Desperté gracias a los cálidos rayos del sol, pero me sentía agotada. No quería abrir los ojos, pero no me quedó de otra.
—Ah... un techo desconocido —murmuré, con una media sonrisa. Siempre había querido decir eso alguna vez.
Tardé unos segundos en despertar por completo y recordar dónde estaba.
Estoy en casa de Haruka.
* * *
Después de acabar con aquella anomalía, me quedé mirando por la ventana. Solo podía pensar en una cosa: ?Qué voy a hacer ahora?
La puerta de mi habitación quedó hecha trizas. Y aunque no llegué a ver en qué estado estaba la puerta principal, considerando la fuerza de los golpes y el hecho de que logró entrar… no debe estar mucho mejor.
Y luego está la mini nevera.
Mi pobre compa?era… aplastada en medio de la acera.
Estoy cien por ciento segura de que algún vecino debió haberlo visto todo. Y cuando mis padres se enteren de esto… lo voy a pasar muy mal. Incluso si logro convencerlos de que fue un robo, lo más probable es que no me dejen volver a quedarme sola nunca más.
—?Mmmnngghhh! —estrujaba mi mente al máximo tratando de idear algo. Pero no se me ocurría nada.
Mientras seguía pensando, vi cómo un taxi se detenía frente a casa a toda velocidad. La puerta se abrió y, en un instante, Haruka bajó del auto. Su expresión era pura preocupación.
—?Haruka, aquí arriba! —le hice se?as desde la ventana para que me viera.
Pareció respirar aliviada al verme. Luego su mirada se posó en la mini nevera destrozada en la acera.
Jejeje… esta es una de esas raras ocasiones en las que puedo verla desconcertada. Después de unos segundos, recuperó la compostura y corrió hacia la casa. Pude oír sus pasos acelerados subiendo las escaleras antes de que entrara en mi habitación.
Llevaba puesto su abrigo largo y oscuro, pero desde donde estaba, pude ver claramente que aún tenía el pijama debajo: una camiseta de algodón clara y un pantalón suelto con dibujos de gatitos.
Sus pies estaban metidos en unas pantuflas de estar por casa, y su cabello blanco, que normalmente mantenía en orden con precisión militar, ahora estaba todo despeinado, con mechones apuntando en todas direcciones.
Se veía agotada. Desordenada.
Al verla así, algo en mi pecho se sintió… tibio.
Había corrido hasta aquí en plena madrugada… en pijama, despeinada, sin siquiera calzarse bien. Todo porque estaba preocupada por mí.
—?Estás bien? —preguntó, con la voz cargada de angustia.
Me tomó un segundo responder.
—Sí… —respondí al fin, bajando la mirada mientras una sonrisa suave se me escapaba—. Estoy bien.
Después de eso, le conté todo lo que había pasado. Me tomó varios minutos relatarle desde el primer encuentro con el payaso en la calle hasta el momento en que lo vencí.
Pensé que me rega?aría por no haber usado todo lo que me ense?ó. Si hubiera intentado sentir el éter desde aquel primer momento, tal vez podría haber detectado que era una anomalía. Todo esto se podría haber evitado…
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Pero, para mi sorpresa, Haruka dijo que justamente eso fue lo que me salvó.
Según ella, cuando utilizo mi percepción para sentir el éter, las anomalías pueden notarlo. Pueden darse cuenta de que están siendo observadas.
Si lo hubiera hecho aquella vez, probablemente no habría llegado a casa.
Parece que esta vez tuve suerte… pero no creo que la próxima ocurra lo mismo.
Voy a tener que tomármelo más en serio a partir de ahora. Entrenar de verdad.
—Entonces, Haruka… ?debería abstenerme de intentar sentir el éter?
—Por ahora, ten cuidado cuando lo uses. Preferiría que lo hicieras solo cuando yo esté cerca. Además, debes seguir practicando. Cuanto más lo domines, antes podrás usar métodos más seguros.
—?Métodos más seguros? ?Existe una forma distinta de hacerlo?
—Sí, la hay. La mejor forma es entrenar y mejorar tus sentidos hasta que puedas percibir el éter de forma pasiva.
—?Pasiva? —repetí, sin entender del todo.
Me costaba comprender a qué se refería Haruka con eso de “forma pasiva”. Ella pareció notar mi confusión, porque decidió explicármelo con más calma.
—No es tan complicado. Te lo explicaré con un ejemplo. Hay dos formas principales de percibir el éter. La primera es la que tú usas. Se le llama percepción activa. Piénsalo como el sonar de un submarino: envías una se?al fuera de ti, y esa se?al rebota contra las anomalías, devolviéndote información. Eso te permite sentirlas... pero también te delata.
—?Y el segundo método?
—La percepción pasiva —asintió ella—. Esta se aprende de forma natural, después de dominar bien la forma activa. No te lo había mencionado antes porque, sinceramente, no pensé que te meterías en tantos problemas tan rápido. —Suspiró con resignación—. No debí subestimar tu habilidad para atraer los problemas.
Sonreí con un poco de vergüenza.
—En la forma pasiva —continuó—, no envías nada. Con el tiempo, a medida que entrenas y usas el éter, tu cuerpo se vuelve más sensible a su presencia. Así, puedes percibir fluctuaciones o presencias cercanas sin emitir una se?al. Eso te mantiene oculta. Es más lento, más sutil... pero también mucho más seguro.
Después de eso, Haruka me dijo que no se sentiría tranquila dejándome sola en casa después de lo ocurrido, así que me propuso quedarme en su casa durante todo el fin de semana. También se encargaría de mandar a reparar los da?os antes de que mis padres regresaran.
Antes de irnos, logramos colocar la puerta ptincipal nuevamente en su lugar. Aunque las bisagras estaban destrozadas, conseguimos encajarla lo suficiente como para que, desde afuera, pareciera intacta. Nadie notaría que estaba rota… a menos que intentara abrirla.
Subimos al taxi y nos dirigimos a casa de Haruka. En cuanto llegamos, me di un ba?o caliente y nos acostamos enseguida. Ambas estábamos agotadas. Después de todo lo que había vivido esa noche, pensé que me costaría dormir… pero sorprendentemente, me quedé dormida en cuanto mi cabeza tocó la almohada.
* * *
De regreso al presente…
Ya habían pasado unos minutos desde que desperté. Supongo que ya debería levantarme.
Giré la cabeza y ahí estaba ella, durmiendo en su propio futón, a pocos pasos del mío.
Respiraba con tranquilidad. Su pecho subía y bajaba rítmicamente. El cabello blanco caía sobre su rostro, con algunos mechones despeinados por el sue?o. Su expresión era serena… pero incluso dormida, su postura conservaba una firmeza innata.
Como si pudiera despertar en cualquier momento lista para luchar.
Me quedé observándola más tiempo del que debía.
Con cuidado, me senté en el futon y luego me puse de pie, procurando no hacer ruido. Caminé hasta la puerta corrediza de papel y madera, y la deslicé suavemente.
Una brisa fresca de la ma?ana acarició mi rostro.
Frente a mí se abría un peque?o jardín tradicional. Había piedras lisas, arbustos meticulosamente podados, y un estanque con peces koi que nadaban con elegancia entre las sombras. El agua era tan clara que parecía un espejo.
La casa de Haruka era hermosa. Silenciosa. Pacífica.
Me senté en el borde del piso de madera, dejando que los pies colgaran hacia el jardín. Respiré hondo. Solo quería quedarme así un rato más, envuelta por está calma.
—?Dormiste bien?
La voz de Haruka me devolvió a la realidad. Me giré y la vi detrás de mí, vestida con un suéter sencillo sobre su pijama. Tenía los ojos entrecerrados, con ese aire de quien acaba de despertar.
—Sí, bastante… ?Y tú?
—No me quejo.
Nos sonreímos con suavidad.
Poco después estábamos en la cocina preparando un desayuno sencillo: pan tostado con manteca, frutas cortadas y té caliente. Haruka se movía con esa eficiencia habitual suya, mientras yo intentaba no tropezar con nada.
Nos sentamos a la mesa baja, una frente a la otra.
—Me puse en contacto con la sede de OHRA esta ma?ana —dijo Haruka mientras untaba su tostada—. Ya les informé lo que ocurrió en tu casa.
—?En serio?
—Están enviando a algunos agentes para encargarse de las reparaciones. Prometieron dejarlo todo tal y como estaba. Tus padres no notarán nada.
Me quedé a mitad de camino con la tostada en la mano. Sentí que algo se aflojaba en mi pecho. No me había dado cuenta de lo mucho que eso me angustiaba hasta que escuché sus palabras.
—Gracias, Haruka…
Ella solo asintió con naturalidad.
En la mesa del desayuno solo estábamos nosotras dos. Haruka vive sola. Perdió a sus padres en un accidente hace a?os, antes de que nos conociéramos. Desde entonces, su tía —una política de una ciudad vecina— se hizo cargo de ella. Pero su tía rara vez podía venir por lo ocupada que estaba. Haruka se negó a mudarse con ella; no quería abandonar la casa donde creció con sus padres. Así fue como terminó viviendo sola desde muy joven.
Después de desayunar, me cambié usando la ropa limpia que había traído de casa. Haruka me esperó en la entrada, ya lista con su chaqueta habitual sobre los hombros.
—?Lista? —preguntó.
—Lista —respondí con una sonrisa.
Y así, bajo el cielo claro de la ma?ana, comenzamos nuestro camino hacia la sede de OHRA.
El trayecto fue tranquilo. Con Haruka a mi lado, incluso si ocurría algún contratiempo, sabía que no habría problema. Pronto divisamos la iglesia de aspecto abandonado que la organización usa como base. Era mi segunda vez allí.
—Nos vemos después, Mochi. Tengo que ocuparme de algunos asuntos… y también me gustaría averiguar más sobre la anomalía que te atacó. Es extra?o que algo tan poderoso haya podido mantenerse fuera de nuestros radares tanto tiempo.
—Nos vemos esta noche —respondí.
Habíamos decidido que me quedaría una noche más en su casa, por precaución. Ma?ana temprano volvería a la mía, una vez que estuviéramos seguras de que todo estaba en orden.
Me senté en una de las viejas bancas de la iglesia. Aún faltaban unos 45 minutos para la hora en que debía reunirme con mis nuevos compa?eros de equipo, así que me puse a ver algunos videos en el smartphone mientras mataba el tiempo.
Cuando faltaban apenas 15 minutos, escuché cómo se abría la puerta principal. Me puse de pie, un poco nerviosa pero tratando de parecer tranquila. Ojalá fueran personas con las que pudiera llevarme bien. ?Y si no me aceptaban? ?Y si eran demasiado serios… o demasiado raros?
Pero cuando vi quién entraba, no pude evitar sorprenderme.
Era Miyu. La misma chica que había ayudado durante el incidente en el túnel.
Me había olvidado por completo de preguntarle a Haruka qué había pasado con ella después de aquella noche.

