Kuroda nos guió hasta donde se encontraba Honda. El lugar era una especie de parque de patinaje abandonado, descuidado hasta el extremo. Las rampas estaban agrietadas, las bancas rotas y cubiertas de grafitis, y por todos lados había latas de bebidas vacías tiradas como si el viento las hubiera arrastrado sin rumbo.
Allí estaba él.
Honda estaba sentado en lo alto de una rampa, con la actitud arrogante de un rey en su trono improvisado. A su lado descansaba la sombrilla de Miyu.
—Honda, esa sombrilla le pertenece a Miyu —dije, elevando la voz con firmeza—. Devuélvela ahora mismo.
él respondió con una carcajada gutural que resonó entre las paredes de concreto.
—?JAJAJAJA!
Pero algo en esa risa no era normal. Sonaba distorsionada… como si dos voces se superpusieran: una era la suya, la otra más grave, áspera, antinatural.
Desde lo alto, se incorporó de un salto. Tomó la sombrilla de Miyu y la sostuvo con ambas manos como si fuera un bate de béisbol.
—?La querés? —preguntó, ladeando la cabeza con una sonrisa torcida—. Entonces vení y quitámela… si podés.
No me moví. Di un paso al frente, sin apartar los ojos de los suyos.
—Miyu —dije en voz baja, sin mirarla—. Retrocede. Déjamelo a mí.
Me quité el abrigo con un tirón, dejándolo caer al suelo. De uno de los bolsillos saqué mis nudillos de combate, de color rojo oscuro.
Honda rugió, como una bestia hambrienta, y se lanzó cuesta abajo. Venía corriendo a toda velocidad, con la sombrilla alzada como un garrote improvisado, directo a mi cabeza.
?Mierda, viene muy rápido!
Mochi reaccionó de inmediato. Dio un paso al frente y lanzó un pu?etazo recto. El pu?o y la sombrilla chocaron con fuerza, haciendo saltar chispas.
?CLANG!
Honda fue empujado hacia atrás, tambaleándose.
—?Ríndete! —le gritó Mochi—. Devuelve la sombrilla.
—?CáLLATE! ?CáLLATEEE!
Honda no podía creerlo. Esperaba que su golpe destrozara el brazo de la chica como si fuera una ramita seca. Pero no. Ella lo había detenido. Y no solo eso: lo había hecho retroceder.
—?Maldita!
Con un grito rabioso, Honda volvió a lanzarse al ataque, esta vez desde un ángulo lateral.
Mochi giró rápidamente y bloqueó con otro pu?etazo.
?Es fuerte! Muy fuerte… y yo…
?Maldición! Es muy difícil enfrentarlo. Esta es mi primera pelea seria, pero él vive metido en peleas. Hay una gran diferencia entre nuestras habilidades. Solo bloquear sus ataques ya me exige toda la atención. Ni hablar de intentar contraatacar.
—?Qué pasa, no querías esta sombrilla de vuelta? ?Vamos, ven por ella!
Golpe tras golpe, Honda obligaba a Mochi a retroceder. Apretaba los dientes con fuerza. Cada impacto era un desafío. Bloquearlo requería toda su concentración. Apenas podía pensar, y mucho menos buscar una apertura.
—?Qué pasa, no la querés? ?VAMOS, TOMALA!
Un último golpe la hizo tambalearse. Mochi retrocedió dos pasos, jadeando con dificultad.
Honda sonrió con malicia y lanzó otro golpe, esta vez apuntando más abajo.
—?Ahora sí! — exclamó Honda.
El siguiente ataque iba dirigido a sus piernas. Mochi lo vio venir, pero su postura estaba abierta, no podía bloquear con los brazos.
?No tengo tiempo! ?Tengo que arriesgarme!
Levanté la pierna derecha y lancé una patada contra la sombrilla.
Mi pie hizo contacto directo. Aunque no lo hice retroceder como antes, al menos pude detener el golpe.
El impacto fue seco, pero efectivo. Mochi retrocedió cojeando ligeramente.
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Bajé la mirada. Tenía un hematoma oscuro en la pierna, justo donde impactó la sombrilla… pero todavía podía mantenerme en pie. Pude detener el golpe sin usar mis armas. Tal vez… sí tengo una oportunidad contra él.
—?Yaaaah!
Mochi se lanzó hacia adelante y arrojó un golpe directo al rostro. Pero Honda usó la sombrilla cerrada para defenderse; chispas saltaron una vez más al contacto. Luego retrocedió, ganando algo de espacio, y lanzó otro golpe lateral.
Pero esta vez levanté mi antebrazo izquierdo y lo bloqueé por completo.
?Agh! Eso dolió. Ese golpe me va a dejar otro moretón… pero esta es mi oportunidad.
Honda quedó expuesto por un instante. No pensaba desaprovecharlo. Mochi giró el torso y lanzó un derechazo directo a sus costillas.
Lo sentí crujir bajo mi pu?o.
Honda soltó un grito ahogado y cayó de rodillas al suelo, llevándose una mano al costado con expresión de dolor.
—?Este es tu final!
Mochi le lanzó un pu?o ascendente directo al mentón.
El cuerpo de Honda se estremeció y luego cayó al suelo como una marioneta a la que le cortaron los hilos.
Estaba completamente inconsciente.
Todo quedó en silencio.
Mis nudillos temblaban ligeramente. Respiraba con fuerza. El eco del combate todavía zumbaba en mis oídos.
Mi primer combate real… y gané.
Bajé la vista hacia mis nudillos. Aún emitían un tenue brillo oscuro, como si el éter latiera dentro de ellos.
—?Miyu, gané! —me giré hacia ella, con una sonrisa involuntaria.
Miyu se acercó corriendo, con los ojos muy abiertos y brillando de emoción.
—?Mochi-sempai, estuviste increíble! ?Sabía que podías hacerlo!
Yo sonreí, cansada pero feliz.
Me agaché, recogí la sombrilla del suelo y se la entregué.
—La próxima vez, no la pierdas de vista —dije con un tono amable.
—?Sí, lo prometo! —dijo Miyu, abrazando la sombrilla como si fuera un tesoro perdido—. No la soltaré jamás.
Luego me miró con preocupación.
—Senpai, ?estás bien? ?Te duele algo?
—No te preocupes, estoy perfectamente —mentí, mientras sentía cómo el dolor en la pierna y el antebrazo comenzaba a instalarse con fuerza.
—?Y qué pasará con él? ?Volverá a la normalidad?
—Sobre eso… será mejor que le pregunte a Haruka.
Saqué mi smartphone del bolsillo y marqué su número.
Mientras sonaba el tono de llamada, a?adí con una sonrisa tranquila:
—Ah, tranquila. No le contaré todo esto… al menos no de inmediato.
Cuando Haruka respondió mi llamada, le pregunté qué pasaría si una persona común resultara corrompida por una de nuestras armas. Lo primero que hizo fue preguntarme si había perdido mis nudillos.
Tuve que aclararle que se trataba solo de un escenario hipotético… aunque su silencio me dijo que no estaba del todo convencida.
Finalmente, respondió con calma:
—Mientras le quites el arma, su cuerpo debería volver a la normalidad con el tiempo. No hay nada de qué preocuparse.
—?Segura?
—Sí. Pero será mejor que se alejen de ahí antes de que despierte.
Así lo hicimos. Miyu y yo abandonamos el parque a paso rápido. Cuando salimos de la zona de obras, el cielo ya se estaba ti?endo con los colores del atardecer.
—Qué lástima… ya es algo tarde para ir a una cafetería —dijo Miyu, con un tono de sincera decepción—. Mochi-sempai, prometo invitarte un postre la próxima vez que nos veamos. Lo juro.
—No te preocupes —respondí con una sonrisa cansada—. Hoy ya fue bastante emocionante.
Nos despedimos con un abrazo y tomamos caminos separados. Yo regresé a casa de Haruka. Ella ya estaba allí, esperándome. Cenamos juntas en silencio. Luego me fui a cambiar para dormir, pero…
—?Qué es eso? —preguntó Haruka de pronto, con el ce?o fruncido.
Miró fijamente mi brazo desnudo y luego bajó la mirada a mi pierna. Moretones oscuros, visibles incluso con la luz tenue de la lámpara.
—?Qué pasó? —su tono se volvió más severo—. ?Quién te hizo esto?
Tragué saliva.
Intenté desviar el tema, pero su expresión me dejó claro que no había escapatoria.
Suspiré.
—Está bien, te lo contaré todo…
* * *
Más tarde, esa misma noche.
En una zona apartada del distrito de bares y clubes nocturnos, una mujer caminaba sola bajo las luces de neón. Las farolas proyectaban su silueta sobre la vereda sucia y manchada de bebidas. Llevaba un vestido escotado y ce?ido que brillaba bajo las luces artificiales. Caminaba tambaleándose, como si estuviera ebria.
Las carcajadas de algunos transeúntes se perdían en el bullicio nocturno. Nadie prestaba demasiada atención.
Entonces, tres figuras se acercaron desde un callejón lateral.
Eran Honda y sus amigos.
—Hey, preciosa… —dijo Honda con una sonrisa retorcida—. ?Qué hacés caminando sola por acá?
—?Querés venir a divertirte un rato? —a?adió Kuroda, riendo con malicia.
—Nosotros te cuidamos bien, no te preocupes —cerró Shōma, gui?ándole un ojo.
Entre los tres la rodearon. La mujer apenas reaccionó. No parecía oponer resistencia. Algunos peatones los vieron, sí… pero desviaron la mirada rápidamente. Aquí, todos sabían cuándo no meterse.
Riendo entre murmullos obscenos, los tres la arrastraron hacia el interior de un callejón oscuro. El neón no llegaba hasta allí. Solo sombras.
—Honda, empezá vos. Nosotros cubrimos la entrada —dijo Kuroda mientras se giraba para vigilar.
—Sí, dale rápido que después quiero pasar yo —a?adió Shōma.
Honda empujó a la mujer contra la pared, con una risa entrecortada. Ella no dijo nada. Su cuerpo apenas se movió.
—Vamos, no hagás que esto sea aburrido…
Entonces, sucedió.
Un chorro de sangre tibia salpicó las espaldas de Kuroda y Shōma.
—?Eh! ?Qué…?
Ambos se giraron de inmediato.
Y lo que vieron hizo que el frío les calara hasta los huesos.
Honda estaba de espaldas a ellos. Su cuerpo rígido, como congelado. A través de su torso —desde la espalda hasta el pecho— atravesaba un brazo delgado, cubierto en sangre. El brazo de la mujer.
Ella lo había atravesado como si fuera papel.
El cuerpo de Honda se desplomó en el suelo con un golpe seco. La sangre se esparció por el concreto formando un charco grueso y denso.
La mujer, ahora de pie frente a los dos, pasó tranquilamente sobre el cadáver. Sus tacos aplastaron el pecho de Honda sin el menor reparo.
Sus ojos brillaban con un tono dorado intenso. Antinatural. Feroz. Como el de un depredador.
Kuroda retrocedió un paso. Shōma ni siquiera podía respirar.
—?Qué… qué mierda es eso?
La mujer sonrió.
Y dio un paso más hacia ellos.
Ambos tardaron varios segundos en reaccionar. Cuando por fin comprendieron lo que acababan de ver, soltaron un grito de pánico y trataron de girarse para escapar de aquella mujer. Pero no fueron lo suficientemente rápidos.
Ella se lanzó hacia ellos con una velocidad inhumana, alcanzando a Shōma en un parpadeo. Alzó el brazo y con un tajo certero de sus largas u?as le arrancó la mandíbula inferior de cuajo.
La sangre brotó como una fuente.
Shōma cayó de rodillas al suelo, sus ojos abiertos de par en par mientras trataba de gritar. Solo logró emitir un horrible gorgoteo, antes de desplomarse por completo.
Kuroda intentó correr, pero la mujer fue tras él. Lo alcanzó en un segundo, lo sujetó por el hombro y lo estampó contra la pared con tal fuerza que el concreto se agrietó.
Lo mantuvo inmovilizado allí, usando una sola mano.
él forcejeaba con todas sus fuerzas, sin poder creer lo que ocurría. Era fuerte, grande, acostumbrado a imponerse. Pero esa mujer, de contextura delgada y apariencia ebria, lo tenía completamente a su merced.
—?Qué… eres tú? —gimió con los ojos abiertos de terror.
Ella no respondió. Solo sonrió de forma macabra, dejando ver una fila de colmillos afilados.
Luego, con un movimiento brusco, le hundió las garras en la garganta. Con un tirón seco, le arrancó la tráquea de cuajo.
Kuroda cayó al suelo, revolcándose mientras se asfixiaba con su propia sangre, emitiendo sonidos horribles, convulsos.
Ella lo ignoró por completo. Caminó unos pasos, limpiándose la sangre de la mano mientras murmuraba con odio creciente.
—Maldita gata… —escupió entre dientes—. Juro que te haré pagar por lo que me hiciste. Cuando te atrape, cuando te tenga entre mis garras… te haré desear la muerte.
Sus ojos brillaban de rabia, de rencor puro. Odiaba a esa ni?a con cada fibra de su ser. Esa ni?a que la había dejado reducida a esta humillante existencia.
Después de ser aplastada en la acera, su cuerpo original sufrió da?os severos. Repararlo le habría costado una enorme cantidad de energía y tiempo... dos cosas que no tenía. Sabía que, si se quedaba allí, los cazadores llegarían pronto. Y sería el fin.
No le quedó más opción.
Si quería sobrevivir, debía abandonar su cuerpo y encontrar un sustituto. Pero la zona estaba desierta. Las calles estaban vacías. No había cuerpos disponibles… humanos, al menos.
Así que eligió lo que encontró: una rata. Una sucia, repugnante rata callejera.
Pasó horas arrastrándose como un animal por las alcantarillas. Literalmente.
Su conciencia, encerrada en ese cuerpo roído, se retorcía de rabia y humillación. El maná que poseía apenas era suficiente para mantenerla consciente. Y cuando creyó que todo estaba perdido… la encontró.
Una mujer completamente ebria, sentada sola en una banca, incapaz de mantenerse despierta.
Fue su salvación.
Poseer ese cuerpo le consumió casi toda la energía restante, pero logró hacerlo. Ahora ocupaba un cuerpo humano, pero estaba lejos de su antiguo poder. Apenas podía usar unos pocos hechizos menores. Nada comparado con lo que había sido.
No importaba.
Se juró a sí misma que recuperaría su poder.
Y cuando lo hiciera… esa ni?a pagaría. La haría sufrir como nadie antes. La haría rogar por la muerte.

