home

search

Capítulo 37 — El Ritmo Que No Se Rompe

  La línea de luz avanzó despacio.

  No marcaba un camino.

  Marcaba un compás

  Un pulso constante, casi frágil, que se extendía por la plataforma como si dibujara el ritmo interno de alguien… o de algo que esperaba una respuesta.

  Syra lo observó sin moverse.

  La luz no exigía que la siguiera.

  No lo empujaba.

  No lo llamaba.

  Solo ofrecía un latido.

  Uno que no coincidía con el suyo.

  Un detalle peque?o.

  Pero lo suficiente para hacerle notar que el Camino no buscaba que se adaptara al mundo…

  sino que el mundo estaba esperando a ver si Syra se adaptaría a sí mismo

  La línea se detuvo al llegar a sus pies.

  Y se apagó con un susurro suave, como si hubiera completado una medición.

  El silencio volvió a cerrarse.

  Syra sintió un cambio inmediato en el aire:

  una especie de presión sutil sobre el pecho, como manos invisibles ajustando el ritmo de su respiración.

  No era invasivo.

  Era… clínico.

  Como si el espacio estuviera verificando si podía sostener su propia presencia.

  Syra inhaló.

  El aire entró frío, ordenado, con un filo casi matemático.

  Exhaló.

  Su aliento salió cálido—más cálido de lo esperado.

  Ese contraste lo descolocó un segundo.

  No por el calor en sí, sino por lo que revelaba:

  Su cuerpo estaba respondiendo con calma.

  Pero su interior… no.

  El Camino lo notó.

  Un sonido apenas audible se formó detrás de él.

  No un crujido.

  No un eco.

  Un ruido suave, breve, casi tímido.

  Un paso

  Syra giró lentamente.

  Una silueta difusa se había materializado al borde de la plataforma.

  The narrative has been illicitly obtained; should you discover it on Amazon, report the violation.

  No era el ni?o.

  No era una sombra del valle.

  Era más alta.

  Más firme.

  Y sin embargo… incompleta.

  Como si hubiera sido tallada en aire y la mitad de su forma dependiera de un recuerdo que no terminaba de existir.

  La figura no avanzó.

  No retrocedió.

  Solo respiraba.

  Un ritmo lento.

  Un ritmo quebrado.

  Un ritmo que no era el suyo…

  pero tampoco era totalmente ajeno.

  Syra lo reconoció antes de admitirlo.

  El latido que había marcado la luz.

  El compás que no coincidía con su pecho.

  El eco que había escuchado en el capítulo anterior.

  No era un enemigo.

  No era un reflejo.

  No era una sombra hostil.

  Era un fragmento de su respiración.

  Un ritmo que había rechazado tantos a?os que había terminado por separarse de él.

  La figura levantó la cabeza.

  No tenía rostro.

  Solo un contorno suave, humano, que temblaba al sostenerse en pie.

  Pero su respiración se volvió más audible.

  Un sonido húmedo, ahogado, como quien intenta aprender a respirar por primera vez.

  Syra dio un solo paso.

  La figura respondió retrocediendo medio paso.

  No por miedo.

  Por hábito.

  Como si esa parte de Syra hubiese aprendido a apartarse siempre que él avanzaba.

  Syra sintió cómo su pecho se tensaba.

  No por la figura.

  Sino por lo que implicaba.

  El Camino permanecía inmóvil, observando.

  La prueba no era esa figura.

  La prueba era la distancia

  Syra dio otro paso.

  La figura volvió a retroceder, casi tropezando consigo misma.

  Pero no huyó.

  No podía.

  Era parte de él.

  Una que había sido expulsada tanto tiempo que ya no sabía cómo existir cerca.

  Syra se detuvo a un metro de distancia.

  La figura siguió respirando con dificultad.

  Como si cada inhalación le doliera un poco.

  Como si hubiera sido creada para recordar un dolor específico…

  y nunca se le hubiera permitido sanarlo.

  Syra habló apenas por encima del susurro:

  —No voy a empujarte.

  La figura se estremeció.

  No como reacción a la voz…

  sino como reacción al concepto.

  Syra bajó la mirada un instante.

  Ese temblor no era miedo al Camino.

  Era miedo a él.

  La figura existía porque él había huido de esa parte durante a?os.

  Había aprendido a callarla, a ignorarla, a negarla.

  Y ahora esa parte estaba delante de él, intentando respirar con un ritmo que no sabía sostener.

  Syra levantó una mano despacio.

  No para tocarla.

  Solo para demostrar que no avanzaría más.

  La figura imitó el gesto de forma torpe, como si copiara un movimiento que no entendía, pero necesitara hacerlo.

  Sus respiraciones, antes desacompasadas, empezaron a acercarse.

  Muy poco.

  Muy lento.

  Pero acercándose.

  Syra no forzó nada.

  Solo sostuvo el ritmo.

  El suyo.

  Y el vacío entre ambos se volvió menos frío.

  El Camino reaccionó.

  La luz del suelo reapareció, trazando un peque?o círculo alrededor de ambos.

  No una barrera.

  No una cárcel.

  Un espacio delimitado para que ninguna de las dos partes pudiera huir de la otra.

  Syra inhaló.

  La figura tardó medio segundo más…

  pero lo siguió.

  El aire se sincronizó apenas por un instante.

  Fue solo un latido.

  Un respiro compartido.

  Pero fue suficiente para que Syra entendiera la naturaleza de esa prueba:

  No era soledad.

  Era reconciliación con la parte de sí mismo que nunca había permitido respirar.

  Y cuando lo comprendió…

  La sala dejó de sentirse tan grande.

  Y el Camino esperó.

Recommended Popular Novels