home

search

Capítulo 32 — La Forma del Paso Sin Testigo

  Syra caminó.

  Sin prisa.

  Sin destino inmediato.

  Solo el ritmo de sus pasos marcando una presencia que el Camino no intentaba ocultar ni suavizar.

  El silencio había cambiado desde el pliegue anterior.

  Ya no era un silencio vacío: era un silencio que esperaba

  No había figuras.

  No había ecos.

  No había memoria ajena.

  Solo la espera.

  Syra no sabía qué esperaba el Camino exactamente, pero entendía que su simple avance no era suficiente.

  No bastaba con moverse.

  Tenía que existir mientras se movía

  Ese pensamiento —tan simple, tan obvio— era también el más difícil.

  Porque durante a?os su forma de avanzar había sido una estrategia:

  escapar, mantenerse útil, no caer, no repetir errores, no detenerse demasiado.

  Existir, en cambio… era otra cosa.

  El Camino lo obligaba a sentir el peso real de su propio cuerpo.

  No el peso del cansancio.

  El peso de estar vivo.

  Cuando elevó la vista, vio un nuevo cambio.

  El pasillo se había ensanchado.

  No abruptamente, sino como si la piedra hubiera cedido un poco a cada lado, respirando con él.

  Did you know this text is from a different site? Read the official version to support the creator.

  Y en ese espacio más amplio, algo comenzó a dibujarse.

  Al principio, Syra creyó que era un reflejo.

  Pero allí no había superficies pulidas.

  No había luz que devolviera una imagen.

  Y sin embargo, la forma persistía.

  Una silueta tenue.

  Apenas un trazo.

  Una idea de figura más que una figura real.

  No avanzaba.

  No retrocedía.

  No hacía nada.

  Solo existía a su derecha

  Syra no sintió amenaza.

  Tampoco familiaridad.

  Era algo distinto:

  sentía que esa presencia tenía su mismo ritmo respiratorio

  Un reflejo que no era reflejo.

  Una compa?ía que no era compa?ía.

  Syra se detuvo.

  La silueta también.

  Syra avanzó un paso.

  La silueta siguió el movimiento con exactitud perfecta.

  Pero no lo imitaba.

  No lo copiaba.

  Era como si ambos respondieran al mismo punto de origen…

  uno que estaba fuera del tiempo del Camino.

  Syra observó más de cerca.

  La silueta tenía la forma básica de un cuerpo humano, pero sin detalles.

  Sin rostro.

  Sin manos.

  Sin sombra.

  Sin luz.

  Era como si la existencia hubiese sido dibujada con una sola línea, sin permitir que el resto se completara.

  Una existencia… incompleta

  Syra no dijo nada.

  No extendió la mano.

  No retrocedió.

  Solo sostuvo el silencio que había entre ambos.

  Al hacerlo, la silueta tembló.

  No como quien tiene miedo.

  No como quien va a atacar.

  Tembló como quien intenta recordar qué era antes de ser un trazo

  El Camino reaccionó ante ese intento.

  La piedra del suelo vibró suavemente.

  El aire se compactó un poco, como si el entorno advirtiera que aquello no debía todavía tomar forma completa.

  Syra dio un paso más, sin romper el ritmo.

  La silueta lo acompa?ó, pero su contorno perdió firmeza, disolviéndose en trazos dispersos…

  hasta que, sin emitir sonido, se deshizo en el aire.

  Syra no sintió pérdida.

  Tampoco alivio.

  Solo entendió algo:

  esa presencia no era un error.

  Era una pregunta.

  Una pregunta que el Camino haría más de una vez, con diferentes formas.

  Una pregunta que él debía responder sin palabras.

  Continuó avanzando.

  Y por primera vez, el silencio dejó de ser un muro.

  Se volvió un camino abierto.

Recommended Popular Novels