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23. Operación: Infiltración Universidad S - Enfrentamiento en la azotea - Parte 2

  Mochi se puso de pie junto a Miyu, apretando los pu?os con decisión.

  —Yo iniciaré —dijo con firmeza antes de lanzarse hacia una de las marionetas envueltas en llamas.

  Pero no alcanzó a golpearla. Otra de las marionetas se abalanzó sobre ella primero, blandiendo sus garras incandescentes.

  —?Ugh, quema! —Mochi cruzó los brazos para protegerse, pero el golpe la alcanzó de lleno en el antebrazo derecho. Sintió el impacto y un ardor insoportable que la hizo retroceder tambaleando hasta caer sentada. Su manga se carbonizó al instante, dejando al descubierto su piel herida; tres cortesque por suerte para ella no eran muy profundos atravesaban su brazo y la sangre comenzó a correr por su mano hasta gotear al suelo.

  Antes de que pudiera reaccionar, la marioneta volvió a cargar contra ella, las garras brillando con un resplandor anaranjado.

  —?Senpai! —Miyu se interpuso frente a ella en el último segundo, desplegando su sombrilla. El golpe chocó contra el escudo con un chasquido metálico y una lluvia de chispas iluminó el lugar. La fuerza del impacto no logró traspasar la defensa; Miyu se mantuvo firme, impresionada de nuevo por la resistencia de su arma.

  Dos de las marionetas restantes se abalanzaron sobre Miyu desde direcciones opuestas. Ella apretó los dientes; sabía que no podría bloquear ambos ataques al mismo tiempo. Giró para cubrirse de la que venía por su izquierda, mientras rezaba porque el golpe de la otra no fuera demasiado fuerte.

  Pero el golpe nunca llegó.

  Una sombra cruzó a toda velocidad frente a ella: Mochi.

  La chica gato saltó con impulso y descargó un pu?etazo directo al abdomen de la marioneta que atacaba por la derecha. El impacto fue brutal; un sonido seco resonó al hundirse el pu?o, y el cuerpo ardiente salió disparado hacia atrás, cayendo al suelo con un hueco humeante en el pecho.

  —Ese no se levantará en un buen rato —dijo Mochi, jadeando, con una chispa feroz en los ojos. Aunque la pelea había empezado mal, la adrenalina la llenaba de energía renovada. Ahora eran ellas dos contra las tres marionetas restantes.

  Las criaturas comenzaron a rodearlas lentamente, emitiendo chillidos distorsionados que se mezclaban con el crepitar del fuego que las cubría. Parecían depredadores acechando, esperando un descuido para saltar.

  Mochi y Miyu se colocaron espalda con espalda, sincronizadas, respirando al mismo ritmo.

  —Senpai, yo me encargo de la defensa —dijo Miyu con voz firme, sosteniendo la sombrilla frente a ella—. Te dejo el ataque a ti.

  —Déjamelo a mí, Miyu —respondió Mochi, sonriendo con colmillos a la vista—. Les ense?aré quién manda.

  Una de las marionetas se lanzó hacia ellas, rasgando el aire con sus garras. Miyu giró su sombrilla y bloqueó el ataque con precisión antes de apartarse a un lado. Mochi aprovechó la apertura: salió disparada desde detrás del escudo y descargó un potente uppercut contra la mandíbula del enemigo.

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  El golpe destrozó la cabeza de la marioneta, esparciendo fragmentos carbonizados que cayeron al suelo con un sonido hueco.

  —Miyu, ya solo quedan dos —dijo Mochi, con la respiración agitada.

  Las dos marionetas restantes se lanzaron a la vez. Miyu volvió a interponer la sombrilla, bloqueando una lluvia de ataques chispeantes. Mochi aguardó detrás de ella, buscando el momento justo para contraatacar, pero el asedio era constante; con ambas atacando al mismo tiempo, apenas había espacio para moverse.

  Miyu daba todo de sí para bloquear los golpes que no dejaban de llover; su sombrilla chirriaba cada vez que chocaba con las garras ardientes. Mientras tanto, la impaciencia de Mochi crecía: la situación se había estancado. Peor aún, podía ver cómo las llamas se concentraban en las zonas da?adas de las marionetas ya derrotadas; parecían regenerarse. Si volvieron a ponerse en pie las cuatro al mismo tiempo, no podrían defenderse.

  Pero no todo estaba perdido. Miyu empezó a notar algo extra?o: cada vez que una marioneta golpeaba su sombrilla, una peque?a porción de éter parecía escapar del cuerpo enemigo y era absorbida por el paraguas. éste brillaba con un fulgor cada vez más intenso. Al ver que Mochi no reaccionaba, se dio cuenta de que quizá nadie más lo percibía—o al menos no ahora—. Sin saber exactamente cómo, intuyó una forma de usar ese poder y tomó una decisión.

  —Senpai, yo me encargo de la marioneta de la izquierda. Tu ocupate de la otra —dijo Miyu, con voz decidida.

  —?Miyu, estás segura? —preguntó Mochi, con algo de desconfianza en la voz.

  —Confía en mí, sempai. Puedo acabarla. Estoy segura.

  Mochi salió de detrás del escudo y lanzó una patada al pecho de la marioneta que tenía delante. Sabía que quedaba expuesta al ataque de la otra, pero confió en las palabras de Miyu. La patada no fue devastadora, pero bastó para derribarla momentáneamente.

  Miyu no desperdició la oportunidad. Inspiró con fuerza, cerró la sombrilla en un movimiento fluido y la dirigió como si fuera un estoque hacia la última marioneta en pie.

  —?Yaaaaaah! —gritó Miyu con todas sus fuerzas al embestir.

  En el instante en que la punta de la sombrilla tocó el cuerpo incendiado de la marioneta, Miyu vio cómo la energía acumulada se concentraba en un punto minúsculo, como si todo el éter absorbido estallara en ese foco.

  Una explosión sónica partió la marioneta en decenas de fragmentos que salieron disparados en todas direcciones. Mochi la miró con la boca abierta, boquiabierta ante lo que acababa de presenciar.

  —?Eso fue increíble, Miyu!

  La marioneta que Mochi había derribado comenzaba a incorporarse de nuevo, pero la onda de la explosión la desestabilizó; tambaleó. Aprovechando el instante, Mochi se lanzó con un pu?etazo decidido. La criatura reaccionó y bloqueó con el brazo… pero no milagrosamente: el impacto partió su brazo en dos, y cayó hecha astillas.

  —?Senpai, retrocede! —gritó Miyu, preparándose para lo que viniera.

  Mochi intentó continuar su ataque para acabar de una vez con la pelea, pero el grito de advertencia de Miyu la hizo reaccionar justo a tiempo: se echó atrás y evitó por poco un zarpazo que habría abierto su pecho.

  Las dos marionetas que habían derrotado al principio ya se habían regenerado y se unían de nuevo a la ofensiva.

  Mochi volvió a colocarse detrás de Miyu, quien levantó su sombrilla como escudo una vez más, bloqueando el asedio incesante de las tres criaturas. Cada golpe hacía vibrar el metal del mango, cada impacto arrancaba chispas y ceniza ardiente.

  Lentamente, las chicas retrocedían, empujadas por la fuerza bruta de sus enemigas.

  —Miyu, solo tenemos que aguantar y buscar una oportunidad para contraatacar —dijo Mochi entre jadeos—. Ya las vencimos una vez… solo hay que repetirlo.

  Pero sus palabras se congelaron al sentir algo frío tocarle la espalda.

  Giró la cabeza: era la barandilla de la azotea.

  Habían retrocedido hasta el borde. Un paso más atrás, y caerían diez pisos hacia el vacío.

  —?Miyu, podrías repetir lo que hiciste antes con la sombrilla? —preguntó Mochi, aún sin apartar la vista de las marionetas.

  —No creo que eso sea posible, sempai —respondió Miyu, respirando con dificultad.

  —Ya veo… me lo temía. Tendremos que pensar en algo.

  El ataque de las marionetas se intensificó. Cada golpe era más rápido, más violento, y el calor que emanaban hacía que el aire pareciera arder.

  —Miyu, tengo una idea —susurró Mochi, inclinándose hacia ella para explicarle su plan. No sabía si aquellas cosas entendían el lenguaje humano, pero no pensaba arriesgarse.

  Miyu asintió con decisión. Era una locura… pero no tenían otra opción.

  —Ahora, Miyu. —La voz de Mochi fue la se?al.

  Miyu se agachó, clavando con firmeza los pies contra el suelo. Mochi dio un paso sobre la sombrilla, y Miyu la impulsó con toda la fuerza de sus brazos.

  El salto fue perfecto: Mochi se elevó en el aire, girando sobre sí misma mientras las marionetas detenían sus ataques y la seguían con la mirada, confusas.

  Aprovechando la distracción, Miyu cerró la sombrilla de golpe y la usó como garrote, golpeando a una de las marionetas y apartándola del camino.

  Al mismo tiempo, Mochi cayó desde lo alto con las manos entrelazadas, descargando un golpe martillo directo sobre la cabeza de otra marioneta.

  El impacto fue brutal: el cráneo de la criatura se partió en mil pedazos, lanzando brasas y trozos ardientes a su alrededor.

  Ambas chicas aterrizaron con firmeza. Habían atravesado la línea enemiga y recuperado espacio para moverse, listas para continuar la pelea.

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