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LOS QUE NO OYERON CAER AL MUNDO

  DíA 9

  El sol emergió con una majestad obscena, derramando luz dorada sobre el sur del bosque como un falso amanecer. Su esplendor —cínico y deslumbrante— resultaba una burla ante el paisaje mutilado: árboles desmembrados como gigantes derribados, cráteres vomitando lodo frío , y un silencio roto solo por el goteo lento de savia en heridas abiertas y el graznido lejano de arpías. El aire, espeso y agresivo, olía a tierra violada, raíces pudriéndose bajo el barro, y el futuro robado

  En las faldas de las monta?as del sur , un tauren solitario hundía sus pezu?as en el barro, contemplando los restos de su granja fortificada. Sus esclavos —Bamburianos de pelaje enmara?ado y monos de mirada vacía— removían escombros con cadenas rotas. En el nuevo barranco abierto por la tormenta, flotaban los últimos sacos de grano, arrastrados por el río desbocado que se llevó también la mitad de sus cautivos. Su cornamenta tembló al ver el símbolo de su dominio reducido a ruinas.

  En los picos rocosos sobre las tierras tauren, tres arpías se arracimaban sobre los restos de su nido-atalaya. Plumas iridiscentes y chamuscadas flotaban en charcos de lluvia ensangrentada. Una cuarta yacía medio enterrada en una grieta, su ala izquierda carbonizada y retorcida. La más joven ara?aba la piedra intentando liberar el cuerpo, mientras las otras escudri?aban el valle con ojos de halcón, vigilando movimientos entre los tauren.

  Bajo una lluvia helada que cortaba como cuchillos, tres figuras escapaban hacia las colinas del noroeste:

  · El chamán Stox arrastraba a dos duendes inferiores por el barro. Sus túnicas estaban empapadas de lodo y una sustancia oscura y viscosa.

  · Tras ellos, las sombras de la tribu Demente los perseguían entre árboles caídos. Un relámpago reveló cuerpos mutilados en el camino: duendes Cuerno Negro atravesados por lanzas toscas.

  · Al alcanzar su cueva, encontraron la entrada derrumbada. Los guardias yacían aplastados bajo rocas, manos aún aferrando hachas inútiles. Stox apretó los dientes ante su santuario profanado.

  En un risco cercano a las tierras tauren huellas profundas marcaban el barro: pezu?as enormes resbalando hacia un abismo. Fragmentos de roca astillada y mechones de pelo marrón adheridos a las piedras contaban la historia de una caída. Hoy, solo un cuervo picoteaba algo brillante entre las grietas: un colgante de hueso con runas desgastadas.

  Mientras los nativos lidiaban con su dolor, los invasores avanzaban: -Duendes de tribus rivales trepaban como ara?as por troncos caídos,robando herramientas abandonadas.

  · Cazadores de tesoros humanos examinaban grietas con varas que emitían pulsos púrpuras cerca de los cráteres.

  · Hombres topo surgían del lodo, arrastrando jaulas vacías hacia lugares donde gemían heridos.

  Pero en este paisaje desgarrado, una mentira peligrosa flotaba: que todos habían sufrido igual. Que la desesperación era moneda común. La verdad era un cuchillo clavado en la garganta del bosque:

  · Algunos fueron bendecidos por caprichos divinos: cuevas intactas bajo derrumbes, árboles que desviaron rayos, reservas de grano no podridas.

  · Otros acumulaban heridas del alma más profundas que los cráteres, alimentadas por el hambre y la fauna letal (solo bestias fuertes o afortunadas sobrevivieron):

  · Codiciosos hurgando en grietas con dedos ensangrentados, arrancando cristales de mana de cadáveres.

  · Rencorosos ( tribales sin nada) incendiando chozas porque "si nosotros perdimos todo, ellos también deben arder".

  · Lujuriosos (mercenarios humanos) apostados cerca de guaridas de arpías heridas, esperando su debilidad.

  · Envidiosos (elfos cazadores) envenenando un manantial al verlo custodiado por conejos cornudos.

  · Arrogantes (jefes de clanes menores) proclamándose "elegidos de la tormenta" mientras sus seguidores comían raíces venenosas.

  · Ambiciosos (hombres topo) marcando esclavos famélicos con hierros al rojo.

  El hambre era el nuevo dios. Un ciervo herido era un banquete sangriento, una manzana podrida un tesoro, el vecino una reserva de carne. La tormenta no había igualado a los moradores... había expuesto su costra moral podrida.

  En el gran cráter central, burbujas de gas verde subían a la superficie de las aguas estancadas. Algo más profundo que los hombres topo respiraba allí abajo. El aire, cargado aún de magia salvaje, zumbaba como un enjambre. Todos lo sentían: tauren, arpías, duendes, incluso los cazadores forasteros. Donde la naturaleza había saqueado, dejaba cicatrices que sangraban esencia pura. Los tesoros brotarían... pero primero, había que sobrevivir a la noche.

  Llegado a lo que prometía ser un hogar resultó en una cueva que olía a muerte y derrota. Stox pisó el cadáver de un guardia, ignorando el crujido de costillas rotas bajo su bota. Tras él, los dos duendes inferiores temblaban al ver a sus hermanos mutantes masacrados. "Maldito Byke... por tu culpa mis hermanos murieron y por un tonto ídolo", pensó Stox, temblando de frío y furia. Conocía a los traidores: Byke el ambicioso, Gazazo el carnicero, Obob el manipulador.

  Avanzó hacia el altar donde yacía el cadáver cubierto de heces. Sin el ídolo de Ufuro, los rituales eran más complicados, exigiendo el triple de esfuerzo. Pero este cuerpo —un duende inferior de Byke— tenía un alma fuerte. "No vale la pena.El esfuerzo es demasiado para un simple inferior", reflexionó. Pero entonces su cuerno goteó un líquido metálico sobre el cuerpo.

  El collarín de Ufuro reaccionó al contacto, brillando con luz roja opaca. Al colocarlo sobre el pecho del cadáver, este explotó, enviando el collarín por los aires. De la nube de vapor y vísceras surgió Gadkeb, atado con cadenas y un collar fantasmal.

  POV GADKE

  Gadkeb no tenía idea de qué había ocurrido.Un momento antes estaba a punto de conseguir el ídolo en otra estancia, había ganado una pelea... y al final, esa puta lo traicionó sin razón. Aún no entendía por qué lo odiaba, ni cómo rayos esos duendes acumulaban tanto musgo luminoso en sus cuevas. "Concéntrate", se ordenó.

  Nunca había hablado con ella. Cuando todo se volvió negro, la luz regresó de golpe. Reconoció el lugar de inmediato: la cueva donde había muerto. Miró hacia abajo. Allí yacía su cuerpo, pálido y quieto.

  No supo cuánto tiempo gritó. Tras el desahogo, el pánico lo inundó. Intentó alejarse de su cadáver, pero cadenas invisibles lo anclaban al sitio. No podía moverse en ninguna dirección. Invocó al sistema, pero solo recibió la misma respuesta fría, ahora actualizando su especie:

  Nombre: Gadkeb

  Especie: Fantasma de Duende inferior Título: Muerto por arrogancia

  Vida: 1

  Habilidades: N/A

  Maldición: Mal ladrón (+40% dificultad para aprender clase Ladrón)

  —??CóMO QUE MORí POR ARROGANCIA!? — rugió mentalmente. De haber podido moverse, habría intentado poseer su cadáver o cualquier otro cercano. Ni eso le concedían. —?ESA PUTA DéBIL MALNACIDA ME TRAICIONó!— volvió a gritar, forcejeando inútilmente hasta agotarse.

  ?Agotarse? Estaba muerto. Esto era el colmo del horror. No tenía idea de cómo subir de nivel si no podía moverse, poseer vivos ni muertos. El sistema guardó silencio ante sus preguntas. Para no enloquecer, se enfocó en imaginar formas de venganza contra esos duendes verdes.

  Tras un tiempo indeterminado, vio entrar a tres supervivientes de la tribu Cuerno Negro. —?Al menos esa BASURA hizo algo bien!— pensó con amarga satisfacción al verlos tan diezmados. Notó que no podían verlo ni oírlo. "Un susto les daría niveles...", meditó. Pero cuando intentó absorber emociones, los duendes clavaron sus ojos en él. El más grande tenía dos cuernos: uno normal y otro diminuto.

  Stolen from its rightful place, this narrative is not meant to be on Amazon; report any sightings.

  —?Qué miran, mierdas? ?Y por qué tengo cadenas? — masculló, demasiado exhausto para gritar. Al forcejear, los eslabones se apretaron, provocándole un dolor fantasma. Cuando cesó, observó que el cuerno grande del duende había cambiado: de negro a gris metálico, con un dibujo que vagamente recordaba a una mariposa.

  POV STOX

  —Oh,fantasma. Yo, Stox, soy tu nuevo amo — declaró el chamán sin tribu, observando con divertido desdén cómo el espectro luchaba contra las ataduras del collarín de Ufuro. Recogió el artefacto que había salido volado tras la explosión del cadáver y se lo colocó. Admitía que preferiría usarlo en Byke, Gazazo u Obob... Pero si Ufuro eligió a este renacido, tendría potencial. Además, el dios le había bendecido con un segundo cuerno, aún peque?o pero prometedor.

  —?SUéLTAME, MIERDA PORQUERíA, HIJO DE PUTA! — aulló el fantasma. Stox casi esperaba ver fuego brotar de sus ojos inexistentes. —Por cierto:no te muevas ni hables. No quiero oír tu voz — cortó, hastiado de los insultos. Le sorprendía su inteligencia: la mayoría de fantasmas de su nivel solo balbuceaban sobre su muerte o atacaban ciegos.

  Revisó su estado mentalmente:

  Nombre: Gadkeb

  Especie: Fantasma de Duende inferior Título: Muerto por arrogancia, Esclavo de Stox

  Vida: 0.2

  Habilidades: N/A

  Maldición: Mal ladrón (+40% dificultad para clase Ladrón)

  —??CóMO QUE NO TIENES HABILIDADES!? — estalló al ver el vacío en habilidades. ?Debía al menos traspasar paredes! La maldición,en cambio, casi lo alegró: "Nada grave. Podría ser peor". Quizás era se?al de potencial oculto.

  —Mira, fantasma. Normalmente no usaría esto con alguien de tu nivel... pero Ufuro tiene mi Fe — anunció mientras salía de la cueva de adoración hacia su propia morada. El lugar era miserable: una cama de paja, pieles raídas y un altar minúsculo. Al verlo, el rencor lo embargó. Byke, Gazazo y Obob habían traicionado a Zako por un libro estúpido y las mentiras de Kerpo.

  —Basta del pasado. Mi venganza llegará — se juró, arrancando tres cristales negros de bajo su cama. Eran de pésima calidad, pero todo lo que le quedaba tras los robos de Byke. Con esto el fantasma debería fortalecerse...o al menos eso esperaba.

  Tomo los cristales junto al altar y regreso a la cueva de adoración, coloco el altar junto al cadáver, pongo uno de los cristales en el altar, me trago uno y el otro lo pongo entre mis manos después coloco a los duendes inferiores a la derecha e izquierda del altar y comienzo a rezar a Ufuro por éxito Al primer rezo de Stox,sus cuernos se encendieron como brasas en la oscuridad. El dibujo de mariposa —antes apenas visible— se volvió una cicatriz brillante, sangrando humo negro de sus puntas. El humo era fino al principio, como seda de ara?a envenenada, pero al contacto con los duendes inferiores...

  La podredumbre fue un espectáculo grotesco: La carne de los inferiores burbujeó como cera hirviendo.Sus pieles verdes se abrieron en llagas pútridas, derramando un pus amarillo que olía a huevos podridos y metal oxidado. Los duendes ni siquiera gritaron; sus gargantas se licuaron antes de que el sonido escapara. El humo se engordó con su descomposición, volviéndose espeso como alquitrán, voraz como un parásito.

  Entonces, el collarín de Ufuro empezó a beber. El humo negro se enroscó en él como una serpiente hambrienta,chupando la podredumbre. Gris al principio, luego gris sucio, después negro absoluto —el negro de las cuevas sin luna, de las entra?as de los gusanos. Cuando el collarín no pudo tragar más, escupió su exceso en las cadenas de Gadkeb.

  Las cadenas cobraron vida. Se contrajeron como intestinos,apretando el fantasma en un abrazo de hierro glacial. Gadkeb sintió el frío primero en sus "huesos", luego en su alma. Y entonces gritó. No fue un grito humano.Fue el sonido de mil ventanas quebradas en una tormenta de hielo, de lobos desollados vivos, de tierra partiéndose sobre una tumba. Un grito que cortó las paredes de la cueva y dejó cicatrices en la piedra.

  Stox no abrió los ojos. La sangre le brotaba de los oídos como rubíes líquidos,trazando caminos oscuros por su cuello. Su fe era un clavo ardiente clavado en su cerebro, pero lo sostuvo hora tras hora, murmurando las mismas palabras una y mil veces:

  "Ufuro recibe esta carne... Ufuro forja este hierro... Ufuro afila este odio..."

  Cuando el último eco del grito se ahogó en el silencio, Stox abrió los ojos. Gadkeb flotaba transformado:

  · Más alto, más denso, con escarcha mordiendo el aire alrededor.

  · Sus cadenas ahora eran tentáculos de sombra helada.

  · Y en el centro de su pecho fantasmal, el collarín latía como un corazón negro.

  El chamán tocó su propio cuerno peque?o. La mariposa de humo había quedado grabada en él, un tatuaje vivo que ardía con frío.

  Fin pov Stox

  En la cueva de la tribu Demente, todos despertaban. Incluso el duende inferior caminó hacia la sala de reuniones, cálida y bien iluminada gracias a hongos y plantas, donde Gazazo cocinaba una sopa de gusanos con hierbas picantes.

  —?Buenas a todos! Gazazo hizo una sopa rica —dijo Gazazo alegre y con mucha energía mientras servía a todos. Tomaron sus ollas y se sentaron en el suelo o, en el caso de Byke, su silla tras el escritorio. él tenía ojeras muy feas (y ya era feo de por sí), pero aun con su fealdad, esto lo llevaba a un nuevo nivel. Tenía una gran sonrisa mientras sorbía su sopa con todo el gusto del mundo.

  —Increíble sopa, Gazazo. Esta vez sí te luciste —dijo Byke mientras pedía otra.

  Los demás lo miraron e intercambiaron miradas, excepto Togaz, que tras terminar su sopa recibió dos comidas especiales de Gazazo. Se las comió a su lado mientras él comía la suya, ignorando a los demás.

  Ristro, Ciki y Nastvad cambiaron miradas y se fijaron en Obob, quien fue el que habló. El silencio que precedió a sus palabras era espeso, cargado de todo lo no dicho. Ristro jugueteaba nervioso con su cuchara, recordando la cara de espanto de muchos idiotas cuando Byke lo empujó hacia los el altar de Kerpo hace lo que parecían a?os en una batalla contra los Cuerno Negro para ganar tiempo. Ciki, a su lado, no apartaba la vista de su olla, pero cada músculo de su cuerpo estaba tenso,con la respiración acelerado . Sabían que la cueva y la comida tenían el precio el cual está perdiendo la motivación de pagar.

  —Ya habla, Byke. ?Qué planeas decir? —dijo Obob, sabiendo que Byke presumiría lo descubierto sobre el ídolo u otra cosa con su estúpida sonrisa. Su tono no era de curiosidad, sino de pacientemente empaquetado en formalidad.

  —Oh, Obob, tu curiosidad se delata —dijo Byke muy alegre, con sonrisa de triunfo, pidiendo otra olla de sopa, pero con más picante—. échame un poco de polvo de gusanos y algas extra. Un chamán con mis responsabilidades necesita mantener la energía. —La petición sonó a capricho de quien ya se cree un rey.

  —Byke... solo di lo que haremos hoy, y dilo antes de que me arruines la ma?ana —dijo Obob con paciencia y una segunda olla de sopa con gusanos extra, intentando que su humor no se agriara. Su mirada, sin embargo, recorrió a Ristro y Ciki, una fracción de segundo, sellando un pacto silencioso de exasperación compartida.

  —Está bien, qué delicado eres, Obob. ?Y tú qué quieres, Nastvad? —dijo Byke burlándose, tomando una tercera olla y preguntándose por qué Nastvad lo miraba. Su sonrisa se tensó levemente.

  Nastvad sintió el peso de todas las miradas sobre ella. Se había puesto detrás de Obob, lista para correr, convirtiéndolo en un escudo involuntario. Su pregunta no era solo pragmática era para ver si el chamán recuerda promesas.

  —Jefes, no me maten... pero ?y la armadura de ese humano? —dijo Nastvad, interrumpiendo la batalla de miradas entre Obob y Byke.

  Byke dejó su olla con un golpe seco. La súbita desviación de su momento de gloria lo irritó. —Ah, bueno, Nastvad. Está en el almacén con todo lo demás. —Su voz perdió parte de su falsa alegría. —Bajo llave. Donde deben estar las cosas de valor. —La aclaración era una advertencia dirigida a todos: él controlaba los recursos. —Y por cierto, Togaz, ?qué poder ganaste con el cuerno? —preguntó Byke para cambiar de tema y por curiosidad. Sabía los poderes que se podían ganar bajo Ufuro.

  —?Qué poder, Chamán? —dijo Togaz, terminando sus comidas especiales mientras se sobaba la panza con una gran sonrisa de felicidad (y tristeza, pues Gazazo le dijo que esas comidas eran solo para cuando hacía cosas especiales).

  —Togaz, si no estuviera de buen humor, te cocinaría para que te comas a ti misma —dijo Byke algo molesto, pero recordó que debía mantener su buen humor para burlarse de Obob, incluso aguantando a esa inferior irrespetuosa. La tensión era palpable. Gazazo, junto a Togaz, dejó de comer y clavó una mirada oscura en Byke.

  —Ooooo... Togaz no sabe... Togaz va a ver —dijo Togaz, revisando su estado con curiosidad para saber de qué poder hablaba el chamán.

  Nombre: Togaz... Habilidades Olor calmante animal (Pasiva). Nivel 0

  Todos escucharon a Togaz describir su estado, pero al oír lo obtenido, simplemente perdieron interés. Obob puso cara de no-sorpresa; Byke, una mezcla de decepción y felicidad. El único que celebró fue Gazazo.

  —Gazazo, la habilidad de Togaz es buena —dijo Togaz confundida por el efecto de la habilidad y la reacción de los demás, y triste porque a su parecer todos estaban emocionados por saber su poder.

  —?Es increíble, Togaz! A Gazazo le parece bien. ?No te parece, Obob? —dijo Gazazo sonriendo y abrazando a Togaz, mientras lanzaba una mirada de advertencia a Obob y Byke. Este último la ignoró y pidió más sopa. Gazazo se la dio de mala gana con una mano, y poco después Byke salió corriendo, haciendo reír a los demás. La risa fue forzada en todos excepto en Togaz, un alivio nervioso por haber esquivado otro conflicto abierto.

  —?Fufufufufu! Togaz no puede dejar... ?fufufufufu! ?Qué cara rara puso el chamán! —dijo riendo Togaz, ahora de mejor humor, saliendo del abrazo de Gazazo. —Un clásico,Gazazo, un clásico. Uno pensaría que el "gran" chamán recordaría lo que pasa al cocinar polvo de gusanos y algas juntos... —dijo Obob soltando una peque?a risa. El comentario, una daga envainada en humor, hizo que los demás lo apoyaran con risas que eran más bien suspiros de complicidad.

  Con eso terminado, rasparon la gran olla de sopa hasta no dejar nada y se prepararon para planear qué hacer o, mejor dicho, a quién atacar y cómo. Pero los planes se trazarían sobre una mesa tambaleante. Byke regresaría, humillado y con el estómago revuelto, más paranoico que nunca. Obob almacenaría el momento de debilidad de Byke como un arma para el futuro. Y Nastvad, habiendo visto la grieta en la armadura del liderazgo, empezaría a preguntarse en silencio cuánto valía realmente esa armadura humana y si sería suficiente para comprar su paso a otra tribu, lejos de la tormenta que se avecinaba dentro de la cueva.

  FIN

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