras se arrastraban como si perdiera sus extremidades. Ninguno se atrevía a mirar atrás, el miedo los impulsaba y se aferraban a la única luz que veían frente a ellos. En su salida pudieron ver un cascarón vacío enorme del ciempiés que hasta hace no mucho peleó contra ellos, casi acabándolos.

  —?Aférrense, estamos por salir! ?Tal vez sea más débil afuera, pero también será más agresivo! —Todos se agarraron fuertemente del coche mientras este rechinaba como impulsado por una fuerza invisible y así el vagón llegó al exterior.

  El coche llegó al tope de los rieles y con un golpe seco se detuvo al final, iluminado por una lámpara que se encontraba al final del riel se quedó ahí mientras los aventureros corrían a prepararse.

  —?Hagan lo que hagan, no pueden verlo directamente, si lo hacen morirán! —Mina tomó un cinturón y tela, cubriéndose los ojos.

  —?Reductus Videntia! —íthil arrojó un zodiaco de ceguera sobre sí mismo y Jacob aseguró sus vendas.

  Un minuto después, silencio tormentoso, solo el miedo resonaba más fuerte que el palpitar de sus corazones y al final de unos minutos largos y horribles, lo escucharon arrastrarse fuera de la mina, murmullos infestados de locura y palabras te?idas del más profundo odio, su voz resonaba en sus cabezas tan fuerte que cada consonante les golpeaba en la nuca, taladrando para llegar a sus sentimientos más vulnerables.

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  —?No lo escuchen, cada palabra les arrancará su sanidad! —pero los aventureros estaban rotos e indefensos y en ese momento vital no pudieron actuar.

  —?Júntense rápido, estaremos perdidos todos si no actuamos ahora! —y de repente, aquellos susurros espantosos fueron sobrepasados por varias voces femeninas que con todas sus fuerzas cantaban con melancolía y fuerza, permitiéndoles un poco de luz entre la locura, les permitió actuar y tener una oportunidad de pelea.

  —Botones rojos de abril—

  Jacob arrojó sus chakram mientras íthil disparaba saetas mágicas. Aquello corría a toda velocidad esquivando de manera imposible los proyectiles mágicos y físicos por igual.

  —Promesas rojas que no llegarán a abrir—

  Mina empu?ó su ira y en una carga golpeó lo que sintió como una cara grotesca con sus pu?os, pero sin poder echar a aquello para atrás, ella brincó rápidamente creando espacio entre los dos.

  —Un verano nada más, al botón peque?o, déjalo florecer—

  íthil en una descarga incandescente prosiguió chamuscando con todas sus fuerzas su objetivo. Aquello gritó por el dolor desatando un olor que provocó el vómito una vez más de íthil, Mina y Jacob.

  —Como un campo rojo y carmín los deseos de abril no llegarán por mí—

  Gritando con inhumana voz, aquello golpeó con gran furia el piso, tumbando sobre sus espaldas a todos, para después arrojar un tronco de madera sobre Jacob y pateando a Mina para finalmente dirigirse a íthil.

  —Alma avariciosa déjame florecer, cruel ni?o haciendo un buqué—

  Aquello galopó y tomó a íthil de las piernas y de los brazos y comenzó a tirar de sus extremidades, mientras íthil gritaba por el dolor, Mina golpeaba con furia las laterales de aquello para tratar de liberar a íthil sin éxito.

  —Aquella noche de abril, campos sin flores ni suaves brisas que sentir—

  Con el grito, Jacob localizó aquella cosa y con varios golpes violentos de su chakram le cercenó una extremidad mientras Mina golpeaba una pierna logrando tirar de lado a la monstruosidad.

  —Una ma?ana de perlas nada más, ?oh rocío! No tienes botones que adornar—

  íthil al caer, giró su varita y lanzó la magia más destructiva que conocía, destruyendo el otro brazo de aquello, un golpe húmedo en el lodo les dejó saber que la criatura estaba de rodillas tratando de incorporarse, pero esta se irguió y lanzó un rugido aterrador que echó para atrás a todos.

  —Dulces mariposas de abril, llévenme lejos, déjenme volar, al cielo quiero yo mirar—

  Exhaustos y sin más cartas que jugar, los tres aventureros se juntaron y cargaron una vez más contra eso, esperando poderla abatir sin otro truco más que atacar de frente.

  —Suaves brisas de abril, lleguen con nuevos botones y háganlos florecer—

  Con un estruendo y con todo su horrible ser, aquello galopó contra los tres aventureros y justo en ese momento las voces incrementaron su volumen, enmudeciendo los sonidos de aquello que golpeteaba el piso como en dolor continuo.

  —Lleven la alegría que no pude conocer, llévala tú por mí al siguiente corazón—

  Mina, Jacob e íthil escucharon un sonoro gemido seguido de un golpe seco metálico como si una cadena enorme se aferrara de algo mientras aquellas voces cantaban una estrofa final llena de rencor y tristeza.

  —Oscuridad profunda que nos tomaste, ?DéJANOS FLORECER!—

  Gritaron las voces mientras un grito imposible para una garganta humana cimbró con su potencia el lugar, adentrándose a la profundidad de la mina, golpeando con todo como si algo lo arrastrase de vuelta a la oscuridad.

  Amanecía afuera de la mina y un venado curioso se acercó a un montón de hojas secas de las cuales salía una mano, el venado lamió aquellos dedos.

  —?GRAAAAAAAAAAAAAAAA! —Mina se levantó emitiendo un fuerte grito.

  —AAAH ?PONK! Awwwwww —Jacob también gritó asustado mientras se golpeaba la cabeza con un tronco en el cual quedó metido.

  —Maldición, mi cabeza duele, ?estamos completos? —íthil solo se sacudió el polvo mientras salía de un arbusto.

  —?No puedo creerlo, sobrevivimos! ?Mina! ?íthil! ?Están vivos! —Jacob tambaleaba caminando mientras se reunían al centro. Mina, sin embargo, corrió al carro.

  —?Oigan… las mu?ecas desaparecieron! —íthil y Jacob corrieron juntos hacia el vagón que estaba tirado de lado y sin contenido más que los camisones. Con tristeza y furia, Mina pateó el carro y empezó a recoger en silencio la ropa. íthil y Jacob se le unieron y tomaron toda la ropa mientras miraban cómo de la mina solo quedaba un profundo sumidero que poco a poco se llenaba de agua y lodo de los alrededores.

  —No percibo nada, esta tumba ha quedado sellada… no volverá a abrirse —dijo Jacob.

  —Sí, los animales regresan… veo pájaros y aquel venado muestra que el área está libre de agresión —íthil apuntó al venado que los miraba desde el bosque.

  —Pero, ?dónde están todas las mu?ecas?… No creo haberlas perdido —Mina dijo enojada.

  —Tal vez se cayeron mientras… —Jacob intentó explicar, pero Mina lo interrumpió gritando:

  —?NO! ?No las perdimos, las sacamos! ?Yo empujé el carro! ?Yo las saqué, no dejé a ninguna atrás! ?Sacamos a todas! ?TODAS! —íthil y Jacob no supieron qué decir.

  —Mina, debemos verificar los alrededores y ver qué pasó. Dudo que hayamos alucinado todo, pero aun así debemos retracer nuestros pasos —Mina no dijo nada, solo incorporó el carro y echó toda la ropa en él y sin decir una sola palabra emprendieron el viaje de regreso.

  Todo el camino, Mina permaneció enojada. íthil y Jacob no tenían ni idea de qué decir. Una niebla ligera y suave se arremolinaba al lado de su camino, gentil y tranquila, muy diferente a la de antes, mientras animales pasaban frente a ellos como despertando de un largo invierno.

  —Escuchen… Sé que no es su culpa, pero me enfurecí al ver que las mu?ecas no estaban, sentí que todo fue en vano y eso simplemente me llenó de ira —Mina les dijo sin voltear a verlos.

  —Está bien, entendemos, aún no sabemos dónde están las mu?ecas, pero definitivamente las sacamos, ?verdad, íthil? —Jacob volteó a ver a íthil esperando una respuesta.

  —Sí, definitivamente, conté los camisones y no faltaba ninguno, pero en serio eso fue muy, muy por encima de nuestro nivel, aún no sé cómo salimos enteros, definitivamente no voy a dormir a oscuras por algunos meses —dijo íthil mientras observaba las ramas sobre el camino que dejaban pasar apenas unos rayos de luz.

  —?Jacob!, qué bueno que te tenemos en el equipo, ?no sé cómo supiste cómo actuar, yo no pude pensar en nada, simplemente me paralicé! —íthil golpeó con el pu?o el hombro de Jacob.

  —?Yo?, estuve recitando el código Massacrax en voz baja, no pude hacer nada.

  —Pero nos dijiste cómo derrotar a aquello en 2 ocasiones, abajo y al final de la mina —Mina volteó a verlos.

  —Oh no, yo apenas pude encontrar el carro cuando me solté de miedo, Mina me tomó de la mano y me ayudó —Mina lo miró de regreso.

  —No, yo hice eso, estaba aterrada, apenas y podía mover las piernas —Los tres se miraron.

  —Afuera en la salida, ?quién dijo que no podíamos ver a la criatura? —preguntó Jacob.

  —?Tú? —íthil y Mina lo miraron y dijeron al mismo tiempo.

  —No fui yo, yo estaba muy asustado para siquiera hablar.

  —Entonces no fue Mina ni yo ni tú —íthil respondió a Jacob mientras caminaban.

  —Saben qué, no importa realmente a este punto, no importa —íthil siguió caminando sin preguntar nada más.

  El bosque parecía estar libre, la oscuridad y el frío que los acompa?aron de ida, no estaban en el regreso. El carro que traían de regreso avanzaba suave y sin retraso mientras íthil miraba las 3 medallas pertenecientes a los hermanos Klein.

  —Saben, creo que no salimos solos de ahí… Algo vino con nosotros —Jacob volteó a ver a íthil.

  —Tienes razón —Justo en el límite de la niebla, los techos de tejas y las chimeneas se asomaban. Al llegar al pueblo, el cansancio alcanzó a los tres aventureros y la adrenalina les abandonó el cuerpo y así cayeron desvanecidos justo en la entrada.

  —Veo que ya despertaron —Merril traía un trío de copas de leche y miel mientras íthil, Jacob, y Mina se despertaban.

  —?Nos desvanecimos en la entrada! —Mina se apresuró a levantarse, pero la se?ora Merril la detuvo con la mano en el hombro.

  —?Calma! Levantamos todo lo que trajeron, cada uno recogió sus respectivas pertenencias, todo está bien —les dijo Merril al tiempo que Mina volteó a ver a íthil y a Jacob, que la miraban igual de intrigados.

  —Por el momento estamos aturdidos, se?ora Merril, ?puede recordarnos lo que estaba en el carro? —Mina y Jacob observaron directamente a la se?ora Merril después de la pregunta de íthil.

  —Nos regresaron algo que enterrar —dijo la se?ora Merril en voz agradecida y entre lágrimas. La miraron y decidieron descansar por el resto del día.

  Los 282 servicios funerarios se llevaron a cabo al día siguiente, un peque?o ataúd para cada camisón, aun para los que nadie buscaba. Mina estaba al frente sin decir una sola palabra, Jacob extendía sus rezos para aquellas almas que partían, íthil veía desde atrás, las concentraciones de gente no eran lo suyo. El canto y los rezos eran suaves y metódicos y se entrelazaban con lágrimas, como el alivio de una larga y dura espera que termina, y eso estaba pasando al fin, terminaba, con una puesta de sol, sin sonrisas ni reencuentros, pero al menos un cierre.

  De regreso del evento y en las calles, empezaron a notar algo curioso.

  —?Ya notaron? —preguntó íthil.

  —Sí, las veo, muchas mu?ecas están en las ventanas viéndonos —dijo Mina.

  Jacob miraba mientras las familias seguían su rutina con aquellas mu?ecas en las ventanas y en las salas de sus hogares.

  —Muy probablemente sean las más jóvenes y algunas que se negaron a irse —Jacob veía los alrededores notando las mu?ecas que se integraban en la vida del pueblo.

  —Son las mu?ecas que sacamos de aquel lugar, pero no recuerdo haberlas traído, al final sí las sacamos —Mina con sentimientos encontrados, mientras todos empezaban a empacar ya de regreso en la casona central.

  —Todo parece bien, nadie está triste ni preocupado —íthil les dijo mientras juntaban todo.

  —Sí, es de cierta manera algo tenebroso, es como si el pueblo estuviera embrujado y no les molestara, he visto varias personas hablarles, muchos lo saben, sus hijas están en las mu?ecas —Jacob miraba por la ventana mientras todos terminaban de recoger el último maletín.

  Al caminar por la calle central, veían cómo el pueblo lentamente reganaba su alegría, además de que la niebla que los rodeaba estaba completamente ausente. Al avanzar por la calle principal, notaron cómo la gente se centraba en sus tareas, en platicar mientras que los ni?os volvían a jugar en las afueras del pueblo.

  Regis y Merril los esperaban en la entrada del sendero al camino central mientras Hugo y Raya desmantelaban la barricada frontal dejando solo una cabina de vigilancia.

  —Muchas gracias por su ayuda —dijo Regis.

  —No fue nada, solo hicimos nuestro trabajo —dijo íthil mientras Mina y Jacob asentían.

  —No, en serio, lo digo por todos, muchas gracias —Merril dijo con ojos ligeramente llorosos mientras sostenía cari?osamente una mu?eca con camisón de fresas y un gorro entre sus brazos.

  —Gracias —escucharon a coro detrás de ellos, varias familias estaban ahí para despedirse y ahí también estaban varias mu?ecas en los brazos de sus familiares que los miraban cálidamente, agradecidas.

  Después de recibir suficientes panes dulces y comida para un mes, vieron llegar 2 carrozas, una de ellas era la suya.

  —Muchas gracias por todo —dijeron los tres aventureros mientras subían al coche.

  —Siento que debimos hacer más —Mina dijo en voz baja mientras se despedía con la mano.

  —Fue lo más que pudimos hacer, tenemos suerte de haber regresado —íthil dijo mientras terminaba de sujetar las maletas al carro mientras Jacob volteó de reojo a la otra carroza.

  —?Oiga, ya vieron, la otra carreta! ?MIREN PRONTO! —Jacob dijo en voz alta. En la otra carreta, sentada en el maletero externo, estaba sentada la mu?eca de porcelana que los acompa?ó en la mina. Los ocupantes del carro subían sus pertenencias sin notarla y por un momento sintieron cómo les sonreía. Con sentimientos encontrados de miedo y agradecimiento la observaron fijamente mientras poco a poco su propio carro se alejaba del lugar.

  Tiempo después, rumores de un pueblo habitado por mu?ecas y sus due?os empezaron a esparcirse, algunos iban a adoptar a una de aquellas mu?ecas, que según el rumor, podían proteger tu casa y negocio de malos espíritus.

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