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CAPÍTULO 7: TACCA CHANTRIERI

  CAPíTULO 7: TACCA CHANTRIERI

  08/octubre/1992

  Habían pasado dos días. Varios tocones enormes de madera cayeron al suelo. Thiago los dejó caer frente a López y otro grupo que miraba boquiabierto. —Aquí están —Ni siquiera sudaba ni se le notaba cansado.

  —No era broma lo que dijo Lucien… —López miró, eran por lo menos unos 5 pedazos de unos 10 metros y unos 70 centímetros de ancho.

  Thiago se rascó la cabeza avergonzado. Selenia le había asignado ser le?ador para traer combustible para el fuego.

  —Ve a limpiarte, nosotros acabaremos con esto.

  Thiago un poco sofocado y con un ojo cerrado, buscó su trapo para limpiarse el sudor, pero no lo encontró. No le quedó de otra que demostrar su don, ya que Lucien en su primera rabieta se los confesó. Selenia cuando lo vio, en lugar de espantarse, decidió pedirle ayuda en cosas prácticas, ante las palabras de Selenia, él solo era un hombre muy fuerte. No habría que tenerle miedo, viendo su personalidad tan retraída.

  Fue por un poco de agua y tomó mientras secaba su cabeza del calor. A lo lejos miró a Charlie, quien estaba en lo que parecía ser telares, allí estaba aprendiendo a usarlo junto a varios connacionales suyos.

  —Jefferson —dijo Lucien, quien ya podía andar. Los moretones y raspaduras ya habían cicatrizado.

  —Ya sabes que me llamo Thiago —le respondió.

  —Me gusta más Jefferson, es más elegante que “ir de día”, Je,je. —Lucien sonrió, tomó su vaso de agua. La fractura estaba sanando rápido… —Escucha, sé que me comporté como un verdadero imbécil, y que quise matarte —le volvió a pasar el vaso de agua. —Ten, como ofrenda de paz.

  Thiago sonrió y tomó el vaso negando con la cabeza. —No te preocupes, yo te hubiera hecho lo mismo.

  —?En serio?

  —No, la verdad es que no —Thiago soltó una carcajada.

  Lucien siguió caminando, avanzó unos cuantos metros y se regresó. —?Qué planeas hacer esta tarde?

  —?Quieres invitarme a una cita? Primero deberías saber que no eres mi tipo.

  —No sería mala idea —Lucien le regresó la sonrisa —pero no, estaba pensando, ?no planeas buscar a Meredi? Aunque supongo que ese no debe ser su nombre. —Alzó la ceja.

  Thiago se quedó callado unos segundos, miró hacia la hacienda, y volvió a verlo. —No creo que siga con vida… —arqueó la ceja —Es raro que no estés enojado.

  —Digamos que pasó algo.

  —Es imposible que saliera de eso.

  Lucien se quedó quieto, un poco abrupto, pero él suponía lo mismo, recordando la situación en la que estaba Miri. —Bueno, yo planeo ir a la ciudad para encontrar a los míos. Como eran mi responsabilidad, quiero encontrarlos a todos. Es mi deber porque los metí en esto.

  Thiago realmente no tenía esperanzas de encontrar a Miranda, sabía que ya estaba muerta. Algo se lo decía. Por más optimista que fuera, pero no podía evitarlo. Exhaló y miró al cielo. —Demonios.

  Lucien observaba el auto de Thiago, todo destruido, y se dio cuenta que no podría usarlo. Miró para todos lados y vio una camioneta de verduras. —Ey, Galán, ?me la prestas? —le dijo a un hombre que le alzó la mano en se?al de aprobación aventándole las llaves. —?Wup! —las atrapó apenas y subió.

  —Que hay, viejo —saludó a Thiago e intentó cerrar la puerta, pero reaccionó al instante preguntándose qué hacía ahí. Pasaron unos segundos y sonrió más fuerte. —Tomaste la decisión correcta, Jefferson.

  Elisse intentaba comer la comida que le daban, pero su paladar no le permitía, el sabor de la papa molida con el frijol no era nada agradable.

  —Tienes que apurarte a comer —dijo la enfermera —No puedes estar mucho tiempo sin tu tanque de oxígeno, Elisse. —Tomó un poco de puré, llevándoselo a su boca. Elisse tenía la cara dura aguantando el asco, pero el hambre, pues el hambre es más fuerte.

  —Con cuidado —le dijo la enfermera.

  Elisse masticó con todo el cuidado que podía, cada masticada se sentía como una tortura para sus pulmones.

  —Despacio, así, así. —Acarició su brazo. Alcanzó un vaso de agua y se lo pasó —Bebe un poco.

  Elisse sintió cómo el agua recorría su esófago achicharrado. Dolía como el infierno.

  —Listo, ya acabamos. —finalizó, acomodando su respirador en el rostro.

  La mujer tomó la charola y se la llevó a la mesa de al lado, y justo una sombra comenzó a acercarse por la puerta abierta. —?He vuelto! —gritó el loco con el libro en sus manos, corriendo hacia Elisse.

  Ella al verlo se palideció. —?Déjame en paz! —refunfu?ó con una voz aguda, cosa que le hizo comenzar a toser, apretó su respirador exhalando e inhalando rápido para no marearse.

  La enfermera se volteó desconcertada mientras el loco se acomodaba en su silla abriendo el libro. —Elisse, ?estás bien?

  —?Dónde nos quedamos? ?Dónde nos quedamos? —buscaba él entre las páginas.

  Elisse se tiró hacia atrás de la cama porque estaba demasiado cansada y entrecerró los ojos. —?Entiendo que sean marginales, pero dejar entrar a un mugriento como este, en donde tienen a sus enfermos es demasiado!

  —Eres una chica enferma, debo tratar de alegrarte —el loco dijo, pero Elisse no tenía paciencia para esto. —?Puede sacarlo, por favor?

  —Elisse… ?A quién? —contestó la enfermera asustada.

  —Pues a este mugriento —gru?ó un poco más nerviosa. —?Qué no lo ve?

  —Elisse, aquí no hay nadie —la enfermera se asustó.

  Los ojos de Elisse se abrieron como platos, mirándola y al loco una y otra vez.

  —Eh… no, aquí está, mírelo —se?aló al banco, pero solo veía como la enfermera con una cara impactada le negaba.

  La voz de Elisse de la desesperación se volvió aguda —?No! ?Mi-mire! ?Está aquí! —comenzó a revolcarse tratando de alcanzar al anciano. La enfermera, al ver esto, se abalanzó sobre ella intentando detenerla.

  —Elisse, tienes que tranquilizarte, ?basta! ?Basta! —le ordenaba intentando inmovilizarla, pero Elisse logró darle un empujón que la tiró al suelo, cayendo de culo. Parándose rápido, salió en busca de ayuda.

  —Sí que fue un golpe el que se dio, espero no se lastimara —negaba con la cabeza el Loco. —?Ja, ja, ja, ja!

  —?No, no! Tú sí eres real, el due?o del circo te vio, ?sí existes! —gritaba sin sentido Elisse cubriéndose los ojos del miedo. Su llanto tronaba, ?se había vuelto loca? No quería verlo, pero la risa del tipo la atormentaba haciéndola temblar.

  Miró por entre sus dedos y él seguía ahí, al instante se volvió a cubrir.

  —?Ja, ja, ja! Perdóneme, se?orita Elisse, no fue mi intención asustarte. —Se acercó a ella —Ten, es para ti. Abre los ojitos, mira.

  Elisse estaba un poco indecisa de hacerlo, pero lo hizo. Para su sorpresa, vio que en la mano del anciano había una flor reseca, casi sin pétalos. —Mira, se parece a ti.

  Elisse intentaba comprender si había desarrollado esquizofrenia por el golpe.

  —?Oh! Creo que fue grosero de mi parte, con eso, aún no se aprecia toda su belleza. —El anciano se acercó a Elisse y tomó su mano. Elisse estaba shockeada como para replicar, pero sentía la mano del tipo. él puso el tallo sobre las yemas de su dedo índice y el pulgar, y suavemente cerró el pu?o para que la sostuviera. De repente esa flor marchita comenzó a crecer, de ser una flor minúscula, brotó una flor 3 veces más grande, hermosa, parecía recién cortada.

  Ella estaba boquiabierta del miedo, sentía la flor en su mano, se sentía como una flor en una mano. ?No estaba loca?

  La acercó a su cara y la observó con más detenimiento, le regresó la mirada al tipo, quien solo tenía una sonrisa de oreja a oreja y un poco de moco seco en el rostro. —?Y qué? ?Te gustó tu regalo?

  La cabeza de Elisse dio vueltas, desmayándose.

  Justo en ese momento entró la enfermera con un peque?o grupo de hombres. Corrió hacia ella y observó allí la flor. Ni siquiera era una flor que hubiera visto alguna vez. Era negra, muy grande, en forma de murciélago. Una tacca chantrieri. Tomó la flor y no le apartó la vista. ?De dónde había salido?

  Iba a sedarla, pero al verla dormida, solo midió su pulso y la aseguraron a la cama para que ya no se moviera.

  Thiago y Lucien entraban a la ciudad. Miraban la situación: Militares revisando a las personas que entraban o salían. Uno de ellos les detuvo el paso. —Asunto por el que ingresan, ?de dónde vienen? —preguntó de forma muy prepotente.

  —Venimos a comprar piezas para reparar nuestro vehículo —contestó Thiago.

  —Unos vándalos nos lo robaron y destrozaron, oficial. Tiene que ver cómo quedó —Lucien al fondo hizo un gesto de rebanado de cuello —Zhask, destruidísimo. Le dije que no tiene recuperación, pero pfff, está renuente de salvarlo, como es un regalo de su padre que en paz descanse.

  El militar los miró por unos segundos —Documentación —pidió.

  Thiago buscó en la estuchera, allí estaban. La realidad es que, aunque Miri estaba siendo buscada, él no tenía antecedentes, al solo mover cosas de punto A a punto B.

  Lucien, por su parte, no tenía, pero nada que no pudiera resolverse diciendo que era norteamericano, mostrando unos muy jugosos billetes de 100 dólares.

  El militar los revisó de punta a punta. —Bien. Pueden pasar, te devolveré los documentos cuando salgan de nuevo. Ahora sigan. —Hizo un gesto con la mano yendo al vehículo de atrás para continuar su labor.

  Bajaron en una plaza cerca de donde todo ocurrió. Lucien iba hacia el sitio, pero Thiago lo detuvo poniendo una mano en su hombro —sí vas para allá, levantarás sospechas, lo mejor es preguntarle a los lugare?os. —Los dos comenzaron a caminar por el sitio, preguntando dónde llevaban a la gente o donde podían estar los desaparecidos.

  Una anciana le comentó que una vecina tenía a un tipo, el cual no conocía a nadie en la ciudad, y que le dejaba quedarse con ella en lo que encontraba un lugar más seguro. Lucien corrió rápido hacia allí.

  Llegaron a una casita muy humilde donde había dos perros ladrándoles.

  De allí salió el hombre musculoso, con varias quemaduras en su piel. Lucien no pudo evitar sonreír, dándole un fuerte abrazo. —?Jo, jo, jo! ?Tobías! Fortachón, ?sigues aquí!

  —Se?or Lucien, me alegra verlo con vida.

  —??Cómo sobreviviste?!

  —Nos ayudó… —Tobías miró a Thiago —la muchacha que lo acompa?aba a él. La que provocó el incendio.

  —?Miri? —preguntó Lucien. Thiago abrió los ojos al escuchar el nombre.

  —?Dónde está? —se acercó hacia él y sin darse cuenta lo levantó sin problemas, sorprendiendo a Tobías. —Yo, no lo sé, me separé de ella hace unos días. La vi muy herida. Lo siento.

  —?Qué demonios dijo? No sé inglés.

  —Oh cierto… Tobías no habla espa?ol, cualquier cosa que hubiera sabido de Miri debió ser por vista.

  Thiago lo bajó. Tobías regresó la conversación a su expatrón. Acomodó su camisa del PRT que le habían dado para pasar desapercibido. —La última vez que la vi fue en aquella biblioteca, al día siguiente que Yolanda y yo intentamos irnos, pero el pollero me dijo que por mis quemaduras sabrían que estuve en el circo, así que mejor dijo que me ayudaría a refugiarme en lo que se tranquilizaban las cosas.

  Lucien le agradeció a la familia llevándose a Tobías.

  —?Ves! Te dije que deben estar por allí aún. Si preguntamos en aquella biblioteca, tal vez sepan algo —dijo Lucien.

  Tobías caminaba tímido con los brazos cruzados junto a ellos, sin entender lo que hablaban, con el miedo que lo descubrieran.

  —Espero encontrarla —respondió Thiago como distraído. Se marcharon en el auto. Poniendo marcha hacia la biblioteca.

  Tobías se?aló el edificio. —Es este el sitio —una biblioteca de unos 3 pisos, un poco polvorienta, de vidrios transparentes, con la pintura desgastada aparecía ante ellos. Thiago y Lucien bajaron, excepto Tobías, quien no vio necesario hacerlo, siendo un lugar tan céntrico.

  —Perdone linda jovencita, esto solo nos tomará un minuto —dijo Lucien gui?ándole el ojo y haciendo un corazón con sus manos a la chica del mostrador. Era una adolescente de unos 16 a?os, de pelo largo negro, de lentes y ojos negros, piel morena, muy peque?a y flaca, con curitas en su cuerpo. Tenía pecas en el rostro y un corazón en forma de lunar en la cara, la cual al verlo se puso nerviosa. —?S-sí?

  —Estábamos por el sitio, buscando a una amiga nuestra. No sé si la conozca. Alta, morena, pelo semirrizado, demasiado pecho y pompis. De cómo esta altura —Lucien hizo una se?a con las manos imitando la altura de Miri.

  —Y-yo-yo no sé nada. —Respondió la chica, agachándose del miedo.

  —?Estás segura? Te veo muy nerviosa. —Thiago estaba muy serio, notando el comportamiento extra?o de la chica.

  —Es-es que, —la chica se puso mucho más roja. —Es que, eh…. Este muchacho está muy lindo, ?sí! ?Sí! Eso, es que él me pone muy nerviosa. Je, je, je, je. —Comenzó a sudar mirando para todos lados.

  Lucien negó con la cabeza y se presentó —Lo lamento, jovencita. No fue mi intención. —Se regresó hacia Thiago —Bueno, parece que no hay información aquí. Vámonos.

  La chica los miró irse, y vio a Tobías por la ventana, quien apenas asomaba la cabeza y agarraba la base del marco de la ventanilla escondido… Los dos se quedaron viendo. él la saludó levantando la mano de forma tímida. La joven le saludó igual.

  En el auto, Lucien seguía haciéndole preguntas a Thiago sobre su fuerza, parecía un ni?o chiquito ante lo que escuchaba. Cada cosa se la traducía a Tobías que también estaba sorprendido.

  Thiago le comentó sobre esa noche, en la que le rompió el brazo, sobre el hombre desnudo.

  —Esto es magnífico —Lucien estaba emocionado —Al parecer, esas historias fueron reales. Ya voy entendiendo que todo pasa por algo —miró al cielo. —?Pero por qué permitir lo de mi circo, padre? —Thiago y Tobías lo miraron desconcertados sin entender.

  —Je, no es nada, sigamos buscando —Siguió caminando.

  Todo lo que quedaba del día siguieron buscando, hasta que decidieron regresar.

  Thiago intentaba arrancar.

  —Ey, Lucien. —Los interrumpió Tobías.

  —Dime qué pasa fortachón.

  —Si esa chica estaba con él, sin que antes supiera de sus dones… ?No quiere decir qué probablemente su destino era encontrarse los dos? Si lo piensas todo, que la moto no le funcionara, todo está muy acomodado. —Prosiguió —Es como si estuvieran destinados a encontrarse.

  Lucien miró al asiento trasero y se?aló la boca de Tobías con una sonrisa —Sí, justo a eso me refiero, Tobías. Jefferson, piensa, si tu destino era encontrarte con ella… ?Qué te hace creer que está muerta? —Puso su mano en el hombro de Thiago. —Todo ocurre por algo.

  Thiago se quedó quieto unos segundos. No se había puesto a pensar en eso… pero era verdad…

  Arrancó el auto y regresaron a la hacienda. La búsqueda, aunque fuera uno, fue productiva.

  Cerca de la salida de la ciudad bajaron a Tobías, y lo hicieron subir todo un cerro, bajar por él y lo esperaron del otro lado, se tardó unas dos horas el pobre.

  Cuando llegaron a la hacienda entrada la noche, López los recibió enojado. —?Quién es él?

  —Es un amigo del circo. —Respondió Lucien.

  —Espera, ?fueron a la ciudad sin autorización? —López frunció el ce?o —No pueden hacer cosas así, estás exponiéndonos a que te sigan.

  —Solo fue una ida a la ciudad —Lucien abrió las manos.

  —No, no es tan fácil, Lucien ?no supiste? El padre de Elisse mató al alcalde de Nueva Rosita y tomó el poder hace unos instantes —López se?aló a Tobías —Ven conmigo, te llevaré con Selenia. —Thiago y Lucien estaban helados.

  —?Espera! No sabe hablar espa?ol —Lucien los detuvo.

  López miró de abajo a arriba a Tobías. —Será con Thomas entonces.

  —Te veré en un rato, grandote. —Se despidió, luego se volteó a Thiago —Ven conmigo, vamos a ir a ver a la peque?a diablita enferma.

  Dos golpes a la puerta del granero —?Toc toc! —dijo Lucien mientras ingresaban.

  Ambos miraron a la enfermera seria, con la flor en sus manos, al lado de Elisse.

  —Buenas noches, viejo —Lucien alzó la mano hacia el anciano que estaba ahora en su cama. —Sabía que estarías aquí, quiero que le cuentes la historia a Thiago, ?quieres? Oye, no me molesta que te sientes en mi cama, pero tampoco te quedes mucho, ?ok? Estoy aún en recuperación, tener tus piojitos no están en mi agenda. —Finalizó, viéndolo como se rascaba y se?alaba con los ojos una y otra vez a la enfermera. Se le acercó mientras lo miraba desconcertada. —?Ey! ?Qué pasa? —Intentó acariciar su rostro, pero la mujer se apartó.

  —Está sedada —Thiago había ido a revisar a Elisse.

  —Ah, ?sí? ?Por qué? —Lucien se giró. —Demonios, ?volvió a hacer otra escena la enojona? Sé que la diablilla es racista, clasista y quién sabe qué tanto más, no me imagino lo que tuvo que hacer para llegar a esto. Je..

  —Está sedada porque decía que había un vagabundo en una silla enfrente de ella —la enfermera miraba la flor.

  —Viejo. En serio. Tienes que tomar una ducha, hueles horrible. Mira, ya le diste problemas a estas hermosas mujeres. —Lucien se volteó al anciano, a quien vio cómo se olfateó y arrugó la cara asqueado. —Te lo dije. —Le sonrió mientras sus manos volvían a la flor y la tomó. —?Wow! Qué hermosa es, nunca vi una igual.

  —Yo tampoco —respondió Thiago mientras revisaba la almohada de Elisse.

  —?Dónde la encontraste?

  —La encontré en su cama, después que tuvo un ataque de ansiedad por ver al anciano. Apareció de la nada.

  —La se?orita Elisse es dramática, mira que desmayarse por ver a un vagabundo ya es exagerar, ?no creen? Je, je. —Negó Lucien, pero la enfermera se levantó, el hartazgo en su cara era desproporcional.

  —Deja de estar jugando así conmigo.

  Lucien hizo el rostro hacia atrás atónito. —?Qué?

  —No hay ningún anciano allí, estoy sola desde hace horas. —Ella puso las manos en su sien.

  —?De qué hablas? Está allí —Lucien se?aló a su cama.

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  Thiago se acercó rápido hacia Lucien y le tomó del hombro. —Bien, Lucien, la broma fue demasiado lejos, la vas a poner nerviosa —miró hacia la enfermera. —Perdónalo. Charlie nos dijo todo lo que pasó cuando volvimos. él quería asustarte para… hmm. Abrazarte.

  Lucien lo miró raro y abrió la boca —?Oh! Sí, sí, perdóname. No pensé que te fueras a enojar. Escucha —la tomó de las manos —?Por qué no vas a dormir un poco? Tomas una larga ducha, bebe un té, escucha la radio. Thiago y yo cuidaremos a la enojona, ?qué dices?

  La enfermera sentía que era una mentira tan pero tan obvia que sería estúpido creerla, pero estaba tan asustada que decidió comprarla —Sí, creo que estoy muy cansada —tomó sus cosas —Avísenme si algo pasa, ?Sí?

  Lucien la despidió con un beso en el cachete. —Descansa, linda María. Cuando por fin la mujer salió por la puerta, los dos jóvenes voltearon a ver al anciano muy serios. Había muchísimo que explicar.

  Dos palmaditas en el rostro de Elisse, leves y delicados la despertaron. Nuevamente ella tomó una bocanada de aire fuerte, queriendo respirar con normalidad. Tosió varias veces, estaba afuera, en una colina. Miró a todos lados, estaba Lucien a su lado rodando un tanque de oxígeno, a lo lejos, estaba la hacienda, se veía como un minipueblo.

  —?Eh? —su mente daba vueltas. Detrás de ella vio otra vez a ese hombre que la cargó en brazos, quien la llevó a la hacienda, el que se puso enfrente de Selenia, ahora empujando su silla de ruedas… Thiago. Apartó la mirada con un leve rubor en su rostro.

  —?Buenas noches! —El anciano posó frente a ella.

  —?Kya! —Elisse se cubrió el rostro del susto, temblando.

  El anciano se rascó la parte baja de la espalda y se apartó del camino un poco ofendido. —Grosera.

  Elisse abrió las manos despacio. —?Qué hacemos afuera?

  —El anciano nos dijo que te sacáramos. —respondió Thiago.

  —?Y le hicieron caso al vagabundo? —Elisse frunció el ce?o. —Espera. ?Ja! ?Lo sabía! Sí pueden verlo. él, él es real.

  —Tienen que hablar —El anciano se sentó a contar pasto que sabrá ellos de dónde apareció.

  —?Sobre qué? —Elisse contenía la tos.

  —45, 56, 31, sobre Bunny Boom, 403, 45 —contaba de la peor forma.

  Thiago le dio la flor. —La enfermera nos dijo que te dio esto —soltó la silla y se agachó a su lado.

  Elisse levantó la flor con mucha curiosidad y esfuerzo, observándola y recordando cómo ese tipo la hizo crecer.

  Lucien soltó el tanque de oxígeno, acomodándolo para que no se cayera —Es curioso, justo cuando llevaba a Thiago para que le contaras sobre la historia, nos encontramos con esto. Tú sabes cosas, viejo.

  —No sé qué hablas, yo solo le regalé una flor. —El anciano arrancando el césped —La se?orita Elisse necesitaba un poco de alegría.

  —Esas historias… que le contaste a ella. La flor. Mira, me gusta el misterio pero estás exagerando. Será mejor que nos digas quién eres y por qué solo nosotros te podemos ver —Lucien tomó su cintura alzando la ceja —Ahora, viejito.

  —?No se han dado cuenta? —preguntó Elisse.

  Los 3 voltearon a verla. —?Qué cosa?

  Elisse negó con la cabeza —?Por qué hay césped en un desierto?

  El anciano rio a carcajadas. —Cierto. ?Ja,ja,ja,ja!

  —?Cómo puedes hacer eso? —Elisse no lo dejaba de ver.

  —?Qué cosa? —el anciano hizo volar las hojas.

  —Eso, crecer la vegetación. Lo de la flor.

  —Yo no lo hice, fuiste tú.

  Elisse se quedó en shock, ?qué acababa de decir?

  —Yo solo puse la flor en tus manos, tú hiciste el resto. —Se limpió el polvo.

  —?Qué? —Elisse comenzó a respirar más fuerte, ignorando los dolores.

  —Recuerda, yo era el guardia que te rescató, me dijiste que estabas con tu madre, que no estabas perdida. Yo no te creí al inicio, y tú me enviaste a conocerla… porque la disque mujer que te dio a luz te abandonó, para que murieras en el gran ca?ón —Carcajeaba. —Cuando conocí a Quetzalcóatl, ya no pude salir y ahora mi mente es la que vaga por el plano físico. ?Ja,ja,ja,ja! Ellos enviaron mi mente aquí. Porque soy, ja,ja,ja, un mortal en el mundo inmortal.

  —Mi madre es Elienor…

  —Y… ella. —El anciano se?aló al cielo. —También.

  Los tres alzaron la vista, y allí lo vieron, una luna verde, que los cubría con su luz. Se sentía única, purificaba, jurabas que estabas en un antes, ahora y después.

  —Quetzalcóatl, la madre de la diosa Elisse Aurelius. —Rio con mas fuerza. —?Ja,ja,ja,ja,ja! Los 3 de 5 dioses están presentes. ?Ja,ja,ja!

  Varios flashbacks llenaron la mente de Elisse, recordando cómo enviaba a un guardia civil con un bastón a un agujero. Y después solo recordaba caminar hacia el cuarto de un hotel donde estaba Elienor durmiendo. —Se apretó la cabeza. No, no eran solo recuerdos.

  —?Cómo crees que el dios Thiago le rompió el brazo a otro dios? Ja,ja,ja.

  —?Nos estás diciendo que nosotros también somos dioses? —preguntó Thiago volteando a ver a Lucien y luego a Elisse, la cual apartó la mirada al instante.

  No tenía sentido. Elisse recordó de repente una brisa, recordaba cómo se abría el balcón de su madre, una luz tocándola… sí, una luz.

  Ella tocó su cachete, atónita… Era mucho para ella, se estaba hiperventilando, así que tomó su mascarilla y le subió a su oxígeno.

  El loco la miró y comenzó a reírse —Esa cosa es muy molesta, ?por qué no solo te curas Elisse?

  —Como si eso fuera posible —respondió enojada con la tosedera.

  —?Segura? —sonrió y accidentalmente se le cayó un diente. Al verlo, se tapó la boca, avergonzado.

  Elisse estaba muy mareada. No podía moverse bien, miró a Thiago, a Lucien y volteó a ver la luna.

  ?Curarse?

  De repente pudo escuchar el aire, sentía todo como un mar. No, lo olía, lo saboreaba, lo… oía. Había una especie de plasma en todos, en Thiago, Lucien, el anciano, las plantas, las piedras… todo.

  Miró la flor, la tomó con los dos dedos que le funcionaban aún y la observó… negra. Negra… como sus pulmones, su otra mano achicharrada fue a los pétalos.

  —Sé que a ti y a tu madre les gusta mucho el verde —susurró el anciano.

  Elisse lo miró extra?ada, luego regresó a la flor. Le parecía hermosa. Cerró los ojos y pensó, que podía verse mejor en un color más verde… En esa flor yacía el plasma, el mismo que sentía en la silla y el equipo médico que cubría su rostro. Podía sentir en ese líquido cosas, sentir el color, los raspones, el óxido. Poco a poco, el color del pétalo comenzaba a cambiar —Thiago y Lucien se quedaron atónitos —junto con su piel achicharrada, la cual se asomaba por las vendas.

  Sintió en su interior cómo el dolor de espalda desapareció; cómo sus pulmones dejaban de arder, las ojeras del rostro desaparecían.

  Cuando abrió los ojos, observó diferente todo, se sentía como nueva. Viva y rehabilitada. Regresó la mirada a ellos, que estaban en completo silencio. Thiago le hizo se?as a sus manos. Observó la flor, era hermosa… Su color no solo cambió, su forma también. Pero eso no la extra?ó, sino lo otro. Las vendas poco a poco cayeron, allí estaban sus manos como nuevas.

  —?Wujuju! —El loco comenzó a brincar —?Eso sí que fue increíble! ?Lo lograste, tu madre estará muy orgullosa! —Al instante bajó la mirada al pasto, intentando buscar algo.

  Thiago le extendió la mano a Elisse para ayudarle a levantarse y ella emocionada se quitó el aparato del rostro, con una sonrisa, tomó su brazo y se levantó. Se miró a sí misma, sonriendo.

  Volteó a verlo y se sonrojó, encantada de poder caminar —?Me he curado, me he curado! —gritó con una alegría infantil y lo abrazó, dando vueltas con él.

  —?Wow! ?Wow! Sí, qué genial. —respondió Thiago, acompa?ándole sonriendo un poco.

  —De locos, o más bien, de dioses —Lucien llevó los brazos a la cadera, pero Elisse lo jaló para que le acompa?ara y sin querer curó las heridas de Lucien.

  —?Epa! ?Epa! ?Fuck! Miren esto —gru?ó él, sintiendo su brazo. —?Me has curado, se?orita?

  Elisse quitó su mano asustada. —?Qué? ?Lo hice?

  Lucien alzó su brazo. —?Oh! Sí, mira. —La giró, mostrando que estaba intacta. —Bueno, ahora nos vas a explicar sobre su madre, ?no? —se volteó a ver al anciano, pero ya no estaba.

  —?Adónde se fue? —preguntó Elisse.

  Lo buscaron con la mirada por todos lados, pero no, no estaba.

  Thiago se volteó para revisar a Elisse. —Me alegro que estés bien —asentó.

  —Gracias —respondió Ella de forma sincera.

  —Entonces, ?dos madres? —Lucien aún buscaba sus fracturas.

  —Te juro que no entendía qué decía —Elisse se quitó las vendas y miró hacia el cielo, como era de esperarse, la luna ya no estaba. Se vieron los unos a los otros.

  —Dioses… —murmuró Thiago.

  —?No te parece genial? Dios Thiago. —Lucien posó cual gladiador —?Observen al dios Lucien! —Apretó los bíceps con tal fuerza que las venas casi le explotan.

  —Entonces Miri es…

  Elisse hizo una mueca. —?Quién es Miri?

  —?Recuerdas en el circo a la chica que lanzó una bola de fuego? —Thiago se cruzó de brazos mirando al suelo. —Yo, yo tengo más fuerza de lo normal. Mira —De repente Thiago tomó a Elisse y a Lucien del estómago y los levantó dejando sorprendida a Elisse.

  Los bajó con delicadeza a ambos. Y caminó a la oscuridad restregándose el pelo —?Qué es todo esto? Es tan absurdo.

  Silencio.

  —No entiendo, ?por qué el gobierno no supo de ustedes? —Elisse preguntó.

  —Porque la policía perseguía a Miri, capaz si la atrapaban le harían algo malo. Imagina lo que le harían a quienes tengan este tipo de habilidades y para qué fines.

  Elisse se quedó pensando. ?Y si los usaban para alimentar energía de por vida o los crucificaban? —Creo que lo mejor es mantenerlos ocultos… por ahora. —Un rugido de su estómago los interrumpió.

  —?Cuánto tiempo habré dormido?

  —Como un día. —Respondió Lucien. —Sí, un poquito más de ahí.

  —No quiero comer la comida que nos dan en ese chiquero.

  —Esa no es la forma de hablar de la gente que no te debía nada y aun así te salvó —respondió Thiago —Imagina si personas como tú hubiesen estado en el lugar de personas como ellos. Al menos intenta no estar todo el tiempo ofendiéndoles en sus hogares.

  Elisse se le quedó viendo, notando la desaprobación en su rostro. él la ignoró y tomó las cosas, caminando de vuelta. Eso la hizo agachar la mirada incómoda.

  Guardaron las cosas en el granero y tomaron rumbo al comedor.

  Allí estaban comiendo algunos, entre ellos Selenia; Thomas y Panchito.

  Selenia platicaba algunas cosas con Thomas y otros, que podríamos decir eran cuestiones del levantamiento popular.

  Se sentaron junto a un peque?o grupo de personas.

  Elisse estaba un poco incómoda, era gente no grata para sus ojos. Miró sus ropas, muy humildes. Se apartó un poquito de la mujer a su lado, pero esta no lo notó.

  Entonces le pasaron un poco de comida. Era, al menos, un poco mejor que lo del hospital. Pollo con verduras…

  Se sintió un poco asqueada, pero no le quedó de otra.

  Intentó comer a la fuerza, pero un ni?o la interrumpió. —?Mira! Se parece a ti —le mostró una mu?eca rubia, vieja y toda andrajosa con el pelo sucio, con las manos mordidas. —?Quieres jugar conmigo? Me llamo José, ?y usted, se?orita?

  Elisse le iba a gritar que se largase, pero se detuvo, miró a Thiago que no le quitaba la mirada. Suspiró. Solo le sonrió y negó con la mano. El ni?o la quiso abrazar, pero ella lo detuvo con la mano girándolo.

  Al verlo irse se limpió la mano en la madera. Suspiró, en serio ya quería irse.

  —Bien. Serán repartidas las armas entre los 5 bloques. Con suerte con esto consolidaremos una alianza con el frente estudiantil y el sindicato —dijo Selenia a Thomas.

  él negó un poco. —El cerco que nos está poniendo Antonio y la CIA en la frontera nos la está poniendo más difícil. —Apartó el plato acabando de comer. —Que ahora Texas les esté dando problemas es como un regalo caído del cielo.

  Selenia le dio una sonrisa y volteó a ver para algunos lados, un poco satisfecha de que la gente se esté levantando en armas. Aun con lo difícil que se los estuviese poniendo el gobierno. De repente su vista se topó con Elisse. ?Cómo estaba allí? —vengó en un momento.

  Thomas vio a dónde se dirigía, vio a Elisse y también se sorprendió —Provecho —dijo a todos en la mesa levantándose, para ir a ver la escena que armaría seguramente su mejor amiga.

  Elisse comía en silencio cuando de repente sintió una mano en su hombro. —?Me puedes decir cómo es que estás fuera de tu cama comiendo? ?De veras quieres morirte sin tu respirador? —Selenia se mofó, pero cuando Elisse volteó a verla se sorprendió. No tenía ninguna cicatriz, su pelo estaba limpio, nuevamente con brillo, sus ojos con vida. La soltó rápido, atónita, haciéndose para atrás, chocando con Thomas.

  —?Pasa algo Selenia? —él la sujetó.

  —?Có-cómo te curaste? —Selenia movía la mirada por todo el cuerpo de Elisse.

  —Bueno… —Elisse volteó a ver a Lucien y Thiago. Los demás de las mesas se le quedaron viendo.

  ?Es verdad?, pensó. ?Cómo pudo ser tan tonta? La emoción la hizo flaquear, ?qué iba a tener que decirles a ellos que la vieron herida?

  —Eh… —Murmuró. De repente sintió como su mano fue jalada junto con su cuerpo. Selenia la paró de la mesa.

  —Dime ahora cómo te curaste —Su mirada era de águila.

  Elisse era de todo, menos una dejada. Cuando sintió el tirón, su rostro y expresión cambiaron, bajó la cara sin quitarle los ojos de encima a Selenia. —Suéltame ahora o te juro que te arrepentirás de haberme conocido.

  Todos alrededor de las demás mesas voltearon rápido a ver la escena.

  Selenia no le tenía nada de miedo y no pensaba soltarla.

  Se midieron la una a la otra, retándose quién sería la primera en dar el golpe. Elisse cerró el pu?o, cosa que Selenia notó, sonrió viendo que por fin iba a poder cobrarle su conducta.

  —?Basta! —Thomas tomó el hombro de ambas —Lo importante es que se ha curado —rempujó a Selenia. —Tú sigue comiendo —bajó de los hombros a Elisse a su silla con brusquedad.

  Selenia de veras quería golpearla, pero se limitó a tomar su cintura. —Como ya estás bien, López podrá ir a dejarte con tu estúpido padre en la ma?ana —miró a todos y se marchó nuevamente a su mesa.

  Elisse se quedó seria. Intentaba comer, pero Selenia ya le había amargado la comida aún más… aunque eso era mejor, ya no le asqueaba, ahora todo su desprecio estaba concentrado en ella. —Estúpida india —murmuró para sí misma.

  De repente sintió una mano sobre la suya. —Qué bueno que ya esté bien, mijita —la mujer a su lado, que cargaba a su hijo en brazos de unos 7 meses. Su ropa, corriente y magullada y su pelo estaba desali?ado —Ten, necesitas comer un poco más para que tengas fuerzas —le respondió pasándole su porción.

  Elisse negó con la mano y una sonrisa —No, eh, gracias, así estoy bien —dijo devolviéndolo, pero el plato regresó. —Insisto, algunos te vimos cómo llegaste de herida. Es un milagro que estés bien. Por favor, come, si te molesta que tenga mi saliva, no, no lo he tocado aún. —La mujer le devolvió una sonrisa y se paró marchándose.

  —Creo que deberías comerlo —respondió Thiago.

  Elisse miró a la mesa, incómoda de sentir tanta caridad, eso le hizo pensar en las palabras de Thiago. Bah, al diablo, ?qué importaba? Solo sería hoy, después solo tendría que pensar cómo olvidar que estuvo en este sitio… y como sería un mal día, bueno, no importaba ser salvaje una vez. Dejó que su apetito hablara por ella, y comió lo que faltaba de su plato sin manos. Después, sin ninguna pizca de educación, tomó el plato de la mujer, masticando con la boca abierta y haciendo ruidos grotescos.

  Todos los que le acompa?aban en la mesa vieron un poco chocados su actitud.

  —Creo que perdí el apetito —dijo uno al fondo apartando su plato, marchándose.

  —Si ya no lo quiere, ?me lo podrían pasar? —Elisse con la boca llena extendió su mano.

  Todos comenzaron a reír.

  Elisse se detuvo, mirando cómo se reían de ella, mas no pudo evitar contagiarse con la risa de los demás, poniendo sus manos en la boca de manera elegante.

  A lo lejos Thomas la observaba. Ignorando todo lo que los demás decían sobre los planes del movimiento.

  09/octubre/1992

  Panchito acomodaba la camioneta en la que la llevaría de regreso con Antonio.

  —?Ya estamos listos, güera! —le gritó.

  Ella lo miró con desgano. —?Dame 5 minutos! —le gritó también.

  —?Como guste, pues! —respondió, yéndose al asiento del piloto.

  —?Gracias!

  —No me creo que puedas andar… —La enfermera se le acercó. —Me gustaría tomar tu pulso una última vez, y temperatura para… —decía mientras acomodaba sus cosas para revisarla, pero ella negó.

  —Estoy bien, de veras. —Silencio de unos segundos. —Muchas gracias por cuidarme —le regaló una sonrisa genuina. —Perdone por… mi actitud.

  —No es nada, pero por favor, ve a que te revise un profesional.

  Elisse se acercó a Lucien. —Te prometo que haré justicia por mi hermano y los tuyos. Acabaré con los responsables, que no te quede duda.

  Lucien asentó con la cabeza —muchas gracias —le susurró —diosa Elisse.

  —?Qué harás ahora?

  Lucien soltó una sonrisa —Quedarme aquí, aún hay muchos de mis amigos perdidos, no sé dónde estén y no me sentiré bien hasta encontrarlos. Si encuentras algunos, ya sabes a dónde mandarlos. Además… por eso que tú sabes… —le gui?ó el ojo. —Nos veremos pronto. Diosa Elisse. —Se despidieron con un apretón de manos.

  Elisse se acercó a Thiago, que estaba medio serio. Extendió su mano esperando una respuesta y se sonrojó un poco. —Muchas gracias… por salvarme en Bunny Boom y… de que Selenia me matara… estoy en deuda contigo.

  —No es nada, solo por favor, si sabes algo de Miri, lo que sea, viva o muerta, dímelo.

  —Es un hecho.

  Thiago extendió su mano y se la dio a Elisse. Ambos se quedaron viendo el uno al otro. Sin motivo alguno, la abrazó, poniéndola roja. —No te metas en problemas, ?quieres?

  Tardaron unos segundos, Elisse se quedó paralizada, miró a Lucien a los ojos, quien se cruzó de brazos sonriendo, viendo su expresión de ni?ata, lo que hizo que se apartara de golpe. —Cof cof. —Se acomodó el mechón de pelo —?Oh! Eso me recuerda —sacó el trapo rojo —Ten, esto es tuyo.

  —Con que tú lo tenías. Tíralo si quieres, ya conseguí uno nuevo.

  Ambos se volvieron a quedar viendo por unos segundos, sonrientes, pero Elisse sentía pesados sus hombros, una sensación rara le recorría el cuerpo. Volteó a ver a lo lejos, allí estaban Selenia y Thomas viéndola, eso hizo que se le borrara la sonrisa. Bajó la mirada y asentó. Se giró sobre sí misma rumbo al vehículo. —Te mantendré al tanto de lo que sepa de tu novia —Finalizó, subiéndose al vehículo.

  —Quiero saber cómo demonios fue que esa hija de puta se curó —dijo Selenia, viéndola subir al vehículo.

  —Yo también quiero saber —le respondió Thomas.

  —Mira cómo abraza a ese muchacho que tiene mucha fuerza… lo de su amiga que disparaba bolas de fuego… —Lo volteó a ver. —Algo raro está pasando, Thomas.

  —Ellos 3… hay muchas coincidencias en todo esto…

  —Bueno, lo más seguro es que si el movimiento sigue creciendo, ya ajustaré cuentas con ella y su estúpido padre, pero primero debemos saber de qué se trata, qué son. —Selenia se giró para irse.

  Thomas continuó viendo hacia el vehículo que se alejaba.

  Panchito conducía por la calle de tierra, Elisse se tambaleaba entre lo viejo y roto que estaba esa camioneta. De repente, un hueco hizo que se golpeara con todo. —?Oiga! ?Más cuidado! —le gritó, después de casi llevarse un golpe con el asiento.

  —Perdón este, se?orita es que, esta cosa ya no tiene resortes —Panchito intentaba controlar el vehículo.

  Detrás de ellos, una camioneta todoterreno a súpervelocidad les dio alcance.

  —?Ey, es el se?or Thomas! —gritó Panchito deteniendo el auto.

  Thomas después de bajar de su vehículo, se dirigió hacia Panchito. —?Me puedes dejar hablar a solas con ella?

  —Como guste, Thomas —Panchito sacó un cigarro, alejándose.

  —Tengo algo que preguntarte. Dime, ?cómo te curaste?

  Elisse frunció el ce?o —No lo sé —respondió tajantemente.

  Thomas miró para todos lados, un poco frustrado. —Escucha, esta no es una buena forma de iniciar una amistad —le dijo.

  —?Y quién dijo que yo quiero ser tu amiga?

  Thomas se le quedó viendo, un poco indignado. Sacó sus llaves — Ok. —Se marchó a su camioneta.

  Metió la reversa y se fue nuevamente a la hacienda.

  —Qué rápido fue eso —Panchito apenas había encendido su cigarro.

  —Apágalo y vámonos —dijo enojada, subiendo al vehículo.

  —Pero no se enoje pues, si quiere le invito uno pa’ que se relaje güera. Se va a poner vieja más rápido con esa actitud.

  Panchito puso su música agropecuaria para hacer más ameno el camino, a Elisse le irritaban esos sonidos, pero intentó ignorarlos mirando a la calle, pero de verdad que era música desagradable a sus oídos.

  Pero siguió el consejo de Thiago, al menos agradéceles no insultándolos.

  Ya era el mediodía cuando por fin habían llegado a la casa del presidente municipal.

  ?PIIIIIIII PIIIIIIIII!

  Sonó el claxon.

  Algunos militares apuntaron sus armas, preparados.

  Panchito bajó. —?No disparen! ?No disparen por favor! Les traje a alguien que creo que su líder quisiera ver.

  Un militar le hizo una se?a a otro para que fuera a revisar.

  Antonio abrió con muchísima fuerza las puertas de la entrada para salir del palacio.

  Allí afuera, estaba Elisse sonriente. Al fin había llegado con su padre, pero su sonrisa se borró. Vio ahí… en la esquina de la casa municipal una cabeza putrefacta con varias moscas… era un rostro conocido.

  EL ALCALDE.

  Vio a Antonio sacar su arma apuntando hacia Panchito. 3 balas le atravesaron el cuerpo. Lo único que pudo oír fue un ?Ay!

  Volteó a verlo. Ya yacía en el suelo, su sombrero a unos escasos metros aún rodando…

  —?Perè! —volteó a verlo rápido, pero una cachetada fue lo que recibió, tirándola al suelo.

  —?Cómo demonios dejaste que te capturaran esos terroristas? —dijo enojado —Tienes suerte de que estos indios hijos de puta no hayan usado tu rapto para hacer un escándalo aún más grande —la levantó de los brazos. —Dime, ?Dónde están escondidos estos malditos rojos mal cogidos? —En sus ojos podía verse el enojo de alguien que no quería dialogar.

  Elisse sentía el dolor en su cachete palpitante, su cara se empezaba a tornar roja… sus ojos estaban abiertos, y con sinceridad quería temblar.

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