—Atención, Elion Vexar. Diríjase al cubículo 543-2. Tiene cinco minutos para llegar. —notificó Alpha sin previo aviso.
—?Cinco minutos? —murmuré—. ?Ni siquiera un respiro?
Activé de inmediato reorganización química y propiocepción, forzando a mi cuerpo a priorizar oxígeno y nutrientes en los músculos.
Salí corriendo.
A los pocos segundos, un mareo me golpeó con fuerza.
—Esto es peligroso… —pensé, sintiendo cómo el corazón martillaba mi pecho—. No puedo mantener este ritmo mucho tiempo.
Cada latido retumbaba en mis oídos.
El mundo parecía estrecharse.
—Si me detengo, fallo. Si sigo así, colapso. Decide.
Apreté los dientes y continué.
Cuatro minutos después —que se sintieron eternos— localicé el cubículo.
—Mente serena… —exhalé—. Sin esto estaría perdido.
La puerta se cerró a mi espalda.
El interior era austero.
En el suelo, un único punto negro.
Alrededor, peque?as muescas perfectamente distribuidas, del tama?o de una nuez.
—Detectado, Elion Vexar. Iniciando prueba de reflejos.
Toque la luz blanca lo antes posible.
Evite la luz oscura.
Si la luz blanca se apaga antes del contacto, se descontarán puntos.
?Alguna pregunta?
—?Cuál es el nivel promedio que supera un estudiante común?
—De los cien niveles disponibles, un estudiante en su primera evaluación suele alcanzar entre el nivel dos y cinco.
—Entonces… —pensé, relajándome—. Esto será manejable.
La primera luz blanca apareció.
Stolen novel; please report.
Lenta. Evidente.
El nivel uno cayó sin esfuerzo.
El segundo cambió el juego.
Patrones. Ritmos irregulares. Enga?os visuales.
Me tomó veinte minutos adaptarme… y cometí algunos errores a propósito.
El nivel tres duplicó la velocidad.
—Si no activo reorganización química y autohipnosis, no avanzo —analicé—. Pero cadencia interna me está mostrando el ritmo.
Los patrones dejaron de ser caos.
Se volvieron música.
A mitad del nivel cuatro, la prueba se detuvo.
—Tiempo de participación alcanzado.
—Perfecto —pensé—. Justo donde quería.
—Elion Vexar, diríjase al cubículo 425-1. Tiene treinta minutos.
Esta vez no hubo carrera.
El trayecto estaba lleno de estaciones intermedias, acertijos como sudokus, cajas numéricas, estructuras lógicas que parecían juegos infantiles.
Con Mente serena, eran triviales.
Pero conforme avanzaba, los problemas mutaban.
Se volvían más abstractos.
Menos números, más inferencias.
—Esto no mide inteligencia —comprendí—. Mide fatiga mental bajo presión.
Llegué al cubículo final con diez minutos de margen.
—Hora de la siguiente prueba.
La sala solo tenía una pared.
En ella, un orificio rodeado por un mineral azul intenso, casi vivo.
—Energía astral… —deduje.
—Elion Vexar, introduzca su mano en la zona azul.
El dolor fue inmediato.
Una punzada ardiente se extendió desde la palma hasta el hombro, como miles de agujas atravesando mis nervios.
Activé autohipnosis de inmediato.
Funcionó… por segundos.
—?Se está disipando? —pensé, alarmado—. Esto no es normal.
El dolor empezó a nublar mi mente.
—Termina… ya…
No sé cuánto tiempo pasó.
Cuando pude retirar la mano, estaba intacta.
Solo un peque?o punto en el centro de la palma.
—Datos obtenidos.
Debido al tiempo de resistencia, se le concede una recompensa adicional.
Puede elegir una habilidad de bajo grado del linaje Urexian.
—?Una recompensa…? —sonreí, exhausto—. Arriesgarse sí vale la pena.
—Alpha, restringe al público la información sobre esta prueba y recompensas futuras.
Silencio.
—Conectando…
El sistema tardó.
—?Qué…? —sentí un escalofrío—. Es la primera vez que Alpha duda.
La pantalla se oscureció.
Una figura apareció.
—Elion, espero que me escuches bien —dijo una voz calmada—. Esto es un favor. Solo una vez.
—?Quién…?
—No eres de una familia importante —continuó—. Pero valoramos la fuerza.
Te ofreceremos protección institucional… a cambio de misiones exclusivas.
—?Puedo saber con quién estoy hablando? —pregunté, con las manos sudando.
—No es un trato. No tienes opción.
Sonrió.
—Demuestra que puedes llegar al top 10 del ranking Aurus.
Haz que Ultear Noltheim se tome esta evaluación en serio.
La imagen encriptada se desvaneció, una sombra aparece en su lugar.
—Para futuras comunicaciones —a?adió la sombra—, soy el director de Aldoria.
La se?al se cortó.
—Aprobado por alta dirección.
Se le ha otorgado exención de divulgación de evaluación. —anuncia Alpha de inmediato.
Me apoyé en la pared.
—El director?… —pensé, con el pulso aún acelerado—.
Si quiero sobrevivir, no puedo quedarme abajo.
Es hora de subir la apuesta.

