Muy lejos de la aldea, en un pasillo ciclópeo y apenas iluminado por antorchas mortecinas, Peter Pan caminaba con paso pesado. De las sombras emergió una figura peque?a, cortándole el paso con una familiaridad insultante.
—Escuché que alguien te dio una paliza... —una sonrisa burlona brilló en la oscuridad—. Dicen que tuviste que despertar tu Fase 3. ?No presumías de ser el más fuerte de los generales?
—Eso no es de tu incumbencia —gru?ó Peter Pan, deteniéndose ante la figura—. Dime si Arthur se enteró.
—Eres muy grosero con una dama, pero no te preocupes —respondió la figura, revelando a una chica de cabello rubio, tés blanca y un vestido azul impecable—. El se?or Arthur ni siquiera le tomó importancia. Pero deberías dejar de ser tan rudo; solo eres un debilucho que casi pierde ante plebeyos.
Peter Pan se inclinó sobre ella, su enorme sombra devorando la peque?a silueta de la chica.
—?Intentas provocarme, Alicia? Estoy seguro de que morirías de un solo golpe.
—?Pelear? —Alicia rió con una frialdad que helaba la sangre—. ?En serio crees que podrías contra mí? No te descuides, "Peter Pan". Todos los generales queremos tu posición. Si te vuelves débil... yo misma te mataré.
—Eso jamás pasará —sentenció Peter, viendo cómo la chica desaparecía de nuevo en la penumbra.
Mientras tanto, en la habitación de la posada, el grupo de amigos intentaba procesar lo ocurrido.
—?Entonces dijo "Hungría"? —Eszter frunció el ce?o—. ?Cómo es posible que alguien de este mundo conozca ese nombre?
Love this story? Find the genuine version on the author's preferred platform and support their work!
—No parecía alguien de nuestro mundo, pero tampoco parecía un ignorante —analizó Máté, sentándose con dificultad—. La verdadera pregunta es: ?quién se lo dijo?
—Tal vez esto significa que no somos los únicos —a?adió Bernát, con la mirada perdida en sus teorías—. Si Peter Pan lo sabe, es porque alguien más de nuestro mundo dejó una marca antes que nosotros.
—Dejemos las teorías por ahora —intervino Eszter—. Benedek dijo que lleváramos a Máté al Gremio en cuanto pudiera ponerse de pie.
Horas después, los tres se encontraban frente al mostrador de Irena. La recepcionista ni siquiera levantó la vista de su plato.
—Ah, son ustedes otra vez. Escuché que uno de ustedes se enfrentó a Peter Pan ayer —dijo Irena, mirando de reojo a Máté.
—Sí, de hecho fue muy dif... —comenzó Máté.
—Okey, no te pregunté. Guárdalo para alguien a quien le interese —le cortó ella con su frialdad habitual—. Escuchen, hay una misión importante.
Irena deslizó una hoja de misión sobre el mostrador.
—Un grupo de traficantes está sacando bestias de su hábitat para venderlas a nobles como "Bestias Vinculantes". Como las criaturas no aceptan a esos ineptos como amos, terminan causando masacres. Su misión es encontrar y destruir esa banda.
—?Bestias vinculantes? —preguntó Eszter con curiosidad.
Irena suspiró, como si explicar algo básico le doliera.
—Vaya que no aprenden nada. Son bestias que forman un lazo de necesidad o amistad con su amo, permitiendo potenciar habilidades o luchar en conjunto. Pero ahora los adinerados las quieren como mascotas. Si la bestia no te acepta, solo es un animal salvaje en una jaula de oro.
Irena se acomodó en su asiento, recuperando su tenedor.
—Es una misión peligrosa. Se desplegarán treinta legionarios. Originalmente irían Benedek, Zora y Lázaro, pero están demasiado heridos por tu pelea. Irán con apoyo, así que no mueran. Después de todo... —hizo una pausa, mirando a Máté seriamente por primera vez—, uno de ustedes fue capaz de golpear a un Axioma.
El gremio se quedó en silencio por un segundo.
—Ahora váyanse. Quiero terminar mi almuerzo.
—Oye, siempre nos despides igual —se quejó Eszter—. ?Sé más creativa!
—No es mi culpa que siempre vengan en mi hora de comida —replicó Irena, dándoles la espalda sin una pizca de remordimiento.

