Como de costumbre, llego temprano a la clase del profesor Huxtle.
El aula está vacía.
El resto de los estudiantes evita esta asignatura como si no tuviera valor alguno. Me miran con incredulidad cuando paso, incapaces de entender por qué sigo viniendo.
Tomo asiento en la primera fila.
Huxtle llega poco después, caminando con calma, como siempre. Trae consigo una bolsa con panecillos recién hechos. El aroma me golpea con una nostalgia inesperada; por un instante, pienso en mi madre.
—Elion, buenos días. Temprano como siempre —dice con una sonrisa leve—. La disciplina no es para todos.
—Buenos días, profesor. Tenía curiosidad sobre el tema de hoy.
Huxtle observa el aula vacía y asiente.
—En vista de que estás solo, puedes hacer una pregunta. Partiremos desde ahí.
Respiro hondo.
—Profesor… he adquirido una habilidad. Entiendo el uso de la energía astral, pero hay un riesgo que siempre mencionan y nunca explican del todo.
Huxtle se apoya en el escritorio.
—La asimilación —responde sin rodeos—. Es inevitable.
Levanta una peque?a piedra de la mesa y la hace girar entre sus dedos.
—Imagina un estanque. Si quieres alterar su superficie, debes lanzar algo dentro. La piedra es la habilidad. El agua es el universo. Las ondas que se forman… eso es la asimilación.
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Asiento lentamente.
—No es buena ni mala —continúa—. Puede fortalecer músculos… o deformar un cuerpo para siempre. Las élites suelen evitar los efectos negativos porque sus habilidades están dise?adas para minimizar ese impacto.
La piedra vuelve a la mesa.
—Para controlar la asimilación existen las contrahabilidades. Cada habilidad viene con una. Su función es estabilizar los efectos secundarios.
—Pero usarlas juntas anula el progreso —comprendo.
Huxtle sonríe.
—Exacto. Evitarás da?o, pero también perderás tiempo. Usarlas por separado exige más reposo y produce asimilaciones irregulares.
Hace una pausa.
—Por eso el sistema integral es crucial. No evita errores, pero te permite verlos antes de que te destruyan.
Asiento con fuerza.
—Las asimilaciones —a?ade— son, en realidad, la puerta a la evolución. Gracias a ellas existen las resonancias.
Mi atención se afila.
—Una resonancia nace cuando una habilidad principal se combina con otras más simples para generar algo nuevo. Más estable. Más poderoso.
Levanta una esfera metálica, que comienza a levitar.
—Telequinesis vectorial.
Luego, una segunda y una tercera esfera se elevan, cada una moviéndose de forma independiente.
—Pensamiento múltiple. Dos habilidades básicas. Una resonancia simple.
Las esferas descienden suavemente.
—No hay forma de saber qué habilidades pueden resonar —continúa—. Las familias dise?an habilidades compatibles para reducir riesgos, nada más.
Frunce el ce?o.
—Existe algo más. El umbral singular.
Trago saliva.
—Consiste en unir varias asimilaciones compatibles para generar un efecto permanente. Positivo. Pero hay un límite probado: siete.
—?Y si se supera?
—Inestabilidad astral. Incapacidad… o muerte.
El aula queda en silencio.
—Si logras un umbral singular —prosigue—, las habilidades involucradas dejan de generar efectos secundarios. Eso facilita la creación de resonancias.
La hora pasa volando.
Cuando finalmente me levanto, mi camino está más claro… y más peligroso.
Necesitaré crear un umbral singular.
Al menos cuatro habilidades bien elegidas.
Monitorear cada uso.
Y decidir qué forma tomará mi resonancia.
—Quiero centrarla en reorganización química —pienso—, pero aún no tengo lo suficiente.
Huxtle me observa antes de que me vaya.
—No lo olvides, Elion. Cuantas más habilidades combines, mayor será el poder… y el riesgo.
—Lo tendré en cuenta, profesor —respondo, ocultando el nudo en el estómago

