home

search

Capítulo — No

  La Máscara no se movió cuando Syra se detuvo frente a ella.

  No avanzó.

  No retrocedió.

  Seguía ahí, suspendida en el aire del Camino, con esa forma neutra que no imponía miedo ni autoridad. No gritaba. No amenazaba. No exigía nada.

  Esperaba.

  —Podemos hacerlo fácil —dijo la Máscara.

  Su voz no era ajena. Tampoco era idéntica a la suya. Era una versión suavizada, como una frase repetida tantas veces que ya no duele.

  —No tienes que cargar con todo esto ahora. No aquí. No todavía.

  Syra no respondió.

  Había aprendido que responder era entrar en el juego.

  La Máscara continuó, paciente.

  —No te estoy pidiendo que huyas —dijo—. Solo que descanses. Que apagues un poco el peso. Que sigas caminando… sin sentir cada paso.

  El Camino permanecía inmóvil.

  El silencio era espeso, casi físico.

  —Has demostrado suficiente —insistió la Máscara—. Nadie te va a juzgar por protegerte. Nadie debería.

  The narrative has been illicitly obtained; should you discover it on Amazon, report the violation.

  Syra bajó la mirada.

  Por un instante, el ofrecimiento tuvo forma:

  días sin recuerdos que ardan,

  noches sin preguntas,

  un avanzar mecánico, limpio, sin grietas.

  La comodidad de no decidir.

  —Si me usas —susurró la Máscara—, no dolerá así.

  Syra cerró los ojos.

  Y respiró.

  No para calmarse.

  Para quedarse.

  Cuando habló, su voz no fue firme.

  Fue honesta.

  —Lo sé.

  La Máscara se inclinó apenas, como si eso bastara.

  —Entonces déjame ayudarte.

  Syra abrió los ojos.

  —No —dijo.

  No con rabia.

  No con desafío.

  Solo no.

  —No porque seas falsa —continuó—.

  —Sino porque ya te usé antes.

  La Máscara no respondió de inmediato.

  —Me ayudaste a seguir —dijo Syra—. Cuando no sabía cómo sostenerme. Cuando sentir era demasiado.

  Su mano tembló, pero no se retiró.

  —Pero si te elijo ahora… no estoy descansando. Estoy evitando.

  El silencio se tensó.

  —Evitar también es sobrevivir —replicó la Máscara, por primera vez con algo parecido a urgencia.

  Syra negó lentamente.

  —Sobrevivir no es lo mismo que vivir.

  Dio un paso al frente. No para tocarla. No para romperla.

  Solo para estar cerca.

  —No quiero dejar de sentir —dijo—.

  —Quiero aprender a quedarme incluso cuando duele.

  La Máscara guardó silencio.

  Su forma empezó a perder definición, como si el aire ya no supiera cómo sostenerla.

  —Entonces… —murmuró— ?qué hago yo?

  Syra sostuvo su mirada vacía.

  —Descansa —respondió.

  No hubo explosión.

  No hubo luz.

  La Máscara se agrietó suavemente, como una superficie que deja de ser necesaria. Se deshizo sin resistencia, sin reproche, sin despedida.

  El lugar que ocupaba quedó intacto.

  Syra permaneció ahí un largo momento.

  El dolor seguía.

  El cansancio también.

  Pero ya no había nada entre él y lo que sentía.

  Respiró.

  Y el Camino, por primera vez desde la Medianoche, avanzó.

Recommended Popular Novels